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Problemas del desarrollo de la URSS

PROBLEMAS DEL DESARROLLO DE LA URSS[1]

(Proyecto de tesis de la Oposición de Izquierda Internacional sobre la cuestión rusa)

4 de abril de 1931

1. Las contradicciones económicas en el período de transición

El carácter de clase de la Unión Soviética

Los procesos contradictorios de la economía y la política de la URSS se desarrollan sobre la base de la dictadura del proletariado. El carácter de un régimen social está determinado, sobre todo, por las relaciones de propiedad. La nacionalización de la tierra, de los medios de producción industrial y de intercambio, con el monopolio del comercio exterior en manos del estado, constituyen los fundamentos del orden social de la URSS. Sólo por medio de un golpe contrarrevolucionario las clases expropiadas por la Revolución de Octubre, así como la burguesía y el sector burgués de la burocracia que se formó recientemente, podrían restablecer la propiedad privada de la tierra, los bancos, las fábricas, los molinos, los ferrocarriles, etcétera. Para nosotros, estas relaciones de propiedad, sobre las que se asientan las relaciones de clase, determinan el carácter de estado proletario de la Unión Soviética.
La defensa de la URSS contra la intervención extranjera y el ataque de los enemigos internos (desde los monárquicos y ex terratenientes hasta los “demócratas”, los mencheviques y los social-revolucionarios) es el deber elemental e indiscutible de todo obrero revolucionario, y más aún de los bolcheviques leninistas. La ambigüedad y las reservas sobre este problema, que reflejan esencialmente las oscilaciones del ultraizquierdismo pequeñoburgués entre el imperialismo y la revolución proletaria, son incompatibles con la adhesión a la Oposición de Izquierda Internacional.

La importancia histórica mundial del acelerado ritmo de desarrollo económico

Lo que permitió los logros actuales de la economía soviética, realmente gigantescos, fue el cambio revolucionario en las relaciones de propiedad, que estableció las condiciones necesarias para la eliminación planificada de la anarquía del mercado. El capitalismo nunca alcanzó, es incapaz de hacerlo, el avance económico que se da en este momento en el territorio de la Unión Soviética. La aceleración sin precedentes del ritmo de industrialización, que se logró a pesar de las expectativas y los planes de la dirección de los epígonos, demostró de una vez para siempre el poder del método económico socialista. La lucha abierta de los imperialistas contra lo que llaman el “dumping” soviético implica un reconocimiento involuntario, y por eso más genuino todavía, de la superioridad de la forma soviética de producción. En el terreno de la agricultura, en el que hunden sus raíces más profundas el atraso, el aislamiento y la barbarie, también reveló una poderosa fuerza creadora. Por pronunciados que sean los estancamientos y retrocesos futuros, los actuales ritmos de colectivización, que sólo la nacionalización de la tierra, el crédito y la industria dirigida por los trabajadores hicieron posibles, significan una nueva época en el desarrollo de la humanidad, el comienzo de la liquidación del “idiotismo de la vida rural”.
Aun en el peor de los casos históricamente concebibles, si el bloqueo, la intervención o la guerra civil interna derrocaran la dictadura proletaria, la gran lección de la construcción socialista conservaría toda su fuerza para el desarrollo futuro de la humanidad. La Revolución de Octubre coyunturalmente liquidada se vería plenamente justificada desde el punto de vista económico y cultural, y en consecuencia resurgiría. No obstante, la tarea más importante de la vanguardia proletaria es cerrarle las puertas a esta variante histórica, la peor de todas, defendiendo y fortaleciendo la Revolución de Octubre y transformándola en un prólogo de la revolución mundial.

Las contradicciones básicas del período de transición

Es absolutamente falsa la doctrina oficial del optimismo fatalista que hoy predomina, según la cual el avance continuo y acelerado de la industrialización y la colectivización está garantizado de antemano y conduce automáticamente a la construcción del socialismo en un solo país.
La economía socialista avanzada será armónica, internamente proporcionada, y en consecuencia estará libre de crisis; por el contrario, la economía transicional del capitalismo al socialismo es una encrucijada de contradicciones, entre las que predominan las más profundas y agudas. La Unión Soviética no llegó al socialismo, como predica la fracción stalinista dominante, sino sólo a la primera etapa del camino que lleva al socialismo.
Como culminación de las dificultades económicas, de las crisis sucesivas, de la extrema tensión de todo el sistema soviético y de sus convulsiones políticas, hay una cantidad de contradicciones de origen histórico diverso que se relacionan de distintas maneras. Señalemos las más importantes: a) la herencia de las contradicciones capitalistas y precapitalistas de la antigua Rusia zarista-burguesa, fundamentalmente la contradicción entre la ciudad y el campo; b) la contradicción entre el atraso económico-cultural general de Rusia y las tareas de transformación socialista que este atraso dialécticamente plantea; c) la contradicción entre el estado obrero y su entorno capitalista, particularmente entre el monopolio del comercio exterior y el mercado mundial.
Estas contradicciones no son de carácter episódico; por el contrario, el peso de las más importantes aumentará en el futuro.

La industrialización

El cumplimiento del plan quinquenal significaría un enorme paso adelante respecto de la herencia miserable que el proletariado arrancó a los explotadores. Pero aun después de conquistar su primer triunfo en la planificación, la Unión Soviética no habrá superado la primera etapa del período de transición. El socialismo como sistema que no produce para el mercado sino para la satisfacción de las necesidades humanas sólo es concebible sobre la base de fuerzas productivas muy desarrolladas. Sin embargo, de acuerdo al promedio de bienes existentes per cápita, al final del plan quinquenal la URSS seguirá siendo todavía uno de los países más atrasados. Para alcanzar realmente a los países capitalistas más avanzados, será necesaria una buena cantidad de planes quinquenales. Mientras tanto, las conquistas industriales de los últimos años no garantizan por sí mismas un avance ininterrumpido en el futuro. Justamente, la velocidad del desarrollo industrial acumula desproporciones, en parte heredadas del pasado, en parte originadas en las complicaciones de los nuevos objetivos, en parte creadas por los errores metodológicos de la dirección combinados con el sabotaje directo. La sustitución de la dirección económica por el aguijón administrativo, la carencia de todo control colectivo serio, conducen inevitablemente a la inclusión de los errores en los fundamentos de la economía y a preparar nuevos “puntos de tensión” en el proceso económico. Las desproporciones que se ocultan vuelven a aparecer inevitablemente en la etapa siguiente, en la desarmonía entre los medios de producción y las materias primas, entre el transporte y la industria, entre la cantidad y la calidad y, finalmente, en la desorganización del sistema monetario. Los peligros que encierran estas crisis se acrecientan en la medida en que la actual dirección del estado es incapaz de preverlos a tiempo.

La colectivización

La colectivización “total”, aun si realmente se la concretara en los próximos dos o tres años, no significaría, en lo más mínimo, la liquidación de los kulaks como clase. Al no existir una base técnica y cultural, las cooperativas de productores son incapaces de detener el proceso de diferenciación entre los pequeños productores de mercancías y el surgimiento de elementos capitalistas en este medio. La liquidación real del kulak exige una revolución completa de la técnica agrícola y la transformación del campesino junto al proletariado industrial, en trabajador de la economía socialista y miembro de la sociedad sin clases. Pero ésta es una perspectiva para varias décadas. Con el predominio de la posesión individual de las herramientas y del interés personal o de grupo de sus propietarios, se renovará y fortalecerá la diferenciación en el campesinado, precisamente en el caso de que la colectivización alcance un éxito relativo, en el aumento general de la producción agrícola. Además debemos tener en cuenta que la colectivización y los nuevos elementos técnicos aumentarán considerablemente la productividad del trabajo agrícola, ya que de lo contrario la colectivización no se justificaría económicamente y desaparecería; esto llevará inmediatamente a la aldea, que ya ahora está superpoblada, a diez, veinte o más millones de trabajadores excedentes a los que la industria no podría absorber ni con los planes más optimistas. Paralela al aumento de la población excedente, semiproletaria, semipauperizada, que no encontraría lugar en las granjas colectivas, se daría un incremento de granjas colectivas ricas y de campesinos ricos dentro de las granjas colectivas pobres y medias. Con una dirección poco previsora, que declara a priori que las granjas colectivas son empresas socialistas, los elementos campesinos capitalistas pueden hacer de la colectivización su mejor cobertura y volverse muy peligrosos para la dictadura proletaria.
En consecuencia, los éxitos económicos del actual período de transición no liquidan las contradicciones básicas; por el contrario, preparan su reproducción profundizada sobre fundamentos históricos nuevos y superiores.

La URSS y la economía mundial

A pesar de su atraso, la Rusia capitalista ya formaba parte inseparable de la economía mundial. La república soviética heredó del pasado, además de su estructura geográfica, demográfica y económica, esta dependencia de la parte respecto al todo. La teoría de un socialismo nacional autosuficiente, formulada entre 1924 y 1927, reflejó la primera etapa, muy elemental, del resurgimiento económico de la posguerra, cuando todavía no se habían hecho sentir las exigencias mundiales. La tensa lucha que se libra actualmente por la expansión de las exportaciones soviéticas refuta enérgicamente las ilusiones del socialismo nacional. Las cifras del comercio exterior cada vez se imponen más en los planes y los ritmos de la construcción socialista. Pero el comercio exterior debe continuar, y el problema de la relación entre la economía transicional soviética y el mercado mundial apenas comienza a revelar su importancia decisiva.
Académicamente se puede concebir la construcción de una economía cerrada e internamente equilibrada dentro de las fronteras de la URSS, pero el largo camino histórico hacia este ideal “nacional” estaría preñado de gigantescos cambios económicos, convulsiones sociales y crisis. La sola duplicación de la cosecha actual, es decir, su aproximación a la europea, enfrentaría a la Unión Soviética con la enorme tarea de realizar un excedente agrícola de decenas de millones de toneladas. La solución a este problema, como al no menos agudo de la creciente superpoblación rural, sólo podría lograrse mediante la redistribución radical de millones de personas en las distintas ramas de la economía y con la liquidación total de las contradicciones entre la ciudad y la aldea. Pero este objetivo -básico para el socialismo- exigirá a su vez utilizar los recursos del mercado mundial en una medida hasta ahora desconocida.
En última instancia, todas las contradicciones del desarrollo de la URSS conducen de este modo a la contradicción entre el estado obrero aislado y su entorno capitalista. La imposibilidad de construir una economía socialista autosuficiente en un solo país hace resurgir en cada nueva etapa las contradicciones básicas de la construcción socialista con mayor amplitud y profundidad. En este sentido, la dictadura del proletariado sería destruida en la URSS si el régimen capitalista que impera en el resto del mundo demuestra ser capaz de mantenerse durante otra larga etapa histórica. Sin embargo, sólo los que creen en la firmeza del capitalismo o en su longevidad pueden considerar que esa perspectiva es inevitable, o incluso que es la más probable. La Oposición de Izquierda no tiene nada que ver con ese optimismo capitalista. Pero tampoco puede estar de acuerdo con la teoría del socialismo nacional, que es una expresión de la capitulación ante el optimismo capitalista.

La crisis mundial y la “colaboración” económica entre los países capitalistas y la URSS

El problema del comercio exterior, que actualmente reviste una gravedad excepcional, tomó por sorpresa a los organismos dirigentes de la URSS, lo que lo convirtió en un elemento perturbador de los planes económicos. Frente a este problema, la dirección de la Comintern también demostró su bancarrota. El desempleo mundial determinó que el desarrollo de las relaciones económicas entre los países capitalistas y la URSS pasara a ser un problema vital para las amplias masas obreras. Al gobierno soviético y a la Comintern se les presentó una oportunidad extraordinaria para atraer a los trabajadores socialdemócratas y sin partido apoyándose en un problema vital y candente, y familiarizarlos así con el plan quinquenal soviético y con las ventajas de los métodos económicos socialistas. La vanguardia comunista pudo haber librado una lucha mucho más efectiva contra el bloqueo y la intervención con la consigna de colaboración económica, armada con un programa concreto, que con la repetición constante de las condenas inútiles. Se pudo haber elevado a niveles sin precedentes la perspectiva de una economía europea y mundial planificada, y de esta manera haberle dado nueva vida a la consigna de la revolución mundial. La Comintern no hizo casi nada en este sentido.
Cuando la prensa burguesa mundial, incluida la socialdemócrata, se movilizó súbitamente en una campaña contra el supuesto dumping soviético, los partidos comunistas perdieron el tiempo decidiendo qué hacer. En el momento en que el gobierno soviético, a los ojos de todo el mundo, busca mercados y créditos en el exterior, la burocracia de la Comintern declara que la consigna de colaboración económica con la URSS es “contrarrevolucionaria”. Esas estupideces vergonzosas, que parecen creadas especialmente para confundir a la clase obrera, son consecuencia directa de la ruin teoría del socialismo en un solo país.

2. El partido en el régimen de la dictadura

La relación dialéctica entre la economía y la política

Las contradicciones económicas de la economía transicional no se desarrollan en el vacío. Las contradicciones políticas del régimen de la dictadura, aunque en última instancia surgen de las económicas, tienen una significación independiente y también más directa para la suerte de la dictadura que la crisis económica.
La posición oficial actual, según la cual el avance de la industria nacionalizada y de la colectivización refuerza automática e ininterrumpidamente el régimen de la dictadura proletaria, es producto del materialismo “economicista” vulgar, no del materialismo dialéctico. En realidad, la relación entre el fundamento económico y la superestructura revolucionaria es mucho más compleja y contradictoria, especialmente en una época revolucionaria. La dictadura del proletariado, que surgió de las relaciones sociales burguesas, reveló su poder en el período previo a la nacionalización de la industria y la colectivización de la agricultura. Posteriormente, la dictadura atravesó etapas de fortalecimiento y debilidad, según el curso de la lucha de clases interna y mundial. A menudo el precio de las conquistas económicas fue el debilitamiento político del régimen. Precisamente esta relación dialéctica entre la economía y la política fue el origen directo de los pronunciados cambios de la política económica del gobierno, empezando con la Nueva Política Económica y terminando con los zigzags recientes en la colectivización.

El partido como arma y como medida del éxito

Como todas las instituciones políticas, el partido es en última instancia un producto de las relaciones productivas de la sociedad; pero no registra mecánicamente los cambios que se producen en estas relaciones. Como síntesis de la experiencia histórica del proletariado, y en cierto sentido de toda la humanidad, el partido se eleva sobre los cambios coyunturales y episódicos de las condiciones sociales y políticas, que no hacen más que brindarle la necesaria capacidad de previsión, iniciativa y resistencia.
En Rusia se logró la dictadura y ésta pudo resistir en los momentos más críticos porque tuvo en el Partido Bolchevique un centro consciente y resuelto; esto es absolutamente indiscutible. La incoherencia y, en última instancia, el carácter reaccionario de todo tipo de anarquistas y anarco-sindicalistas consiste, precisamente, en que no entienden la importancia decisiva del partido revolucionario, especialmente en la etapa superior de la lucha de clases, en la época de la dictadura proletaria. Sin duda, las contradicciones sociales pueden volverse tan agudas que ningún partido encuentre una salida. Pero no es menos cierto que el debilitamiento del partido o su degeneración pueden convertir una crisis económica eludible en la causa de la caída de la dictadura.
Dentro del partido dirigente se reflejan las crisis económicas y políticas del régimen soviético. En cada crisis sucesiva la gravedad del peligro depende directamente de la situación del partido. Por importante que sea en sí mismo el nivel de industrialización y colectivización, pasa a segundo plano ante este problema: ¿conservó el partido su claridad marxista, su solidez ideológica, su capacidad para llegar colectivamente a adoptar una posición y luchar abnegadamente por ella? Desde este punto de vista, la situación del partido es el mejor termómetro de la situación de la dictadura proletaria, la medida sintética de su estabilidad. Si, en función de alcanzar tal o cual objetivo práctico, se introduce en el partido una actitud teórica falsa; si se aleja por la fuerza a la base partidaria de la dirección política; si la vanguardia se disuelve en la masa amorfa; si se mantiene la obediencia de los cuadros partidarios por medio del aparato de represión estatal, quiere decir que, a pesar de los éxitos económicos, el balance general de la dictadura es deficitario.

Sustitución del partido por el aparato

Sólo los ciegos, los mercenarios o los engañados pueden negar que al partido gobernante en la URSS, al partido dirigente de la Comintern, se lo aplastó totalmente y se lo reemplazó por el aparato. La gigantesca diferencia entre el burocratismo de 1923 y el de 1931 está dada por la liquidación total de la dependencia del aparato respecto al partido, que tuvo lugar en ese lapso, así como por la degeneración plebiscitaria del propio aparato.
Ni huellas quedan de la democracia partidaria. Los secretarios seleccionan y reorganizan autocráticamente las organizaciones locales. Se reclutan nuevos afiliados al partido siguiendo las órdenes que emanan del centro directivo, con métodos compulsivos. El Comité Central, que se convirtió, oficial y abiertamente, en un organismo consultivo del secretario general, designa los secretarios locales. Se posponen arbitrariamente los congresos y los delegados se eligen desde arriba, de acuerdo a sus demostraciones de solidaridad con el líder insustituible. Se elimina hasta la menor pretensión de control de la cúpula por la base. A los militantes del partido se los educa sistemáticamente en un espíritu de subordinación pasiva. Se aplasta, persigue y pisotea cualquier chispa de independencia, de confianza en sí mismo, de firmeza, de los rasgos que conforman la naturaleza de un revolucionario.
Indudablemente, quedan en el aparato muchos revolucionarios honestos y abnegados. Pero la historia de la etapa posleninista -una sucesión de falsificaciones del marxismo cada vez mayores, de intrigas sin principios, de burlas cínicas al partido- hubiera sido imposible sin el creciente predominio en el aparato de funcionarios serviles que no se detienen ante nada.
Bajo la máscara del monolitismo espurio, un doble juego impregna toda la vida del partido. Se aceptan por unanimidad las resoluciones oficiales. Al mismo tiempo, todos los sectores del partido están corroídos por contradicciones irreconciliables que buscan una salida. Los Bessedovskis orientan la purga del partido contra la Oposición de Izquierda en vísperas de su deserción al bando enemigo. Se fusila a los Blumkins y se los reemplaza por los Agabekovs. Sirtsov es designado presidente de los comisarios del pueblo de la Unión Soviética en lugar del “semitraidor” Rikov, y poco después se lo acusa de hacer trabajo clandestino contra el partido. A Riazanov*, jefe de la institución científica más importante del partido se lo acusa, después de celebrar solemnemente su cumpleaños, de haber participado en un complot contrarrevolucionario. Librándose del control partidario, la burocracia se priva de la posibilidad de controlar al partido, salvo a través de la GPU, donde los Menshinskis* y los Iagodas designan a los Agabekovs.
Una caldera a vapor, aunque se la maneje mal, puede rendir muchos servicios durante largo tiempo. En cambio, el manómetro es un instrumento muy delicado al que cualquier impacto arruina rápidamente. Con un manómetro inservible la mejor caldera puede explotar. Aun si el partido fuera un instrumento de orientación, como el manómetro o la brújula de un barco, su mal funcionamiento acarrearía grandes dificultades. Pero, más que eso, el partido es la parte más importante del mecanismo gubernamental. La caldera soviética puesta en marcha por la Revolución de Octubre es capaz de realizar un trabajo gigantesco aun con malos mecánicos. Pero el mal funcionamiento del manómetro plantea constantemente el peligro de que explote toda la máquina.

¿Disolución del partido en la clase?

Los apologistas y abogados de la burocracia stalinista pretenden a veces presentar la liquidación burocrática del partido como un proceso progresivo de disolución del partido en la clase, que se explica por los éxitos logrados en la transformación socialista de la sociedad. En estos estertores teóricos, la ignorancia compite con la charlatanería. Sólo se podría hablar de disolución del partido en la clase como contrapartida de la desaparición de los antagonismos de clase, de la política, de todas las formas de burocratismo y, fundamentalmente, de la reducción de las medidas coercitivas en las relaciones sociales. Sin embargo, los procesos que se están dando en la URSS y en el partido gobernante se oponen a esto directamente en muchos aspectos. No solamente no desaparece la disciplina coercitiva -sería ridículo pretenderlo en esta etapa-, sino que, por el contrario, asume características especialmente severas en todas las esferas de la vida social y personal. Actualmente, la participación organizada en la política del partido y de la clase se redujo a cero. La corrupción del burocratismo no conoce límites. En estas condiciones, presentar la dictadura del aparato stalinista como la disolución socialista del partido es una burla a la dictadura y al partido.

La justificación brandlerista del burocratismo plebiscitario

Los partidarios derechistas del centrismo, los brandleristas, tratan de justificar la estrangulación del partido por la burocracia stalinista haciendo referencia a la “falta de cultura” de las masas trabajadoras. A la vez, esto no es obstáculo para que le adjudiquen al proletariado ruso el dudoso monopolio de la construcción del socialismo en un solo país.
Es indiscutible el atraso económico y cultural de Rusia. Pero el desarrollo de las naciones históricamente atrasadas es combinado: en muchos aspectos, para superar su atraso se ven obligadas a adoptar y cultivar las formas más avanzadas. Los revolucionarios de la Alemania atrasada de mediados del siglo XIX crearon la doctrina científica de la revolución proletaria. Gracias a su atraso, el capitalismo alemán posteriormente superó al inglés y al francés. La industria de la atrasada Rusia burguesa era la más concentrada de todo el mundo y el joven proletariado ruso fue el primero en llevar a la práctica la combinación de la huelga general con la insurrección, el primero en crear soviets, el primero en conquistar el poder. El atraso del capitalismo ruso no impidió la educación del partido proletario con más visión política que haya existido. Por el contrario, la hizo posible.
El Partido Bolchevique tuvo una vida interna rica y tormentosa en el período más crítico de su historia porque era lo más selecto de la clase revolucionaria en una época revolucionaria. ¡Quién se hubiera atrevido, antes de Octubre y en los años inmediatamente posteriores a la Revolución, a referirse al “atraso” del proletariado ruso como justificación del burocratismo del partido! Sin embargo, el incremento real del nivel cultural de los trabajadores que se produjo desde la toma del poder no condujo al florecimiento de la democracia partidaria sino, por el contrario, a su extinción total. La emigración de trabajadores desde la aldea no explica nada, ya que este factor siempre ha funcionado y desde la revolución el nivel cultural de la aldea aumentó considerablemente. Finalmente, el partido no es la clase sino su vanguardia; no puede pagar su crecimiento numérico al precio de la disminución de su nivel político. La defensa brandlerista del burocratismo plebiscitario, que se basa en una concepción sindicalista, no bolchevique, del partido, es en realidad una autodefensa, ya que en la época de las peores derrotas y de mayor degradación del centrismo los derechistas constituían su puntal más firme.

¿Por qué triunfó la burocracia centrista?

Para explicar de manera marxista por qué triunfó la burocracia centrista y por qué se vio obligada a estrangular al partido para preservar su triunfo no hay que partir de una abstracta “falta de cultura” del proletariado, sino de los cambios en las relaciones entre las clases y en el estado de ánimo de cada clase.
Después del heroico esfuerzo de los años de la revolución y la Guerra Civil, que fue un período de grandes esperanzas e inevitables ilusiones, el proletariado tenía que atravesar una etapa prolongada de cansancio, debilidad, y en parte decepción directa ante los resultados de la revolución. En virtud de las leyes de la lucha de clases, la reacción del proletariado confluyó en una tremenda corriente de confianza en los sectores pequeñoburgueses y en los elementos burgueses de la burocracia estatal, que se fortalecieron considerablemente en base a la NEP. El aplastamiento de la insurrección búlgara en 1923, la triste derrota del proletariado alemán en 1923, el aplastamiento de la insurrección estoniana en 1924, la falaz liquidación de la huelga general en Inglaterra en 1926, el aplastamiento de la revolución china en 1927, la estabilización del capitalismo relacionada con todas estas catástrofes conforman el cuadro internacional de la lucha de los centristas contra los bolcheviques leninistas. Los ataques contra la revolución “permanente”, en esencia contra la revolución internacional, el rechazo a adoptar una política audaz de industrialización y colectivización, la confianza en el kulak, la alianza con la burguesía “nacional” en las colonias y con los social-imperialistas en las metrópolis: tal es el contenido político del bloque de la burocracia centrista con las fuerzas thermidorianas. Apoyándose en la pequeña burguesía fortalecida y en la burocracia burguesa, explotando la pasividad del proletariado cansado y desorientado y las derrotas de la revolución en todo el mundo, el aparato centrista aplastó a la izquierda revolucionaria del partido en el trascurso de unos pocos años.

La orientación zigzagueante

Los zigzags políticos del aparato no son accidentales. En ellos se expresa la adaptación de la burocracia a las fuerzas de clase en conflicto. La orientación de 1923 a 1928, si dejamos de lado algunas fluctuaciones ocasionales, fue una semicapitulación de la burocracia a los kulaks dentro del país, y a la burguesía mundial y su agencia reformista en el extranjero. Cuando sintieron la creciente hostilidad del proletariado, al percibir el fondo del abismo thermidoriano hasta cuyo borde mismo se habían deslizado, los stalinistas saltaron a la izquierda. La profundidad del salto estuvo de acuerdo con la extensión del pánico creado en sus filas por las consecuencias de su propia política, que la crítica de la Oposición puso al desnudo. La orientación de 1928-1931 -dejando nuevamente de lado las inevitables oscilaciones y repliegues- constituye un intento de la burocracia de adaptarse al proletariado, pero sin abandonar la base principista de su política o, lo que es más importante, su omnipotencia. Los zigzags del stalinismo demuestran que la burocracia no es una clase, ni un factor histórico independiente, sino un instrumento, un órgano ejecutivo de las clases. El viraje a la izquierda constituye una prueba de que, por lejos que se haya llegado en el curso previo hacia la derecha, éste se desarrolló sobre la base de la dictadura del proletariado. Sin embargo, la burocracia no es un órgano pasivo que solamente refleja las aspiraciones de la clase. Pese a las ilusiones de muchos burócratas, su independencia no es absoluta, pero goza de una gran independencia relativa. La burocracia detenta directamente el poder estatal; se eleva por encima de las clases y estampa su sello poderoso sobre el desarrollo de éstas y aunque no puede convertirse por sí misma en el fundamento del poder del estado, sí puede, a través de su política, facilitar en gran medida la transferencia del poder de una clase a otra.

La política zigzagueante es incompatible con la independencia del partido proletario

El mayor problema de la burocracia es su autopreservación. Todos sus cambios son una consecuencia directa de su afán de mantener su independencia, su posición, su poder. Pero para aplicar una política de zigzags hace falta tener las manos totalmente libres, lo que es incompatible con la existencia de un partido independiente, acostumbrado a controlar y a exigir que se le rindan cuentas. Este es el origen del sistema de destrucción violenta de la ideología partidaria y de que se siembre conscientemente la confusión. La orientación hacia el kulak, el programa de sabotaje menchevique a la industrialización y la colectivización, el bloque con Purcell, Chiang Kai Shek, La Follette y Radich, la creación de la “Internacional” Campesina, la consigna del partido biclasista[2]... todo esto pasó a ser leninismo. Por el contrario, la orientación hacia la industrialización y la colectivización, la exigencia de democracia partidaria, la consigna de soviets en China, la lucha contra los partidos biclasistas en interés del partido del proletariado, la denuncia de la inutilidad y falsedad de la Krestintern, de la Liga Antiimperialista y de otras aldeas de Potemkin[3]... todo esto pasó a ser “trotskismo”.
Con el giro de 1928 se cambió el color de las máscaras, pero éstas se mantuvieron. La proclamación de la insurrección armada y de los soviets en China en un momento de ascenso contrarrevolucionario, la aplicación en la URSS de ritmos económicos aventureros bajo el látigo administrativo, la “liquidación del kulak como clase” en el lapso de dos años, la negativa al frente único con los reformistas en cualquier situación, el rechazo de las consignas democrático-revolucionarias para los países históricamente atrasados, la proclamación del “tercer período” en un momento de resurgimiento económico... todo esto se convirtió en leninismo. En cambio, la exigencia de planes económicos realistas adaptados a las necesidades y recursos de los trabajadores, el rechazo del programa de liquidación del kulak dada la situación del campesinado, el rechazo de la metafísica del “tercer período” en función de un análisis marxista de los procesos económicos y políticos de todo el mundo y de cada uno de los países... todo esto pasó a ser “trotskismo contrarrevolucionario”.
La conexión ideológica entre ambas etapas de la mascarada soviética sigue siendo la teoría del socialismo en un solo país, el naipe que la burocracia soviética saca de la manga y mantiene suspendido sobre la vanguardia proletaria mundial, al que utiliza para santificar de antemano todos sus actos, vuelcos, errores y crímenes. La trama de la conciencia partidaria se urde lentamente y exige ser constantemente renovada a través de la caracterización marxista del camino recorrido, del análisis de los cambios de la situación, del pronóstico revolucionario. Sin un incansable trabajo de crítica interna, el partido inevitablemente decae. Sin embargo, la lucha de la burocracia por su autopreservación excluye la posibilidad de que se compare abiertamente la política de hoy con la de ayer, que se contrapongan entre sí los virajes. Cuanto más sucia está la conciencia de la fracción dominante, más se transforma en un conjunto de oráculos que hablan una lengua esotérica y exigen el reconocimiento de la infalibilidad del oráculo principal. Se adaptó toda la historia del partido y de la revolución a las necesidades de la autopreservación burocrática. Se acumula una leyenda tras otra. Se tacha de desviaciones las verdades básicas del marxismo. En consecuencia, en el proceso de oscilación entre las clases que se viene dando desde hace ocho años, la trama fundamental de la conciencia partidaria se ha desgarrado cada vez más. Los pogromos administrativos hicieron el resto.

El régimen plebiscitario en el partido

Ahora que se apoderó del partido y lo estranguló, la burocracia no puede permitirse el lujo de que haya diferencias de opinión en sus propias filas, pues en ese caso tendría que apelar a las masas para resolver los problemas en disputa. Necesita un árbitro destacado, un jefe político. Se seleccionó a los componentes del aparato de entre los que rodeaban al “jefe”. Así surgió el régimen plebiscitario del aparato.
El bonapartismo es una de las formas que reviste el triunfo de la burguesía sobre la insurrección de las masas populares. Identificar, como lo hace Kautsky, al actual régimen soviético con el régimen social del bonapartismo implica ocultarles conscientemente a los obreros, en beneficio de la burguesía, que los fundamentos de clase son diferentes. No obstante, se puede señalar muy justificadamente que la total degeneración plebiscitaria del aparato stalinista o el sistema bonapartista de administración del partido son requisitos previos para la instauración de un régimen bonapartista en el país. Un orden político nuevo no surge de la nada. La clase que toma el poder construye el aparato de su dominación con los elementos que tiene a mano en el momento del golpe revolucionario o contrarrevolucionario. En la época de Kerensky*, los soviets dirigidos por los mencheviques y los social-revolucionarios fueron el último recurso político del régimen burgués. A la vez, los soviets, especialmente en su aspecto bolchevique, fueron el crisol en el que se creó la dictadura del proletariado. El actual aparato soviético es una forma burocrática, plebiscitaria, distorsionada, de la dictadura del proletariado. Pero también es un instrumento potencial del bonapartismo. Entre el papel que juega actualmente el aparato y el que puede llegar a jugar correría la sangre de la guerra civil. Precisamente en el aparato plebiscitario encontraría la contrarrevolución triunfante elementos muy valiosos para la instauración de su dominio, y su mismo triunfo sería inconcebible sin que sectores importantes del aparato se pasaran al bando de la burguesía. Por eso el régimen plebiscitario stalinista se convirtió en un peligro fundamental para la dictadura del proletariado.

3. Peligros y posibilidades de una insurrección contrarrevolucionaria

La relación de fuerzas entre las tendencias socialistas y las capitalistas

Por el efecto combinado de los éxitos económicos y las medidas administrativas, estos últimos años se redujo mucho el peso específico de los elementos capitalistas en la economía, especialmente en la industria y el comercio. La colectivización y la deskulakización disminuyeron en gran medida el rol explotador de los estratos rurales más altos. Es indudable que la relación de fuerzas entre los elementos económicos socialistas y los capitalistas se volcó en favor de los primeros. Ignorar o negar este hecho, como lo hacen los ultraizquierdistas o los oposicionistas vulgares, que repiten frases generales sobre el nepman o el kulak, es totalmente indigno de un marxista.
Sin embargo, no es menos falso considerar como algo ya establecido la distribución actual de la relación de fuerzas o, lo que es peor, medir el grado de realización del socialismo por el peso específico que tienen en la URSS la economía estatal y la privada. La liquidación acelerada de los elementos capitalistas internos, que también se llevó a cabo con vertiginosos métodos administrativos, coincidió con la aparición acelerada de la URSS en el mercado mundial. Por lo tanto, el problema del peso específico de los elementos capitalistas no se puede plantear independientemente del problema del peso específico de la URSS en la economía mundial.
El nepman, el campesino medio y el kulak son indudablemente agentes del imperialismo mundial; el debilitamiento de aquéllos implica el debilitamiento de éste. Pero con ello no se agota el problema; junto al nepman subsiste todavía el funcionario estatal. En el último congreso al que asistió, Lenin recordó que en la historia sucedió con frecuencia que un pueblo triunfante, o al menos su estrato superior, adoptara las costumbres y hábitos del pueblo culturalmente más avanzado conquistado por aquél, y que se puede dar un proceso análogo en la lucha de clases. La burocracia soviética, que constituye una amalgama del estrato superior del proletariado triunfante con amplios sectores de las clases derrocadas, alberga en su seno a un poderoso agente del capitalismo mundial.

Elementos de poder dual

Dos juicios -uno contra los técnicos saboteadores y otro contra los mencheviques- mostraron un panorama impactante de la relación de fuerzas existente en la URSS entre las clases y los partidos. La Corte estableció de manera irrefutable que entre 1923 y 1928 los técnicos burgueses, estrechamente aliados con los centros de la burguesía en el exterior, lograron disminuir el ritmo de la industrialización, contando con el restablecimiento de las relaciones capitalistas. ¡Los elementos de poder dual alcanzaron tal peso en la tierra de la dictadura proletaria que los agentes directos de la restauración capitalista, junto con sus agentes democráticos -los mencheviques-, llegaron a desempeñar un papel dirigente en los centros económicos de la república soviética! ¡Hasta dónde había llegado el centrismo, por otra parte, en su acercamiento a la burguesía, que la política oficial del partido pudo servir durante muchos años de cobertura legal a los planes y métodos de la restauración capitalista!
De todos modos, el zigzag a la izquierda de Stalin, evidencia objetiva de la fuerte vitalidad de la dictadura proletaria, que obliga a la burocracia a girar alrededor de sus ejes, no produjo una política proletaria coherente ni un régimen de plena dictadura del proletariado. Los elementos de poder dual que contiene el aparato burocrático no desaparecieron con la puesta en práctica de la nueva orientación; cambiaron de color y de método. No hay duda de que incluso se fortalecen a medida que avanza la degeneración plebiscitaria del aparato. Los canallas ahora invierten los ritmos con una perspectiva aventurera, preparando así preligrosas crisis. A toda prisa, los burócratas izaron la bandera del socialismo sobre las granjas colectivas, en las que se ocultan los kulaks. Los tentáculos ideológicos y organizativos de la contrarrevolución han penetrado profundamente en todas las organizaciones de la dictadura proletaria, y les resulta muy fácil disimular su presencia camuflándose porque la vida entera del partido oficial descansa sobre la mentira y la falsificación. Los elementos de poder dual se vuelven más peligrosos a medida que la vanguardia proletaria suprimida pierde las posibilidades de descubrirlos y eliminarlos a tiempo.

El partido y la construcción socialista

La política es economía concentrada, y la política de la dictadura es la más concentrada de todas las políticas concebibles. La planificación de las perspectivas económicas no es un dogma que se toma como punto de partida sino una hipótesis de trabajo. El análisis colectivo del plan debe darse en el proceso de su aplicación, y los elementos de verificación no deben ser sólo las cifras de los libros de contabilidad sino los músculos y los nervios de los obreros y el estado de ánimo político de los campesinos. Sólo un partido independiente, que actúa por voluntad propia, seguro de sí mismo, puede probar, controlar y sintetizar todo eso. El plan quinquenal sería inconcebible sin la certeza de que todos los protagonistas del proceso económico, los administradores de las fábricas y los trusts por un lado y los comités de fábrica por el otro, se someten a la disciplina partidaria, y de que los obreros sin partido están bajo la dirección de las células centrales y de los comités de fábrica.
Sin embargo, se ha confundido totalmente la disciplina partidaria con la disciplina administrativa. El aparato se mostraba -y sigue haciéndolo- como omnipotente, ya que tiene la posibilidad de aprovechar el capital acumulado por el Partido Bolchevique. Este capital es voluminoso, pero no ilimitado. La tensión del mando burocrático llegó a sus límites en el momento del aplastamiento del ala derecha. Ya no se puede ir más lejos. Pero se allanó el camino para la liquidación de la disciplina administrativa.
Desde el momento en que la tradición partidaria, para algunos, o el temor a ella, para otros, dejen de mantener aglutinado al partido oficial, y las fuerzas hostiles irrumpan en la superficie, la economía estatal sentirá el impacto de la fuerza de las contradicciones políticas. Todos los trusts y las fábricas cancelarían los planes y las directivas que vienen desde arriba para garantizar por cuenta propia la satisfacción de sus intereses. Los contratos celebrados a espaldas del estado entre determinadas fábricas y el mercado privado dejarían de ser la excepción para convertirse en regla. La competencia entre las distintas fábricas para conseguir obreros, materias primas y mercados impulsaría automáticamente a los trabajadores a luchar por mejores condiciones laborales. De esta manera desaparecería inevitablemente el principio de planificación, lo que implicaría el restablecimiento del mercado interno y la liquidación del monopolio del comercio exterior. La situación de los administradores de los trusts se aproximaría rápidamente a la de propietarios privados o agentes del capital extranjero, al que muchos de ellos tendrían que recurrir para sobrevivir. En la aldea, donde las granjas colectivas que no estuviesen en condiciones de ofrecer resistencia apenas si tendrían tiempo de absorber a los pequeños productores de mercancías, el desastre del principio de planificación precipitaría la acumulación primitiva. La presión administrativa sería incapaz de salvar la situación, ya que el aparato burocrático sería la primera víctima de las contradicciones y las tendencias centrífugas. Sin la fuerza idealista y aglutinadora del Partido Comunista, el estado soviético y la economía planificada estarían condenados a la desintegración.

La degeneración del partido y el peligro de guerra civil

El colapso de la disciplina partidaria no sólo afectaría a las organizaciones partidarias, administrativas, económicas, sindicales y cooperativas, sino también al Ejército Rojo y a la GPU; en determinadas condiciones la explosión podría comenzar en esta última. Esto ya demuestra que el paso del poder a la burguesía en ninguna circunstancia se limitaría sólo a un proceso de degeneración; asumiría inevitablemente la forma de un derrocamiento abierto y violento.
¿Bajo qué formas políticas podría darse? En este sentido, sólo se puede suponer cuáles serán las tendencias fundamentales. Al hablar de un vuelco thermidoriano, la Oposición de Izquierda siempre se refirió a un traspaso decisivo del poder del proletariado a la burguesía, aunque realizado formalmente, dentro de los marcos del sistema soviético, levantando las banderas de una fracción del partido oficial contra la otra. En contraposición, el derrocamiento bonapartista aparece como una contrarrevolución burguesa más abierta, más “madura”, como una espada desenvainada en defensa de la propiedad burguesa. El hecho de que haya aplastado a la derecha del partido y de que ésta haya renunciado a su plataforma disminuye las posibilidades de que se dé la primera variante, gradual, velada, thermidoriana. La degeneración plebiscitaria del aparato partidario aumenta indudablemente las posibilidades de que se produzca la variante bonapartista. Pero el thermidor y el bonapartismo no son irreconciliables, son sólo etapas de un mismo desarrollo; el proceso histórico vivo es inagotable en la creación de formas combinadas y transicionales. Una cosa es segura: si la burguesía osara plantear abiertamente el problema del poder, la respuesta final estaría dada por el resultado de la confrontación de las fuerzas de clase en combate mortal.

Los dos bandos de la guerra civil

En el caso de que el proceso molecular de acumulación de contradicciones llevara a una explosión, el bando enemigo se unificaría al calor de la lucha alrededor de los núcleos políticos que hasta el día anterior eran ilegales. El centrismo como fracción dirigente, junto con el aparato administrativo, caería inmediatamente víctima de la diferenciación política. Los elementos que lo componen se ubicarían en lados opuestos de la barricada. ¿Quiénes serían los primeros en ocupar el lugar más destacado en el bando de la contrarrevolución, los elementos aventureros pretorianos como Tujachevski, Bluecher, Budenni[4], los francamente renegados como Bessedovski o los elementos todavía más influyentes, como Ramzin y Osadchi? Lo dirán el momento y las condiciones en que la contrarrevolución pase a la ofensiva. Pero ese problema puede revestir una significación episódica. Los Tujachevskis y los Bessedovskis pueden ser un paso hacia los Ramzins y los Osadchis; éstos, a su vez, pueden ser el escalón previo para la dictadura imperialista que pronto los haría a un lado, si no lograra saltar inmediatamente por encima de ellos. Los mencheviques y los social-revolucionarios formarían un bloque con el ala pretoriana del centrismo, y en la precipitada caída de la revolución no serían más que una máscara de los imperialistas, como pretendieron serlo durante el brusco ascenso revolucionario de 1917.
En el bando opuesto, bajo las banderas de la lucha por Octubre, tendría lugar un reagrupamiento de fuerzas no menos decisivo. Los elementos revolucionarios de los soviets, de los sindicatos, de las cooperativas, del ejército, y finalmente y por sobre todo los obreros avanzados de las fábricas, sentirían, ante el peligro inminente, la necesidad de unirse estrechamente alrededor de los cuadros templados y probados, incapaces de traicionar y capitular. Tanto de la fracción centrista como del ala derecha del partido saldrían no pocos revolucionarios dispuestos a defender con las armas en la mano la Revolución de Octubre. Pero para eso haría falta una ardua diferenciación interna, que implicaría necesariamente un período de confusión, vacilación y pérdida de tiempo. En estas difíciles circunstancias, la fracción bolchevique leninista, profundamente marcada por su pasado, y templada por las arduas pruebas que tuvo que atravesar, sería un elemento de unificación dentro del partido. Alrededor de la Oposición de Izquierda tendría lugar el proceso de agrupamiento del bando revolucionario y de resurgimiento del verdadero Partido Comunista. La existencia de una fracción leninista duplicaría las posibilidades del proletariado, en la lucha contra las fuerzas contrarrevolucionarias.

4. La Oposición de Izquierda y la URSS

Contra el socialismo nacional, por la revolución permanente

La única forma de resolver las tareas democráticas en la atrasada Rusia es a través de la dictadura de proletariado. No obstante, después de tomar el poder la cabeza de las masas campesinas, el proletariado no podía detenerse en esas tareas democráticas. La revolución democrática estaba directamente ligada con la revolución socialista. Pero ésta sólo se podía completar en el terreno internacional. El programa del Partida Bolchevique formulado por Lenin considera la Insurrección de Octubre como la primera etapa de la revolución proletaria mundial, de la que es inseparable. Esta es también la esencia de la revolución permanente.
El extraordinario retraso en el desarrollo de la revolución mundial, que le crea gigantescas dificultades a la URSS y provoca inesperados procesos transicionales, no cambia sin embargo las perspectivas y objetivos fundamentales que surgen del carácter mundial de la economía capitalista y del carácter permanente de la revolución proletaria internacional.
La Oposición de Izquierda Internacional rechaza categóricamente la teoría del socialismo en un solo país, creada en 1924 por los epígonos, porque es la peor perversión del marxismo, la principal conquista de la ideología thermidoriana. Tanto en el terreno de la lucha de clases internacional como en el de las tareas económicas de la URSS, la condición necesaria para una estrategia revolucionaria correcta es la lucha irreconciliable contra el stalinismo (o socialismo nacional), que está expresado en el programa de la Internacional Comunista.

Elementos de poder dual en el régimen de la dictadura proletaria

Del hecho indiscutible de que el Partido Comunista ha dejado de ser un partido, ¿no se desprende necesariamente la conclusión de que en la URSS no hay dictadura del proletariado, ya que ésta es inconcebible sin un partido proletario en el gobierno? Esa conclusión, enteramente coherente a primera vista, es sin embargo una caricatura de la realidad, caricatura reaccionaria que ignora las posibilidades creativas del régimen y las reservas ocultas de la dictadura. Aun cuando no existe el partido como tal, como organización independiente de la vanguardia, eso no significa que estén liquidados todos los elementos del partido heredados del pasado. En la clase obrera la tradición de Octubre es muy viva y fuerte, los hábitos clasistas de pensamiento tienen firmes raíces, la generación más vieja no olvidó las conclusiones de la estrategia bolchevique y las lecciones de la lucha revolucionaria; en las masas populares -y especialmente en el proletariado- pervive el odio contra las anteriores clases dominantes y sus partidos. El conjunto de estas tendencias constituye no sólo la reserva del futuro sino también la fuerza viva del presente, lo que mantiene a la Unión Soviética como estado obrero.
Hay un profundo antagonismo entre las fuerzas vivas de la revolución y la burocracia. Si el aparato stalinista constantemente llega a un límite y se detiene, si se ve obligado incluso a volcarse bruscamente a la izquierda, se debe sobre todo a la presión de los elementos amorfos, dispersos, pero todavía poderosos del partido revolucionario. No se puede expresar numéricamente la fuerza de este factor. De todos modos, es hoy lo suficientemente poderosa como para soportar la estructura de la dictadura del proletariado. Ignorarlo significa adoptar la manera de pensar burocrática y buscar al partido solamente donde manda el aparato stalinista.
La Oposición de Izquierda rechaza categóricamente no sólo la caracterización del estado soviético como estado burgués o pequeñoburgués sino también como estado “neutral”, el cual, de algún modo, se quedó sin gobernantes que representen una clase determinada. El hecho de que existan elementos de poder dual de ningún modo implica el equilibrio político de las clases. Al evaluar los procesos sociales es especialmente importante establecer el grado de madurez alcanzado y el punto en que el proceso acaba. El momento del cambio de cantidad en cualidad es de significación decisiva, tanto en la política como en otros terrenos. Determinar correctamente este momento es una de las tareas más importantes y al mismo tiempo más difíciles de la dirección revolucionaria.
La caracterización de la URSS como estado que oscila entre las clases (Urbahns*) es teóricamente incorrecta, y políticamente equivale a subordinar total o parcialmente la fortaleza del proletariado mundial al enemigo de clase. La Oposición de Izquierda rechaza y condena categóricamente esta posición, considerándola incompatible con los principios del marxismo revolucionario.

La reforma: línea de la Oposición de Izquierda en la URSS

No hay que interpretar el análisis que hicimos de las posibilidades de un golpe contrarrevolucionario en el sentido de que las contradicciones actuales llevarán indefectiblemente a la explosión abierta de una guerra civil. El proceso social es elástico y -dentro de ciertos límites- plantea distintas posibilidades, de acuerdo a la energía y la penetración de las fuerzas en combate y a los procesos internos, que dependen del curso de la lucha de clases internacional. En todas las circunstancias, el proletariado revolucionario tiene el deber de analizar cada situación hasta las últimas consecuencias y prepararse para la peor de las variantes. El análisis marxista de las posibilidades de un golpe thermidoriano-bonapartista no tiene en común con el pesimismo, así como la ceguera y las bravatas de la burocracia no tienen nada en común con el optimismo revolucionario.
Reconocer al actual estado soviético como estado obrero implica reconocer que la burguesía sólo podrá tomar el poder a través de la insurrección armada y además que el proletariado no desechó la posibilidad de imponerse a la burocracia, de revivir el partido y regenerar el régimen de la dictadura sin una nueva revolución, con los métodos y la línea de la reforma.
Sería una pedantería estéril pretender el cálculo anticipado de las posibilidades de una reforma proletaria y de los intentos de una insurrección burguesa. Sería una ligereza criminal pretender que una es segura y la otra imposible. Hay que estar preparado para todas las variantes posibles. Para que la Oposición de Izquierda pueda nuclear e impulsar rápidamente al sector proletario en el momento de la caída inevitable del régimen plebiscitario, sin dejarle ganar tiempo al enemigo de clase, es absolutamente necesario que exista y se desarrolle firmemente como fracción, que analice todos los cambios de la situación, formule claramente las perspectivas del proceso, levante consignas de lucha en el momento oportuno y fortalezca sus conexiones con los elementos avanzados de la clase obrera.

La Oposición de Izquierda y los brandleristas

La actitud de la Oposición de Izquierda hacia el centrismo determina su actitud hacia la Oposición de Derecha, que no es más que un puente inconcluso entre el centrismo y la socialdemocracia.
En lo que se refiere a la cuestión rusa, como a todas las demás, la derecha vive una existencia parasitaria, nutriéndose principalmente de la crítica a los errores prácticos y secundarios de la Internacional Comunista, cuya política oportunista aprueba en lo esencial. Los brandleristas demuestran de la manera más directa y cínica su falta de principios en los problemas ligados al destino de la URSS. En la época en que el gobierno apostó a favor del kulak, los brandleristas apoyaron totalmente la orientación oficial y señalaron que la única política posible era la de Stalin-Rikov-Bujarin. Después del giro de 1928, se redujeron a un silencio expectante. Cuando se hicieron notar los éxitos de la industrialización, inesperados para ellos, adoptaron sin ninguna crítica el “plan quinquenal en cuatro años” y la “liquidación de los kulaks como clase”. Los derechistas demostraron que eran incapaces de tomar un camino revolucionario y prever en forma marxista al salir al mismo tiempo a la palestra como defensores del régimen stalinista en la URSS. El rasgo característico del oportunismo -inclinarse ante el poder del momento- es lo que determina la posición de los brandleristas respecto a los stalinistas. “Estamos dispuestos a apoyar críticamente todo lo que ustedes hacen en la URSS; permítannos entonces aplicar nuestra política en nuestra Alemania.” Es similar la posición de los lovestonistas en Estados Unidos, de la Oposición de Derecha de Checoslovaquia y de los grupos semisocialdemócratas, semicomunistas ligados a ellos en otros países.
La Oposición de Izquierda combate implacablemente a quienes desde la derecha siguen a los centristas, en especial y principalmente en lo que se refiere al problema ruso. Al mismo tiempo, trata de librar de la influencia desintegradora de los dirigentes brandleristas a los revolucionarios obreros arrastrados a la Oposición de Derecha por los zigzags del centrismo y su indigno régimen.

El principio de la Oposición de Izquierda: decir las cosas como son

Los acólitos pequeñoburgueses, los “amigos” de la Unión Soviética -en realidad amigos de la burocracia stalinista-, incluyendo entre ellos a los funcionarios que dependen de la Internacional Comunista en los distintos países, cierran los ojos irresponsablemente a las contradicciones que se dan en el desarrollo de la Unión Soviética para, después, ante el primer peligro serio, volverle la espalda.
No obstante, con frecuencia los conflictos políticos y personales empujan a las filas de la Oposición de Izquierda a algunos centristas asustados o, lo que es peor, arribistas insatisfechos. Al agudizarse la represión, o cuando la línea oficial obtiene algunos éxitos momentáneos, estos elementos vuelven al oficialismo como capituladores y pasan a formar parte del coro de los parias. Los capituladores del tipo Zinoviev-Piatakov-Radek* se diferencian muy poco de los capituladores mencheviques del tipo Groman-Sujanov[5], o de los técnicos burgueses como Ramzin. Aunque partieron de puntos distintos, los tres grupos coinciden ahora en la aceptación de la “línea general”, sólo para dispersarse en distintas direcciones cuando vuelvan a acentuarse las contradicciones.
La Oposición de Izquierda se siente parte integral del ejército de la dictadura proletaria y de la revolución mundial. No encara los problemas del régimen soviético desde afuera sino desde adentro, denuncia sin temor las mentiras y los peligros reales, para combatirlos abnegadamente y enseñar a otros a actuar de la misma manera.
La experiencia de toda la etapa posleninista constituye un testimonio irrefutable de la influencia de la Oposición de Izquierda sobre el proceso interno de la URSS. Todo lo que fue y sigue siendo creativo en la línea oficial es un eco tardío de las ideas y consignas de la Oposición de Izquierda. La semirruptura del bloque de centro-derecha fue una consecuencia de la presión de los bolcheviques leninistas. El curso hacia la izquierda de Stalin, producto del intento de socavar las bases de la Oposición de Izquierda, cayó en el absurdo de la teoría y la práctica del “tercer período”. El abandono de este rapto febril, que llevó a la catástrofe directa de la Internacional Comunista, fue una vez más la consecuencia de la crítica de la Oposición, cuya fuerza, a pesar de la debilidad numérica de la izquierda, se basa en aquello que hace fuerte al marxismo: la capacidad de analizar, de prever y de señalar el camino correcto. En consecuencia, la fracción bolchevique leninista es ya uno de los factores más importantes en el desarrollo de la teoría y la práctica de la construcción socialista en la URSS y de la revolución proletaria internacional.

El nivel de vida de los trabajadores y la función que cumplen en el estado
son los principales criterios para sustentar los éxitos del socialismo

El proletariado, además de la fuerza productiva fundamental, es la clase sobre la que descansan el sistema soviético y la construcción socialista. La dictadura carecerá de toda capacidad de resistencia si su régimen distorsionado lleva al proletariado a la indiferencia política. La alta tasa de industrialización no durará mucho si depende del esfuerzo excesivo que provoca el agotamiento físico de los trabajadores. La escasez constante de los medios de subsistencia más necesarios y el permanente estado de alarma provocado por el knut de la administración ponen en peligro toda la construcción socialista. “La liquidación de la democracia interna en el partido -dice la plataforma de la Oposición de la URSS- lleva a la liquidación de la democracia obrera en general, en los sindicatos y en todas las demás organizaciones de masas no partidarias.” Desde la publicación de la plataforma este proceso avanzó a ritmo febril. Los sindicatos fueron degradados al rol de organismos auxiliares de la burocracia dominante. Se creó un sistema de presión administrativa, al que se le dio el nombre de tropas de choque, como si se tratara de atravesar el desfiladero de una montaña en lugar de una gran etapa histórica. A pesar de eso, la conclusión del plan quinquenal enfrentará a la economía soviética con la necesidad de escalar una nueva cuesta, más empinada todavía. Con la fórmula “alcanzar y superar”, la burocracia soviética se engaña a sí misma, pero sobre todo engaña a los trabajadores acerca del nivel alcanzado, y prepara una profunda crisis de desilusión.
Hay que considerar el plan económico desde el punto de vista de la necesidad de mejorar sistemática y realmente las condiciones de vida materiales y culturales de la clase obrera en la ciudad y en el campo. Los sindicatos deben reasumir su papel fundamental de educadores colectivos, no de knut. Hay que dejar de adormecer al proletariado de la URSS y del resto del mundo exagerando lo que se ha logrado y minimizando los problemas y las dificultades. El problema de la elevación de la independencia politica y la iniciativa del proletariado debe ser el te1ón de fondo de toda la política. Es inconcebible lograr este objetivo sin combatir los privilegios excesivos de determinados grupos y sectores, la extrema desigualdad en las condiciones de vida, y sobre todo las enormes prerrogativas y la posición privilegiada de la burocracia sin control.

5. Conclusiones

1) Los éxitos económicos de la URSS, que se realizaron a pesar de la prolongada alianza entre los centristas, los derechistas, los mencheviques y los saboteadores en el terreno de la planificación, constituyen un gran triunfo de los métodos económicos socialistas y un factor de gran peso en la revolución mundial.
2) El principal deber de todo obrero con conciencia de clase es defender a la URSS, fortaleza principal del proletariado mundial, contra todos los ataques del imperialismo internacional y de la contrarrevolución interna.
3) Las crisis del desarrollo económico de la URSS surgen de las contradicciones capitalistas y precapitalistas heredadas del pasado, así como de la contradicción entre el carácter internacional de las fuerzas productivas modernas y el carácter nacional de la construcción socialista.
4) La teoría del socialismo en un solo país, que surge de la incomprensión de esta última contradicción, aparece a su vez como la fuente de errores prácticos que provocan crisis o las profundizan.
5) La fuerza de la burocracia soviética se apoya en la brusca declinación de la actividad política del proletariado soviético después de años de grandes esfuerzos, en las derrotas de la revolución internacional, en la estabilización del capitalismo y en el avance de la socialdemocracia internacional.
6) La construcción socialista, dadas las contradicciones de clase internas y el entorno capitalista existente, necesita un partido fuerte, previsor, activo, para planificar la economía y realizar las necesarias maniobras de clase como requisito político fundamental.
7) Dado que tomó el poder con el apoyo directo de fuerzas sociales hostiles a la Revolución de Octubre y después de aplastar al ala revolucionaria internacionalista del partido, la burocracia centrista no puede mantener su dominación si no suprime el control y la elección partidarios y la opinión de la clase obrera.
8) Después de que estranguló al partido, perdiendo sus ojos y sus oídos, la burocracia centrista avanza a tientas, y decide el camino a seguir según el impacto directo de las clases, oscilando entre el oportunismo y el aventurerismo.
9) La orientación del proceso confirmó plenamente los principios esenciales de la plataforma de la Oposición rusa, tanto en sus aspectos críticos como en sus exigencias positivas.
10) En la última etapa se delimitaron con particular nitidez las tres corrientes fundamentales del Partido Comunista de la Unión Soviética y de la Internacional Comunista: la corriente marxista leninista, la centrista y la de derecha. La tendencia ultraizquierdista aparece, ya sea como culminación de alguno de los zigzags del centrismo o como periferia de la Oposición de Izquierda.
11) La política y el régimen de la burocracia centrista se convirtieron en la fuente de los peligros más agudos y directos que amenazan a la dictadura del proletariado. La lucha sistemática contra el centrismo dominante es el aspecto esencial de la lucha por la rehabilitación, el fortalecimiento y el desarrollo del primer estado obrero.
12) La ignorancia de la situación material y política de la clase obrera constituye el rasgo esencial del régimen burocrático, que espera construir el reino del socialismo nacional con el método de impartir órdenes y presionar administrativamente.
13) La aceleración burocrática forzosa de los ritmos de industrialización y colectivización, que se apoya en una posición teórica falsa y no ha sido verificada por el razonamiento colectivo del partido, implica una acumulación inevitable de desproporciones y contradicciones, especialmente en las relaciones con la economía mundial.
14) Las relaciones de propiedad imperantes en la URSS, así como las relaciones políticas entre las clases, demuestran indiscublemente que, pese a las distorsiones del régimen soviético y a la desastrosa política de la burocracia centrista, la URSS sigue siendo un estado obrero.
15) La burguesía sólo podría apoderarse del poder en la URSS si se apoya en un levantamiento contrarrevolucionario. La vanguardia proletaria aún tiene la posibilidad de poner a la burocracia en su lugar subordinándola a su control, garantizando una política correcta y regenerando el partido, los sindicatos y los soviets con reformas decisivas y audaces.
16) Sin embargo, si se mantiene el régimen stalinista, las contradicciones que se acumulan dentro de los marcos del partido oficial, especialmente en el momento de agudización de las dificultades económicas, deben conducir inevitablemente a una crisis política que puede replantear en toda su magnitud el problema del poder.
17) Será de importancia decisiva para el régimen soviético que la vanguardia proletaria se levante a tiempo, estreche filas y resista al bloque de las fuerzas thermidorianas-bonapartistas respaldado por el imperialismo mundial.
18) La Oposición de Izquierda podrá cumplir su deber hacia la vanguardia proletaria si realiza un trabajo crítico constante, si hace análisis marxistas de la situación, si determina la orientación correcta para el desarrollo económico de la URSS y la lucha del proletariado mundial, si levanta oportunamente consignas adecuadas, si lucha intransigentemente contra el régimen plebiscitario que debilita a la clase obrera.
19) La realización de estos objetivos teóricos y políticos sólo será posible si la fracción rusa de los bolcheviques leninistas fortalece sus organizaciones, penetra en todas las células importantes del partido oficial y de otras organizaciones de la clase obrera y al mismo tiempo se mantiene inseparablemente ligada a la Oposición de Izquierda Internacional.
20) Una de las tareas más urgentes consiste en impulsar dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética y de la Internacional Comunista el estudio libre y la discusión de la experiencia de la construcción económica en la URSS.
21) Los criterios para la discusión, elaboración y verificación de los programas económicos son: a) incremento sistemático del salario real del trabajador; b) cierre de las tijeras de los precios industriales y agrícolas, garantizando así la alianza con el campesinado; c) cierre de las tijeras entre los precios internos y mundiales para proteger el monopolio del comercio exterior del ataque de los precios bajos ; d) aumento de la calidad de la producción, a la que se le debe conceder la misma importancia que a la cantidad; e) estabilización del poder adquisitivo del chervonets, el cual, junto con el principio de estabilización, seguirá siendo durante mucho tiempo un elemento necesario de la regulación económica.
22) La desesperación administrativa por el ritmo “máximo” debe dejar paso a la elaboración del ritmo óptimo (el más favorable), con el que no se persigue cumplir órdenes para quedar bien sino el avance constante de la economía en base a su equilibrio dinámico, a la distribución acertada de los recursos internos y al aprovechamiento amplio y planificado del mercado mundial.
23) Para esto hay que abandonar, ante todo, la falsa perspectiva, que surge de la teoría del socialismo en un solo país, de un desarrollo económico nacional completo y autosuficiente.
24) El problema del comercio exterior de la URSS tiene que ser clave en la perspectiva de la creciente vinculación a la economía mundial.
25) En armonía con esto, el problema de la colaboración económica de los países capitalistas con la URSS debe convertirse en una de las consignas corrientes de todas las secciones de la Intemacional Comunista, especialmente en esta época de crisis mundial y desempleo.
26) Hay que adecuar la colectivización del campo a la iniciativa real del proletariado agrícola y de los pobres de la aldea, y a su alianza con los campesinos medios. Los obreros y campesinos avanzados se deben plantear el examen serio y completo de la experiencia de las granjas colectivas. El programa estatal de construcción de granjas colectivas debe guardar una armonía con los resultados reales de la experiencia y con los recursos técnicos y económicos disponibles.
27) Hay que terminar con la utopía burocrática de la liquidación “de los kulaks como clase” en dos o tres años, en base a la acumulación de los campesinos. Se debe aplicar una firme política de restricción sistemática de las tendencias explotadoras de los kulaks.
Con este objetivo, tenemos que seguir atentamente el inevitable proceso de diferenciación que se dará dentro de las granjas colectivas y entre ellas, y en ningún caso identificar a las granjas colectivas con empresas socialistas.
28) Dejar de guiarse, en el terreno económico, por consideraciones de prestigio burocrático: no embellecer las cosas, no ocultar, no engañar. No hacer pasar por socialista la actual economía de transición de la Unión Soviética, cuyas fuerzas productivas siguen en un nivel muy bajo y cuya estructura está llena de contradicciones.
29) Hay que liquidar de una vez por todas la ruinosa práctica, indigna de un partido revolucionario, de la aplicación del dogma católico romano de la infalibilidad de la dirección.
30) Es preciso condenar la teoría y la práctica del stalinismo. Volver a la teoría de Marx y a la metodología revolucionaria de Lenin.
31) Hay que reconstituir el partido como organización de la vanguardia proletaria.
A pesar de los grandes éxitos económicos y del extremo debilitamiento de la Internacional Comunista, el peso específico revolucionario del bolchevismo en el mapa político mundial es infinitamente más significativo que el peso específico de la economía soviética en el mercado mundial. Mientras se expande y desarrolla por todos los medios posibles la economía nacionalizada y colectivizada de la URSS, hay que conservar la perspectiva correcta. No se debe olvidar ni por un minuto que el derrocamiento de la burguesía mundial a través de la lucha revolucionaria es un objetivo mucho más real e inmediato que el de “alcanzar y sobrepasar” la economía mundial, cuando para lograrlo no se superan las fronteras de la URSS.
La profunda crisis actual de la economía capitalista abre posibilidades revolucionarias al proletariado de los países capitalistas avanzados. El inevitable aumento de la actividad militante de las masas trabajadoras planteará otra vez, con toda agudeza, los problemas de la revolución y hará temblar las bases de la autocracia de la burocracia centrista. La Oposición de Izquierda entrará a la etapa revolucionaria, armada con una comprensión clara del camino ya atravesado, de lo errores ya cometidos, de las nuevas tareas y perspectivas.
Solamente en el terreno de la revolución victoriosa del proletariado mundial encontrará la URSS la solución completa y final de sus contradicciones internas y externas.


[1] Folleto publicado por la Liga Comunista de Norteamérica, junio de 1931. Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo II, Vol. 2, Ed. Pluma, 1977, Bogotá, Colombia, pág. 297.

[2] La Follette, Robert (1855-1925): senador norteamericano por el estado de Wisconsin, fue candidato a la presidencia por el Partido Progresista. Radich, Stjepan (1871-1928): dirigente campesino nacionalista croata. Partidos biclasistas, o partidos obrero-campesinos: término utilizado por los stalinistas en la década del veinte para justificar el apoyo al Kuomintang y a otros partidos burgueses en el Oriente. Trotsky ataca esta concepción considerando que no es marxista (ver La Tercera Internacional después de Lenin y Problemas de la revolución china).

[3] Gregori Potemkin (1739-1791): mariscal de campo y consejero de Catalina la Grande, al que se le asignó la tarea de organizar la “Nueva Rusia”. Reconstruyó viejos puertos y estableció nuevas aldeas, pero sus críticos señalaron que sus aldeas eran de utilería, construidas para engañar a la emperatriz cuando visitaba el distrito; de allí la expresión aldeas de Potemkin.

[4] Semyon Budenni (1883-1973): ingresó al PC ruso en 1919; fue uno de los pocos militares destacados que se salvaron de la ejecución o el encarcelamiento durante las purgas.

[5] Nikolai N. Sujanov (1882-193?): durante la Primera Guerra Mundial fue menchevique internacionalista, y en 1917 miembro del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado. Su libro acerca de la Revolución de Octubre fue traducido al inglés con el título The Rusian Revolution of 1917. Fue uno de los acusados en el juicio a los mencheviques de 1931; la última vez que se supo de él estaba en la cárcel, donde se quejaba de haber sido traicionado por los stalinistas, quienes le habían prometido que lo pondrían en libertad a cambio de su “confesión” en el juicio.



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