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Contribución a una discusión sobre las concepciones teóricas fundamentales de la Liga Comunista Internacional

4 de diciembre de 1933

Artículo publicado en el Boletín Internacional, edición en inglés de la Liga Comunista de Norteamérica, Nº 2, septiembre de 1934. Una nota editorial identifica el artículo como la respuesta de Trotsky a "las tesis del camarada L.P., que antes estaba cerca de los brandleristas y hoy simpatiza con nuestra organización". El nombre completo de L.P. era Ladislaus Pforzoli.Tomado de la versión publicada en Escritos, León Trotsky, Editorial Pluma, Bogotá, 1979, T. V, V. 2, p. 250.


1. Sin ninguna duda la vieja controversia ''entre Lenin y Trotsky" sobre las perspectivas de la Revolución Rusa no reviste más que un interés histórico, y de ningún modo los miembros de la Oposición de Izquierda están obligados a tomar partido. No obstante, el que quiera asumir una posición definida tiene que analizar el problema en relación con la situación concreta de la lucha de clases y de los agrupamientos revolucionarios de la Rusia de esa época.

2. De las viejas disputas, que atravesaron varias etapas, los epígonos dedujeron unas cuantas reglas de estrategia revolucionaria y las plantearon haciendo una antítesis entre leninismo y trotskismo. Pero éste ya no es un problema histórico sino del presente y del futuro. El camarada L. P. se declara (por lo menos en principio) de acuerdo con las posiciones estratégicas que los stalinistas llaman "trotskismo'', que constituyen en realidad la aplicación del marxismo a las condiciones actuales. Como lo demostró la experiencia, esta solidaridad es mucho más importante que las diferencias de opinión sobre una cuestión superada hace mucho.

3. Sin embargo, cuando el camarada L. P. se refiere en sus tesis a la controversia histórica comete algunos errores. “En realidad -escribe- quienes derrocaron al zarismo fueron de hecho las masas obreras y campesinas”. Aquí ve la prueba de que la posición de Lenin era correcta, en contra de la mía. Sin embargo, sobre este punto no había diferencias entre nosotros. Ya en la polémica con Radek*, traté de señalar que toda "gran" revolución, es decir toda verdadera revolución popular, fue y es obra de las masas proletarias (preproletarias) y campesinas (pequeñoburguesas). Esta tesis era la base común de la que partía la polémica. El único problema residía en qué clase tomaría la dirección y en consecuencia también el poder. L. P. admite que el proletariado ruso realmente tomó el poder antes que el de Europa occidental, pero señala que esto no sucedió en la "revolución contra el zarismo sino en la segunda revolución, contra la burguesía". ¿Qué implica esto? Los marxistas rusos dignos de tal nombre entendían por revolución burguesa, sobre todo, la solución de la cuestión agraria. Esta concepción básica, que los diferenciaba de los liberales y de los mencheviques, era común a Lenin y a Trotsky (ver las actas del Cuarto Congreso del partido). Ningún pronóstico podía prever que en febrero las clases poseedoras, entre ellas la nobleza con los príncipes incluidos, sacrificarían (temporariamente) a la monarquía en interés de su autoconservación. El problema de la tierra, es decir el de la revolución democrático-burguesa, ocupó luego de la abdicación de Nicolás II el lugar predominante, después del de la guerra, en la vida política. Fue precisamente en base a esta revolución que el proletariado llegó al poder.

4. Se sigue entonces que en los países que, pese al atraso, como China e India, están divididos en las clases fundamentales (burguesía, pequeña burguesía, proletariado) no se puede llevar a su conclusión la emancipación nacional y la revolución democrático-burguesa sin la dictadura del proletariado. Precisamente en esto reside la continuidad (permanencia) entre la revolución burguesa y la socialista. En China la revolución atravesó una serie de etapas, en la India su camino no será menos complicado y tortuoso. Por supuesto, tenemos que seguir y analizar cada etapa. Pero el objetivo del pronóstico estratégico no es deducir las etapas y episodios concretos sino formular la tendencia básica del proceso revolucionario. Esa tendencia básica está indicada en la formulación de la revolución permanente, que se apoya en tres conceptos:

a) La burguesía nacional, que en las etapas iniciales pretende utilizar la revolución en beneficio propio (Kuomintang, Gandhi), a medida que se desarrolla el proceso revolucionario invariablemente se pasa al otro lado de la barricada, junto a las clases feudales y los opresores imperialistas

b) La pequeña burguesía (campesinado) ya no puede jugar un rol dirigente en la revolución burguesa y, en consecuencia, ya no puede tomar el poder. De aquí el rechazo de la consigna de “dictadura democrático burguesa del proletariado y el campesinado”.

c) Bajo la dictadura del proletariado, la revolución democrático-burguesa se transforma en revolución socialista, y ésta sólo podrá triunfar totalmente como un eslabón de la revolución mundial.

La transgresión de estos principios ya fue muy perniciosa en China, India, Japón y otros países.

5. Según el camarada L.P. el hecho de que, en dieciséis años, el campesinado, contrariamente a los viejos temores de Trotsky, no haya logrado derrocar a la dictadura del proletariado refuta la teoría de la revolución permanente. También este argumento se pasa de la raya. Tanto antes como después de la Revolución de Octubre, Lenin dijo docenas de veces que sin el rápido apoyo del proletariado mundial el proletariado ruso sería derrocado. Se trataba de evaluar empíricamente factores numerosos y contradictorios, imposibles de prever según un calendario. Que gracias a una serie de circunstancias el poder soviético se haya mantenido durante dieciséis años en un solo país no constituye una evidencia contra el carácter internacional de la revolución, como tampoco contra el hecho de que la capacidad de resistencia de la dictadura proletaria es menor a medida que el campesinado se hace más numeroso.

6. El camarada L.P. se acerca mucho al argumento de Bujarin, ya largamente refutado, de que a escala internacional la proporción entre obreros y campesinos no es más favorable que dentro de las fronteras de la Unión Soviética. Esto es escolasticismo. Lo que decide no son las fuerzas estadísticas, sino sociales, no es el promedio de obreros en todo el mundo sino el orden en que cada uno de los países se ve arrastrado a la revolución. Por ejemplo, si en 1923 la dirección de Brandler* no hubiera llevado al desastre la revolución alemana, naturalmente la proporción estadística entre proletariado y campesinado a escala mundial no habría cambiado, pero las fuerzas de la revolución proletaria se habrían multiplicado muchas veces. La Alemania soviética habría empujado a Europa a la revolución. La transformación de Europa en una fortaleza socialista habría cambiado, en todo el mundo, la relación de fuerzas. Los países atrasados habrían entrado a la revolución en las condiciones más favorables, las convulsiones contrarrevolucionarias habrían sido infinitamente menos peligrosas.

7. Respecto al problema del socialismo en un solo país, el camarada L.P. hace una cantidad de formulaciones ambiguas. Comienza trayendo a colación, sin comentarios, la famosa cita de Lenin de 1915 sobre la posibilidad de “el triunfo del socialismo primero en unos pocos países o incluso en un solo país”[1]. Como ya se sabe, Stalin basó en esta cita toda su teoría. En la literatura de la Oposición de lzquierda se demuestra irrebatiblemente que, en éste como en otros casos, Lenin entendía por "triunfo del socialismo" la toma del poder por la clase obrera, es decir, la creación del Estado socialista, no la construcción de la sociedad socialista. ¿tiene alguna duda sobre este punto el camarada L.P.? La disipará leyendo cuidadosamente la cita.

8. El camarada L.P. intenta reducir la teoría del socialismo en un solo país a una abstracción vacía. Si no se concretan la intervención extranjera ni la contrarrevolución interna, la tecnología de los soviets seguirá avanzando, el nivel de vida y la cultura de las masas continuarán elevándose a ritmo continuado y el socialismo se realizará. Pero como el mismo camarada L.P. reconoce, esta posibilidad abstracta no existe, dada la extrema aspereza de los antagonismos de clase a escala mundial. En su opinión, el "atraso" de Rusia no tiene nada que ver. Se puede superar el atraso nacional sin superar la agudización de la guerra de clases en todo el mundo.

Pero ése es justamente el problema. Superar el atraso lleva mucho tiempo; mientras tanto, el desarrollo de la lucha de clases mundial no le garantiza a la URSS, un respiro ilimitado. Además, la superación del atraso echa cargas terribles sobre las espaldas de las masas trabajadoras. El hecho de que dieciséis años después de la revolución los trabajadores rusos no tengan lo suficiente para comer asusta a los obreros de otros países, frena el desarrollo de la revolución mundial y aumenta el peligro para la URSS.

9. ¿Cómo hay que entender esa "posibilidad" abstracta de construcción del socialismo en un solo país? Si Rusia estuviera sola en el mundo no se hubiera hecho la revolución en 1917. Si no se tiene en cuenta la economía mundial posterior a la Revolución de Octubre no se puede entender por qué Rusia no volvió al capitalismo. Porque dentro de los marcos de la Unión Soviética el capitalismo ya había agotado de lejos todas sus posibilidades. En el terreno de la producción el régimen soviético recién está "alcanzando" a los países capitalistas. La dictadura del proletariado se mantiene en Rusia porque la economía mundial, de la que formaba parte el capitalismo ruso, llegó a un callejón sin salida. Pero esa misma razón hace que la dictadura esté amenazada por un peligro mortal (el fascismo).

10. El problema real "no está en la posibilidad del socialismo en un solo país, sino en la unidad internacional de la lucha de clases revolucionarías". En esta fórmula L.P. transforma la unidad internacional en una abstracción similar a aquélla a la que redujo antes la construcción del socialismo en un solo país. Si se enseña a los obreros que evitando la intervención militar se garantiza el triunfo total y definitivo del socialismo en la URSS, el problema de la mundial pierde im portancia y la política exterior no se ocupa más que de prevenir la intervención. De este modo la burocracia stalinista llevó a la Comintern a la ruina y puede hacer lo mismo con el Estado soviético. En realidad la teoría del socialismo en un solo país y la unidad internacional del proletariado se excluyen recíprocamente.

11. La burocracia de la URSS no es un factor moral ni tecnológico sino social, es decir de clase. La lucha entre las tendencias socialista y capitalista se expresó fundamentalmente en la oposición entre los intereses sociales representados por el Estado y los intereses personales de los consumidores, los campesinos, los empleados públicos y los propios obreros. Dada esta situación, la superación de los antagonismos de clase implica armonizar los intereses sociales de la producción con el interés personal de los consumidores, pero en la etapa actual del proceso el interés personal sigue siendo el motor fundamental de la economía. ¿Se alcanzó esta armonía? ¡No! El avance del burocratismo refleja el avance de la contradicción entre los intereses privados y los sociales. La burocracia, que representa los intereses "sociales", los identifica en gran medida con los suyos propios. Establece la distinción entre lo social y lo privado de acuerdo a sus intereses privados. Esto aumenta la tensión entre las contradicciones y en consecuencia conduce a un mayor burocratismo. En el fondo de estos procesos está el atraso de la URSS y su aislamiento dentro del entorno capitalista.

12. Los empíricos dicen que durante dieciséis años el poder soviético ha hecho grandes avances, y si sigue así seguramente se completará el socialismo. Nosotros replicamos que, "si sigue así", el proceso inevitablemente llevará a una explosión interna, probablemente con la colaboración del exterior, pero incluso sin ésta. Hablando en general, la intervención militar sólo es peligrosa en la medida en que, primero, se encuentre dentro de la Unión Soviética con una extrema agudización de las contradicciones y, segundo, cree una brecha para la intervención de las mercancías capitalistas baratas. Ambas condiciones demuestran que el problema del socialismo no se resuelve y, dado que no pertenece al dominio de la abstracción sino al de la realidad, no se resolverá sin la revolución internacional.

13. Tomándose de estas consideraciones, algunas personas particularmente astutas sacan la conclusión de que les estamos robando sus "perspectivas" a los obreros rusos. Otras van más lejos y nos acusan de negar la utilidad y necesidad de la construcción socialista en la URSS; para qué construir si de todos modos no se logra nada (¡!). No vale la pena responder a tales absurdos. Si digo que el organismo humano no puede vivir sin respirar aire fresco no niego por eso las ventajas de la nutrición ni la importancia del estómago como órgano digestivo.

14. En cuanto a la URSS y la Comintern, lo que dice el camarada L.P. sobre la dependencia de la Comintern respecto a los intereses de la burocracia soviética es en un todo correcto; al contrario de lo que él afirma, la literatura de la Oposición de Izquierda lo señaló repetidamente. No obstante, aún en esto el camarada L.P. se permite formulaciones ambiguas, si no errores. Así, dice que la burocracia soviética transfirió artificialmente a la Comintern sus controversias internas. Aún dejando de lado los métodos criminales de la burocracia (la liquidación de la crítica, el fraude, la traición, las acusaciones fraguadas, la venalidad), sigue en pie el hecho de que las fracciones internas del Partido Comunista de la Unión Soviética eran esencialmente de carácter internacional. Esto es especialmente cierto respecto a la Oposición de Izquierda. Es verdad que se desarrolló sobre la base inmediata de los problemas rusos: el ritmo de industrialización y el régimen de funcionamiento del partido. Pero también estos problemas adquirieron inmediatamente importancia internacional.

El problema del burocratismo afectó directamente a la Comintern. Entre 1924 y 1925 la lucha se centró totalmente en el problema de la revolución alemana (Lecciones de Octubre[2]). En 1926 se agudizó alrededor de los problemas del Comité Anglo-Ruso y del golpe de Estado de Pilsudsky en Polonia. 1927 estuvo totalmente signado por la revolución china. Durante todo este lapso peleamos las cuestiones de los "partidos obreros y campesinos"[3] para Oriente, de la Krestintern[4] (de paso, ¿qué se hizo de ella?), etcétera. 1928 es el año de la lucha por el programa de la Comintern. 1929-1933: ultraizquierdismo en la política económica de la URSS, "tercer período", revolución española, fascismo. La Oposición Comunista de Derecha (KPO) ignoró los problemas más importantes de la estrategia revolucionaria internacional, y desgraciadamente esto se refleja hoy de manera muy negativa en la dirección del SAP[7].

15. Respecto al centrismo, el camarada L.P. comete un error metodológico importante al negarse a reconocer la división, aparentemente "rusa", del campo comunista en izquierda, centrismo y derecha. En su opinión, en Rusia la derecha es liquidacionista. Sin embargo, en la derecha de Occidente el porcentaje de liquidadores no es grande. "El curso tomado por el mejor sector de la KPO, que a través del SAP se acercó mucho a la Oposición de Izquierda [...] habla por sí mismo." Todas estas consideraciones, independientemente de si son o no esencialmente correctas, no niegan sino confirman nuestra clasificación, especialmente la división de los centristas en derecha e izquierda. Para que el SAP se aproximase a las ideas de la Oposición de Izquierda sus dirigentes tuvieron que romper con los brandleristas y sus militantes con el ala izquierda de la socialdemocracia. Sin embargo, ideológicamente, este proceso no ha concluido.

Si el camarada L.P. quiere decir que no todos los brandleristas están perdidos para la revolución, lo admitiremos muy contentos. Para tomar el camino de la revolución (que en las condiciones históricas actuales es el de la nueva internacional) tienen que romper con el centrismo de derecha, especialmente con las peculiaridades y métodos centristas (el desdén por la teoría, la incomprensión de la organización internacional, el no considerar los problemas de estrategia revolucionaria o suplantarlos por cuestiones tácticas, etcétera).

Hay que dejar establecido como regla general que la antipatía hacia el concepto centrismo o hacia las ulteriores subdivisiones del centrismo es típica de las tendencias que son centristas ellas mismas o -no se han liberado totalmente de su ambigüedad intelectual.

16. El colapso de la socialdemocracia alemana y del Partido Comunista Alemán inició un período de degeneración, fermentación y recristalización de la vanguardia proletaria. Pero en este caso ''fermentación'' no significa otra cosa que atravesar etapas de desarrollo intermedias o centristas. Depende de la orientación en que se desenvuelva este movimiento -de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, etcétera- que cada caso sea de degeneración o de recristalización revolucionaria. De aquí la necesidad de diferenciar entre el centrismo de derecha y el de izquierda, etcétera. Por supuesto, estos conceptos no son absolutos. Pero, aunque relativos, resultan indispensables para orientarse de manera marxista, no vulgar y empírica. La política proletaria no puede prescindir de ellos así como el marino no puede prescindir del mapa y el compás.

17. Tomemos dos ejemplos: el Partido Laborista Noruego (NAP) y el Partido Comunista Independiente de Suecia. El NAP está pasando del centrismo al reformismo. Para dar este paso sin explosiones internas Tranmael[6] necesitó una máscara tras la cual ocultarse. La obtuvo ligándose a los partidos socialistas independientes de otros países. Hoy, que se siente firmemente asentado en la montura, está comenzando a darles el puntapié a quienes le sostuvieron los estribos, una experiencia de ningún modo nueva.

Constituye un grave error oportunista de los dirigentes del SAP y el OSP[7] haber firmado junto con Tranmael la resolución de luchar en común por el resurgimiento del movimiento revolucionario (!). Este error es consecuencia de la actitud empírica vulgar hacia el objetivo de nuclear fuerzas y de la falta de caracterización marxista de las tendencias y la orientación del proceso.

El Partido Comunista Independiente de Suecia, por lo que puedo juzgar en base al material sumamente escaso con que cuento, está yendo de la posición de Brandler hacia la izquierda. Está demás decir que todo internacionalista revolucionario debe pelear con todas sus fuerzas para que este proceso lleve a ese partido a acercarse a nosotros y a la actividad en común por los principios de la nueva internacional. Pero es inadmisible confundir esperanzas con hechos y un mañana posible con el día de hoy. El partido sueco votó la misma resolución que Tranmael y se negó a firmar la declaración por la Cuarta Internacional. Aunque en principio están de acuerdo con la necesidad de una nueva internacional, sus dirigentes consideran "prematura" su proclamación. En realidad, tras esta actitud se esconde una vacilación centrista. Hoy no se trata de proclamar la nueva internacional sino su necesidad y de formular sus principios básicos ante la clase obrera de todo el mundo.

En estas condiciones, el SAP y el OSP, al firmar con una mano la declaración por la nueva internacional y con la otra la declaración conjunta con Tranmael, Balabanov, Paul Louis[8] y otros, impiden que haya la claridad necesaria; dan a los vacilantes un nuevo ejemplo de vacilación; retrasan el desarrollo revolucionario del partido sueco y de muchas otras organizaciones. No es posible guiarse sólo por la ambición de juntar a la mayor cantidad posible de gente. Hay que trabajar con mapa y compás políticos. La cantidad numerosa sólo tiene que resultar de la cualidad de los principios.

18. El camarada L.P. tiene mucha razón cuando insiste en que las secciones de la vieja Oposición de Izquierda tienen que dejar de considerarse solamente como una oposición o como auxiliares de la Oposición. rusa. Tienen que actuar como cuadros (como parte de ellos) de los nuevos partidos nacionales y de la nueva internacional. En este sentido el camarada L.P. se diferencia favorablemente de los empíricos que no comprenden el rol de vanguardia de la Oposición de Izquierda porque se dejan llevar por criterios, en última instancia, puramente sindicales (el criterio de los simples números) en vez de por criterios marxistas que parten del rol decisivo de los principios, la teoría y el método.

19. Es falsa la idea del camarada L.P. de que llevemos un registro de las secciones vivas y muertas de la Comintern. Ya tratamos suficientemente este problema en la discusión. Si en tal o cual país logramos captar la mayoría de la sección nacional, no será a través de la idea de la reforma sino de plantear abiertamente la nueva internacional. Así captó la Tercera Internacional en su momento a la mayoría de la socialdemocracia francesa.

20. Es cierto que en la literatura de la Oposición de Izquierda no se trataron problemas muy importantes derivados de los estudios más modernos de economía y política. Los trabajos de ese carácter presuponen el crecimiento de los cuadros, la asimilación de nuevas fuerzas, una división del trabajo más amplia que incluya la labor teórica.

Por otra parte, hay que aceptar que tanto la tarea teórica de las distintas tendencias como el desarrollo de la política y la economía mundial en la última década no produjeron nada que contradiga los principios programáticos y estratégicos más importantes de la Oposición de Izquierda o su perspectiva revolucionaria. Esta es la mayor garantía del éxito de la futura construcción


1. Ver el artículo de Lenin, Sobre la consigna de los Estados unidos de Europa de agosto de 1915.

2. Ver en pág. 199 de esta edición.

3. Los partidos obreros y campesinos biclasistas fue una fórmula utilizada por los stalinistas en la década del 20 para justificar el apoyo al Kuomintang y a otros partidos burgueses de Oriente. Trotsky hace la crítica correspondiente en La III Internacional después de Lenin y en Problemas de la Revolución China.

4. La Internacional Campesina (Krestintern), formada por la Comintern en 1923, fue un experimento que no tuvo mucho éxito. Desapareció silenciosamente, en algún momento en la década del 30.

5. SAP: Partido de los trabajadores socialistas, se formó en 1931 después que los socialdemócratas expulsaron a varios diputados del Reichstag pertenecientes al ala izquierda encabezada por Max Seydewitz y Kurt Rosenfeld. En 1933 el SAP firmó con la Oposición de Izquierda la Declaración de los cuatro para trabajar en conjunto por la formación de la IV Internacional, pero el acuerdo no prosperó.

6. Tranmael, Martín (1879-1967): Dirigente del Partido Laborista Noruego (NAP).

7. OSP: Partido Socialista Independiente de Holanda, en 1933 es una de las agrupaciones que firma la Declaración de los Cuatro con la Oposición de Izquierda.

8. Angélica Balabanov (1878-1965): dirigente ruso-italiana del Partido Socialista italiano antes de la Primera Guerra Mundial. Durante la guerra fue delegada a las conferencias de Zimmerwald y Kienthal y luego secretaria de la Comintern en las primeras épocas de ésta. En 1921 rompió con la Internacional, después de la rebelión de Kronstadt, y entró al grupo Serrati del Partido Socialista Italiano. Paul Louis (1872-1948): periodista y autor de libros de historia del movimiento obrero, fue miembro del centrista Partido de Unidad Proletaria (PUP).



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