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Tesis sindicales de la Izquierda Comunista Española. III Conferencia de la OCE

Comunismo Nº 19, diciembre de 1932. Aunque en el número 17 de la revista se publicó una tesis sindical de la OCE, éste es el texto definitivo, tras ser incorporadas al mismo una serie de enmiendas presentadas por la conferencia al texto inicial.

 

I En la grave situación económica de nuestro país, la clase obrera se encuentra en las peores condiciones para hacerle frente. En primer lugar, sus organizaciones de resistencia padecen una enorme división que impide las acciones de conjunto. Existe una gran central reformista, la UGT; una gran central revolucionaria, la CNT; un núcleo de sindicatos influidos por el partido comunista, que obstinadamente se viene esforzando en agruparlos en una nueva central, y multitud de sindicatos autónomos. En las luchas titánicas que ha venido sosteniendo nuestro proletariado apenas si pueden citarse los casos en que no se ha mantenido el divorcio entre las fuerzas obreras. Los socialistas, como corresponde a su reformismo y al papel que juegan dentro de la República, actuaron y actúan de rompehuelgas y saboteadores de todos los movimientos revolucionarios del proletariado. Pero aun entre las tendencias que actúan en el terreno de la lucha de clases, y a quienes debiera serles fácil entenderse para acciones en común, se encuentra el mismo divorcio sectario y suicida. Si la CNT, por ejemplo, prepara una manifestación revolucionaria para una fecha determinada, el partido comunista dará orden de celebrar la misma protesta unos cuantos días después. Todo proyecto de manifestación obrera que proceda del campo comunista es siempre rechazado por la CNT por el simple hecho de proceder de los comunistas.

Las masas obreras han reaccionado espontáneamente contra la situación actual en una serie imponente de huelgas y movimientos enérgicos no sólo contra el capital organizado, sino también contra las instituciones políticas que le sirven de sostén. Pero por falta de una dirección, las masas obreras no han podido llevar la lucha hasta las últimas consecuencias. La depresión actual del movimiento obrero es una derivación lógica de la incapacidad de las organizaciones del proletariado para hacer frente a la crisis, y en esta depresión han jugado un papel principal las traiciones sin cuento de la burocracia socialista y la cobardía de los líderes reformistas de la CNT.

II La UGT, por mediación de sus jefes socialistas, ha quedado convertida en una organización colaboracionista y gubernamental burguesa. La UGT figura en la extrema derecha de la Internacional Sindical de Ámsterdam, por su espíritu colaboracionista en todos los regímenes, desde la Dictadura de Primo de Rivera a la República, pasando por el gobierno de Berenguer. El proletariado industrial (y en parte también las organizaciones de trabajadores de la tierra) va dándose cuenta del papel repugnante y de las traiciones que los socialistas hacen jugar a sus organizaciones. Pero les prestan, sin embargo, su apoyo, porque no saben qué camino seguir; las demás organizaciones existentes (CNT y sindicatos autónomos) no merecen su confianza ni son garantía suficiente por su actuación y por su programa.

La base de las fuerzas de los sindicatos reformistas de la UGT radica en el aparato burocrático y en los propios organismos de colaboración de clases. Al no poseer los trabajadores una organización que en cruda y abierta lucha de clases logre arrancar mejoras a la clase patronal, ven en los organismos de colaboración (jurados mixtos, comités de arbitraje, comisiones de clasificación profesional, etc.), un instrumento por medio del cual pueden obtener ciertas mejoras temporales. Es un hecho que la fuerza de la UGT se apoya en gran parte en la crisis de las organizaciones revolucionarias. La prueba la tenemos en que al principio de la República, a pesar de que los socialistas estaban menos desacreditados que hoy, su influencia retrocedía visiblemente entre los sectores más conscientes del proletariado. En este período los nuevos ingresos los reclutaba sobre todo en los pueblos atrasados que, con el advenimiento de la República, se incorporaban por primera vez a la vida social. El crecimiento notable que experimento en estos últimos meses está directamente ligado a la crisis del movimiento revolucionario. Pero ello no quiere decir que en los medios donde últimamente ha ganado terreno se ignore el papel traidor de la burocracia socialista. El fenómeno sólo expresa una crisis de confianza en las organizaciones revolucionarias.

III La tarea más urgente que tiene en este momento planteado el proletariado español es la de reconstruir el movimiento sindical revolucionario. Más concretamente, esto significa vencer la crisis de la CNT, base del movimiento sindical revolucionario. Debido a la desorientación de los anarquistas que la conducen, sufre hoy esta central una fuerte crisis, que va acompañada de una agudización del sectarismo anarquista. Los anarquistas tienen monopolizada la dirección de la CNT y la consideran como un coto cerrado de sus desvaríos libertarios. La dictadura de la FAI en la organización es un constante atropello a los más elementales derechos sindicales y un serio peligro para el porvenir de la CNT[1]. Las exclusiones en masa, la persecución sistemática de los comunistas, la violenta lucha intestina entre los “faístas” y los reformistas, que va acompañada de draconianas medidas en materia de organización, tiene destrozada a la CNT y reducen a nada la democracia sindical. Establecer una verdadera democracia sindical con plena libertad de tendencias es la condición para que la CNT se reponga y pueda cumplir su misión revolucionaria.

IV El sindicato es la agrupación de todos los trabajadores, sin distinción de tendencias, que estiman necesario organizarse para hacer frente a la explotación capitalista y luchar por su total emancipación. Para ingresar en el sindicato sólo se exige la aceptación de esos elementales principios, sin que importe que el interesado sea comunista, anarquista, sindicalista, socialista, etc.

Por eso el sectarismo anarquista, su pretensión de querer monopolizar la dirección de la CNT, conduce a la disgregación del movimiento sindical. Los obreros conscientes deben luchar por evitarlo, deben luchar porque la CNT sea la organización del proletariado español unificado sobre la base de la lucha de clases y por dotar la organización de una disciplina obligatoria para todos, pero que no suponga la sumisión a ninguna tendencia.

V La lucha por un movimiento sindical unificado no puede intentarse en nuestro país por la fusión de la CNT y la UGT. Al reformismo le conviene el movimiento sindical dividido, aislado de las tendencias revolucionarias, para tener así una gran parte de la clase obrera al servicio de la burguesía. El reformismo rechazará todo intento sincero de unificación, porque con el movimiento sindical unificado los revolucionarios desplazarían a los reformistas. La unidad hay que buscarla sobre la base de la lucha de clases. En España la CNT cumple las condiciones necesarias para ser el centro de la unidad sindical. No se puede negar que esta central sea revolucionaria, que es la primera condición que se requiere. Los grandes defectos que tiene a causa de la dirección anarquista no autorizan a volverle la espalda, sino que obligan a la lucha para salvar la organización. La base del movimiento sindical unificado debe ser, pues, la CNT, organización fuerte, con tradición en el país, y revolucionaria. El proletariado siente la necesidad de unirse. Con una propaganda honrada y justa se pueden vencer las tendencias y los grupos que se opongan a la unidad en el seno de la CNT.

VI Para conseguir la unidad sindical se requiere una labor constante y tenaz. Lanzar, como hizo en otro tiempo la CNT y hace hoy el partido comunista, un ultimátum invitando a realizar la unidad por ingreso de todo el proletariado en una de las centrales o invitando a un congreso de fusión no es luchar por la unidad sindical, sino sencillamente buscar pretextos para justificar la división. Las masas obreras que siguen una tendencia determinada no pueden apearse de su actitud por la invitación que reciban de una central sindical o de un grupo, sino de la experiencia de la lucha que las obliga a unirse y les enseña además el modo en que deben realizar la unión.

VII El partido comunista no hace hoy una verdadera campaña por la unidad sindical. Lo que hace es denunciar el sectarismo de las tendencias adversas y justificar así la creación de un organismo sindical igualmente limitado y sectario. En el mismo caso está el Bloque Obrero y Campesino, que a pesar de haber criticado al partido comunista por sus errores sindicales incurre luego en las mismas faltas que él. Tan pronto como los sindicatos del bloque tuvieron el primer choque con los anarquistas se sirvieron del pretexto para crear una nueva organización sindical. Esta política, que tan funestos resultados está dando nacional e internacionalmente, no es la tradicional del comunismo, sino que la ha establecido la burocracia stalinista en 1928, queriendo emanciparse con un falso izquierdismo de los errores y claudicaciones que había cometido en el período anterior. Las alianzas con los reformistas, llevadas hasta el extremo de anular el movimiento sindical revolucionario, hasta anular la Internacional Sindical Roja y la Internacional Comunista, constituyen el primer período de la política stalinista. El segundo período lo constituye la política divisionista que practica ahora.

Los comunistas son los que pueden orientar la lucha por la unidad sindical, y para ello deben organizarse convenientemente. El instrumento de que han de valerse los comunistas para luchar por la unidad sindical es el movimiento sindical minoritario. Respondiendo a una orientación homogénea, los comunistas deben agruparse en todos los sindicatos, sin excepción, y agrupar a todos los obreros conformes con sus tácticas para defender los principios revolucionarios y la unidad sindical. En la CNT hay que luchar contra el monopolio de los anarquistas y por la libertad de tendencias en el interior de la organización. En la UGT, defender, frente a las maniobras reformistas, los principios revolucionarios, y cuando se originen expulsiones a causa de esta lucha, ingresar en la CNT. Los comunistas no deben tomar nunca la iniciativa de la división. En los sindicatos autónomos hay que luchar por incorporarlos a la CNT. Dentro de la CGTU, creada por el partido comunista, hay que preconizar también el ingreso en la CNT y la disolución de esa central sindical de creación burocrática, que es un crimen perpetrado contra los intereses sindicales del proletariado español. Los partidarios de la ISR, agrupados en un movimiento sindical minoritario, que no es una nueva central, deben intervenir y tentacular todas las organizaciones para defender en cada momento las posiciones revolucionarias y luchar por la unidad sindical donde debe hacerse: en la CNT. Sólo así se debe luchar por la unidad.

VIII Una de las armas más eficaces de la clase trabajadora en su lucha contra la moderna organización del capitalismo y contra los organismos de colaboración de clases y, a su vez, un instrumento indispensable para la realización de la unidad sindical, lo constituyen los comités de fábrica, obra, mina, taller, etc. Estos comités constituyen la organización modelo del proletariado sobre la que puede basarse la acción directa contra el capitalismo. El comité de fábrica agrupa a todos los trabajadores, sindicados o no, y es el organismo representativo del proletariado en la lucha directa contra el burgués explotador. El comité de fábrica es la anulación de los jurados mixtos, los organismos de colaboración y la influencia reformista en los medios obreros. El comité de fábrica significa la sustitución de la colaboración por la lucha de clases y la ventilación directa de los conflictos entre el capital y el trabajo; demuestra la posibilidad de la unidad sindical y es un eficaz organismo para el reclutamiento de nuevos militantes de los sindicatos. Allí donde se crea un comité de fábrica se consigue en seguida la unidad sindical, pues los trabajadores, al tener que encararse unidos con el capitalista, no le encuentran sentido a la división sindical. Estos comités son los que pueden reclamar y realizar el control obrero de la producción, con lo cual no sólo se logra intervenir en las operaciones de la burguesía, sino, lo que es más importante, adquiere el obrero capacitación para la realización de la misión que al sindicato le compete, tanto en régimen burgués como en el proletario. El control obrero, ejercido por los comités de fábrica, es una de las consignas por las que debe luchar con más intensidad el proletariado sindicado y ha de ser un arma eficacísima contra la caricatura de control obrero que preconizan los socialistas desde el gobierno.

IX La organización sindical revolucionaria debe estar organizada sobre la base de las Federaciones de Industria, forma que corresponde a las necesidades de la lucha contra el capitalismo organizado. Las organizaciones de oficios, allí donde existan, como son totalmente ineficaces, deben transformarse en los organismos que hemos indicado, los cuales no basta que tengan un carácter local, sino que lo han de tener nacional o internacional, puesto que también es internacional la organización capitalista a que hay que hacer frente.

Hay que hacer que la CNT preste a este problema[2], así como a los comités de fábrica, la atención debida, e inmediatamente se vaya a la creación y robustecimiento de esas organizaciones.

X Los sindicatos deben prestar también una gran atención al problema de los parados. Constituyen los parados una fuerza que, según se la utilice, puede ser revolucionaria o contrarrevolucionaria. Si el sindicato se preocupa de los obreros parados, es decir, si van unidas la acción de los parados y la de los obreros que trabajan, en ese caso los parados son un factor revolucionario. Pero abandonados a sí mismos, desligados del resto de la clase obrera, los parados pueden transformarse en un elemento contrarrevolucionario muy poderoso. En toda huelga, del parado puede salir el esquirol; el saber que hay una gran reserva de parados utilizables puede ser la base de una gran ofensiva patronal. Para una acción política decisiva y de extrema violencia contra la clase obrera, la burguesía puede servirse de los obreros parados. A la vista está el caso de Alemania, donde los batallones fascistas están formados en gran parte de parados.

Aparte estas consideraciones fundamentales, es necesario que la acción de los parados esté ligada a la de los obreros que trabajan, porque los intereses de unos y otros son idénticos. En los momentos presentes, el obrero que trabaja está constantemente expuesto al paro. La defensa de sus intereses sólo puede hacerse desde el sindicato. No hay por qué crear organizaciones independientes, puesto que la lucha de los obreros parados es un aspecto de la lucha entre el capital y el trabajo. Cada sindicato tiene el deber de defender los intereses de sus afiliados en paro forzoso, y todos los sindicatos la obligación de estudiar en conjunto el problema del paro.

Cuando no sea posible organizar a los parados dentro de los sindicatos, como, por ejemplo, sucede en los sindicatos reformistas, que se oponen a la organización de los obreros en paro forzoso, hay que agruparlos de todos modos, aunque sea en organización independiente. Pero sin dejar por ello de reclamar la organización dentro del sindicato y de acoplar en todos los casos que se presenten la acción de los parados con la de los obreros que trabajan.

XI El sindicato revolucionario no puede limitarse a defender las ideas tradeunionistas, que consisten en luchar por las mejoras inmediatas de carácter económico y moral. Tampoco puede creer que la emancipación de la clase obrera pueda conquistarse por vía evolutiva, por sucesivas conquistas de mejoras parciales. El sindicato revolucionario ha de tener presente que la lucha por la emancipación de la clase obrera ha de ser conducida en una escala general contra el capitalismo en los lugares de trabajo y contra sus órganos de sostén (el estado con todas sus filiales), es decir, también mediante la lucha política. El deber del sindicato revolucionario consiste en atacar al enemigo de clase en toda la extensión de su dominio. No hacerlo así, dejar las posiciones fundamentales, como son las políticas, en manos del enemigo, es caminar directamente a las más crueles derrotas.

El proletariado español tiene ante sí una enorme perspectiva revolucionaria, a pesar de la actual y pasajera depresión del movimiento obrero. Existen las condiciones necesarias para crear un poderoso movimiento sindical. La CNT nos da la base para ello. Hay que trabajar honrada y valientemente para que la CNT cumpla con su deber. Pronto volverán a surgir las grandes luchas obreras, pues persisten las causas que provocaron las luchas anteriores. Es necesario que el proletariado se apresure a reforzar las organizaciones sindicales y a dotarlas de la estructura y flexibilidad indispensables para hacer frente a las circunstancias. No hacerlo equivaldría a dejarse aplastar por el capitalismo. 



[1] Este nuevo análisis se debe a que entre la II y III conferencias tuvo lugar el desplazamiento de los “treintistas”, que serían marginados de la confederación en el pleno regional de la CNT de Cataluña celebrado en abril de 1932, y la consolidación de la hegemonía de la FAI en la central anarcosindicalista.
[2] El congreso de la CNT celebrado en Madrid en junio de 1931 decidió la estructuración de la confederación por federaciones de industri, medida defendida por Orobón Fernández y criticada duramente por García Oliver entre otros.



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