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El PSOP y el "trotskismo"

Marceau Pivert

Traducido especialmente para este boletín por Rossana Cortez de “Le PSOP et le trotskysme”, publicado originalmente en Juin 36, N.º 58, el 9 de junio de 1939, reproducido en Les cahiers du CERMTRI (Centre d'Études et de Recherches sur les Mouvements Trotskyste et Révolutionnaires Internationaux), N.º 116-117, marzo-abril de 2005.

 

Uno de los resultados más claros del primer Congreso Nacional del PSOP reside en la posición del partido con respecto al Trotskismo..
Entendemos por eso un sistema de concepciones políticas y de métodos de organización de los que León Trotsky y la IV Internacional son los representantes calificados. Con respecto al lenguaje empleado corrientemente por los stalinistas para complicar y contrariar la clarificación necesaria de las corrientes políticas que circulan en la vanguardia del proletariado, nosotros no le tenemos miedo; se supone que todos los inconformistas, nosotros mismos, el POUM, los socialistas de la tendencia Deixonne y quizás también ¡Maurice Paz o Paul Faure! son “trotskistas” (naturalmente, agentes de Franco o de la Gestapo. Nosotros no le tememos, pero no lo ignoramos porque no tiene ningún valor para el análisis de las tendencias al que debemos consagrar cierta atención).

¿Cuál es, entonces, la actitud del PSOP con respecto a las tesis y a los métodos de León Trotsky y la IV Internacional?

Se la puede resumir en algunas palabras: si el trotskismo quiere despojarse de las pretensiones de hegemonía; si puede admitir que el estado actual del movimiento obrero internacional exige un esfuerzo de colaboración comunicativa entre todos los elementos que han roto valientemente con el social-patriotismo y el nacional comunismo; si abandona los métodos fraccionales, el entrismo comandado desde el exterior, los métodos de presión o de corrupción o de denigración sistemática destinados a aislar o a desarrollar tal o cual militante calificado por la circunstancia de “centrista” en vistas a una operación análoga a la preparación de una “limonada”, entonces como corriente política, el trotskismo puede y debe encontrar un lugar en el seno del PSOP, considerado como un centro de libre búsqueda y el instrumento de acción colectiva de la vanguardia revolucionaria.

Pero si el trotskismo se revela incapaz de hacer ese esfuerzo sobre sí mismo; si se presenta ante el PSOP o en el seno mismo de sus federaciones como el único detentor de verdades sagradas, como el amo que dirige, impone, fustiga, corrige y dicta sus voluntades; si entra en la organización y trabaja de manera de disgustar, desmoralizar, hacer huir a los militantes revolucionarios que no piensan como él, si aparece como el primo hermano del stalinismo, entonces sí, la incompatibilidad estalla y se hace la experiencia de que el trotskismo, por sus métodos de organización es decididamente inasimilable a un partido democrático, en el que el juego de las tendencias exige un mínimo de comunidad en los medios de acción y los principios de organización.

¿Después de algunos meses de experiencia común “entrista” del POI, llegamos nosotros a esta conclusión? ¡No! No tenemos derecho de pronunciar con respecto a esto un juicio definitivo. Saludamos, al contrario, con alegría los notorios esfuerzos de algunos militantes del ex POI que han dado muestras de trabajo leal como militantes del PSOP, aceptando su programa, su estructura, sus reglas, sus decisiones mayoritarias y se comprometen a aplicarlas sin reticencias. Por el contrario, algunos resultados obtenidos en algunas regiones, y sobre todo, las pruebas que tenemos de un trabajo fraccional proseguido con elementos externos al partido nos han llevado a tomar algunas precauciones. Tal es el sentido de la moción previa votada sin discusión en el Congreso Nacional y que invita a los militantes que han seguido con su trabajo fraccional luego de su adhesión a que dejen de hacerlo inmediatamente.

Estoy encargado de explicar abiertamente a todos, a nuestros amigos, nuestros adversarios, los simpatizantes de hoy, a nuestros adherentes de mañana, el sentido de esta decisión del Congreso, en ligazón con la relación política aprobada por la inmensa mayoría del partido.

Nosotros consideramos, efectivamente, que el partido revolucionario, que hace falta en la actualidad al proletariado de este país, al igual que la Internacional revolucionaria que también, deberá forjarse a través de los extraordinarios acontecimientos que se preparan, no puede ser más que una organización sensible a las profundas transformaciones que suceden hoy en el seno mismo de las masas populares.

A la concepción de PARTIDO JEFE, suerte de estado mayor centralizado, que prepara en secreto las conspiraciones, la acción revolucionaria, nosotros preferimos la concepción de un partido ampliamente abierto en el movimiento real de las masas y que facilite a la vanguardia todas las posibilidades de contacto directo con las más amplias capas del proletariado obrero y campesino.

Nuestra elección está pensada con madurez: plantea el futuro del partido, la forma misma de la revolución y el método de construcción del socialismo, que no será autoritario, sino libertario.

La primera concepción ha sido la de los fundadores de la III Internacional. Quizás era inevitable. Quizás ha expresado las exigencias más imperativas de un momento histórico particularmente decisivo: “expulsen de vuestras organizaciones a todos los elementos
centristas”. Esta todavía es la de Trotsky, que sólo puede admitir en su organización a afiliados que acepten como un dogma, es decir, sin discusión, la referencia sistemática a los principios elaborados en los cuatro primeros congresos de la IC. Nuestra concepción del partido es totalmente diferente. Y no estamos dispuestos a modificarla cuando observamos tanto los resultados obtenidos por el trotskismo en lo que concierne al “reagrupamiento de la vanguardia” como el trabajo de ligazón de esta con el movimiento obrero. Frente a las ruinas acumuladas por la degeneración socialdemócrata y por la podredumbre oportunista del stalinismo, una actitud honesta debe comenzar, según creemos, por una crítica despiadada a todo lo que ha sustituido a la expresión de las voluntades del proletariado revolucionario, una voluntad burocrática u oportunista, o una religión cualquiera.

Con Rosa Luxemburgo, nosotros pensamos que “los grandes movimientos populares no se provocan por las recetas técnicas sacadas del Partido”.

Después de ella, pensamos que “la actualidad histórica exige cada vez las formas correspondientes del movimiento popular, y que ella misma crea formas nuevas, improvisa métodos de lucha desconocidos antes, examina y enriquece el arsenal del pueblo, sin preocuparse por las prescripciones del partido”.

Por eso, en este período de enorme retroceso del proletariado, consideramos a nuestro joven partido, nacido de la resistencia a la guerra y a la unión sagrada, como el lugar de convergencia de todas las fuerzas proletarias decididas a remontar la corriente.

Ninguna de esas fuerzas, ninguna de las tendencias existentes en el movimiento obrero, hoy, en junio de 1939, (ni los ex socialistas SFIO, ni los ex comunistas, ni los ex trotskistas) pueden pretender limitar a sí mismos toda la claridad y toda la energía del proletariado provisoriamente desorientado. Pero todas deben aportar algo espontáneo, sano, libre a la elaboración de una política común. Todas deben estar atentas a las manifestaciones de recuperación del movimiento de clase, ligarse a él, comprenderlo, esclarecerlo.

Así, en el marco de nuestra carta constitutiva, que garantiza a todo militante la libre expresión de sus opiniones, cada uno debe tomar su parte de trabajo en común, sin subestimar ni despreciar la existencia de otros elementos.

Nuestra tarea es inmensa, pero podemos emprenderla con confianza. Porque asociamos a ella a todos aquellos que vendrán a nosotros como hombres libres y entre los cuales, naturalmente, por fuera de todo sectarismo, las mejores concepciones dadas por los mejores militantes serán libremente elegidas por los mejores combatientes.



[1] Este era el periódico semanal del Partido Socialista Obrero y Campesino (PSOP).



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