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Sobre la cuestión de las tendencias en el desarrollo de la economia mundial

Traducción especial del inglés para esta edición de la versión publicada en The Ideas of Leon Trotsky, Hillel Ticktin-Michael Cox, Ed. Porcupine Press, 1995, Londres, pág. 355.

La primera cuestión que quiero examinar es si podemos o no hacer un intento de pronóstico. Si lo que tenemos en mente es la negativa a dar como pronóstico exacto una crisis para los próximos tres años, yo estaría de acuerdo. Sin embargo, lo haría sólo con grandes reservas, porque sin un pronóstico y sin hacer conjeturas en el campo de los pronósticos, como hipótesis de trabajo, no puede haber actualmente no sólo teoría, sino tampoco orientación práctica para nosotros.
Somos un país comerciante, somos compradores, compramos y vendemos. Tenemos que saber dónde comprar y dónde vender, y cómo usar el estado del mercado -puesto que tenemos comercio al por mayor, no podemos hacer esto en una semana-; el comercio tiene lugar durante meses y años, y por lo tanto debemos hacer predicciones con anticipación. No iremos a ninguna parte sin pronósticos. Si las predicciones fueron equivocadas, calculamos mal, y esto se refleja en la balanza comercial.
Pero ser pesimistas en cuanto al pronóstico sería aún más desacertado, si estamos pensando en la ley general del desarrollo, puesto que no se pueden evaluar los acontecimientos de los próximos tres años, y aislarlos del desarrollo general de las fuerzas económicas de Europa y de todo el mundo. Si yo pienso en los próximos tres años, no lo hago de manera simple, como una continuación lineal de la historia previa -aquí está este segmento o la curva extrapolada por tres años más- pienso en esto en relación a los tres años, como parte de una curva mayor. Me parece que es precisamente así como se deben hacer los pronósticos. Aún cuando éste se demuestre erróneo en relación a tres años, puede mostrarse correcto en general. Es lo que ha pasado con muchos de los pronósticos revolucionarios previos, los cuales, parece, estaban equivocados con relación al ritmo de desarrollo, pero demostraron ser correctos en general.
Si llegamos a la conclusión de que el desarrollo capitalista está dirigiéndose hacia un ascenso vigoroso en Europa y en todo el mundo, este pronóstico tendría varias y por ende, nada insignificantes consecuencias prácticas para nuestro destino. Y hoy está claro que si fuera posible un desarrollo rápido del capitalismo, esto podría ser fatal para nosotros, y dadas ciertas condiciones, lo sería. Es por esta razón que la cuestión de los pronósticos tiene gran importancia. No es necesario decir que se puede lograr hacerlo a condición de utilizar correctamente el método materialista de análisis.
Pienso, hasta donde yo creo poder interpretar las ideas básicas de los conferencistas, que varios de ellos han aplicado el análisis económico en forma muy esquemática y formal en relación con la época actual.
El profesor Bukshpan insiste en la naturaleza cíclica del desarrollo económico de posguerra. ¿Se puede establecer un ciclo más o menos regular? Yo creo que no. ¿Es esto una sublevación contra Marx y contra la teoría marxista del desarrollo cíclico? No es ninguna sublevación. ¿Por qué? Porque la teoría de Marx no es una teoría supra-económica. El ciclo es una expresión del ritmo interno de la historia misma en todos sus movimientos. ¿Pero en todas las circunstancias? No, no en todas. Así, por ejemplo la guerra comenzó en el segundo año de la crisis. En 1913 comenzó la crisis, y nadie duda que se trató de un hecho económico serio con, sobre todas las cosas, un aspecto social, porque una economía desnuda no viste a nadie. Lo que estamos diciendo aquí es que 1913 no es sólo un ejemplo de una crisis de mercados recurrente, sino, como mínimo, un cambio en la totalidad de la situación económica europea, y que Europa crecientemente se estremecía contra los límites del mercado. El desarrollo ulterior de las fuerzas productivas aproximadamente a la misma velocidad observada en Europa durante la mayor parte de las dos décadas anteriores fue extremadamente difícil. El crecimiento del militarismo, tuvo lugar no sólo porque el militarismo y la guerra crean mercados, sino también porque el militarismo es un instrumento histórico de la burguesía en su lucha por la independencia, por la supremacía, etc. No es accidental que la guerra haya comenzado en el segundo año de la crisis, revelando las grandes dificultades del mercado. La burguesía le tomaba el pulso al mercado a través del agente del comercio, a través del agente económico y del agente diplomático, lo auscultaba de la misma forma que nosotros, un joven Estado, intentamos auscultar el mercado mundial a través de nuestros agentes. La burguesía vio esto. Esto creó tensiones de clase, empeoradas por la política, y llevó a la guerra en agosto de 1914.
En 1914, el capital cerró un maravilloso pacto. ¿Qué significa esto? ¿Hacia dónde iba el mercado? La verdad de las cosas es que el mercado no estaba actuando de acuerdo a Marx, sino de acuerdo a los gerentes. Que los gerentes están en contra de Marx, es indudable, pero el estado del mercado no estaba en contra de Marx, puesto que para los marxistas el estado del mercado no es una curva que se mete por la fuerza en la economía -tómalo o déjalo. Esta curva brota de la economía. Si la economía tuviera que surgir de la política en esta instancia, a pesar del crecimiento del armamentismo en Europa, no podremos encontrar un ciclo normal.
¿Y durante los primeros años después de la guerra? Los alemanes le llamaron a este momento -y en general, los alemanes utilizan terminología precisa- un mercado aparente porque los años 1919-1920 vieron hasta cierto punto una continuación de los métodos de guerra en el campo económico -inflación, ciertos mínimos privilegios para los trabajadores basados en la inflación, esto es, sobre la dilapidación del capital básico, etc.
En realidad, esto significó un debilitamiento del capital básico en Europa, pero externamente apareció como un ascenso. La destrucción en el comienzo de la guerra tuvo lugar en la forma de un ascenso. El mercado aparente era esto. Y entonces comenzaron los pagos de reparaciones de guerra, que se multiplicaron por las dificultades que comenzaron en 1913.
Desde sus mismos inicios los pagos de las reparaciones agravaron el nuevo proceso de declinación que comenzó en 1913. ¿Qué era lo que necesitaba el capitalismo? El capitalismo estaba languideciendo, comenzó a tener espasmos, y buscaba una salida. ¿Hay aquí un ciclo regular en funcionamiento? Camaradas, es difícil encontrar un ciclo regular en los espasmos, si eso es lo que uno está buscando. Esto sin embargo no significa que la teoría de Marx no es aplicable. Se puede aplicar, sólo que uno debe aplicarla correctamente.
Tomaré el ejemplo más simple. Existe un instrumento llamado podómetro. Es un dispositivo muy grosero, calcula los pasos, aunque no con mucha exactitud. Si uno camina dando pasos más o menos normales para un humano, nos dirá cuantas millas se ha caminado. Si uno comienza a dar saltos, o pasos fuera de lo normal, entonces ya no dará resultados tan confiables. Pero si uno se cae dentro de un estanque o una zona cubierta de hielo, y flota y resbala en el mismo lugar durante dos o tres minutos, el podómetro registrará 20, 30, 50 pasos, mientras que uno no está yendo a ninguna parte. Algo similar ocurrió con el capitalismo. Para él, la guerra fue un terrible desastre económico. ¿Qué vemos después? Fuimos testigos de sus intentos de resurgir a partir de este nivel de deterioro del desarrollo económico en las condiciones de la nueva Europa -la intersección de nuevas fronteras con decenas de nuevas tarifas aduaneras, y experimentando grandes dificultades.
Si uno intenta trazar una curva para ramas industriales separadas, para países individualmente, y para Europa, ¿qué es lo que va a reflejar esa curva? Sólo los intentos espasmódicos del capitalismo por volverse a levantar. No veremos el ritmo de los pasos normales del capitalismo -no están allí. Aquí hace falta un análisis profundo, y ya tenemos datos para muchos elementos de ese análisis. Muchos de nosotros estamos aprendiendo bastante de esas tablas, o al menos nos recuerdan muchas cosas específicas. Esto va a ser muy útil; sin embargo, cualquier intento de colocar estos datos dentro de un ciclo regular, un ciclo al que se lo describe como dando inicio a un patrón cíclico, y luego sobre esa base producir un pronóstico optimista para el capitalismo, sería un grave error. Es verdad, que los tres estimados conferencistas, que son en pequeña medida responsables de este error, por cautela científica, no hablaron de esto. La cautela científica es una cualidad admirable; no todo el mundo está obligado a ser un político y cometer los errores que ya son parte, por decirlo así, de la profesión política. Los economistas se pueden permitir ser cautelosos. Pero a veces la cautela enmascara embrionariamente la imprudencia y es precisamente en las evaluaciones cautelosas que los peligros y dificultades que se presentan ante el capitalismo pueden borrarse imprudentemente, produciendo las evaluaciones demasiado optimistas sobre el destino de su desarrollo ulterior. Y yo me siento inclinado a reprocharles a los tres oradores su cautela.
En realidad, aquí el problema de los ciclos no es sólo de metodología, que concierne a la comprensión de Marx y a la aplicación de la teoría marxista; sino también es el problema de la evaluación de la vía para el desarrollo futuro. Los ciclos en Marx aparecen explicados por medio de indicios. Marx no tuvo tiempo suficiente como para dar una explicación exhaustiva del ciclo industrial. Algunas de sus alusiones sumamente valiosas, fueron elaboradas posteriormente por Hilferding*. En todo caso los ciclos están sin duda conectados con la expansión y renovación del capital básico de la industria pesada, esto es indiscutible. Por lo tanto, el reconocimiento del camarada Spektator de que las oscilaciones de la industria Europea todavía tienen lugar en el marco del viejo capital básico tal como este surgió de la guerra imperialista o de la época de preguerra explica, desde el punto de vista teórico, por qué no se puede hablar de ciclos regulares. Por razones similares, sería incorrecto transformar el actual ritmo de crecimiento de la industria rusa -40 o 50 por ciento anual- en el ritmo normal de crecimiento para todo el período futuro. Este es un ritmo de crecimiento que nos quedó como herencia del capital básico[2]. Por la misma razón, aunque en circunstancias distintas, es incorrecto aplicar la teoría y la metodología de los ciclos, extrapolándola, a un análisis de la economía de posguerra en Europa.
Quiero añadir además que si, en las llamadas condiciones normales, la política juega un gran rol en la economía europea, este rol es el mismo que el que juega el aire en la respiración.
En condiciones de ascenso, en condiciones en que la economía busca espasmódicamente su equilibrio, tanto los factores políticos como militares, juegan un rol completamente diferente. Vimos esto en el caso de la ocupación del Ruhr. Los extranjeros capturaron vastos recursos naturales, la propiedad se transfirió de un país a otro. Se extrajo un tipo distinto de contribución, y los militares obstaculizaron las operaciones económicas. Y estas medidas semimilitares, tales como la creación de corredores artificiales, y la actual lucha por el caucho entre Gran Bretaña y los Estados Unidos, son una continuación más avanzada de los métodos del Ruhr, que puede transformarse en un factor colosal, enorme, en la economía. En otras palabras, vemos aquí no el libre o semilibre juego de las fuerzas económicas, al que estábamos acostumbrados a analizar en el período de preguerra, sino fuerzas estatales resueltas y concentradas que irrumpen en la economía, y esto amenaza con interrumpir o está interrumpiendo, los ciclos regulares o semiregulares, si es que estos llegan a notarse. Por consiguiente, uno no puede avanzar sin tomar en cuenta los factores políticos.
Me parece que al profesor Kondratiev le va aún peor en relación a esto cuando propone la teoría de las ondas largas. No conozco la historia de esta teoría. Personalmente recién tropecé con este tema alrededor de 1920 cuando vi, casi por primera vez, una nueva curva logarítmica que apareció en el suplemento de la edición de enero del periódico inglés The Times. Allí Kitchen, un viejo economista inglés, presentaba esa curva logarítmica. Y mirando esa curva yo comprendí por qué Marx se equivocó en 1849-50. Por primera vez él tuvo la esperanza de un inminente desarrollo de la revolución. Luego en 1851, Marx dijo que no se podía esperar una revolución en ese momento a causa de un ciclo ascendente en la economía, “pero”, dijo, “con la crisis que se viene, que es inevitable, la revolución será también inevitable”. De todas formas la crisis se produjo, pero la revolución no.
Entonces, si miramos la curva de Kondratiev, que muestra las condiciones de desarrollo de los procesos económicos básicos del capitalismo, comprendemos en qué consistía el error de Marx. En 1851 comenzó, no un simple ascenso en la curva económica, sino un nuevo período de gran ascenso del capitalismo. ¿Cuál era la esencia de esto? El capitalismo se desarrolla en ciclos. Los ciclos consisten en ascensos, interrupciones, depresiones, crisis, etc., pero la interrelación entre ascensos y crisis no es siempre la misma. Hay períodos de desarrollo capitalista en los que el ascenso y las crisis se dan muy juntos el uno de la otra y se equilibran mutuamente -este es un período de estancamiento y depresión (aunque no totales por cierto). Hay otros períodos cuando el ascenso en cada ciclo sobrepasa totalmente a la crisis que lo precedió y a la que lo sucederá, y entonces el siguiente ascenso sobrepasa aún más plenamente a la crisis que lo precede y a la que lo sigue. ¿Qué se desprende de aquí? Que todos estos picos son borrados por la historia cuando éstos se caracterizan en general por una curva ascendente. Toda la línea de desarrollo capitalista, en general, asciende frenéticamente.
En esa época Marx no podía tomar en cuenta -sólo observó el ascenso en el mercado- que se enfrentaba con una nueva época de ascenso, donde las crisis serían sólo temporarias y las vacilaciones débiles, y un ascenso las superaría rápidamente, conduciendo la economía a niveles más altos. No previó esto. La revolución no vino en 1859-60. En cambio hubo guerras asociadas con la unificación de Italia, luego tuvimos la guerra de Crimea, y después la guerra Franco-Prusiana. Cuestiones urgentes, cuestiones de Estado y de orden nacional fueron resueltas por medio de batallas. Fue a principios de los ‘70 del siglo XIX que comenzó una nueva línea de depresión, estancamiento.
En el Tercer Congreso de la Comintern yo hablé contra varios oponentes de izquierda. Demostré que no es obligatorio que una crisis, una situación en un momento particular inevitablemente y en forma ininterrumpida vaya a empeorar, sino que va a haber fluctuaciones de crisis. Se puede pensar así sobre la base de una curva de estancamiento con una tendencia a caer más aún o con una tendencia insignificante a subir, pero, en general, habrá un proceso de estancamiento, de decadencia en el capitalismo europeo, con fortalecimientos espasmódicos y con intentos de ascenso. Sin embargo también habrá oscilaciones en el mercado. Aunque se trate de un capitalismo moribundo, todavía respira, y está respirando, sus palpitaciones se expresan en curvas coyunturales y cíclicas.
Entonces en el libro del profesor Kondratiev yo me tropecé con el intento de mostrar grandes épocas (aparentemente en 1923 o 1924), que caracterizan ciertas secciones de la curva capitalista, como un nuevo ciclo de aproximadamente 50 años. Yo recuerdo que incluso escribí en algún lugar, tal vez en el Vestnik Sotsialisticheskoi Akademii[3], que esto era radicalmente erróneo. ¿En qué consiste aquí este ciclo? Carácter cíclico significa regularidad, exactitud, ritmo; el hecho de que se desarrolla a partir de las propiedades internas de la curva misma -en esto consiste un ciclo coyuntural. ¿Pero cómo podemos hablar de un ciclo en este caso? Si uno es desordenado cronológicamente como para inducirnos a error, entonces nuestra historia se construiría de forma tal que estas curvas parecerían tener aproximadamente la misma longitud -lo que en mi opinión, no es absolutamente el caso- y sería posible trazar gráficos, aunque sea en forma aproximada, de grandes extensiones. Pero si uno trata de hacer esto para países individuales, todo se desintegra en el polvo. Un país individual está sujeto al ciclo de Marx de conjunto; pero estas ondas largas no están supeditadas a un país individual.
Y en realidad esto es un error. Pero, una vez más, ¿cuál es el nudo del asunto? Las convulsiones en el desarrollo capitalista no surgen de la dinámica interna de los procesos capitalistas como tales, sino de las condiciones a las que los lleva su propio desarrollo, esto es, de la apertura de nuevos continentes, colonias y mercados para la actividad capitalista, o de los temblores militares revolucionarios que se atraviesan en su camino. Por ejemplo, aquí tenemos este nuevo y poderoso país, los EE.UU. ¿Puede crear estancamiento para Europa? Sí, puede. ¿Surge esto del ritmo interno del desarrollo europeo? No. ¿Y puede EE.UU. mantener a raya la revolución en Europa durante mucho tiempo? Si no hay revolución, entonces podrá hacerlo durante muchas décadas.
Me gustaría, como le encanta hacer al profesor Kondratiev, examinar la decadencia europea en una onda larga, pero las cosas no suceden así. De todas formas, si tomamos el ejemplo de la caminata, que yo utilicé en relación con las ondas cortas, las oscilaciones de la coyuntura cíclica expresan la dinámica de la marcha del capitalismo. Así es como se mueve el capitalismo. Pero hacia dónde va, si hacia un ascenso o una declinación, o si está empantanado, depende del relieve del terreno. Por cierto, aquí el relieve no es algo accidental, y va siendo modificado por el propio desarrollo del capitalismo, pero no en un proceso inmanente peculiar al desarrollo capitalista como tal. Existen profundas diferencias en esto, y me parece que el profesor Kondratiev es responsable en este punto.
No me queda claro, en la medida en que he formulado esta acusación, por así decir, de optimismo potencial con respecto al desarrollo del capitalismo, en qué forma demuestra el profesor Kondratiev que las fuerzas productivas de los EE.UU. están siendo ahora transferidas de ese país a Europa. Yo soy absolutamente incapaz de comprender esto. Aquí yo digo directamente, “maldición, no entiendo nada”. ¿En qué escala, dentro de qué límites, cuál es el peso específico de este proceso, de esta transferencia? Me parece que tenemos que estudiar los fundamentos de esto. ¿Qué significa esta transferencia parcial? Si tomamos el hecho generalmente reconocido de que EE.UU. es la potencia hegemónica de la economía mundial y luego hacemos un pronóstico referido al desarrollo de Europa como si ese hecho no existiera, no tomando en cuenta el creciente status de los EE.UU. como potencia mundial, entonces, estamos escribiendo un informe de manera irresponsable. Pienso que esto se ha vuelto un hecho reconocido por todos, y uno no tiene que discutirlo.
Entonces, si examinamos a los EE.UU. y tenemos en mente el hecho de que necesita de Europa, una Europa suficientemente fuerte como para pagar intereses y comprar esos productos que no pueden ser vendidos en ninguna parte, y al mismo tiempo, una Europa suficientemente débil como para no amenazar a los EE.UU., tanto en lo que respecta a disputarle los mercados, como a oponerse a su expansión (y aquí no me estoy refiriendo al peligro militar, al peligro naval o a un ataque por tierra), entonces aparece con claridad que EE.UU. tiene una política definida para Europa, de asignar un determinado rincón a Europa, y de mantenerla en los límites de este rincón. Esta es su política. Esto explica su opresivo rol pacifista en relación a Europa. Actúa de la misma forma que, digamos, haría un poderoso banquero calculador que financia a varios trusts que compiten mutuamente. Quiere recibir los intereses de cada uno de ellos. Es posible que los competidores accidentalmente se devoren unos a otros. Sin embargo la destrucción de uno significa la destrucción del otro, y no se puede permitir que este peligro se materialice. De aquí que la política de ese banquero girará en torno sobre todo de garantizar los pagos de intereses, pero, ciertamente, no de destruir la competencia, porque esto dejaría libres a los deudores y amenazaría el dominio del banquero. Por otra parte, permitir la mutua destrucción de los deudores también es impensable puesto que esto destruye las ganancias personales del banquero. Esta comparación grosera, pero en esencia verdadera, es más correcta aún en cuanto que los EE.UU. están yendo del capital industrial hacia una mezcla de capital industrial y financiero, con inversión bancaria más alta. Esta es la relación que hay entre EE.UU. y Europa.
Si en el proceso de sus relaciones con Europa cuando éste domina la economía europea como Gran Bretaña jamás lo hizo, puesto que la supremacía británica, desde el punto de vista actual, era una supremacía provinciana en términos de recursos, EE.UU. no ha realizado todavía todo su potencial, esto no quiere decir que no lo realizará en un futuro.
Si la revolución no se le pone en el camino, este potencial será realizado en un cien por ciento tal como lo exige EE.UU. La situación ya es tal que cuando Inglaterra intentó sacarse de encima a EE.UU. elevando el precio del caucho, sobre el cual posee un virtual monopolio, EE.UU. le mostró el puño y esta amenaza surtió efecto. EE.UU. tiene poderosas medidas represivas combinadas -económicas y financieras. La libra esterlina depende totalmente de los bancos norteamericanos; el poderío de EE.UU. es tan grande que ni siquiera precisa movilizarlo por completo. Así como en electrónica uno puede dirigir una enorme masa de energía usando una pequeña cantidad de ésta, EE.UU. puede dirigir la política de Gran Bretaña a través de algún miserable préstamo que desliza en el momento necesario, y que reasegura a la libra esterlina contra las oscilaciones coyunturales.
El préstamo acordado a Alemania dentro del Plan Dawes de 800 millones de marcos (400 millones de rublos) tiene el mismo carácter miserable -desde el punto de vista de las proporciones de preguerra, e incluso desde el punto de vista más favorable de las estimaciones contemporáneas de los recursos de Alemania, se puede ver que esto no es nada. ¿Y qué hicieron? Alemania fue empaquetada, y le pegaron estampillas encima -¡miren lo que hicieron! Y si tiene lugar una transferencia limitada de fuerzas productivas y recursos desde el banquero del otro lado del Atlántico hacia los deudores europeos en el marco de este proceso sin precedentes en la historia, de ninguna manera esto se reflejará en el balance de los grandes libros de contabilidad.
En Inglaterra se debería esperar un ascenso -esto es indudable. Ya ha comenzado. En Inglaterra seguramente hay una gran cantidad de crisis privadas temporarias producidas por su profunda crisis histórica que comenzó a aparecer agudamente a fines de la década de los ‘80 de siglo XIX, y que en última instancia se complicó en la guerra. Recientemente Inglaterra ha experimentado una crisis deflacionaria en conexión con la renovación de la paridad oro de la libra esterlina. En general este proceso es doloroso, pero para Inglaterra, un país exportador, es aún más doloroso. Pero cuando llega a su fin un período brutal de presiones espasmódicas ejercidas sobre el capital activo como resultado de un aumento brusco en los intereses bancarios, sólo perdura el proceso doloroso. Esto es lo que está ocurriendo ahora en Inglaterra. Por lo tanto, no era difícil pronosticar una cierta e inevitable mejoría a continuación de un período de terrible declinación.
¿Pero qué significa esto? Una inflexión técnica en la curva, pero de ningún modo un cambio en su dirección. Me parece que en lo que respecta a Inglaterra, los oradores expresaron demasiado optimismo, incluyendo al profesor Falkner, que habló del nuevo y fortalecido rol internacional de Inglaterra. Yo admito que habrá varias mejoras si comparamos con ese momento terrible en que Inglaterra tuvo que ir a mendigar a la Bolsa de Nueva York un préstamo de 600 millones de dólares. Pero esas mejoras se darán contra el telón de fondo de la real decadencia inglesa. Por casualidad, tengo un documento muy interesante cuyo autor no tenía la intención de publicar (en todo caso no lo recibí a través de la prensa sino de otros medios), es decir, son informes confidenciales de Klain, el director de la Oficina de Comercio Interior y Exterior adjunta al Ministerio de Comercio de EE.UU. Aquí, él resume la situación europea, y dice que se pueden notar varias mejoras en Europa debido, ciertamente, a la brillante intervención del capital norteamericano. En esto, yo no concuerdo con él. Yo concuerdo con Aizenshtadt en que el capital norteamericano trabaja para el saqueo, y que sus rasgos negativos sólo cambian muy poco en aquellos casos en que se lo recibe como préstamo.
Entonces Klain en el mismo informe secreto donde alegremente y en forma muy optimista describió la situación de Europa -y desde este punto de vista lo podríamos haber invitado para que fuera nuestro quinto orador- habló así de Inglaterra: “El único punto oscuro en el sentido más general, si excluimos, por cierto, la situación financiera de Francia e Italia -si excluimos dos pequeños detalles- y luego admitimos -tampoco nada pequeño- la comparativamente lenta recuperación de Alemania”. Es decir que, en general, todo marcha maravillosamente: Alemania no tiene dinero, Francia no tiene dinero, Italia de ninguna forma está mejor, “y Gran Bretaña está como si se hallara en una situación comercial incierta”. Como podemos ver, se trata de otro economista cauto. Yo no quiero ser demasiado pesimista puesto que Inglaterra es nuestro mejor cliente y nuestro más fiel aliado en principios económicos (pero esto no cambia la evaluación). “Pero hay una cantidad de factores que evolucionan allí, que alimentan, según creo, serias elucubraciones”. ¿Cuáles son estos factores? “Existen allí terribles impuestos, que en la opinión de varios observadores, podrían ser descriptos como codicia y en particular de dinero, por decirlo en forma cortés...”
En general este cuadro es absolutamente correcto. Gran Bretaña se está sofocando a raíz de un peculiar conservadurismo económico y técnico que creció sobre la base de su posición privilegiada, y sobre la base de su primogenitura capitalista que previamente había tratado de capturar Alemania para sí misma y que EE.UU. se ha asegurado actualmente para sí. Todos estos rasgos heredados de conservadurismo técnico y económico le pesaban a cada paso. Por ejemplo, en Inglaterra la industria de los motores eléctricos está en estado lamentable, y tiene baja rentabilidad. Recientemente recibimos noticias por telégrafo de que Baldwin estaba estableciendo una especie de comisión con el objeto de consolidar la industria de los motores eléctricos, y las usinas eléctricas, para rectificar la situación desesperada en la cual se encuentra la tecnología eléctrica inglesa en comparación con la norteamericana. ¿En qué dirección está Inglaterra descubriendo una salida para esta situación? Con el crecimiento de los EE.UU., el conservadurismo inglés se revela cada vez más. La desocupación en Inglaterra no es una desocupación normal en la forma de un ejército de reserva; se ha transformado en un coágulo que, en este organismo languideciente, no se disuelve. ¿Y en qué solución están pensando? Ninguno de los oradores lo mencionó. Yo no la veo. Por eso pienso que quienes critican al profesor Kondratiev desde el punto de vista de su pronóstico, tienen razón. ¿De dónde salió 1849? De la teoría de los ciclos, de la teoría de las ondas largas, pero nosotros vemos -como he tratado de demostrar- que deberíamos mirar las ondas cortas con precaución, y aún más cuando se trata de las largas. ¿Quizás esto surge de un análisis económico, de un análisis de la situación económica, de los procesos económicos? A pesar de que yo no soy escéptico con respecto a ciertas partes del pronóstico, si uno hace un pronóstico sobre la base de un análisis materialista, se debe tomar en cuenta que el estado de nuestros métodos actuales de probabilidad para los análisis, de ningún modo permiten tal grado de exactitud; y, mientras tanto, el pronóstico optimista le da al capitalismo un respiro de 15 años. Se pueden hacer muchas cosas en 15 años, incluyendo el tema de nuestra conferencia. No, yo pienso que no podemos garantizarle al capitalismo un respiro de 15 años en el debate de esta noche.
El profesor Bukshpan dijo que una posible perspectiva futura es que Europa va a producir cada vez más bienes de lujo al contrario que los EE.UU., que se está especializando en mercancías para las grandes masas. Pero se puede ver que Inglaterra no sabe dónde vender sus mercancías aristocráticas. ¿Dónde va a vender Europa sus productos? Se necesita descubrir un mercado. Esta es una conclusión automática. ¿Europa va a producir mercancías aristocráticas para los EE.UU.? Esto no va a ocurrir. A pesar de su riqueza EE.UU. lleva adelante una política muy estricta en relación con la importación de bienes de lujo desde Europa y, en particular, en relación con nosotros. En todo caso si el rol de Europa llegara a ser el de joyero de los EE.UU., el de vender abanicos y botines elegantes para las damas norteamericanas, entonces ¡adiós Europa! Pero es absolutamente imposible dilapidar varios millones de vidas europeas en esta forma.
Aún más trabajo de adivinación implica representarse las tendencias de desarrollo de los EE.UU. que ha colocado a Europa en tal situación; el pronóstico en relación a Europa está indudablemente más claro: se trata de un mejoramiento temporario, es un espasmo, es un ascenso de carácter menor contra la presión en continuo aumento de los EE.UU. Se puede hablar de los EE.UU. de dos formas. Contemplo las dos variantes. Si el poderío económico de los EE.UU. crece en los próximos 10 a 20 años o en esos 15 años que el profesor Kondratiev le ofrece al mundo capitalista, y si en el curso de esos 15 años EE.UU. se desarrolla al mismo ritmo al cual se ha venido desarrollando en las últimas décadas, ¿a expensas de quién lo va a hacer? Sobre todo, a expensas de Europa. No sólo no le va a dar a Europa la posibilidad de restablecer su posición en el mercado mundial, sino que la va a hacer retroceder de las posiciones que todavía le quedan hoy en día, y dada la tecnología y organización norteamericanas, ciertamente esto no es difícil. Lean lo que han escrito recientemente los europeos sobre el desarrollo económico de EE.UU.; los observadores económicos, tanto teóricos como prácticos, hablan de Estados Unidos de esta forma:“el ritmo de desarrollo de EE.UU. es una terrible amenaza...”. Si en los próximos 15 años EE.UU. se va para arriba, entonces va a ser a expensas de Europa. ¿Y qué significa esto para Europa? Las perspectivas para Europa son revolucionarias. ¿Y qué significa, por el contrario, que el desarrollo de EE.UU. se demore? Un furibundo crecimiento del militarismo norteamericano porque en un desarrollo retrasado la presión económica busca una salida en esta dirección. El capital y la metalurgia pesada harán esta exigencia al presidente, al gobierno y al Senado: construyan barcos, amplíen los programas. No es casual que se vea a EE.UU. proponiendo el desarme de Francia, el desarme de la Unión Soviética, pero sin participar en ninguna conferencia, y sin querer desarmarse ellos. Para ellos la Conferencia de Washington[4], donde desarmaron a Alemania, es suficiente. Yo dije en uno de los Congresos de la Comintern que alrededor de 1925 EE.UU. y Gran Bretaña inevitablemente chocarían entre sí en relación al asunto de las flotas inglesa y norteamericana. La izquierda me acusó de dejar de lado la revolución hasta esta guerra, que recién tendría lugar en 1923-24. Pero yo no postergué ninguna revolución, puesto que no estaba conduciendo ninguna. Sólo trataba de determinar las tendencias del desarrollo. Inglaterra acumuló su hegemonía sobre la base de su posición en el mundo y sobre la supremacía colosal de su flota, no sólo creando un mercado para su industria pesada, sino también actuando como una herramienta para la captura de mercados para la industria pesada y liviana hasta el punto de que forzó a los chinos a comprar opio a la India. Pero los programas de construcción de barcos de Inglaterra y de EE.UU. fueron tales que en 1923-24 Inglaterra debería haber sido relegada a un segundo lugar, y yo dije ¿realmente Inglaterra va a resignar su posición? Aquí estábamos hablando de guerra. Pero Inglaterra cedió su lugar sin guerrear, a través de medios diplomáticos. Entonces me dije, primero, que Inglaterra no es a partir de ahora una potencia de segundo orden, sino una potencia que quedó muy por detrás de la actual potencia líder, EE.UU., y que el antagonismo mundial básico es el que se da entre EE.UU. e Inglaterra, y que todos los demás antagonismos son de segundo o tercer orden. EE.UU. se apoderó del primer lugar sin haber sacado su espada, sin haber disparado un tiro, y organizando una sola Conferencia de Washington. EE.UU. continúa construyendo su flota, inferior a la Inglesa en su dotación, pero todavía tenemos que comprobar en la práctica el valor de las tradiciones navales inglesas. La flota alemana mostró su primacía cualitativa sobre la inglesa, aunque era enormemente inferior a aquella en términos cuantitativos.
En el artículo del camarada Feldman, las consideraciones sobre el curso del desarrollo de EE.UU. tomaron una forma algorítmica. Él llegó a la conclusión de que el desarrollo de Norteamérica se basaba cuanto mucho en un callejón sin salida, y que el ascenso actual no es nada en comparación con el de décadas pasadas. Si esto es verdad, no se justifica que construyamos perspectivas de desarrollo mundial pacífico. El ascenso hasta la cima de EE.UU., en la medida que se dé sin sacudidas, llevará a Europa a un callejón sin salida económico, y Europa o bien decaerá igual que decayó el Imperio Romano, o experimentará un renacimiento revolucionario. Pero en el momento actual no se puede hablar de la decadencia europea. Si el desarrollo económico de EE.UU. se frena, sus poderosas fuerzas buscarán una salida en la guerra. Esta será su única oportunidad de superar las deformaciones que resultan de las circunstancias de su desarrollo económico. Esta deformación se mueve como un núcleo [de un huracán]. Un núcleo tal, lleno de fuerza colosal y retrasado, podría causar una terrible cantidad de destrucción dentro del país.
Examinemos entonces la situación del proletariado. Con respecto a Inglaterra, no queda nada de la anterior posición aristocrática del proletariado inglés. Nuestro trato fraternal con los sindicatos ingleses se basa en la declinación económica de Inglaterra. Ahora la clase trabajadora de EE.UU. ocupa el lugar privilegiado. Una demora en el desarrollo económico para EE.UU. significaría enormes cambios en la interrelación de fuerzas internas y, en consecuencia, también significaría un movimiento revolucionario que surgirá con la característica velocidad norteamericana. De tal manera, con las dos posibles variantes para EE.UU. nosotros prevemos grandes cataclismos en las décadas que vienen, y no acontecimientos pacíficos. Recientemente un artículo del Economist norteamericano declaraba: “Hemos alcanzado tal nivel de desarrollo que necesitamos una guerra en gran escala”. De la misma forma que se necesitan terneros gordos para alimentar una gran ciudad, así el Economist anuncia que, como lo ilustró la experiencia de la última guerra, EE.UU. necesita una guerra en gran escala. Los imperialistas norteamericanos tienen una preferencia, pero no por el desarrollo pacífico.
Ahora volvamos a Francia. No es verdad que Francia esté experimentando su crisis deflacionaria en forma indolora. ¿Dónde vemos esto? En primer lugar, en Francia, existía un bloque nacional que en el primer y en el segundo períodos, aumentó monstruosamente la inflación, engañó y robó a la pequeña burguesía, y luego perdió su apoyo porque la pequeña burguesía fue la que más sufrió la inflación. Fue sobre este terreno que se dió un cambio en el gobierno; el bloque nacional tuvo que abandonar su lugar a manos de la izquierda porque no pudo resolver los problemas monetarios. Primero vino Herriot y luego Painlevé del primer y segundo ministerios, y finalmente Briand[5]. Que Francia es un país rico es más o menos cierto. Pero este país también tiene contradicciones sociales que se están agudizando; un país donde tanto los pequeñoburgueses como los campesinos están sufriendo mucho. Me inclino a creer las estadísticas que mostró Falkner, donde se calcula el ingreso nacional francés, pero se puede ver que, en general, es muy difícil calcular el ingreso nacional de cualquier país, y esos cálculos incluyen, sin ninguna duda, la incertidumbre de varios coeficientes. En modo alguno quiero hablar en contra de la capacidad de Falkner o su honestidad científica, de las cuales no tengo dudas, pero se puede ver que es posible referirse a los hechos en forma más crítica y cínicamente. Esto depende de la intención básica en un tema dado. En Francia existe el problema de la deuda, y hasta el día de hoy, no se ha hecho nada para resolver este problema. Mientras tanto, EE.UU. exige la resolución de este tema, y sin la ayuda de EE.UU. Francia no irá a ninguna parte. ¿Pero cómo va a resolver Francia este problema? Francia es un país rico en el sentido de que algunos tienen muchísimo y otros no tienen nada. Pero los que tienen no quieren dar, y los que no tienen no pueden contribuir con nada. Si se les va a robar a los obreros y a los burgueses, va haber enormes desacuerdos y críticas. La pequeñoburguesía francesa tiene tradición revolucionaria. ¿Realmente a Poincaré, Clemenceau y Millerand[6] no les interesa el poder? Sin embargo, renuncian unos tras otros, oliendo que la comida se quema, porque saben reconocer el peligro. Incluso con un partido proletario débil que vive como un espectro revolucionario de las banderas de la Comuna de París, e incluso con sindicatos débiles, en Francia es posible que las fuerzas revolucionarias masivas y dinámicas de la pequeño-burguesía y el campesinado franceses, todos los cuales han perdido sus hijos y sus ahorros en la guerra, podrían desarrollarse inmediatamente. Es verdad que se puede llegar a la deflación: tomen a la gran burguesía, a los bancos, a los grandes empresarios metalúrgicos por el cuello y oblíguenles a pagar, pero puesto que Francia tiene la más grande deuda y crisis de la moneda, esto llevaría a un tremendo aumento de los intereses bancarios, a una declinación en el rendimiento del capital, y a la crisis industrial. Los políticos franceses miran la cuestión de la deflación no tan alegremente como nuestros profesores soviéticos.
Se pretende que el conjunto de Europa irá a encontrar alguna solución a su situación comprometida. En realidad, Europa no está ahora en la situación que estaba en noviembre de 1918, o en enero de 1923, cuando Poincaré ocupó el Ruhr. Con respecto a las dificultades para recuperarse en el momento actual, esa situación no puede durar eternamente. Europa vive. Los métodos de recuperación -la Conferencia de Washington, retirando a Europa hacia el asiento trasero y empeorando la posición de Inglaterra; y después, el Plan Dawes para el conjunto de Europa- significa atar a Europa con el lazo norteamericano. En el corto plazo esta es indudablemente una salida para una situación desesperada e incluso una situación de guerra; pero en el largo plazo Alemania va a volver a respirar, y otra vez comenzará a sofocarse. Hace dos años la industria alemana trabajaba con velocidad extraordinaria, y ahora estamos presenciando una terrible crisis en donde hay miles de quiebras, las fábricas se venden a extranjeros, y millones son arrojados a la desocupación. ¿Puede haber realmente una expresión más clara de la situación sin esperanzas de Alemania y de la Europa toda? Antes de la guerra, Alemania poseía una versatilidad y una capacidad de adaptación colosales, y luego las presiones de Inglaterra y de la misma guerra la acostumbraron a una flexibilidad especial. Todos los hábitos de los capitalistas germanos, que se contentan con pequeños beneficios, y de los sufridos trabajadores alemanes, que se satisfacen con bajos salarios luego de terribles años de hambre, todo esto, sin embargo, no servirá para vencer esta terrible crisis. Estos hechos, ¿no son suficiente ilustración de la condenada situación de Europa?
Ahora luego de Locarno[7] y el plan Dawes, hay negociaciones tendientes a formar los Estados Unidos de Europa, y yo, a juzgar por las palabras del profesor Falkner, soy una especie de apóstol en relación con esta teoría[8]. Agradezco al profesor Falkner por recordar lo que yo escribí, pero yo dije algo ligeramente diferente sobre este asunto. Aquí ha ocurrido algo similar a lo que Gretchen le agregó a la explicación de Fausto. Cuando Fausto se expresó en un espíritu jacobino y ateo suficientemente claro, Gretchen dijo: “Tu estás diciendo exactamente lo que el pastor dijo en el templo, pero con palabras un poco distintas”. El pastor en el templo dijo algo diferente. Yo hablé de los Estados Unidos socialistas de Europa y de la dictadura del proletariado. Yo tenía en mente que Europa, atrapada en un callejón sin salida, no sobreviviría a esas particiones internas. La situación contemporánea en Europa y el crecimiento de EE.UU. apoyan nuestro pronóstico. Dijimos que bajo las actuales particiones y fronteras, la situación de Europa no tiene esperanzas, y que esto tiene como resultante la balcanización de Europa, cuestión que recordé al Segundo Congreso de la Internacional Comunista. Ludwig Dek, a quien yo cité, está convencido de que una Europa balcanizada será pisoteada bajo el peso de EE.UU. Lo mismo dijo un burgués alemán en un libro recientemente publicado. Así que, de un lado Briand y del otro los alemanes derramaron ríos de sangre para superar la competencia y la expansión -y ahora hablan de los Estados Unidos de Europa. Esto significa la decadencia total, el descreimiento en la posibilidad del desarrollo y la conciente vulnerabilidad frente al poderío creciente de Estados Unidos. La pequeño burguesía sueña tímidamente con la unificación, no porque le provoque rechazo, sino simplemente para existir; no para engordar, sino para mantenerse viva. Esta es la psicología de los actuales gobiernos europeos. No voy a ser optimista por cuenta de ellos.
Ahora es necesario dedicar algunas palabras para evaluar la situación económica de la URSS. Por cierto, nosotros tenemos una influencia mínima en el mercado mundial, y estamos todavía activos en el mercado mundial sólo en una medida muy modesta. Sin embargo, seremos de decisiva importancia para una Europa socialista. Una Europa socialista unida a nosotros sería invencible frente a EE.UU. Si fuéramos el enemigo en la retaguardia, el proletariado europeo no tendría ninguna chance contra los EE.UU. capitalistas. Pero con una retaguardia tan poderosa como nuestro país, de su lado, el proletariado europeo que formará una Federación Socialista o Estados Unidos Socialistas, junto con nosotros constituiría una gran fuerza magnética para el Asia. Si hoy en día hubiera un bloque compuesto de nosotros y los Estados Unidos de Europa, y vendiéramos mercancías al Asia a un precio justo, Asia se alinearía detrás nuestro, y el camino de una Europa Socialista hacia el Asia pasa por la URSS. Entonces EE.UU. no podría hacer a un lado a Europa. Los Estados Unidos de Europa contra Norteamérica -esta perspectiva es completamente realista, y se pueden hacer pronósticos en este sentido-.
Si el mundo capitalista pudiera ahora generar un nuevo ascenso orgánico, y si encontrara un nuevo equilibrio como base para un desarrollo ulterior de las fuerzas económicas, nosotros, como Estado socialista, colapsaríamos. Se puede ilustrar esto en forma teórica y práctica en dos palabras. Teóricamente, porque un ascenso del capitalismo en Europa crearía una tecnología colosal para la burguesía, y cambiaría la psicología del proletariado. Si el proletariado ve que el capitalismo puede levantar la economía nacional, esto se reflejará inevitablemente sobre la clase obrera que trató de hacer una revolución, fue aplastada, y experimentó un desengaño. Si el capitalismo lleva la economía hacia arriba, habrá conquistado al proletariado por segunda vez, arrastrando a las masas tras él. Desde el punto de vista teórico, vemos que el socialismo tiene derecho a existir precisamente porque el capitalismo no es capaz de desarrollar las fuerzas productivas. Nuestra revolución creció sobre bases económicas, y antes de la revolución éramos parte integrante de la economía mundial. Si el capitalismo es capaz de desarrollar las fuerzas productivas, tendríamos que llegar a la conclusión de que nos equivocamos de raíz en nuestro pronóstico -el capitalismo es una fuerza progresiva, desarrolla sus fuerzas más rápido que nosotros; el bolchevismo llegó al poder demasiado pronto, y la historia castiga muy rudamente a los nacimientos prematuros. Esto sería así si el pronóstico optimista para el capitalismo tuviera alguna base. ¿Pero tiene alguna base? Es difícil de demostrar. Pero por el momento la burguesía no ha podido probarlo, y no puede hacerlo. En Europa no hay ningún desarrollo de las fuerzas productivas. Lo que están sucediendo son crisis y una fractura de las fuerzas productivas disponibles -este es el hecho básico-. Por lo tanto debemos decir que el socialismo tiene derecho a existir, a desarrollarse y a todas las esperanzas de victoria.
El capitalismo europeo -para nosotros el más próximo y el más peligroso- con cada año de su existencia de posguerra muestra que Europa no está aumentando las fuerzas productivas, y que EE.UU. no está aumentando las fuerzas productivas en la medida en que lo harían si los métodos socialistas de organizar la economía fueran aplicados a la tecnología norteamericana. Si se aplicaran los métodos socialistas a las normas norteamericanas, a la cinta transportadora de Ford, las fuerzas productivas crecerían mucho mas rápidamente.
En Europa no están creciendo en absoluto.
Se necesita un nuevo enfoque de las cuestiones que hemos examinado, no un enfoque abstracto-teórico, sino uno claro y racional. Tenemos que explicar el estado lamentable de Europa y la presión que ejerce EE.UU. sobre ella, y preguntar: ¿qué tenemos que hacer con Europa, con nosotros y también en parte con Asia para mejorar la economía mundial?
Estas cuestiones surgen naturalmente de nuestra situación. Un año antes o un año después la historia las va a plantear por su cuenta, y hoy debemos ponerlas delante de nosotros teóricamente.

[1] Publicado originalmente en Planovoe Khozyaistvo, enero de 1926. Los editores originales realizaron la siguiente aclaración: “Este artículo ha sufrido algunas correcciones de estilo a partir de la versión taquigráfica del discurso del camarada Trotsky en el Club de Negocios sobre los informes organizados el 18 de enero de 1926 por el Consejo Económico Industrial del Ministerio de Planificación de la URSS, sobre las tendencias en el desarrollo de la economía mundial para 1919-1925, hechos por los profesores Bukshpan, Kondratiev, Spektator y Falkner. Por falta de tiempo, el autor no pudo examinar el informe taquigráfico.” Traducción especial del inglés para esta edición de la versión publicada en The Ideas of Leon Trotsky, Hillel Ticktin-Michael Cox, Ed. Porcupine Press, 1995, Londres, pág. 355.
[2] El alto ritmo de crecimiento industrial al que se refiere Trotsky se debía mayormente a las empresas existentes que se volvieron a usar bajo la NEP, más que a plantas nuevas que iniciaban su operación.
[3] Trotsky se refiere aquí a su artículo La curva del desarrollo capitalista aparecido en esta revista en su número 4, de 1923 (ver pág. 69 de esta edición).
[4] La Conferencia de Washington tuvo lugar en Washington entre el 12 de noviembre de 1921 y el 6 de febrero de 1922. Fue llamada por iniciativa del gobierno de EE.UU. para discutir el equilibrio militar y las áreas de actividad imperialista. Se llegó a una cantidad de acuerdos, incluyendo el acuerdo de las Cuatro Potencias (EE.UU., Inglaterra, Francia y Japón) que se garantizaban mutuamente los territorios de cada potencia en el Pacifico. Esto fue el fin efectivo de la Alianza Anglo-japonesa, considerada por EE.UU. como un obstáculo para su influencia en el Lejano Oriente. El acuerdo de las Cinco Potencias (EE.UU., Inglaterra, Francia, Japón e Italia) estableció limitaciones sobre el tamaño de la flota de cada una de ellas. Inglaterra aceptó la exigencia de EE.UU. de que se lo considerara en paridad de fuerzas con aquella. Finalmente el acuerdo de las Nueve Potencias (EE.UU., Inglaterra, Francia, Japón, Italia, Bélgica, Holanda, Portugal y China) resolvió mantener la política de “puertas abiertas” en China.
[5] Eduard Herriot (1872-1957): fue elegido líder del Partido Radical Francés en 1919. Ocupó varios puestos en el gobierno francés, incluyendo Ministro de Acción Social, Transporte y Suministros (1916-1917), Primer Ministro y Ministro de Relaciones Exteriores (1924-1925), Primer Ministro (1926), Ministro de Educación (1926-1928) y otra vez Primer Ministro (1932). Paul Painlevé (1863-1933): era un matemático cuya carrera política comenzó en el caso Dreyfus. Fue dos veces Primer Ministro de Francia, en 1919 y en 1925. Aristide Briand (1862-1932): fue excluido del Partido Socialista Francés en 1906 por unirse al entonces gobierno “burgués”. Fue Primer Ministro francés en muchas ocasiones entre 1909 y 1929, y Viceprimer Ministro durante 1914-15. Fue 17 veces Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, las más notables durante 1915-17, 1921-24 y 1925-31. Premio Nobel de la Paz en 1926.
[6] Raymond Poincaré (1860-1934): ocupó varios puestos en el gobierno de Francia, incluyendo el de Primer Ministro y Ministro de Relaciones Exteriores (1912-13), Presidente (1913-20) y Primer Ministro (enero de 1922-junio de 1924, julio de 1926-noviembre de 1928 y noviembre de 1928-julio de 1929). Georges Clemenceau (1841-1929): ocupó varios puestos en el gobierno francés, incluyendo Ministro de Asuntos Internos (marzo-octubre de1926), Presidente del Consejo de Ministros (octubre de 1906-julio de 1909) y Primer Ministro (noviembre de 1917). Dejó la política luego de ser derrotado en las elecciones presidenciales de 1920. Alexandre Millerand (1859-1943): fue excluido del Partido Socialista Francés en 1904 luego de formar un grupo de Socialistas Independientes. Fue elegido presidente de Francia el 24 de setiembre de 1920, puesto que mantuvo hasta que los partidos reformistas de izquierda llegaron al poder en 1924.
[7] La Conferencia de Locarno se reunió en Locarno, Suiza, del 5 al 16 de octubre de 1925. Participaron representantes de Bélgica, Inglaterra, Alemania, Polonia, Francia y Checoslovaquia. La conferencia garantizó el statu quo de las fronteras occidentales de Alemania y discutió la entrada de Alemania en la Liga de las Naciones.
[8] La nota del camarada Trotsky es una respuesta al siguiente pasaje del discurso del profesor Falkner: “La actual consigna de la Europa capitalista contemporánea es la de la formación de los Estados Unidos de Europa. La creación de los Estados Unidos de Europa tiene el objetivo de determinar aquellas nuevas barreras comerciales que se formaron después de la guerra, y aquellas nuevas demarcaciones políticas que cambiaron a Europa. La creación de los Estados Unidos de Europa tiene el objetivo de resolver las verdaderas cuestiones de política económica internacional. Debo recordarles que la consigna de Estados Unidos de Europa fue planteada por primera vez en la Rusia Soviética por León Trotsky, y ahora, varios años después la Europa capitalista está, ella misma, planteando esta consigna. Esto muestra que esta consigna no eran meras palabras vacías. Se ha hablado y escrito mucho recientemente sobre las posibilidades de realizar esta consigna. Yo pienso que su realización, a pesar de las conferencias que se montaron ante la invitación de Luther de unirse a la Liga de las Naciones, las conferencias económicas a las cuales nuestro gobierno decidió enviar a sus representantes, de acuerdo a lo informado por los diarios hace dos días, a pesar de las demandas que se alzan a favor de la creación de organismos interestatales, internacionales, yo pienso que las posibilidades son pequeñas. Yo pienso que este problema no será resuelto porque el complejo de contradicciones es muy complicado y sus distintos aspectos serán una carga para los diferentes grupos económicos de la Europa contemporánea. Yo pienso que la resolución de las importantes cuestiones organizativas de la Europa contemporánea no es una tarea de federalización. La federación de los principales grupos capitalistas, con la activa participación de EE.UU., los trusts y cartels internacionales de las ramas importantes de la industria -este es el resultado que se podrá notar del carácter capitalista de Europa en la próxima época” (Nota de la edición original en ruso).



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