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Seis cartas a Olberg[1]

 

 

30 de enero al 27 de abril de 1930

 

 

 

Estimado camarada Olberg:

 

Usted plantea en su carta una serie de interrogantes fundamentales, cuya respuesta requeriría varios tratados. Pero la verdad es que la Oposición ya dedicó gran parte de sus trabajos a estas cuestiones. Yo no sé si us­ted ha leído algo de esto. Seria muy bueno que escribiera algo acerca de usted, aunque no fuera más que unas pocas líneas: si hace mucho que está en el movimiento, dónde estuvo estos últimos años, qué trabajos de la Oposición ha leído.

Debo decir que lo que usted afirma acerca del Comité Anglo-Ruso me sorprende sobremanera: es difícil imaginar un razonamiento más ajeno a los principios de la táctica clasista revolucionaria y a toda la historia del bolchevismo. Según usted, los revolucionarios no tie­nen derecho a romper con los rompehuelgas mientras las masas no se hayan rebelado contra éstos. Esa es la clásica filosofía del “seguidismo”. Usted hace una re­ferencia al 4 de agosto.[2] Pero con ello refuta sus pro­pios argumentos. Inmediatamente después del 4 de agosto proclamamos la necesidad de romper con los social-patriotas para formar la Tercera Internacional. Tenga en cuenta, además, que en el primer caso se tra­taba de un partido internacional en el que habíamos militado durante diez años; pero en el segundo caso, el del Comité Anglo-Ruso, se trataba de un bloque circuns­tancial con la delegación británica al Congreso de Ams­terdam, a los que caracterizamos como lo más positivo de Amsterdam pero que traicionaron la huelga general. Si en la rebelión hubieran participado sólo algunas millares de trabajadores, nosotros los habríamos acom­pañado. Pero usted tergiversa la situación: los incon­formes sumaban millones; cientos de miles estaban en rebelión. El Movimiento Minoritario[3] de esa época influía sobre varios cientos de miles de obreros. El Comité Anglo-Ruso destrozó ese movimiento, así como al Partido Comunista, por varios años. Nosotros “expre­samos críticas”. Efectivamente, en los diarios rusos; pero en Inglaterra -a los ojos de las masas- participa­mos en banquetes, firmamos resoluciones pacifistas sucias e hipócritas, apoyamos a los rompehuelgas y los fortalecimos en contra nuestro. Si no, ¿cómo se explica que, como resultado de la poderosa movilización revo­lucionaria de 1926, no sólo el Movimiento Minoritario sino también el Partido Comunista quedaran reducidos prácticamente a cero?

Sin embargo, en lugar de repetir viejas ideas, es mejor que le envíe una copia de mis artículos, que datan del 23 de setiembre de 1927.[4] En vista de la enorme importancia que reviste esta cuestión para la política de la Comintern, le ruego que les haga conocer a los camaradas que tienen interés por esta cuestión el contenido de mi artículo. Cuando termine de leerlo, por favor devuélvamelo.

Un solo comentario: “No tenemos por qué soportar el oprobio de una ruptura.” ¿Qué clase de terminología es ésta? Los revolucionarios siempre deben asumir a los ojos de las masas la honorable iniciativa, el deber revo­lucionario - de ninguna manera el “oprobio”- de romper con los rompehuelgas y traidores. Toda la histo­ria del bolchevismo está acompañada de acusaciones de rupturismo.

¿Lee usted el Biulleten Opozitsii ruso? Allí están respondidas algunas de sus preguntas.

En todo caso, para proseguir con éxito nuestra correspondencia, quedo a la espera de noticias suyas de carácter, por así decirlo, autobiográfico.

 

 

5 de febrero de 1930

 

 

 

Camarada Valentín Olberg

Estimado camarada:

Recibí su carta fechada el 28 de enero, junto con mi artículo.

Sería muy bueno que usted escribiera un artículo sobre el Partido Comunista letón: su trabajo, sus fuer­zas, sus corrientes internas, etcétera. Sería muy de de­sear que enviara por lo menos algunas cifras y material fáctico en general, porque prácticamente no existe in­formación de este tipo. Con mucho gusto publicaríamos su artículo en el Biulleten ruso. Podría aparecer, ade­más, en La Verité y en otras publicaciones de la Opo­sición.

¿Tiene usted el último número del Biulleten, dedi­cado al “tercer periodo” y a la cuestión francesa?

El próximo número estará dedicado a la economía soviética y a la política actual de Stalin.

No conozco la editorial letona Bereg [Orilla]. Voy a pedirle informes a nuestro editor ruso en Berlín.

Espero que durante su estadía en Alemania se mantenga en contacto con nuestros compañeros de ese país. Aunque no sea más que por su conocimiento del idioma ruso, podrá servirles de gran ayuda.

 

 

23 de febrero de 1930

 

 

 

Estimado camarada Olberg:

Recibí su artículo sobre el partido letón. De haber llegado tres días antes, lo habríamos publicado en el Biulleten 9. Hubo que enviarlo inmediatamente y no estoy seguro de que pueda ser incluido. Lo mandé también a La Verité y espero que allí se publique próxi­mamente.

Desde luego, recibiría con agrado la noticia de que mi trabajo ¿Quién dirige actualmente la Comintern? aparecerá en idioma letón. Lo mismo digo de mi folleto sobre la revolución permanente,[5] Estoy dispuesto a autorizar a los camaradas letones a que publiquen am­bos folletos con la condición de que cualquier ganancia que se obtenga irá a solventar los gastos del grupo de la Oposición.

La tarea más apremiante de los bolcheviques leni­nistas alemanes es, desde luego, la de comenzar a pu­blicar un periódico. Creo que la unificación del grupo Grylewicz con el grupo Wedding es un prerrequisito para lograrlo. A decir verdad, no veo ninguna razón sena para no realizar esta unificación. ¿Conoce usted a los weddinguistas? ¿Se reúne con ellos? Hágame llegar sus impresiones. ¿Se puede contar con la unificación próxima de ambos grupos? Si no es así, ¿por qué? ¿Quiénes y cuáles son los obstáculos que impiden la necesaria unificación?

 

 

24 de marzo de 1930

 

 

 

Camarada Olberg

Estimado camarada:

 

Le adjunto una copia de mi carta abierta a los militantes del Partido Comunista soviético. Su aparición está sincronizada aproximadamente con el comienzo del Decimosexto Congreso (si es que Stalin lo convoca).

En dicha carta intenté responder en forma sintética a los problemas más críticos que afectan al Partido Comunista y a la Comintern. Considero de gran importancia que esta carta llegue a la república soviética y tam­bién a los países vecinos - Letonia, Estonia, etcétera - lo antes posible. Envío, junto con ésta, sendas copias a Grylewicz y Mueller. Una copia bastará para la traduc­ción al alemán. Las otras dos deben enviarse inmediatamente con el pedido de que se las reproduzca y distri­buya.

Si tiene direcciones a donde enviarlas, podrían sacarse copias de la carta en Berlín. Desde luego, yo cubriría los gastos necesarios.

Es sumamente importante no perder el tiempo, sino actuar con rapidez y utilizar todos los medios disponi­bles para apurar el ingreso de la carta a la URSS.

¿Tiene usted mi trabajo La revolución permanente en ruso? Apareció hace dos semanas, aproximadamen­te. Si no lo tiene, puede obtenerlo por intermedio de A.I. Pfemfert[6] mostrándole a ella esta carta.

Un apretón de manos, con mis mejores deseos.

 

 

3 de abril de 1930

 

 

 

Camarada V. Olberg

Estimado camarada:

 

Esta es una respuesta a su carta del 28 de marzo.

Espero recibir en cualquier momento la información sobre el congreso de unificación [alemán]. Hasta ahora no he recibido más que un telegrama. Debido a que estoy esperando los documentos, por el momento no respondo las cartas que me enviaron algunos camara­das berlineses, entre ellas una carta extensa enviada recientemente por el camarada Landau.[7] También me resulta difícil mantenerme al día con la correspondencia porque no tengo un colaborador alemán [en Prinkipo]. Por favor, hágaselo saber al camarada Landau. Leí con interés su carta, que me resultó muy útil por la in­formación que contiene.

No quiero volver ahora sobre los conflictos que pre­cedieron a la unificación y la demoraron durante varias semanas. De ninguna manera creo que la culpa recaiga únicamente sobre la Oposición de la Leninbund. Hace poco, algunos camaradas de dirección del grupo Wedding me enviaron cartas pronunciándose contra la unificación. No cabe duda de que tanto en éste como en aquél hay no pocos individuos amargados y envenena­dos por el pasado.

Como ya le dije, no sé sobre qué bases y de qué manera tuvo lugar la unificación. Pero es muy evidente que las principales dificultades, no sólo las de carácter político general (demás está decirlo) sino también las que derivan de la unificación de ambos grupos, todavía no aparecieron. Es muy importante que dentro de la Oposición Unificada se forme un núcleo de “patriotas de la unidad” integrado, claro está, por los mejores ele­mentos de los viejos grupos. La Oposición Unificada de­be estar férreamente dispuesta a repudiar toda intriga de parte de grupos o individuos. En caso de peligro, se deben tomar oportunamente medidas internas y, de ser necesario, hay que recurrir a los representantes de la Oposición Internacional. Se ha perdido un mes y medio debido a las demoras provocadas por la unificación. No podemos darnos el lujo de perder una hora más. Es ne­cesario organizar seriamente el trabajo, movilizar todas las fuerzas sin excepción y barrer con todos los elemen­tos perturbadores que aparezcan.

Usted dice que algún camarada alemán podría via­jar para establecer vínculos [en la URSS]. La idea es to­talmente correcta. Pero esta tarea requiere un camara­da experimentado, cuidadoso y sagaz. No es fácil en­contrar la persona adecuada.

En todo caso, debemos utilizar en el interín todos los métodos rudimentarios que sirvan para hacer llegar materiales y documentos. Si llega una copia de la Carta Abierta a quien corresponda, seguramente será dis­tribuida.

Volviendo a la Oposición alemana, diré que la tarea más difícil del momento es la selección y educación de un equipo de dirección. En las circunstancias actuales la dirección no puede ser individual. Debe ser colectiva. Por consiguiente, tiene que estar integrada por camara­das capaces y dispuestos a trabajar en equipo, estar bajo el control del conjunto de la militancia de la Oposición y no buscar apoyo afuera sino adentro de la Opo­sición alemana. En fin, debe ser una dirección basada en el centralismo democrático.

 

 

27 de abril de 1930

 

 

 

Camarada Olberg

Estimado camarada:

 

En su carta del 14 de abril presenta un panorama bastante pesimista de la situación en la dirección de la Oposición Unificada. Si los informes que recibí hace poco son correctos, es posible que la situación haya mejorado un poco. ¿Coincide usted?

Entra en detalles acerca del camarada Pfemfert y su periódico Aktion. Demás está decir que diferimos con el camarada Pfemfert en una serie de cuestiones muy fundamentales. Pero no debe olvidar que hasta hace poco el representante alemán de la Oposición de Iz­quierda era la Leninbund, de la que nos separaban dis­crepancias que no eran menores que las que mantene­mos con el camarada Pfemfert, con una gran diferencia: Urbahns se comportaba de manera desleal y a veces directamente inescrupulosa, mientras que el camarada Pfemfert se comportó en todo momento con absoluta lealtad. Usted hace una referencia al articulo sobre el visado.[8] Escribí este artículo para las publicaciones de la Leninbund. Por razones que desconozco, Urbahns no lo publicó. Pero, puesto que estimaba necesario expli­car justamente en Alemania, el significado y el carácter de mi apelación al gobierno socialdemócrata, le entre­gué el artículo a Aktion. De manera que no hubo abuso de parte de éste.

Acabo de recibir una carta de Pfemfert en la que me dice que, en vista de que a la Oposición le resulta impo­sible publicar mi Carta abierta al Partido Comunista de la Unión Soviética (según le dijo Grylewicz), él, Pfem­fert, la va a publicar en el próximo número de Aktion. ¿Hubiera sido un acierto de mi parte negarme a ello? No, hubiera sido una equivocación. Usted probable­mente tiene razón cuando afirma que no haré cambiar de opinión a los viejos lectores de Aktion. Pero, por otra parte, les daré a nuestros correligionarios o simpa­tizantes, al menos a algunos de ellos, la posibilidad de conocer estos documentos, que no puedo publicar por otros medios.

Lo mismo es válido para la publicación de folletos. Por supuesto, estaré dispuesto a entregar mis folletos a la Oposición Unificada apenas se fortalezca y cree su propia editorial. Es absolutamente esencial y tarea para el futuro inmediato, pero imposible de realizar por ahora. Mientras tanto, creo que habría que publicar el trabajo La revolución permanente. El camarada Pfem­fert se ha comprometido a entregarle a la Oposición. Unificada todos los ejemplares que necesite, a precio de costo.

Usted dice que es aconsejable que me reúna con los camaradas Landau y Neumann. Estoy totalmente de acuerdo y espero hacerlo en el verano, si no surgen obstáculos imprevistos.



[1] Seis cartas a Olberg. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Traducido del ruso [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Marilyn Vogt. En 1936, en el primer Juicio de Moscú, un acusado llamado Valentín Olberg “confesó” que Trotsky y León Sedov lo habían enviado a la Unión Soviética a asesinar a Stalin y perpetrar otros actos terroristas; igual que los demás acusados, fue sentenciado y ejecutado rápidamente. En 1937, al comparecer ante la comisión investigadora presidida por John Dewey, Trotsky presentó seis cartas que había escrito a Olberg a Alemania en 1930, y diez cartas que había recibido de el en esa época. Dichas cartas y el resto de las pruebas presentadas a la comisión investigadora demostraban que el testimonio del Olberg en el juicio de Moscú era absolutamente falso y tergiversaba completamente las relaciones entre ambos. Olberg había iniciado la correspondencia con la esperanza de que Trotsky lo tomara como secretario. Si bien no se tiene la certeza de que fuera en ese entonces agente de la GPU, los amigos berlineses de Trotsky sospecharon, después de conocerlo, que si lo era, y le aconsejaron que no mantuviera ninguna relación con él. Trotsky resolvió seguir el consejo e interrumpió su correspondencia con Olberg. Para un análisis detallado del testimonio de Olberg en el juicio y su relación con estas cartas, véase el informe de septiembre de 1937 de la Comisión Dewey, publicado con el título Not Guilty [Inocente], reeditado por Monad Press, 1972, distribuido por Pathfinder Press.

[2] El 4 de agosto de 1914: fecha en que los diputados socialdemócratas del Reichtag alemán votaron a favor del presupuesto de guerra para financiar la Primera Guerra Mundial, si bien hasta ese momento el partido había tenido una posición antimilitarista; en esa misma fecha los partidos socialistas francés y belga publicaron manifiestos de apoyo a sus gobiernos en la guerra.

[3] El Movimiento Nacional Minoritario: creado en agosto de 1924 por iniciativa del Partido Comunista británico, constituía un ala izquierda de los sindi­catos. Representaba a cerca de doscientos mil afiliados de los sindicatos y en su apogeo afirmaba contar con el respaldo del veinticinco por ciento del movimiento sindical.

[4] Véase el artículo What We Gave and What We Got [Qué dimos y qué re­cibimos] en Leon Trotsky on Britain,. [En castellano: ¿Hacia dónde va Inglaterra?, Yunque Editora Buenos Aires, 1974

[5] ¿Quién dirige actualmente la Comintern?. Publicado en dos partes en The Militant, 15 de agosto-30 de noviembre de 1929, y en The Challenge of the Left Opposition. Véase el trabajo sobre la revolución permanente en The Permanent Revolution and Results and Prospects, Pathfinder Press, Nueva York, 1970. [Edición en castellano: La Revolución Permanente; Resultados y Perspectivas. Existen varias ediciones.]

[6] A.I. Pfemfert: era Alexandra Ramm, traductora de las obras de Trotsky al alemán. y esposa de Franz Pfemfert (1879-1954), director del periódico Aktion. Ambos se reunieron con Olberg y aconsejaron a Trotsky que no tuviera relaciones con él.

[7] Kurt Landau: dirigente de uno de los grupos alemanes que se unificaron en una conferencia celebrada en marzo de 1930, en la que quedó constituida la Oposición Unificada; durante un breve período integró el Secretariado Provisorio Internacional, hasta que rompió con la Oposición de Izquierda en 1931. Los análisis de Trotsky sobre el “landauismo” aparecen en Escritos 1932-1933. Fue por intermedio del grupo de Landau que Olberg ingresó a la Oposición en la época en que comenzó a mantener correspondencia con Trotsky.

[8] Se refiere probablemente al artículo Una lección democrática que no recibí, 22 de abril de 1929, publicado en setiembre de 1929 en el periódico Aktion. Véase el volumen 1 de este tomo.



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