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Discurso en el II Congreso de toda Rusia de maestros internacionalistas

Vladimir I. Lenin18 de enero de 1919

 

Tomado de la versión publicada en V. I. Lenin, Obras Completas, Tomo XXX, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1970.

 

El II Congreso de toda Rusia de maestros internacionalistas se reunió en­tre el 12 y el 19 de enero de 1919 en Moscú. La Unión de Maestros Internacionalistas fue formada poco después de la organización del Comi­sariato del Pueblo de Instrucción Pública y prestó a éste gran ayuda en su labor. Esta Unión desempeñó importante papel en la lucha contra la antigua Unión de Maestros de toda Rusia (disuelta en diciembre de 1918), cuya dirección, integrada por eseristas y kadetes, tomó una posi­ción contrarrevolucionaria, hostil al poder soviético. La Unión de maes­tros internacionalistas agrupó a los maestros que difundían las ideas del socialismo y luchaban activamente contra los sectores políticamente atra­sados del magisterio que sostenían que la escuela debía mantenerse al margen de la política y separada del Estado.

En su discurso de saludo Lenin planteó la tarea de crear un sindi­cato de maestros "más amplio y que, en lo posible abarcara a todos los maestros". En la resolución que aprobó el Congreso se planteó la ne­cesidad de organizar una "Unión de trabajadores de la instrucción y de la cultura socialista" de toda Rusia. El Congreso escuchó varios informes sobre la escuela de trabajo única y elaboró una serie de medidas para mejorar el trabajo cultural y educativo en el Ejército Rojo.

 

(Atronadores aplausos que se trasforman en ovación.) Camaradas, saludo a este Congreso en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo. Los maestros enfrentan hoy tareas de la mayor importancia. Espero que después del año que acabamos de pasar, después de un año de lucha, después de lo ocurrido en las relaciones internacionales, la lucha que se desplegó entre los maestros (entre los que desde el primer momento se declararon en favor del gobierno soviético y se comprometieron a trabajar por la revolución socialista, y los que hasta ahora han permanecido fieles al antiguo régimen, a los antiguos prejuicios de que la enseñanza puede seguir basándose en el antiguo régimen) tiene que terminar y en realidad está terminando.

No cabe duda de que la enorme mayoría de los maestros que están cerca de la clase obrera y de los campesinos trabajadores están ahora convencidos de que la revolución socialista está profundamente arraigada y se extiende, en forma inevitable, en el mundo entero. Y creo que ahora la enorme mayoría de los maestros se pasará abiertamente del lado del poder de los trabajadores y explotados en la lucha por la revolución socialista, y contra aquellos maestros que hasta la fecha siguen aferrados a los antiguos prejuicios burgueses, al antiguo régimen y a las hipocresías, y piensan que algo de ese régimen podrá salvarse.

Una de esas hipocresías burguesas es la creencia de que la escuela puede mantenerse al margen de la política. Ustedes saben muy bien qué falso es esto. La burguesía misma, que defendía ese principio, hizo que su propia política burguesa fuera la piedra angular del sistema educacional y trató de reducir la enseñanza a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de reducir incluso toda la educación, de arriba abajo, a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de esclavos e instrumentos del capital. Jamás pensó en hacer de la escuela un medio para desarrollar la personalidad humana. Hoy resulta claro para todos que todo esto sólo pueden realizarlo las escuelas socialistas, que tienen vínculos indisolubles con todos los trabajadores y explotados y apoyan de todo corazón la política soviética.

Naturalmente, la reforma de la educación no es cosa fácil. Y, por supuesto, se han cometido errores y aun se cometen, como son los intentos de tergiversar el principio de los vínculos existentes entre la educación y la política y darle un significado burdo y deformado. Se hacen torpes intentos de poner la política en la mente de la joven generación, cuando no está suficientemente preparada para ello. Es indudable que siempre tendremos que luchar contra esa burda aplicación de este principio fundamental, pero hoy la tarea más importante de aquellos maestros que han adherido a la Internacional y al poder soviético, es dedicarse a organizar un sindicato más amplio, que en lo posible abarque a todos los maestros.

En la Unión de ustedes, la Unión de los internacionalistas, no hay lugar para la antigua Unión de educadores que se aferró a prejuicios burgueses y demostró una absoluta incomprensión. Luchó más que nadie en defensa de esos privilegios, incluso más que otros encumbrados sindicatos formados en los comienzos de la revolución de 1917, a los que hemos combatido en todos los terrenos. En mi opinión, la Unión internacionalista de ustedes muy bien puede convertirse en un sindicato único de maestros que adhiera, como los demás sindicatos (como lo ha demostrado claramente el II Congreso de toda Rusia de Sindicatos), a la política del gobierno soviético. La tarea que enfrentan los maestros es inmensa. Tendrán que luchar contra los restos de negligencia y desunión que nos dejó la última revolución.

Me referiré ahora a la propaganda y a la agitación. Es muy natural que aún prevalezca la desunión en todo el ámbito de la propaganda y la educación si tenemos en cuenta la falta de confianza en los maestros, producto del sabotaje y los prejuicios del sector burgués del gremio docente, habituado a pensar que sólo los ricos tienen derecho a una verdadera educación, en tanto que a la mayoría de los trabajadores sólo hay que educarlos para que sean buenos sirvientes y buenos obreros, pero no verdaderos amos de la vida. Esto condena a un sector de maestros a un círculo estrecho, al de la seudoeducación, y ha impedido que pudiéramos organizar en debida forma un aparato único en el que pudieran unirse todas las fuerzas docentes y colaborar con nosotros. Sólo lo lograremos cuando desechemos los viejos prejuicios burgueses, y aquí es donde entra en juego la unión de ustedes, cuya tarea es atraer a su círculo a las amplias masas de maestros, educar a los sectores más atrasados del gremio docente, lograr que acaten la política general del proletariado y unirlos en una organización común.

Los educadores tienen una gran tarea entre manos en la organización sindical en la situación por la que atraviesa nuestro país, cuando se definen con claridad todos los problemas de la guerra civil y cuando los demócratas pequeño burgueses se ven obligados por la lógica de los hechos a pasarse al campo del poder soviético; pues han comprobado por sí mismos que cualquier otro camino que tomen, quiéranlo o no, los empujará a defender a los guardias blancos y al imperialismo internacional. Ahora que el mundo entero se enfrenta con una tarea fundamental, el problema es: o reacción extrema, dictadura militar y ejecuciones (de lo cual tenemos claros ejemplos en Berlín) o esta reacción desenfrenada de los inhumanos capitalistas, que sienten que no quedarán sin castigo por estos cuatro años de guerra y que están por lo tanto dispuestos a cualquier cosa, a seguir empapando la tierra con la sangre de los trabajadores, o bien la victoria total de los trabajadores en la revolución socialista. No existen hoy términos medios. Por ello, los maestros que desde el comienzo mismo adhirieron a la Internacional y que hoy comprenden con claridad que sus adversarios entre los maestros del bando contrario no pueden oponer una resistencia seria, deben lanzarse a una actividad mucho más amplia.

La Unión de ustedes debe convertirse ahora en una amplia Unión de maestros que abarque a una gran cantidad de maestros, en una unión que adhiera resueltamente a la política soviética y a la lucha por el socialismo mediante la dictadura del proletariado.

Esta es la fórmula aprobada por el II Congreso de Sindicatos que en estos momentos está sesionando. El Congreso exige que todos los que se dedican a una profesión determinada, a un tipo de actividad determinada, deben agruparse en un sindicato único.

Declara al mismo tiempo que el movimiento sindical no puede permanecer al margen de las tareas fundamentales de la lucha por la liberación del trabajo del yugo del capital. En consecuencia, sólo aquellas uniones que reconozcan la lucha de clase revolucionaria por el socialismo mediante la dictadura del proletariado pertenecerán con plenos derechos a los sindicatos. La de ustedes es una Unión de este tipo. Si adoptan esa posición, se asegurarán el éxito en la tarea de atraer a su lado a la gran mayoría de los maestros y en el trabajo por lograr que la ciencia y el saber dejen de ser patrimonio de los privilegiados, que dejen de ser un medio para fortalecer la posición de los ricos y los explotadores, y se conviertan en un arma para la liberación de los trabajadores y explotados.

Permítanme que les desee el mayor de los éxitos en este empeño.

Se publica de acuerdo con la versión taquigráfica.

Publicado: un breve comunicado de prensa el 19 de enero de 1919 en el periódico Izvestía del CEC de toda Rusia, núm. 13.

Publicado íntegramente por primera vez en 1926 en Obras escogidas, de N. Lenin (V. Uliá-nov), t. XX, p. II.



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