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Sobre la "memoria histórica". Una polémica con Horacio Tarcus

Tarcus nos dice: "No hay un riesgo de pérdida de la memoria. Un poco dándole vuelta su pregunta, el riesgo es la sobresaturación de la memoria. La izquierda argentina vive y sobrevive de la memoria. Le va a resultar paradójico que yo le plantee esto, que soy un historiador y que he dedicado mi vida a juntar los papelitos y las fotos y los afiches de la izquierda."”

Y para que quede claro agrega. "Prohibido olvidar’ es una tortura. Para recordar necesitamos olvidar. Y el drama de la izquierda argentina es que está condenada a recordar". "Hay que hacer un ajuste de cuentas generoso, pero al mismo tiempo profundamente crítico, con las experiencias del pasado, con las figuras del pasado, y con las organizaciones políticas del pasado... ese balance es muy difícil de ser planteado si uno no empieza por instalarse en otro terreno y en otra lógica política. Porque si se sustenta en la misma, se cae en la lógica del culto de la memoria y del culto de los héroes del pasado".

Creemos que aquí es donde más se equivoca Tarcus. Toma el problema de la "memoria histórica" para aconsejar un "aggiornamiento" de la izquierda, poniendo especial énfasis en el trotskismo1. Pero ¿qué sobresaturación de la memoria tienen los miles de jóvenes que nacen a la vida política cargando algunos con los viejos prejuicios de la "antipolítica" y contra la "izquierda partidaria" sin un conocimiento profundo de las tradiciones y las experiencias de la clase obrera, las luchas sociales y la vida de los revolucionarios? Estos jóvenes merecen ser capaces de asentar las enormes energías de que disponen en bases sólidas construidas sobre el pasado, en su conocimiento profundo y crítico. Para nosotros esta no es una carga de la que liberarse, como parece ser para Tarcus. Es un arma que podemos ofrecer a los jóvenes y trabajadores que luchan hoy para aprender y sacar conclusiones del pasado.
¿Qué sobresaturación de la memoria puede temerse al intentar rescatar una historia revolucionaria de las manos de la tergiversación que han hecho durante décadas la socialdemocracia y el stalinismo? En todo caso estas corrientes han utilizado los "homenajes" y los "mitos" para quitarles todo el filo revolucionario a los militantes del pasado y sus experiencias.

 "Los viejos términos, los términos de la vieja izquierda sobre la diferencia entre reforma y revolución, entre gestión reformista al interior del orden burgués y revolución mediante el asalto al Palacio de Invierno, están totalmente caducos". Esta conclusión acerca de la caducidad de la diferencia entre reforma y revolución no surge sólo de un “balance” histórico, sino de una posición política y estratégica y constituye en sí misma una guía para la acción. Por el contrario, nosotros rescatamos la historia para sacar conclusiones diferentes. Para aprender de las experiencias revolucionarias de la clase obrera y la izquierda que demuestran, entre otras muchas cosas, que borrar la frontera entre reforma y revolución fue muchas veces causa de derrotas históricas para las masas. 

Siempre, Tarcus y nosotros, hacemos historia para el presente, para forjarnos una guía para la acción. Si los revolucionarios desistimos de recurrir a la historia, como decía Walsh (y recuerda el entrevistador de Tarcus), nos resignamos a “empezar siempre de cero”, como quieren las clases dominantes.

Ni olvidar, ni sacralizar. Recordar y aprender. Sacralizar es dar por muerto el pasado e idealizarlo en bloque. Pero “olvidar” como propone Tarcus, para salvarnos de una supuesta “sobresaturación de la memoria” significa renunciar al caudal de experiencias que nos prepararán para los enormes desafíos que tenemos por delante.

En el CEIP "León Trotsky" tenemos un lema que hemos tomado del historiador trotskista Pierre Broué: de lo que se trata es de un “combate revolucionario por la historia" como parte de la lucha por la revolución, ya que "la verdad es revolucionaria y es porque uno es revolucionario que busca la verdad y que encuentra en ella un fragmento que permite atrapar la punta del ovillo, tirar de él y avanzar en la comprensión de este mundo en marcha que es necesario transformar".

 

1. Tarcus pone como ejemplo al trotskismo brasilero que habría sabido convivir dentro del PT con otras corrientes de pensamiento y que ha participado en experiencias de gestión, lo cual, para la "izquierda tradicional", sería, según Tarcus, una "contradicción en los términos. Aquí hay dos falacias. En primer lugar, decir que el trotskismo en Brasil, en este caso la corriente Democracia Socialista a la que Tarcus hace referencia explícita, ha participado dentro de un “partido de masas” e incluso obtenido intendencias, o sea, ejercido gestión directa estatal, no implica de por sí estar de acuerdo con que esto haya sido lo mejor para el movimiento de masas que dio origen en los ’70 al PT. No es intención de este artículo realizar un balance de dicha experiencia, pero por lo menos llamar la atención sobre las consecuencias reformistas que se desprenden de esta alabanza, justo en momentos en que la política del PT, continuidad de la de Cardozo, es cuestionada por sectores del mismo movimiento que lo llevó al poder. En segundo lugar, Tarcus quiere hacer aparecer al marxismo como un dogma religioso donde sería una “contradicción en los términos” la participación en las instituciones estatales burguesas. Conocer la teoría y práctica de los revolucionarios serviría, entre otras cosas, para demostrar que hubo importantes discusiones dentro de nuestra corriente contra el “ultraizquierdismo” abstencionista que convertía en una cuestión de principios la no participación electoral, la no participación “gestionaria”, etc. Por supuesto que dichas discusiones siempre estuvieron enmarcadas en la estrategia de la toma del poder y la revolución socialista y no en la expectativa de un cambio gradual y el “ir copando” espacios dentro del estado burgués, como parece preferir Tarcus.



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