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"La historia del trotskismo norteamericano..." James Cannon, Conferencia XI

 

El "Giro Francés" en Norteamérica
 

La última conferencia nos condujo hasta la finalización de la lucha interna con los sectarios oehleristas en el pleno de octubre de 1935. La relación de fuerzas de ese pleno había cambiado radicalmente luego de cuatro meses de discusión y lucha fraccional. La minoría de aquel pleno había ganado la mayoría en las filas del partido. Sumado a esto, el bloque tácito de los ultraizquierdistas oehleristas y las fuerzas musteístas que nos había enfrentado en el pleno de junio, se había roto en el momento del pleno en octubre. Allí Muste encontró necesario presentar la resolución, que su fracción y la de Cannon-Shachtman habían redactado conjuntamente, sentando las condiciones bajo las que los oehleristas podían permanecer en el partido. En vista de la actitud desleal que ellos habían seguido, se entendió que esto señalaría su salida del partido. Y así ocurrió. Su falta de cumplimiento de las reglas disciplinarias del pleno de octubre resultaron en su expulsión.

Se pueden sacar ciertas lecciones políticas de la experiencia de Muste en su desafortunado bloque con Oehler. Las combinaciones que no tienen principios inevitablemente resultan un desastre para un grupo político. Esos bloques no pueden ser mantenidos. El error de Muste de jugar con los oehleristas en el pleno de junio, y después, había debilitado mucho su posición en el partido entre aquellos que se tomaban seriamente los programas. Pero hay que decir que él salió de su posición insostenible en una manera mucho más honrosa de cómo lo hizo Shachtman más tarde en su bloque sin principios con Burnham. Muste, tan pronto como se le hizo claro que la fracción de Oehler esa desleal al partido y estaba rompiendo con nosotros, rompió relaciones con ellos. Después unió sus manos a las nuestras para hacerlos a un lado sin ceremonias y eventualmente expulsarlos. Shachtman se colgó de las costillas de Burnham hasta el fin -hasta que Burnham se desembarazó de él.

Después de la partida de los sectarios, prevalecía una tregua nada fácil entre las dos fracciones: la de Muste, que tenía el apoyo de Abern, y la de Cannon-Shachtman que por esa época se había vuelto mayoría en el Comité Nacional y en la base. Esta era una tregua difícil basada sobre una suerte de seudo-acuerdo sobre lo que deberían ser las tareas prácticas del partido. El espectro del ala izquierda del PS todavía pendía sobre el Workers Party. El problema estaba aún allí, pero los medios para resolverlo no habían madurado todavía. Aún después del pleno de octubre de 1935, no había propuesto todavía entrar al PS. Eso no era -como fuimos acusados muchas veces, y probablemente como algunos camaradas se inclinan todavía a creer- porque estábamos disimulando y tratando de maniobrar al partido para entrar al PS sin el conocimiento ni el consentimiento de la militancia. Era porque la situación del PS en aquel momento no nos permitía la posibilidad de unirnos con ellos. Mientras la derechista "vieja guardia" tuviera el control de la organización en New York, la entrada de los trotskistas estaba mecánicamente excluida. La "vieja guardia" nunca lo habría permitido. En consecuencia, no hicimos ninguna propuesta de ese tipo. Justo por esa época, de hecho, había habido una reunión del Comité Nacional del PS donde los débilmente articulados "militantes" desgraciadamente capitularon al ala derecha. Los cuadros y la base del bloque se levantaron contra esta acción y su presión empujó nuevamente a su dirección a la izquierda. No era posible decir con seguridad cuál sería el resultado de la pelea en el PS. Sólo podíamos esperar y ver. El problema fundamental del PS se mantenía irresuelto de nuestra parte porque la situación en éste no había aún cristalizado.

Durante todo este tiempo la atención de los obreros avanzados, de los trabajadores sin partido pero más o menos radicales y con conciencia de clase, estaba concentrada en el PS porque era un partido más grande. Ellos decían: "Veamos dónde van el PS o el Workers Party que sería realmente el heredero del movimiento radical en los Estados Unidos. Veamos si el PS gira realmente a la izquierda. En ese caso podemos entrar a un partido revolucionario que es más grande que el Workers Party". Bajo esas condiciones era extremadamente difícil captar para el WP.

Había fricciones continuas dentro del WP sobre la cuestión del PS a pesar del hecho de que en ese momento no había propuestas de una fracción contra la otra. Todos nosotros presumiblemente seguíamos construyendo el WP, conduciendo su agitación independiente, etc. Dijimos que no teníamos propuesta sobre entrar al PS. Ellos no podían oponerse a una propuesta de ese tipo desde un punto de vista principista, ya que habían respaldado el "giro francés". Sin embargo, había una diferencia en la forma de ver el problema entre las dos fracciones. Ellos consideraban la ebullición en el PS como una cuestión problemática, algo que debía ser evitado. Cada vez que algo de interés requería una nueva atención a la pelea fraccional dentro del PS, ellos se ofendían porque esto distraía la atención sobre nuestra propia organización y no veían las corrientes y tendencias conflictivas, algunas de las cuales estaban destinadas a marchar con nosotros. Era un acercamiento organizativo. Esa era, creo, la manera más apropiada de caracterizar la actitud de Muste en ese momento: "no prestar ninguna atención al PS, es una organización rival". Formalmente era así. Pero el PS no era un cuerpo homogéneo. Algunos de sus elementos eran enemigos irreconciliables de la revolución socialista; otros eran capaces de transformarse en bolcheviques. La lealtad a la organización y el orgullo son cualidades absolutamente indispensables en un movimiento revolucionario. Pero el fetichismo organizativo, especialmente de parte de una pequeña organización que debe aún justificar su derecho a dirigir, puede transformarse en una tendencia desorientadora. Así era en este caso.

Nos aproximamos al problema desde otro punto de partida, no tanto desde su aspecto organizativo sino del político. Veíamos en el fermento del PS no un problema que nos distrajera de la tarea de construir nuestro propio partido. Lo veíamos casi como una oportunidad para que avanzara nuestro movimiento, más allá de la forma organizativa que podría llegar a tomar. Nuestra inclinación era volcarnos hacia éste, intentar influenciarlo de alguna forma. Como dije, las propuestas prácticas en ese momento no eran muy diferentes en ambas fracciones, pero la diferencia en la actitud hacia el problema del PS era fundamental y tarde o temprano, nos iba a llevar a un quiebre. La cuestión organizativa es importante, pero la línea política es decisiva. Nadie puede tener éxito en crear una organización revolucionaria si no comprende que las cuestiones políticas son superiores a las organizativas. Las cuestiones de organización son importantes sólo y en la medida en que sirvan a una línea, a un objetivo político. Independientemente de esto no tienen ningún mérito en absoluto. Durante ese período particular, mientras que la cuestión del PS seguía sin decidirse, la posición de Muste parecía ser más positiva y contundente que la nuestra. La simple receta de Muste atraía a algunos camaradas: "Permanezcamos lejos del PS, construyamos nuestro propio partido" -contundente y positiva. Pero la superioridad de la fórmula de Muste era sólo la apariencia superficial de las cosas. En el momento en que algo nuevo ocurriera en el PS -y esa era la terna maldición para los musteístas, siempre ocurrían algunas cosas en esa caldera en ebullición- tendríamos que girar nuestra atención y escribir sobre eso en nuestro periódico.

Y algo pasó esta vez. Un nuevo giro de los acontecimientos resolvió todas nuestras dudas y puso el hecho de entrar o no entrar al PS en su marco real. La fracción dirigente del PS comenzaba a romper abiertamente en diciembre de 1935 . El ala derecha, que controlaba el aparato en New York, se enfrent6 en el CC local -un cuerpo de delegados de las ramas- con la creciente fuerza del ala izquierda y su mayoría allí. El ala derecha, a pesar de reconocer esa mayoría y de dejar que opere el proceso democrático, mostró sus dientes como socialistas "democráticos" profesionales como lo hacen siempre en situaciones así. Como si fuera una cuestión corriente, se dieron vuelta, expulsaron y reorganizaron a un número de ramas de los "militantes" y la ruptura se precipitó. En este caso, como en instancias pasadas, vimos revelada la esencia real de la tan mentada democracia del PS y de todos los grupos pequeño burgueses que ponen el grito en el cielo por los métodos dictatoriales y la severidad del bolchevismo. Todas sus habladurías sobre la democracia se muestran como una simulación y un pretexto a la hora de ponerse a prueba. Hablan en contra del bolchevismo en el nombre de la democracia, pero cuando sus intereses y su control están en juego, nunca ceden a la mayoría democrática de sus cuadros y base. Esta organización tiene una seudo- democracia que permite grandes discursos y críticas en la medida en que las mismas no amenacen el control de su organización. En ese momento sus reglas cambian, bajan todo el tiempo con la más brutal represión burocrática contra la mayoría. Esto es verdad para todos ellos, para todos los oponentes del bolchevismo, de cualquier clase y color, en el campo de la organización. Aún el santificado Norman Thomas no es una excepción, como demostraré más tarde. Incidentalmente, esto también es verdad para todos los grupos sectarios sin excepción que rompieron con la Cuarta Internacional, que hicieron un gran escándalo por la falta de democracia en el movimiento trotskista. En el momento en que fundaron sus propias organizaciones establecieron un auténtico despotismo. El grupo de Oehler, por ejemplo, no hacía mucho que se había constituido en una organización independiente cuando la gente que había sido ganada por sus apelaciones contra el terrible burocratismo de la organización trotskista recibió un duro golpe. Se encontraron con la más rígida y despótica caricatura de burocratismo.

La ruptura en New York del ala derecha del PS anunciaba la ruptura a nivel nacional -esto estaba claro para nosotros. El ala derecha estaba decidida por razones propias, a desconectarse de los militantes de base y de los elementos jóvenes del PS que estaban hablando de revolución. Consideraban que esto estaba pasado de moda. Estaban mirando a las elecciones nacionales de 1936 y ya tenían indudablemente en mente llegar a una posición de apoyo a Roosevelt. Estaban buscando un buen pretexto para romper relaciones con los cuadros y militantes de base y la juventud que aún estaban hablando seriamente de socialismo. Esta ruptura en New York nos mostró que había llegado el momento de actuar sin dilaciones. Ocurría que yo estaba en Minneapolis cuando tuvo lugar la expulsión en la organización de New York del PS. Había aquí una sorprendente repetición del proceso de 1934. El impulso a acelerar la fusión con el AWP venía desde la discusión que habíamos tenido durante la huelga. Ahora, por segunda vez, la iniciativa para un giro político agudo salió de una conferencia informal que tuve con los camaradas de la dirección en Minneapolis.

Llegamos a la conclusión de que debíamos movernos, sin demora, para entrar al PS mientras permaneciera en un estado de laxitud, antes de que una nueva burocracia tuviera tiempo de cristalizar y antes de que la influencia de los stalinistas pudiera consolidarse. Toda la dirección de nuestra fracción, la fracción Cannon-Shachtman, estaba de acuerdo en esta línea. Los cuadros y la base de la fracción habían sido bien preparados y educados en la larga lucha interna y habían asimilado completamente la línea política de la dirección. Apoyaban este plan por unanimidad. Habían superado todos los prejuicios sobre el "giro francés", sobre el principio de la "independencia" y todas las otras consignas de la fraseología sectaria. Cuando se presentó la oportunidad de dar un vuelco que nos ofrecía perspectivas de avance político ellos estaban listos para moverse. Había llegado el momento de actuar.

Entonces, todo dependía de actuar sin demasiada dilación, sin dar vueltas, sin indecisión o vacilación. La propaganda de rutina, que es llevada adelante todo el tiempo, no es suficiente en ningún sentido por sí misma para construir un partido y hacerlo crecer rápidamente. Un partido político debe saber qué hacer a corto plazo y hacerlo antes de que sea demasiado tarde. En este caso particular lo que debíamos hacer enseguida, si queríamos sacar provecho de una situación muy fluida en la vanguardia del movimiento obrero era entrar al PS, valorar la oportunidad antes de que se escurra, dar un paso adelante efectuando la fusión de los obreros trotskistas con los cuadros y la base, la gente joven del PS, quienes tenían al menos el deseo subjetivo de ser revolucionarios y se estaban moviendo en nuestra dirección. Hay una expresión, un lema norteamericano sobre golpear mientras el hierro está al rojo. No sé cuántos de ustedes reconocen lo vívida que puede ser esta expresión para el que comprende su significado, en el sentido mecánico. Siempre ha sido un lema favorito para mí en política, y siempre me trae al recuerdo de la imagen del herrero, cuando de regreso a casa de muchachos solíamos quedarnos mirando, fascinados por el herrero, una figura heroica a nuestros ojos. El se tomaba su tiempo, fumaba su pipa ociosamente, hablaba con la gente del clima y de política local. Cuando traían un caballo para herrar, lentamente bombeaba el fuego bajo la herrería, sin apuro hasta que el fuego alcanzaba una cierta llama blanca y la herradura se ponía roja. Entonces, en el momento decisivo, el herrero se transformaba. Toda su lasitud desaparecía, tomaba la herradura con fuerza con sus pinzas gigantes, la presionaba sobre el yunque y comenzaba a golpearla con su martillo mientras estaba aún incandescente. De lo contrario la herradura perdería su maleabilidad y él no podía moldearla en su forma apropiada. Si hubiéramos permitido que se enfriara la oportunidad en el PS, hubiéramos perdido nuestra oportunidad. Teníamos que golpear mientras el hierro estaba al rojo. Estaba el peligro de que los stalinistas, quienes presionaban fuertemente sobre el PS, nos ganaran la delantera y repitieran lo siniestro de España. Existía el peligro de que los lovestonistas, quienes ciertamente estaban más cerca en afinidad política a los socialistas norteamericanos que nosotros porque ellos mismos no eran otra cosa más que centristas, se dieran cuenta cuál sería su próximo coletazo y avanzaran sobre nosotros en el PS.

Teníamos que saltar dos vallas antes de poder efectuar la entrada. Primero, teníamos que tener una convención partidaria para obtener la sanción para esa acción. Segundo, teníamos que obtener el permiso de las cabezas del PS antes de que pudiéramos entrar a él. Previo a nuestra convención tuvimos que atravesar una lucha fraccional de las más salvajes con los musteístas que habían emplazado sus cañones en la última trinchera para salvar la "independencia" y la "integridad" del WP. Peleaban con un fervor sagrado contra nuestra propuesta de disolver la iglesia del Señor y unirnos a los socialistas herejes. Defendían la "independencia" del WP como si fuera el Arca de la Alianza y nosotros estábamos poniendo manos profanas sobre ella. Fue ciertamente una pelea furiosa que tenia elementos de fanatismo semi-religioso. Pero no aprovecharon nada. La gran mayoría de los miembros del partido estaban claramente de nuestro lado desde el comienzo.

Comenzamos a negociar con los dirigentes de "Los Militantes" sobre los términos y condiciones de nuestro ingreso en el PS. Las negociaciones con esos héroes de papel maché fueron un espectáculo para dioses y hombres. Nunca los olvidaré. Creo que en toda mi larga y variada experiencia, que ha recorrido de lo sublime a lo ridículo y viceversa, nunca encontré nada tan fabuloso y fantástico como las negociaciones con los jefes de los "Militantes" en el PS. Eran todas figuras intrascendentes, importantes por un día. Pero ellos no lo sabían. Se veían en un espejo distorsionado, y por un breve período imaginaban ser dirigentes revolucionarios. Por fuera de su imaginación apenas si había alguna base sólida para su suposición de que estaban calificados para dirigir, menos aún un partido revolucionario que requiere cualidades y un temple de carácter algo diferente de las de los dirigentes de otros movimientos. Eran inexpertos y no probados. Ignorantes, sin talento, de mentes estrechas, débiles, cobardes, traicioneros y vanidosos. Y tenían también otros defectos. Estaban perplejos de nuestro pedido de admisión a su partido. Nos querían tener dentro de él, la mayoría de ellos, para contrabalancear al ala derecha y para ayudarlos a alejar a los stalinistas, a quienes tenían un miedo mortal por un lado y una tendencia a acercárseles por otro. Nos querían en el partido y estaban asustados por lo que haríamos después de entrar. No sabían con seguridad, de principio al fin, qué querían hacer realmente. Aparte de muchas cosas más, los teníamos que ayudar a decidirse.

Estaba Zam, ex lovestonista y comunista renegado que estaba virando a la Socialdemocracia. En su camino a la derecha se cruzó con algunos jóvenes socialistas que iban a la izquierda, y por un momento parecían estar de acuerdo. Pero eso no era realmente así; meramente se habían cruzado en el camino.

Estaba Gus Tyler, un chico joven y vivaracho cuyo único problema era que no tenía carácter. Podía pararse y debatir la cuestión de la guerra desde el punto de vista de Lenin con cualquier dirigente stalinista -y sostener correctamente la posición leninista- y después irse a trabajar para los traidores Needle Trades, haciendo "trabajo educativo" por su programa, incluyendo su programa de guerra, y luego se preguntaba por qué cualquier persona podía estar sorprendida o indignada por esto. La gente sin carácter es como la gente sin inteligencia. No entienden por qué cualquiera pensaría distinto.

Estaba Murry Baron, un brillante joven universitario que tenía también un trabajo como dirigente sindical con el permiso de Dubinsky. Vivía bien y consideraba importante seguir haciéndolo. Al mismo tiempo se estaba salpicando con la tarea de dirigir un movimiento revolucionario, como alguien que toma un hobby.

Estaban Biemiller y Porter de Wisconsin, jóvenes compañeros que a los 30 años de edad habían adquirido todas las cualidades seniles de los socialdemócratas europeos. Habiendo perdido la llama del idealismo, si es que alguna vez habían sido tocados por ella, ya estaban estableciendo el negocio de engañar a los obreros los días de semana y simular ser radicales los domingos. Eran todos más o menos del mismo tipo, y de un tipo muy pobre. Aún eran los dirigentes del ala izquierda del PS y teníamos que negociar con todos ellos, incluído Norman Thomas que era la cabeza del partido nominalmente y que, como bien explicó Trotsky, se llamaba socialista como resultado de un malentendido.

Nuestro problema era hacer un acuerdo con esta chusma para que nos admitan en el PS. Y para lograr eso teníamos que negociar. Era un trabajo muy difícil y desmoralizante, muy desagradable. Pero eso no nos detuvo. Un trotskista hace cualquier cosa por su partido, aún si tiene que arrastrar su vientre por el barro. Entramos en las negociaciones y eventualmente ganamos la admisión por toda clase de artificios y a un alto costo. No era simplemente cuestión de llamarlos por teléfono y decirles: "Encontrémonos el martes a las dos en punto y discutamos los temas". Era un proceso largo y tortuoso. Mientras negociábamos formalmente y de manera colectiva, teníamos también muchos encuentros separados, individuales. Uno de ellos era Zam, el comunista renegado que parecía pensar, en razón de que queríamos unirnos al PS, que íbamos a portarnos como unos renegados también. Tenía razones personales para desear que entráramos al PS y facilitó nuestra admisión. Estaba muerto de miedo de los stalinistas y pensaba que podíamos ser un contrapeso y un antídoto para ellos. Las discusiones en privado con él siempre precedían a las discusiones formales con los otros dirigentes. Siempre sabíamos de antemano qué estaban planeando hacer.

Sumado a todas las otras cosas, ellos no tenían solidaridad interna o respeto por el otro y nosotros naturalmente sacamos provecho de esto. Otra operación independiente, al margen, para entrar, fue con el mismo Thomas. El arreglo para el encuentro entre Thomas y los trotskistas fue el último acto progresivo en la vida y en la carrera de Sidney Hook. Posiblemente sentía que nos debía más de un favor. Probablemente se movía por recuerdos sentimentales de su juventud cuando había pensado que la revolución era una cosa linda y buena. Sea por lo que fuere, él arregló una reunión con Thomas que aumentó la presión sobre la junta de los "Militantes". Finalmente acordaron admitirnos, pero nos lo hicieron pagar.

Pusieron condiciones muy duras. Debíamos abandonar nuestra prensa a pesar del hecho de que había sido la tradición del PS permitirle a cualquier fracción tener su propia prensa, y a pesar del hecho de que el "Call" socialista había comenzado como el órgano de la fracción de los "Militantes". Cualquier sección u organización local o nacional en el PS que quiera su propia prensa había sido libre para tenerla. Nos exigían a nosotros condiciones especiales, que no tuviéramos prensa. Nos hicieron abandonar The Militant y nuestra revista, New International (Nueva Internacional). No nos permitirían el honor y la dignidad de unirnos como un cuerpo y ser recibidos como un cuerpo. No, nos teníamos que unir como individuos, dejando a cada rama local la opción de negarse a admitirnos. Debíamos entrar individualmente porque ellos querían humillarnos, hacer aparecer que simplemente estábamos disolviendo el partido, rompiendo humildemente con nuestro pasado, y comenzando una vida nueva como discípulos de la junta de los "Militantes" del PS. Era bastante irritante, pero no nos apartamos de nuestro curso por sentimientos personales. Habíamos estado mucho tiempo en la escuela de Lenin para hacer eso. Estábamos por servir a fines políticos. Esa es la razón de por qué, a pesar de las onerosas condiciones, nunca rompimos las negociaciones y nunca les dimos una excusa para cerrarlas unilateralmente. Toda vez que mostraban signos de indiferencias y evasivas, nos quedábamos detrás de ellos y manteníamos las negociaciones vivas.

Entre tanto, nuestro propio partido avanzaba a su conversión. Se reveló rápidamente que la gran mayoría de éste apoyaba las propuestas dc Cannon-Shachtman de entrar al PS. Nuestra propuesta tenía también el apoyo de Trotsky. Ese era un factor considerable para asegurarle a los cuadros y a la base de nuestro partido de que era un buen paso táctico, que no constituía de ninguna manera un repudio a los principios, como lo habían presentado los oehleristas. La convención de marzo de 1936 que tenía que ponerle sello a la decisión fue una formalidad. La mayoría a favor de la propuesta de entrar al PS era aplastante. La oposición fue reducida a un grupo tan pequeño que virtualmente no tuvo más alternativa que aceptar la decisión, someterse a la disciplina e ir con nosotros al PS.

En esa convención, hubo una reacción como resultado de algunas políticas sin principio que habían tenido lugar en el verano, un cruel castigo impuesto a causa de un frente sin principios. En ese caso fue la conclusión del incidente de Allentown que es bastante famoso en la historia de nuestro partido, y vive aún en las memorias de quienes pasaron por esa lucha en aquellos días. Allentown había sido uno de los principales centros del AWP. La organización entera, que era bastante grande, y que estaba en la dirección de un muy sustancioso movimiento de obreros desocupados organizados en las Ligas Nacionales de Desocupados, estaba compuesta por antiguos musteístas. La mayoría de los miembros de Allentown habían estado en el movimiento sólo un corto tiempo. Habían llegado al AWP a través de sus actividades con los desocupados y estaban necesitados de una educación política marxista, para que los frutos de su trabajo entre las masas pudiera ser eventualmente transformado en ganancia política y en núcleo partidario firme establecido allí. Mandamos a algunos camaradas para atenderlos en ese aspecto. Por la juventud fue enviado un camarada llamado Stiler. Por el movimiento de adultos fue enviado Sam Gordon. Su función, mientras participaban del trabajo entre las masas, era asistir en la educación marxista a esos camaradas de Allentown que mostraban una fuerte voluntad de fusionarse completamente con nosotros tanto en lo ideológico como en lo organizativo. La lucha fraccional cambió estos planes y Allentown fue un centro de infección en todo ese período.

Una de las peores complicaciones surgió de la traición de Stiler. Fue enviado allí con la confianza del partido pero sucumbió al ambiente. Se volvió un instrumento y un defensor de los peores elementos del AWP que tenían un centro en Allentown. Un hombre llamado Reich y otro llamado Hallett estaban estrechamente ligados a uno de los dirigentes nacionales de los musteístas, llamado Arnold Johnson. Usaban Allentown como una base para oponerse a toda tendencia progresiva en el partido. Una y otra vez, la organización de Allentown se desviaría de la línea partidaria en su trabajo entre las masas, en dirección al stalinismo. Sam Gordon intervendría y se daría una gran lucha. Después, los representantes del comité nacional irían a Allentown, o una delegación vendría a New York, para una discusión de los hechos. Hablaríamos y explicaríamos por horas en un esfuerzo por clarificar la cuestión y educar a los camaradas de Allentown. Al principio no sospechamos nada, pero como un incidente seguía a otro, no pudimos dejar de notar que toda explosión tenía una misma característica distintiva. Independientemente de cómo empezaba cada riña, o cuál podía ser la disputa, había siempre un tinte de ideología stalinista en la posición de los camaradas de Allentown. Al comienzo, cuando las desviaciones eran sólo tendencias, pensamos que eran la expresión de la presión del movimiento stalinista pesando sobre ellos, y no el trabajo deliberado de agentes stalinistas reales en nuestras filas. Continuamos dándoles el beneficio de la duda, aún cuando comenzaron a manifestar deslealtad a la organización, rompiendo la disciplina y la unidad en la acción del WP y trabajando al unísono con las juntas stalinistas aún contra sus propios camaradas en las Ligas de Desocupados. Seguimos batallando con ellos, pero nuestro objetivo era puramente educativo.

Siempre ha sido política de nuestro movimiento usar incidentes como estos, errores y desviaciones de los principios partidarios, no con el propósito de empezar una caza de brujas sino, como en esa ocasión, para explicar concretamente y en detalle las doctrinas del marxismo y ayudar así a la educación de los camaradas. Muchos compañeros del partido han recibido su educación real en el sentido del bolchevismo en esas discusiones educativas basadas en algún incidente concreto. Intentamos usar este método en este caso.

Tratamos de educar no sólo a los camaradas implicados en Allentown, sino al partido de conjunto, en lo que significa en un sentido revolucionario la conciliación con el stalinismo. Pero esa discusión fue enmarañada por el hecho de que ellos eran amigos personales de Muste y éste los protegía. Por razones fraccionales protegía a sus amigos contra aquellos, que él mismo admitía, estaban defendiendo una línea política correcta. En vez de tomar una posición clara con nosotros y unírsenos para presionar a la gente de Allentown, oscilaba entre nosotros y ellos, borrando los hechos y previniendo cualquier acción disciplinaria aún en las más flagrantes violaciones. Cegado por la intensidad de la lucha fraccional, Muste puso las cosas sobre bases fraccionales, protegiendo a sus amigos. Esa es una de las más graves ofensas contra el partido revolucionario. Lo que debe ser protegido en el partido, ante todo, son los principios del bolchevismo. Si uno tiene amigos, lo mejor que puede hacer por ellos es enseñarles los principios del bolchevismo, no protegerlos en sus errores. Si ustedes hacen eso, no sólo sus amigos se van al demonio, sino que ustedes se van con ellos. Los asuntos de amistades están bien para Tammany Hall, que se basa en el intercambio de favores personales Pero la amistad, que es una cosa muy buena en la vida personal, debe siempre subordinarse a los principios y los intereses del movimiento. Después de una de aquellas exhibiciones le dije a Muste: "Vas a tener un terrible shock alguna mañana de estas cuando te levantes y descubras un núcleo stalinista en Allentown tratando de traicionar al partido". No me escuchó, sino que persistió en su curso fatal. Y él fue asistido en ese crimen por aquellos que sabían más. Muste no era un hombre de larga experiencia en la tradición y las doctrinas del bolchevismo. Eso podría decirse como paliativo. Pero Muste estaba apoyado e inducido en su defensa de las tendencias y elementos stalinistas, por razones fraccionales, por Abern y su pequeña camarilla. No voy a decir más cosas sobre esa gente aquí porque ya he dicho todo lo que se necesitaba decir sobre ellos en mi libro "The Struggle for a Proletarian Party" (La lucha por un partido proletario).

Esa aventura de Muste y Abern tuvo un terrible golpe en la convención de marzo de 1936. Entonces, en pago por su cobertura y protección a las tendencias stalinistas en Allentown, Muste fue premiado por el anuncio en el Daily Worker, el mismo día que se abrió nuestra convención, de que Reich, Hallett y Johnson se habían unido al PC! Los "amigos" de Muste imprimieron una declaración denunciando a los trotskistas de "contrarrevolucionarios", en la misma mañana que fue abierta nuestra convención. Ese fue el devastador golpe final a la fracción Muste-Abern, que ya había sido lo suficientemente desacreditada. Tuvieron que sufrir la desgracia de ver a un grupo de gente, a quienes habían protegido por razones fraccionales, transformados en agentes stalinistas tratando de desmoralizar y romper nuestra convención el día en que se abría. Afortunadamente los traidores estaban completamente aislados; su acción quedó sólo en un episodio personal y no molestaron de ninguna manera a la convención del partido. Sólo desacreditaron a la fracción que los había cubierto tan celosamente en los meses precedentes. Mejor aún, este desenlace reforzó la autoridad de la fracción mayoritaria, que había seguido una línea clara principista y no estaba de ninguna manera envuelta en el escándalo.

Teníamos una mayoría aplastante en la convención. La minoría, que era muy pequeña en ese entonces, aceptó la decisión. No había nada más que ellos pudieran hacer. En la convención del PS en Cleveland, unas pocas semanas después, la ruptura con el ala derecha fue completada a escala nacional, y nuestros militantes en todo el país comenzaron a entrar al PS como individuos y bajo la conducción de la dirección nacional. Sospechamos que nos habían traicionado, incluso en esa fecha tan tardía. Nuestro consejo a los camaradas en todos lados fue "apúrense, no duden; no regateen los términos, sino entren al PS mientras hay tiempo; no peleen por concesiones formales que les darán un pretexto para reabrir la cuestión y cambiar de idea".

No recibimos ni bienvenidas, ni saludos amistosos, ni notas en la prensa del PS. No se nos ofreció nada. A ninguno de los dirigentes de nuestro partido les ofrecieron, esos trepadores baratos, más que un puesto de organizador en alguna rama. Los stalinistas gritaban con lo más fuerte de sus voces: "Nunca podrán digerirse a esos trotskistas". Les estaban advirtiendo lo que ocurriría cuando entraran los trotskistas. Y esto les ponía a los "Militantes" las caras azules. Era muy vil -el modo en que nos recibieron. Si hubiéramos sido personas subjetivas, probablemente hubiéramos dicho: "¡Al infierno con esto!" y nos hubiéramos ido. Pero no lo hicimos, porque servíamos a objetivos políticos.

No explicamos todas esas concesiones humillantes que habíamos hecho como una conciliación con los centristas. Sólo nos dijimos: ese es el chantaje que estamos pagando por el privilegio de llevar adelante una importante tarea política histórica.

Entramos al PS confiadamente porque sabíamos que teníamos un grupo disciplinado y un programa delimitado hasta el fin para triunfar. Cuando un poco después, los dirigentes del PS comenzaron a arrepentirse de todo el negocio, deseando no haber oído nunca el nombre del trotskismo, deseando reconsiderar su decisión de admitirnos, ya era demasiado tarde. Nuestra gente ya dentro del PS comenzó su trabajo de integrarse en las organizaciones locales. Imprimimos una declaración en el último número de The Militant, publicado en junio de 1936, anunciando que entrábamos al PS y suspendíamos The Militant. Sentamos claramente nuestra posición, de modo tal que nadie pudiera malentendernos; nadie podía tener alguna base para creer que estábamos entrando como capituladores, renegados del comunismo. Dijimos: "Entramos al PS como somos, con nuestras ideas". Esas ideas que conquistaron al mundo estaban una vez más en marcha. Y había un año fructífero de trabajo delante nuestro en el PS.



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