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Una conversación con León Trotsky [1]

 

 

25 de agosto de l932

 

 

Trotsky: ¿Viene usted de Alemania? ¿En qué partido está?

Bergmann: Estoy en el SAP.

T.: ¡Qué mal está eso!

B.: Vine aquí con el grupo de Walcher-Froelich. [2]

T.: ¡Peor todavía! ¡Hay que evaluar a los partidos desde dos perspectivas, la nacional y la internacio­nal! Internacionalmente el SAP se relaciona con los elementos dudosos de todo el mundo. En Alemania toma resoluciones equivocadas sobre todos los proble­mas importantes. Tomemos las elecciones presiden­ciales. Lo correcto era apoyar a Thaelmann. El apoyo unificado a la candidatura de Loebe es imposible. [3] No les podemos pedir a los obreros que voten por Loebe, es decir por el programa socialdemócrata. Por cierto, tengo muchas diferencias con Thaelmann, pero él representa un programa, un programa comunista. En cambio, la socialdemocracia es un partido capitalista.

B.: ¿Y si Hitler hubiera resultado electo como Hindenburg en 1925, es decir, con un margen a favor inferior al total de los votos recibidos por los comunis­tas? Usted tiene que tomar eso en cuenta; en ese caso los comunistas hubieran sido responsables ante toda la clase obrera por los resultados directos de la elección de Hitler.

T.: No se puede quedar bien con todo el mundo: A mí me basta con asumir la responsabilidad por mi pro­pio partido. Toda la palabrería de Seydewitz acerca de anteponer los intereses de la clase a los del partido es un contrasentido. Esa es la consecuencia de pretender convertirse de golpe en un gran partido y no tener pa­ciencia para construirlo lenta y sistemáticamente. El revolucionario debe ser paciente. La impaciencia es la madre del oportunismo.

B.: ¿Cree usted que un partido orientado por una dirección como ésa puede hacer la revolución proletaria en Alemania, que es un país con una burguesía tan fuerte?

T.: ¡Sí, en determinadas circunstancias! Las cir­cunstancias pueden llegar a ser más poderosas que la incapacidad humana. En el Partido Comunista Alemán hay muchos elementos revolucionarios, incluso algunos que más o menos saben qué fue la Revolución de Octu­bre y qué es la dictadura del proletariado. Por supues­to, no todo burócrata comunista resultará un héroe ni todo bonete reformista un destacado dirigente... Pero en los distritos obreros serán los comunistas los que estén al frente de la lucha contra los fascistas. La situa­ción de Alemania deja muchas posibilidades abiertas. Puede ser que el Partido Comunista asuma la dirección.

B.: ¿Qué piensa usted, camarada Trotsky, de la consigna de "autodeterminación" incluyendo la separación? ¿No existe el peligro de que en el caso de que se dé una revolución la burguesía de una determinada pro­vincia se valga de esta consigna para hacer propaganda por la independencia o por la unión con algún país vecino reaccionario?

T.: El peligro existe, pero la ambigüedad lo hará aun mayor. Les diremos a las masas de esa provincia: si quieren separarse, háganlo; no se lo vamos a impedir por la fuerza. Pero, ¿qué van a hacer con los grandes latifundios y con las fábricas? Eso es todo lo que nos interesa. Si a la vez que somos generosos respecto a la nacionalidad ponemos sobre el tapete la cuestión social, abriremos una brecha entre la burguesía y el proletariado; de otro modo los unificaríamos. Mire, los bolcheviques rusos dijeron: "Derecho a la autodeterminación, incluyendo la separación". Y Rusia se ha convertido en un bloque pese a sus cuarenta idiomas y naciones. Los socialdemócratas austríacos, como verdadera copia de su burguesía, trataron de resolver el problema a través de un compromiso, y Austria-Hungría quedo dividida. Esta es la lección más grande que nos ha dado la his­toria al respecto.

B.: Otra pregunta: ¿es posible que un estado socialista haga la guerra junto con un estado capitalista con­tra otro estado capitalista? Por ejemplo, Rusia con Nor­teamérica contra Japón. ¿Cuál tendría que ser entonces la actitud del Partido Comunista norteamericano?

T.: El caso concreto de una guerra de Rusia y Nor­teamérica contra Japón es sumamente improbable. Yo diría que la burguesía norteamericana es la más legalis­ta de todas las burguesías. Sin embargo, la posibilidad es concebible, aunque no para un lapso prolongado. Dado que como consecuencia de la derrota de la terce­ra potencia surgirían en ella movimientos revoluciona­rios, se formaría inmediatamente una alianza contra el proletariado revolucionario de los dos estados que hasta el momento se habían combatido.

B.: ¿Y la táctica del PC en el país afectado?

T.: Total desconfianza hacia el gobierno. Por ejem­plo, no aprobar el presupuesto pero no hacer huelgas en las fábricas de municiones, etcétera. Por supuesto, esta actitud continuaría sólo mientras el PC no fuera lo suficientemente fuerte como para encarar seriamente el derrocamiento de la burguesía.

B.: Yo lo resumiría así: desconfianza hacia el go­bierno y propaganda en contra de él, reunir fuerzas para preparar el golpe decisivo pero no sabotear la gue­rra en forma directa.

T.: ¡Sí, algo así! Pero vuelvo a señalarle que esa si­tuación no podría prolongarse. Terminaría en muy poco tiempo debido a la ruptura de la alianza entre el estado socialista y el capitalista.

B.: ¿Qué piensa usted, camarada Trotsky, de la posibilidad de una guerra entre Japón y Norteamérica?

T.: Por algunos años no se presentará. Norteaméri­ca no puede hacerle la guerra a Japón sin una base en el este asiático continental, y armar al pueblo chino, con la posibilidad de que se desate una guerra colonial como sucedió en la India, sería un experimento de consecuencias imprevisibles para Norteamérica y el mundo. China es una nación, la India era un mosaico de provincias Ahora se está convirtiendo en una nación, y por lo tanto el dominio inglés sobre la India está llegan­do a su fin. Si la URSS armara al pueblo chino para combatir el dominio extranjero se abriría una gran perspectiva revolucionaria en el Lejano Oriente.

B.: ¿Cómo evalúa usted el desarrollo interno de China?

T.: Dependerá de la capacidad del Partido Comunista Chino para unir las luchas campesinas con las del proletariado urbano. La falla principal del PCC es su ex­cesiva debilidad. Encontrará detalladamente especifi­cado este problema en nuestra literatura más reciente.

B.: Ahora una última pregunta. ¿Atribuye usted los errores de la Comintern, la burocratización, etcétera, a causas internas de Rusia o a causas exteriores?

T.: En primer lugar a las internas de Rusia.

E.: ¿Significa eso que el remedio tendrá que venir también de Rusia?

T.: ¡No es necesario! También puede venir del exterior.

B.: Eso significa -al menos durante algún tiem­po- la destrucción de la Comintern tal como es ahora.

T.: No necesariamente. Usted no debe olvidar que la formación de una cuarta internacional sólo sería posi­ble después de un gran acontecimiento histórico. La Tercera Internacional fue hija de la gran guerra y de la Revolución de Octubre. El obrero piensa lentamente, debe darle vueltas a todo en la cabeza, por así decirlo. Sabe que el partido lo esclareció y lo educó como obrero consciente, y en consecuencia no cambia tan fácilmente como el intelectual. No aprende a partir de las discusiones sino de los acontecimientos históricos. Un aconteci­miento así podría ser el triunfo del fascismo en Alema­nia. Pero el triunfo del fascismo en Alemania no sólo significaría, con toda probabilidad, el colapso de la Comintern sino también la derrota de la Unión Soviéti­ca. Sólo si ocurre eso -lo que no debe necesariamente suceder, aún se lo puede evitar, y por supuesto hay que dirigir todos los esfuerzos en ese sentido-, sólo enton­ces tendremos derecho de hablar de un nuevo partido y de una cuarta internacional.

 

 

[A pedido suyo, se le envió a Trotsky una copia del reportaje antes de publicarlo. La devolvió acompanañándola con la siguiente nota.]

 

 

24 de octubre de 1932

 

Estimado camarada:

 

Mi respuesta se demoró algo, ya que estuve muy ocupado con otras cosas.

Su nota transcribe muy correctamente nuestra con­versación. Sólo quisiera agregar algunas cosas. Por lo que se desprende de su manuscrito en relación con mi caracterización del SAP, puede surgir la impresión de que lo critico tan severamente sobre todo por sus rela­ciones internacionales con organizaciones desesperadamente divisionistas. Esa impresión sería falsa, ya que es unilateral. La relación con el Partido Laborista Independiente, etcétera, no es mas que la extensión in­ternacional de la "línea" interna. El SAP se ubicó to­talmente del lado de la política de Ledebour. [4]

Usted pregunta si hay que atribuir la burocratiza­ción centrista de la Comintern a causas internas o ex­teriores a Rusia. En lo inmediato, a causas rusas, como lo digo en la respuesta que usted reproduce. Pero no hay que olvidar que el desarrollo interno de Rusia estuvo determinado por el aislamiento de la Unión So­viética, es decir por causas exteriores.

Estos agregados exigen muchas respuestas. Sin em­bargo, creo que sus lectores (si ustedes publican la "entrevista") serán lo suficientemente inteligentes co­mo para sacar por su cuenta las conclusiones nece­sarias.

 

Con saludos fraternales,

 

L. Trotsky



[1] Una conversación con Trotsky. Die Linke Front (Frente de Izquierda), 1° de diciembre de 1932. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edi­ción norteamericana] por Iain Fraser. Una nota introductoria que aparecía en este periódico del Partido de los Trabajadores Socialistas (SAP) informaba que un miembro de su dirección (Bergmann) habla visitado a Trotsky en Prinkipo y preparaba un extracto de la discusión para su publicación. Algunas de las afirmaciones atribuidas a Trotsky son más unilaterales que las que hace en sus escritos, pero el propio Trotsky certificó por escrito que Bergmann había captado "bastante correctamente" la esencia de su conversación.

[2] Jakob Walcher (n. 1887) y Paul Froelich (1884-1953): fundadores del Par­tido Comunista Alemán, fueron dirigentes de La Oposición de Derecha y Luego del SAP, al que entraron en la primavera de 1932. Después de la segunda Guerra Mundial Walcher volvió al stalinismo y Froelich, biógrafo de Rosa Luxemburgo, murió en Alemania Occidental.

[3] Ernest Thaelmann (1886-1945): máximo dirigente del Partido Comunista Alemán y su candidato a presidente, apoyó la política de la Comintern que condujo al triunfo de Hitler. Los nazis lo arrestaron en 1933 lo ejecutaron en Buchenwald en 1945. Paul Loebe: socialdemócrata que fue presidente del Reichstag entre 1924 y 1932. El SAP y algunas personalidades propusieron que en las elecciones de 1932 fuera como candidato a presidente apoyado por loe socialdemócratas y los comunistas. El Partido Socialdemócrata prefirió apoyar a Hindenburg y el PC a Thaelmann, Loebe no se presentó.

[4] George Ledebour (1850-1947): socialdemócrata alemán que se opuso a la Primera Guerra Mundial y estuvo entre los fundadores del Partido Socialdemócrata Independiente (USPD), un partido centrista. En 1920 estuvo en contra de la entrada del USPD en la Tercera Internacional; en 1922, cuando el USPD volvió a unirse con la socialdemocracia, fundó otro USPD. En 1931 entró al SAP, donde se opuso a la unificación con la Oposición de Izquierda. En 1933 se escapó a Suiza y murió allí.



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