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Un llamamiento a los trabajadores del mundo

Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, Klara Zetkin y Franz Mehring

  

Escrito a fines de noviembre de 1918. Primera Publicación: Die Rote Fahne (La bandera Roja), del 25 de noviembre de 1918. Copia permitida: Luxemburg Internet Archive (marxists.org) 2002, 2003. Traducido especialmente para este boletín por Gabriela Vino.

¡PROLETARIOS! ¡Hombres y Mujeres del Trabajo! ¡Camaradas!

¡Ha llegado la revolución a Alemania! Las masas de soldados que durante años han sido conducidos al matadero por el bien de las ganancias capitalistas, las masas de trabajadores que por cuatro años fueron explotadas, aplastadas y hambreadas, se han sublevado. El militarismo prusiano, esa temible herramienta de la opresión, ese azote de la humanidad- yace roto en el suelo. Sus más notorios representantes, y por lo tanto los más notorios de los responsables de esta Guerra, el Kaiser y el Príncipe Coronado[1] han huido del país. Los consejos de trabajadores y soldados se han formado por todos lados.Trabajadores de todos los países, no decimos que en Alemania todo el poder reside en la actualidad en manos del pueblo trabajador, que el completo triunfo de la revolución proletaria se ha logrado. Todavía se sientan en el gobierno todos aquellos socialistas que en agosto de 1914, abandonaron nuestra más valiosa posesión, la Internacional, quienes durante cuatro años traicionaron a la clase trabajadora alemana y a la Internacional.

Pero, trabajadores de todos los países, ahora el proletariado alemán mismo les habla a ustedes. Creemos que tenemos el derecho de aparecer ante vuestro foro en su nombre. Desde el primer día de esta Guerra procuramos cumplir con nuestro deber internacional peleando contra ese gobierno criminal con todas nuestras fuerzas marcándolo como el único verdaderamente culpable de la Guerra.

Ahora, en este momento, estamos justificados ante la historia, ante la Internacional y ante el proletariado alemán. Las masas coinciden con nosotros entusiastamente, constantemente amplían círculos del proletariado compartiendo la convicción que ha llegado la hora de un ajuste de cuentas con el gobierno de la clase capitalista.Pero esta gran tarea no puede ser realizada sólo por el proletariado alemán, sólo puede pelear y triunfar apelando a la solidaridad de los proletarios de todo el mundo.

Camaradas de los países beligerantes, estamos conscientes de su situación. Sabemos sobradamente que sus gobiernos, ahora que han ganado la victoria, están encandilando los ojos de muchos estratos del pueblo con la brillantez superficial de su triunfo. Sabemos que tal éxito se debe al éxito del asesinato de hacer olvidar sus causas y objetivos.

Pero sabemos también que en vuestros países el proletariado realizó los más temibles sacrificios de carne y sangre, que está harto de la horrorosa carnicería, que el proletariado está ahora regresando a casa, y que encuentra necesidad y miseria allí, mientras las fortunas que ascienden a billones se amontonan en las manos de unos pocos capitalistas. Él ha reconocido, y continuará reconociendo que vuestros gobiernos, también han llevado a cabo la guerra por el bien de los grandes ricos. Y él luego percibirá que cuando vuestros gobiernos hablan de “civilización y justicia” y de “la protección de las naciones pequeñas“, se refieren a las ganancias capitalistas tan ciertamente como lo han hecho los nuestros cuando hablaban de la “defensa del hogar”, que la paz de “la justicia” y de la “Liga de las Naciones” no son sino parte del mismo tipo de crápulas que generaron la paz de Brest-Litovsk. Aquí tanto como allá la misma desvergonzada lujuria por el botín, el mismo deseo de opresión, la misma determinación de explotar al límite el predominio brutal del acero asesino.

El imperialismo de todos los países no sabe de “entendimientos”, sólo reconoce un derecho- las ganancias del capital: conoce sólo un lenguaje- la espada: sabe sólo de un método- la violencia. Y si está ahora hablando en todos los países, en los vuestros tanto como en los nuestros, acerca de la “Liga de las Naciones”, “del desarme”, “de los derechos de las naciones pequeñas”, “de la autodeterminación de los pueblos”, es meramente usando las frases trilladas de los gobernantes con el propósito de arrullar hasta el sueño la vigilia del proletariado.

¡Proletarios de todos los países! ¡Esta debe ser la última Guerra! Se lo debemos a los doce millones de víctimas asesinadas, se lo debemos a nuestros hijos, se lo debemos a la humanidad.

Europa ha sido arruinada por esta masacre maldita. Doce millones de cuerpos cubren las escenas de este crimen imperialista. La flor de la juventud y lo mejor del poder de los hombres de los pueblos han sido arrancados. Incontables fuerzas productivas han sido aniquiladas. La humanidad está al borde de la muerte por un derramamiento de sangre sin precedentes en la historia. Vencedores y vencidos están al borde del abismo. La humanidad está amenazada por el hambre, un detenimiento de todo el mecanismo de producción, las plagas y la degeneración.

Los grandes criminales de esta temible anarquía, de este caos desencadenado—las clases dominantes—no son capaces de controlar su propia creación. La bestia del capital que evocó el infierno de la guerra mundial es incapaz de desterrar, de restaurar el orden real, de asegurar pan y trabajo, paz y civilización, justicia y libertad, a la humanidad torturada.

Lo que las clases gobernantes preparan como paz y justicia es sólo una nueva obra de la fuerza brutal desde la cual la Hidra de la opresión, levanta sus miles de frescas y odiadas cabezas.

Sólo el socialismo está en posición de completar el gran trabajo de la paz permanente, de curar los miles de heridas por las que sangra la humanidad, de transformar los claros de Europa, pisoteados por el paso del jinete apocalíptico de la guerra, en jardines florecientes, de conjurar diez fuerzas productivas por cada una destruida, de despertar todas las energías físicas y morales de la humanidad, y de reemplazar odio y disenso con solidaridad interna, armonía y respeto por cada ser humano.  

Si los representantes de los proletarios de todos los países pudiesen sujetarse las manos bajo la divisa del socialismo con el fin de hacer la paz, entonces la paz se conseguiría en unas pocas horas. Entonces no habría disputas acerca de la orilla izquierda del Rin, la Mesopotamia, de Egipto o las colonias. Entonces sólo habrá un pueblo: los esforzados seres humanos de todas las razas y lenguas. Entonces sólo habrá un derecho: la igualdad de todos los hombres. Entonces sólo habrá un objetivo: prosperidad y progreso para todos. 

La humanidad enfrenta la alternativa: disolución y caída en la anarquía capitalista, o regeneración a través de la revolución social. Ha llegado el hora de decidir. Si creen en el socialismo, ahora es el momento de demostrarlo en los hechos. Si son socialistas, ahora es el momento de actuar.

Proletarios de todos los países, si ahora los sumamos para un esfuerzo común no se hará por el bien de los capitalistas alemanes quienes, bajo la etiqueta de “la Nación Alemana”, están tratando de escapar a las consecuencias de sus propios crímenes: se estará haciendo por vuestro bien tanto como por el nuestro. Recuerden que si los capitalistas vencen, están dispuestos a ahogar en sangre nuestra revolución, a la cual temen tanto como a la propia. Ustedes mismos no se han vuelto más libres a partir de la “victoria”, sólo se han vuelto aún más esclavos. Si vuestras clases gobernantes tienen éxito en estrangular la revolución proletaria en Alemania, y en Rusia, entonces se volverán contra ustedes con redoblada violencia. Vuestros capitalistas esperan que la victoria sobre nosotros y sobre la Rusia revolucionaria les dará el poder para azotarnos con un látigo de siete colas. 

Por esto el proletariado de Alemania mira hacia ustedes en esta hora. Alemania está preñada de la revolución social, pero el socialismo sólo puede ser realizado por el proletariado mundial.

Y de allí, que los llamamos: “¡Levántense para luchar! ¡Levántense para la acción! ¡El tiempo de los manifiestos vacíos, las resoluciones platónicas, y las palabras rimbombantes se ha ido! ¡La hora de la acción ha dado la Internacional!” Les pedimos que elijan consejos de trabajadores y de soldados en todas partes que tomarán el poder político, y junto a nosotros, restableceremos la paz. 

Ni Lloyd George[2] ni Poincaré[3], ni Sonnino[4], ni Wilson[5], ni Ersberger[6] ni Scheidemann[7], serán admitidos para hacer la paz. La paz debe concluirse bajo la divisa ondeante de la Revolución Socialista mundial.

 ¡Proletarios de todos los países! Los convocamos a completar el trabajo de la liberación socialista, a darle un aspecto humano al mundo desfigurado y a hacer verdad aquellas palabras con las cuales a menudo nos saludábamos unos a otros en los viejos días y que cantábamos mientras partíamos: “y la Internacional será la raza humana”.

 



[1] Kaiser es el título alemán que significa "Emperador". Guillermo de Prusia (1882 - 1951) fue el último príncipe coronado de Prusia y Alemania. Era el hijo mayor de Guillermo II, emperador de Alemania. 

[2] David Lloyd George (1863-1945) Liberal, primer ministro de Gran Bretaña desde 1916 hasta 1922. Co-autor del Tratado de Versalles y uno de los organizadores de la intervención militar contra la Rusia soviética.

[3] Presidente de Francia (1913-1920) y primer ministro (1912, 1922-1924, 1926-1929).

[4] Sidney Sonnino (1847 - 1922) fue un político italiano. Fue primer ministro de Italia en 1906 y en 1909-1910. Se definía como político aperturista y partidario del sufragio universal.

[5] Wodrow Wilson (1856-1924): en 1911 fue elegido Gobernador de Nueva Jersey por el Partido Demócrata, cargo que desarrolló hasta 1913. Candidato presidencial por Partido Demócrata en las elecciones 1913, elecciones que ganó y que le convirtió en el 28º Presidente de los Estados Unidos. Su presidencia estuvo marcada por el intervencionismo hacia Iberomérica.

[6] Matthias Erzberger (1875-1921) Político y economista alemán. Dirigió el grupo político católico zentrum. Una vez instalada la república, alcanzó puestos importantes dentro del gobierno, entre ellos la vicepresidencia en 1919. Poco a poco varió su política representando la izquierda del movimiento católico. En 1921 fue asesinado por militares nacionalistas.

[7] Scheidemann, Philipp (1865-1939): fue un político alemán. De orientación socialdemócrata, en 1918 fue nombrado secretario de Estado en el Gabinete del príncipe Maximiliano de Baden; exigió la abdicación de Guillermo II y, tras dimitir, el 9 de noviembre de 1918 proclamó, junto con Ebert, la República alemana. Miembro del Consejo de los Delegados del Pueblo, y en 1919 de la Asamblea Nacional de Weimar, así como primer ministro del Reich, dimitió de su cargo en protesta por el Tratado de Versalles.



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