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V. Georgia y Wrangel

 

Durante los últimos meses del año 1919, la situación militar de la Federación soviética cambió radicalmente: Yudenitch es aplastado, Denikin es arrojado hacia el Sur, completamente deshecho. Hacia finales del año, las tropas de Denikin, sólo se componían de algunas agrupaciones completamente desmoralizadas. Las relaciones entre los blancos y la Entente se enfriaron. La fracción extremista de los intervencionistas anglofranceses concentra su atención sobre los estados de la periferia de Rusia.

En la campaña proyectada contra esta última, Polonia era la que debía desempeñar el primer papel. Este nuevo plan permite a la diplomacia anglo-francesa simular que ignora las pretensiones imperialistas de los guardias blancos rusos y les deja las manos libres para el reconocimiento de la independencia de Georgia.

En estas circunstancias, el gobierno soviético propone a Georgia una alianza contra Denikin. Esta proposición tenía un doble fin: primeramente, hacer comprender al gobierno georgiano que si cambiaba su orientación política, podría, en el terreno militar, en lugar de recurrir a von Kress y al general Walker, obtener el apoyo de las fuerzas de Budioni; en segundo lugar, acelerar, con el concurso de Georgia, la liquidación de los restos de las tropas de Denikin y de impedir que formase un nuevo frente. A dicha proposición el gobierno georgiano respondió con un no categórico.

Después de todo lo que sabemos sobre las relaciones de Georgia con los alemanes, los turcos, con Denikin y los ingleses, sería superfluo seguir a Kautsky en sus demostraciones y escuchar sus explicaciones sobre el porqué Georgia ha rechazado nuestra proposición: tenía que observar la neutralidad. Además de que Jordan mismo, que acababa de obtener, al precio de esfuerzos inauditos, el reconocimiento de Georgia por la Entente, nos revela con bastante franqueza los móviles de la política menchevique. El 14 de enero, Jordan declaró ante la Asamblea Constituyente: “Ustedes saben que la Rusia soviética nos ha propuesto una alianza militar. Nosotros la hemos rechazado categóricamente (¡!) Ciertamente, ustedes tienen conocimiento de nuestra contestación. ¿Qué significaría una tal alianza? Significaría que tendríamos que romper todos los lazos con Europa... Aquí, los caminos de Georgia y de Rusia se separan. Nuestro camino conduce a Europa y el de Rusia conduce a Asia. Nuestros enemigos, yo lo sé, dirán que estamos del lado de los imperialistas. Por eso no dudo en declarar resueltamente: prefiero a los imperialistas de Occidente que a los fanáticos del Oriente.”

En la boca del jefe del gobierno, estas palabras no pueden, en todo caso, ser consideradas como equívocas. Jordan era en cierto punto feliz de la ocasión que se le presentaba no solamente de declarar, sino de gritar ante el mundo entero que, en la nueva campaña militar que los “imperialistas de Occidente” preparaban contra los “fanáticos del Oriente”, Georgia estaría sin reserva al lado de los Pilsudski, de los Take Ionesco, de los Millerad y consortes. No se debe discutir a Jordan el derecho de “preferir” la Europa imperialista que ataca, a la Rusia soviética que se defiende. Pero, entonces, tampoco se debe discutir con nosotros, los “fanáticos del Oriente”, el derecho de romperles los dientes cuando sea necesario a los pequeños burgueses que se han convertido en lacayos de la Entente. Pues nosotros también podemos “declarar resueltamente” que preferimos un enemigo al que nosotros hemos roto los dientes a un enemigo capaz todavía de morder y de hacernos daño.

Una parte (la menos desorganizada) de los restos del ejército de Denikin se ha refugiado en Crimea. Pero ¿qué significa Crimea? Crimea no es una plaza de armas, Crimea es una ratonera. En 1919, nosotros mismos abandonamos esa botella que Denikin había amenazado desde Ucrania de hundir un tapón en su gollete estrecho. Sin embargo, Wrangel se atrincheró en Crimea donde reorganizaba un nuevo ejército y formó un nuevo gobierno. Si lo consiguió fue únicamente porque la flota anglo-francesa amplió la plaza de armas de Crimea. El mar Negro estaba por completo a disposición de Wrangel. Pero, por sí solas, las naves de guerra de la Entente eran suficientes para asegurar el éxito de Wrangel. Le suministraban equipos militares, armas y en parte víveres. Pero lo que necesitaba Wrangel eran hombres. ¿De dónde los recibía? En gran parte, en cantidad decisiva, de Georgia. Incluso si la Georgia menchevique no tuviera en su activo otro pecado que éste, bastaría para decidir su suerte. No se puede alegar la presión de la Entente, pues Georgia, lejos de resistir la presión, se ofrecía ella misma anticipadamente. Pero, políticamente, la cuestión es más simple, más clara: si la “independencia” de Georgia significaba para ese país la obligación, a la primera demanda de los turcos, de los alemanes, de los ingleses, de los franceses de incendiar la casa de la Rusia soviética, no somos nosotros, en todo caso, los resignados a una tal independencia.

En Crimea no entraron con Wrangel más de quince a veinte mil soldados. La movilización de la población local no dio resultados apreciables: los hombres movilizados no querían combatir, muchos de ellos huían a las montañas, donde formaban destacamentos “verdes”. Al no haber en Crimea más que una plaza de armas y recursos limitados, Wrangel tenía necesidad de material humano de primera clase: oficiales blancos, voluntarios, ricos cosacos, enemigos irreductibles del poder soviético, que habían pasado ya por la escuela de la guerra civil bajo el mando de Koltchak, de Denikin o de Yudenitch. Y estos elementos de élite, las naves de la Entente los traían de todas partes. Pero es sobre todo de Georgia de donde llegaban, en gran número. Bajo los golpes ininterrumpidos de nuestra caballería, el ala derecha del ejército de Denikin, en derrota, retrocedió hasta el Cáucaso, donde fue a buscar su restablecimiento en el territorio de la República menchevique. El asunto, bien entendido, no se llevaba a cabo sin el cumplimiento de algunas formalidades de lo que se ha convenido en llamar derecho internacional. En calidad de país “neutral”, Georgia acogía a las tropas blancas que se habían refugiado en su territorio y, naturalmente, los encerraba en “campos de concentración”. Pero en calidad de país al que los imperialistas de Occidente querían más que los fanáticos del Oriente, Georgia organizó los campos de manera que permitiera a los blancos llegar a Crimea sin perder tiempo.

Por un acuerdo previo con los agentes de la Entente (tenemos documentos que lo prueban), el gobierno menchevique tuvo cuidado de separar de entre sus compañeros a los soldados de Denikin que gozaban de buena salud y eran capaces de empuñar las armas, y los concentraba intencionadamente en Poti, a la orilla del mar. Allí fueron recogidos por los barcos de la Entente. Pero para cubrir las apariencias de neutralidad, Jordan, nuevo Poncio Pilatos, hizo entregar a sus agentes por los capitanes de los barcos ingleses y franceses recibos donde constaba que los refugiados serían conducidos a Constantinopla. Si a pesar de todo, en el curso de la ruta fueron conducidos a Sebastopol, la culpa es exclusivamente de la perfidia de los capitanes. De esta manera, hasta 10.000 hombres seleccionados del ejército de Denikin fueron transportados de Poti a Crimea. Entre los documentos encontrados en Georgia, tenemos en nuestro poder un acta instructiva de la comisión gubernamental para los refugiados de guerra. El comandante del campo de concentración, el general Ardjavadse, había enviado el informe siguiente: “En este momento, a continuación de la partida de Poti del Ejército Voluntario, el campo está vacío”, y abajo del informe se escribió esta simple fórmula: “Tomar buena nota de la comunicación”.

En análogas condiciones, algunos meses más tarde, 6.000 cosacos, después de un descenso frustrado, fueron transportados de Gagri a Crimea. El comandante de la milicia de la región de Gagri, el menchevique Osidse, funcionario segundón local que no estaba iniciado en los secretos del gobierno de Tiflis, comunicaba un poco extraño a su gobierno “Arrestando a los bolcheviques, hemos dejado, en Gagri, el campo libre a los agentes de Wrangel.”. Estas dos expediciones de tropas, que fueron las más importantes durante toda la campaña, se realizaron en junio y en octubre.

Pero ya, desde principio de año, la liberación de los soldados de Denikin internados y su envío a Crimea por Batum se efectuaba regularmente. Esto es lo que confirman los documentos de Tiflis datados en enero de 1920.

Los reclutadores de Wrangel trabajaban a la luz del día. Los oficiales blancos a la busca de ser reclutados afluían a Georgia. Allí encontraban una agencia blanca perfectamente organizada que les suministraba los medios de trasladarse a Crimea. Todas las veces que ello era necesario, el gobierno georgiano les ayudaba con subvenciones pecuniarias.

El socialrevolucionario Tchaikin, presidente del Comité de Liberación del mar Negro (organización que dirigía la insurrección de los campesinos del lugar contra Denikin), en un documento oficial dirigido al gobierno georgiano caracterizaba así la política de Georgia: “Inútil demostrar que hechos como la partida del general Erdeli, marchando libremente de Georgia; la llegada de los generales de Denikin, que llegan de Crimea para buscar hombres que se enrolen en su ejército y que no se les interna; la campaña de propaganda que el general Nevadovski realiza en Poti, para el reclutamiento de soldados; etc., constituyen por parte de Georgia una violación innegable de la neutralidad en favor del Ejército Voluntario, y un acto de hostilidad hacía las fuerzas que están en estado de guerra contra el Ejército Voluntario.” Este documento ha sido escrito el 23 de abril de 1920, es decir, antes de la salida en masa de los partidarios de Wrangel dirigidos de Poti a Sebastopol. El 6 de septiembre, el general georgiano Mdivani declaraba, en un informe al comandante de la misión francesa, que las autoridades georgianas no solamente no ponían obstáculos a la salida de los partidarios de Denikin, sino que les prestaba “El más amplio concurso, llegando a entregar a los refugiados un subsidio que va de uno a quince mil rublos”. Se hallaban, en total, en Georgia, de veinticinco a treinta mil cosacos y hasta cuatro mil voluntarios del ejército de Denikin. La mayor parte de ellos fueron transportados a Crimea.

 Georgia no se conformaba solamente con dar hombres a Wrangel. Le suministraba, además, el material que le era indispensable para hacer la guerra. Después de fines del año 1919 hasta el definitivo aplastamiento de Wrangel, Georgia expedía a este último, en considerable cantidad, carbón, gasolina, bencina para motores de aviación, petróleo y lubricantes. La conclusión de un tratado con la Rusia soviética, en mayo de 1921, no interrumpió este trabajo. Continuó aunque de una manera más velada, por intermedio de “particulares”. El 8 de julio, Batum, que de hecho se encontraba en manos de Inglaterra, pasó a las manos de la Georgia menchevique. Pero el puerto de Batum no continuaba menos trabajando para Wrangel. Nuestra misión militar, los que tenemos en este momento los informes ante nuestros ojos lo podemos testificar[1], informan con la más grande exactitud sobre todos los tejes y manejes del gobierno georgiano.

Los documentos hallados después en Batum, en Tiflis y Crimea confirman enteramente estos informes, dan los nombres de los barcos, la carga que llevaban, los nombres de los hombres de paja (entre los que figuran, por ejemplo, el cadete Paramonov). Los extractos más importantes de los documentos hallados están ya publicados; los demás, lo serán próximamente.

Se podrá objetar que Georgia no ha enviado en ayuda de Wrangel su propio ejército. Pero Georgia no podía hacerlo: compuesto exclusivamente de miembros del Partido, la Guardia Popular era poco considerable y a penas bastaba para asegurar el orden en el interior. El ejército nacional no representó, hasta el final, más que una fuerza ficticia: sus unidades, medio desorganizadas, no eran políticamente nada seguras y no poseían las necesarias cualidades combativas. Por eso el gobierno menchevique no pudo hacer por Wrangel lo que era incapaz de hacer por su propia defensa, es decir, poner en pie unas fuerzas armadas. Sin embargo, hizo todo aquello que de él dependía. No exageramos si decimos que ha sido la Georgia menchevique la que ha creado el ejército de Wrangel. Los 30,000 oficiales, suboficiales y cosacos que fueron transportados de Georgia a Crimea habían quemado tras ellos todas sus naves y vendieron cara su vida en los combates. Sin ellos, Wrangel se hubiera visto obligado, desde mediado el verano, a evacuar Crimea. Con ellos, luchó encarnizadamente hasta fines de año y nos asestó algunos rudos golpes. La liquidación del frente de Wrangel exigió grandes sacrificios. Sobre el largo sector que terminaba en el estrecho istmo de Perekop, miles de jóvenes obreros y campesinos cayeron en lucha contra la reacción. Sin Georgia, Wrangel no hubiera tenido ejército. Sin Wrangel, Polonia puede ser que no se hubiese atrevido a atacarnos. Y si Polonia no nos hubiese atacado, no nos hubiéramos visto obligados a dividir nuestras fuerzas, y la paz de Riga hubiere sido totalmente otra: en todo caso, no hubiera dado millones de campesinos ucranianos y rusos blancos a los señores polacos. Para los mencheviques georgianos, Crimea fue el eslabón que los ligó a los imperialistas de Occidente contra los “fanáticos del Oriente”. Ese eslabón nos costó millones de vidas humanas. Fue con esas vidas con las que el gobierno de Jordan compró el reconocimiento jurídico de la independencia de su República. A juicio nuestro, compró bien caro esa basura.

En el sudoeste, la Federación Soviética, durante el año 1920, golpeó con el puño derecho en el oeste, a su enemigo principal, la Polonia burguesa; con el puño izquierdo, en el sur, a Wrangel. Conociendo todos los hechos que terminamos de exponer, ¿acaso la Federación Soviética no estaba en su derecho de golpear con el talón y de aplastar la cabeza a los mencheviques? ¿Acaso no era un acto de defensa revolucionaria legítimo? ¿El derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos equivale al derecho de perjudicar impunemente a sus vecinos? Si, durante el año 1920, la Rusia soviética no ha golpeado a la Georgia menchevique, no ha sido porque dudara de su derecho a romper los dientes a este enemigo vengativo, implacable, pérfido; ha sido porque la coyuntura política no se lo permitía. No quisimos facilitar la tarea a Millerand, a Churchill y a Pilsudski, que buscaban arrastrar a la guerra contra nosotros a los estados limítrofes de Rusia. Nos esforzábamos por demostrar a esos estados que, bajo ciertas condiciones, podrían vivir tranquilos sin ningún temor, al lado de la República soviética. Para amansar a las pequeñas repúblicas dirigidas por pequeños burgueses de mollera dura, muchas veces, durante estos últimos años, hemos hecho concesiones sin precedentes, hemos pasado por monstruosos compromisos. Tomemos un ejemplo reciente: ¿la aventura de la burguesía finlandesa en Carelia no nos daba pleno derecho a invadir Finlandia? Si no lo hemos hecho no ha sido por razones jurídicas formales (pues nosotros teníamos y todavía tenemos la legalidad de nuestra parte); no lo hicimos porque la esencia misma de nuestra política consiste en no recurrir a la fuerza armada hasta que otros medios están agotados.

 



 

[1] Citamos como botón de muestra uno de esos informes que lleva fecha del 14 de julio: A principios de la última semana han llevado ancla para Crimea los siguientes buques transportando material de guerra: ‘Vzrojdeni’, ‘Donets’ y ‘Kiev’. El día 7 han partido: la “Margarita”, con proyectiles, cartuchos y automóviles; el ‘Jarki’, con cartuchos, y el submarino ‘Otka’. Sobre esas naves han embarcado más de 2.000 voluntarios, así como representantes oficiales del Ejército Voluntario bajo la dirección del general Dratsenko.”



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