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"El nuevo curso"

 

Andrea Robles

 

En la última entrega vimos cómo frente a los problemas económicos y políticos que se suscitaron con la NEP[1], y luego tras la derrota de la revolución alemana, la “troika” de Stalin, Zinoviev y Kamenev se vio obligada a abrir el debate y el llamado a un “Nuevo Curso” para canalizar el descontento en las filas partidarias al mismo tiempo que desataron una campaña de calumnias contra Trotsky y los principales referentes de la Oposición de Izquierda. Trotsky, quien en estos meses se verá afectado por una infección palúdica que le impedirá intervenir públicamente, difundirá, a fines de 1923 en Pravda, una serie de artículos que conformarán el libro Nuevo Curso[2]. En estos trabajos, Trotsky hará un inestimable análisis de la naturaleza del burocratismo y anticipará los peligros generados en torno a la relación del partido con el aparato del Estado obrero, la política económica, la cuestión del régimen partidario y el camino a seguir[3].

 

La cuestión del Estado y el rol del partido

Contrario a considerar el burocratismo como producto de los "resabios del comunismo de guerra", como sostenía Stalin, Trotsky planteaba que el mismo era resultado de las nuevas condiciones generadas luego de terminada la guerra civil y a la luz de la NEP. En términos generales, la base del burocratismo en el Estado era un fenómeno social cuyas causas más profundas se encuentran en la diferencias de intereses cotidianos y fundamentales de las diferentes clases y grupos de la población. En Rusia estas clases y grupos estaban conformadas por el proletariado, el campesinado, el kulak y la nueva burguesía junto al sector de intelectuales burgueses. Las tendencias al burocratismo en Rusia se veían agravadas por el poco desarrollo de la industria, por la falta de cultura de las masas y la necesidad de un ejército permanente. “Entre nosotros, la causa esencial del burocratismo reside en la necesidad de crear y sostener un aparato estatal que una los intereses del proletariado con los del campesinado en una armonía económica perfecta de la que aún estamos muy lejos”[4].

Para Trotsky, la presión del aparato del nuevo Estado se vuelve la causa principal del burocratismo en el partido. Esto se debe a que el proletariado dirige su dictadura por medio del Estado soviético y el partido comunista es el partido dirigente del proletariado, y en consecuencia, de su Estado. El Estado entonces “Por una parte, absorbe a una gran cantidad de los elementos más activos del partido y enseña a los más capaces los métodos de administrar a los hombres y las cosas pero no la dirección política de las masas. Además acapara en gran medida la atención del aparato del partido, a quien influye con sus métodos administrativos.”[5] Dicho de otra manera, el burocratismo “surge a raíz de haberse transferido al partido los métodos y los procedimientos administrativos acumulados durante estos últimos años”[6].

Frente al aislamiento del Estado obrero y gran debilidad de la economía soviética, Trotsky describe los factores que amenazan a la revolución si se desarrollan ciertos problemas internos, problemas que por otra parte alimentan el burocratismo en el partido, como el creciente desacuerdo entre la economía soviética –es decir, los sectores que se encuentran bajo propiedad estatal- y la economía campesina[7], el fortalecimiento de los kulaks en el campo, su alianza con el capital privado e internacional, éstos últimos “elementos mucho más capaces de absorber el aparato de Estado que el propio partido”. Para Trotsky, la amenaza de degeneración burocrática o peor aún del peligro contrarrevolucionario, existe en tanto y en cuanto el partido se funde con el aparato burocrático del Estado e impide disminuir y alejar estos peligros con una política justa ya que “lograr aplazar un peligro puede ser la salvación de la revolución, al lograr asegurarle ya sea un viraje favorable para la economía interna ya sea el contacto con la revolución victoriosa europea”[8]. Es por ello, que la clave en este momento residía para Trotsky en combatir el burocratismo del partido que amenazaba con separarlo de las masas dado que el burocratismo en el Estado, si bien es una tarea de fundamental importancia, requiere más tiempo en pos de la reconstrucción económica, el desarrollo de la industria y la elevación del nivel cultural de las masas. “El instrumento histórico más importante para la realización de todas estas tareas es el partido. Evidentemente, el partido no puede prescindir de las condiciones sociales y culturales del país. Pero, como organización voluntaria de vanguardia de los mejores elementos, los más activos, los más conscientes de la clase obrera, puede, en mucha mayor medida que el aparato de Estado, prevenirse contra las tendencias del burocratismo. Para ello, debe ver claramente el peligro y combatirlo sin descanso.”[9] 

Sobre el régimen del partido

En consonancia con estos factores objetivos y subjetivos, Trotsky desarrolla la cuestión del régimen partidario en clara alusión a los sectores de la “vieja guardia”[10] que pretenden monopolizar las decisiones del partido e impedir todo cuestionamiento. “La ventaja esencial e incomparable de nuestro partido consiste en que puede, en todo momento, observar la industria con los ojos del tornero comunista, del especialista comunista, del director comunista, del comerciante comunista, reunir la experiencia de esos trabajadores que se completan entre si, extraer los resultados y determinar así su línea de dirección de la economía en general y de cada empresa en particular. Es evidente que esta dirección sólo es realizable sobre la base de la democracia viva y activa dentro del partido. Cuando, por el contrario, los métodos del ‘aparato’ prevalecen, la dirección ejercida por el partido cede el lugar a la administración ejercida por sus órganos ejecutivos (comité, oficina, secretaría, etc.). Al reforzarse ese sistema, todos los asuntos se concentran en manos de un pequeño grupo, muchas veces en un solo secretario que nombra, destituye, imparte las directivas, sanciona, etcétera.
Si se tiene esa concepción de la dirección, la principal superioridad del partido, es decir, su múltiple experiencia colectiva, pasa a segundo plano. La dirección adquiere un carácter de pura organización y degenera frecuentemente en la estrechez de miras y en el espíritu de mando. El aparato del partido entra cada vez más en el detalle de las tareas del aparato soviético, vive de sus preocupaciones diarias, se deja influenciar por él y, al preocuparse por los detalles, pierde de vista las grandes líneas.”[11]

Composición del partido: la vieja guardia y las nuevas generaciones

Dado que el aparato partidario estaba constituido por los dirigentes más experimentados y meritorios de la vieja guardia, pero que son un pequeño grupo respecto de las nuevas generaciones, Trotsky va a destacar el problema de la composición del mismo donde, por ejemplo, sólo una sexta parte está conformada por obreros industriales, para analizar la cuestión de la democracia en el partido. Desde este ángulo, es que va a cuestionar el rol que estaba jugando la vieja guardia y la relación con las nuevas generaciones y la juventud, considerada ésta última como barómetro frente al burocratismo del partido[12]. 

Particularmente, señala el peligro concreto de que el burocratismo incida, por el peso de la autoridad de la vieja guardia, en la formación de las nuevas generaciones, al anular la iniciativa y de este modo impedir el elevamiento general del partido ya que sólo por medio de la colaboración activa y constante con esta última, y en el marco de la democracia partidaria, “la vieja guardia conservará su carácter de factor revolucionario. En caso contrario, puede cristalizarse y convertirse insensiblemente en la expresión más acabada del burocratismo.”[13] Es decir, para Trotsky sería fetichista considerar a la vieja guardia sólo por el hecho de haber pasado por la “mejor escuela revolucionaria del mundo” o buscar garantías en un radicalismo subjetivo heredado del pasado del mismo modo que sería una locura pretender desecharla.

La defensa de la tradición leninista

Mediante la defensa de la tradición leninista, Trotsky también combatirá la concepción que agazapada en la “tradición” pretende transformar al leninismo en un “culto sagrado”, siendo en 1923 sólo un anticipo de lo que vendrá con Stalin a la cabeza del partido comunista.

Con ejemplos va a demostrar cómo toda vez que las condiciones objetivas exigen un nuevo giro, la resistencia conservadora manifiesta una tendencia natural a oponer las nuevas tareas a las “viejas tradiciones”. Para Trotsky, cuanto más cerrado esté el partido, mayor va a ser su sentido de autosuficiencia, más lentamente va a reaccionar ante las necesidades de las bases y prever los problemas, más va a oponer la tradición formal a las nuevas tareas. “Y si hay algo capaz de asestar un golpe mortal a la vida espiritual del partido y a la formación doctrinal de la juventud, ese algo es la transformación del leninismo, método que requiere en su aplicación iniciativa, pensamiento crítico y audacia ideológica, en un dogma que sólo exige intérpretes escogidos de una vez para siempre. No podría concebirse el leninismo sin poder teórico, sin un análisis crítico de las bases materiales del proceso político. Es preciso aguzar y aplicar incesantemente el arma de la investigación marxista. En esto consiste la tradición, y no en la sustitución del análisis por una referencia formal o una cita casual. El leninismo no podría conciliarse con la superficialidad ideológica y la negligencia teórica”[14].

El fin del debate y la XIII Conferencia

La publicación de Nuevo Curso señaló el punto álgido de la controversia y el cierre burocrático de la discusión para impedir su libre debate. En lo sucesivo, Stalin controlará de cerca la Pravda, y el derecho de nombramiento[15] le permitirá aislar a Trotsky y decapitar la Oposición”, aunque inicialmente sus tesis habían encontrado fuerte apoyo en las filas de la Komsomol (la juventud del partido comunista) y en las células del Ejército Rojo donde Trotsky gozaba de mucho prestigio[16]. Dado que la oposición “no se organiza en fracción para evitar incurrir en la acusación de indisciplina, el aparato consigue aislar con facilidad a los delegados que la representan” y consiguen manipular las elecciones de delegados en vísperas de la XIII Conferencia, que encontrará a la “troika” como cabeza de la única fracción, secreta y organizada[17]. De esta forma, la troika logró en dicha Conferencia condenar la actividad de Trotsky y de la oposición de “fraccionalista”, de “abandono del leninismo” y de “reflejar la presión ejercida por la pequeña burguesía”, constituyendo la primera derrota de la Oposición de Izquierda. Uno de los más destacados biógrafos de Trotsky, Isaac Deutsher, comentará al respecto, “En la larga historia de las oposiciones internas en el Partido, ninguna tuvo que soportar una carga tan abrumadora de imputaciones y ninguna fue aplastada en forma tan despiadada como la Oposición de 1923”[18].

En cuanto a la repercusión en el partido: un gran número de los militantes ni llegó a comprender la gravedad del asunto y la consideró una crisis pasajera y superada; entre los de mayor tradición reinó la confusión viendo los ataques que la vieja guardia había lanzado contra Trotsky, símbolo junto a Lenin, del partido en 1917. Por último, en el caso de los arribistas, éstos vieron el momento para escalar en sus puestos del partido. En las filas de la Oposición cundía la desmoralización. Trotsky llegó a la conclusión de que la revolución había entrado en reflujo y que él y sus compañeros estaban sufriendo el embate de una mar de fondo reaccionario.

La muerte de Lenin

Lenin muere el 21 de enero de 1924. Stalin logró evitar que Trotsky asista (se encontraba por recomendación médica fuera de Moscú) y la troika presidió el funeral. El discurso de cierre a cargo de Stalin fue de tal exaltación mística que se asemejó más a la doctrina de la época de los popes rusos que a las enseñanzas de Marx.

Posteriormente y cumpliendo las resoluciones del XIII Congreso, los triunviros llevaron a cabo una campaña de reclutamiento de obreros industriales, más de 200.000 nuevos afiliados que aumentaron en un 50 % el tamaño del partido. El motivo del ingreso de esta camada no estuvo motivada por la convicción o entrega a la causa sino por la presión de los secretarios que no carecían de medios para conseguir la afiliación de obreros que se preocupaban por conservar el trabajo, con poca o sin instrucción[19], sin experiencia política y por tal, manejables. La “Llamada de Lenin”, apelación religiosa que consagró el reclutamiento por parte de los triunviros, estuvo al servicio de proporcionarse una base reverente que indudablemente contribuyó a aumentar la degeneración del partido bolchevique, constituyó una ruptura con los métodos de construcción bolcheviques y como dijo el mismo Trosky, “dio un golpe mortal al partido de Lenin”[20].

En los preparativos del XIII Congreso y a pedido de su compañera, Krupskaia, el devoto Comité Central finalmente aprobó la lectura del testamento de Lenin que, aunque recomendaba remover a Stalin de su puesto de Secretario General, decidió exculparlo. El Congreso realizado en la última semana de mayo y preparado por la troika se convirtió en una marea de denuncias contra la Oposición de Izquierda al tiempo que Zinoviev, con la excusa la muerte de Lenin, reforzó la idea de que “ahora es mil veces más necesario que nunca que el partido sea monolítico”. Luego de la derrota de la Oposición, la represión descargó contra los dirigentes de diferentes países que levantaron sus voces en defensa de Trotsky. La troika consiguió que el V Congreso de la Internacional Comunista llamado de “bolchevización” fuera más bien de “stalinización”. Todos aquellos que osaron levantar la voz contra el curso adoptado por la dirección oficial fueron expulsados, desplazados o amenazados; de esta forma los triunviros consiguieron domesticar a la IC y en consecuencia anular toda su capacidad revolucionaria.

La discusión va cobrar un nuevo impulso tras la publicación de Trotsky de un nuevo libro: Lecciones de Octubre. Asimismo, Stalin va a enunciar por primera vez su “teoría” de la posibilidad del socialismo en un solo país. Pero estos temas serán tratados en la próxima nota.


[1] En 1921, con la economía del país devastada, Lenin impulsa la llamada Nueva Política Económica (NEP) que en lo esencial buscaba (permitiendo la venta de los excedentes agrícolas a los campesinos y la explotación privada en pequeña escala de la industria liviana y el comercio minorista), utilizar los mecanismos del mercado para revitalizar la alicaída economía soviética al fin de la guerra. Estas medidas estaban acompañadas con el control estatal de la industria pesada, el transporte, parte importante de la industria liviana y el férreo monopolio estatal del comercio exterior.

[2] Publicado íntegramente en la sección Clásicos de León Trotsky

[3] Al momento de su publicación, Trotsky agregó algunos capítulos dedicados en parte a responder las acusaciones que los “triunviros” (Stalin, Zinoviev y Kamenev) habían esparcido por el partido por medio de sus secretarios y amigos, como su supuesta subestimación al campesinado, sus diferencias con Lenin, su deseo de romper la unidad del partido, etc.

[4] Trotsky, El nuevo Curso, El burocratismo y la revolución. 

[5] Ibídem.

[6] Trotsky, op. cit, El problema de las generaciones del partido.

[7] Acá Trotsky se refiere al creciente peso ecónomico de la nueva burguesía, cuyo papel de intermediaria entre la industria soviética y la agricultura empezaba a asumir, parcialmente, el papel de organizador de la producción. Trotsky advierte que un rápido desarrollo del capital privado significaría que la economía soviética no asegura la satisfacción de las necesidades de la economía campesina y al interponerse más entre el Estado obrero y el campesinado, su influencia económico devendría en política sobre este último, abriendo el peligro de contrarrevolución. En 1928, este peligro va a estallar en las manos de Stalin el cual lo obligará a dar un giro 180º en su orientación económica.

[8] Trotsky, Op. cit, El burocratismo y la revolución.

[9] Ibídem.

[10] Militantes bolcheviques que ingresaron al partido antes de 1917.

[11] Trotsky, El nuevo Curso, La composición social del partido.

[12] Tanto Trotsky como Lenin opinaban que los jóvenes estudiantes, debido a su composición social y sus lazos, son un reflejo de todos los grupos sociales del partido y su estado de ánimo. Su sensibilidad y su ímpetu los lleva a convertirse en una fuerza activa de ese estado de ánimo y, cómo estudian, se esfuerzan por explicar y generalizar.

[13] Trotsky, Nuevo Curso, Carta a una asamblea del partido.
[14] Trotsky, El nuevo Curso, Tradición y política revolucionaria.
[15] El cargo de Secretario General le permitía asignar o remover militantes a distintos puestos en el partido. Inicialmente, en vida de Lenin, daba la posibilidad de resolver en forma urgente las necesidades de cubrir puestos. Posteriormente, Stalin utilizó esta función para remover a los que no le juraban fidelidad y poner en su lugar a sus “leales”.

[16] Los principales dirigentes de la Oposición fueron enviados a “misiones” en otros países: Adolph Yoffe fue traslado a China, Krestinsky a Alemania, Christian Rakovsky fue nombrado embajador en París, Kotzubinsky fue traslado a Viena. Antonóv-Ovseienko, otro importante dirigente bolchevique, fue destituido de su puesto de responsable político del ejército. Quince miembros de la dirección de las Juventudes comunistas fueron relevados de sus funciones y enviados a desempeñar “misiones” a localidades apartadas. Tanto en Moscú y Petrogrado, responsables y militantes son desplazados y destinados a lugares recónditos. La simple amenaza hace que más de un oposicionista se doblegue y precipita la decisión de muchos indecisos. Ver en Pierre Broué, El partido Bolchevique cap. VIII en Sección Estudios e Investigaciones

[17] “En Moscú, los partidarios de la oposición cuentan con la mayoría de las células, pero ésta se reduce a un 36% en las conferencias de distrito y a un 18% en la conferencia provincial donde Preobrazhensky sólo consigue 61 votos frente a los 325 de Kamenev. A pesar de que la oposición haya sido mayoritaria –tal vez por la diáspora que se inflige a sus cuadros- en localidades como Riazan-Penza, Kaluga, Simbirsk y Cheliabinsk, a pesar de contar con la mayoría al menos en 1/3 de las células del Ejército Rojo y en la casi totalidad de las células estudiantiles, la Conferencia Nacional sólo acogerá a tres de sus delegados”. Ver en Pierre Broue, op.cit.

[18] Isaac Deutscher, El profeta desarmado, Ed. Era, 1966, México, pág. 125.

[19] Según Pierre Broué, ellos son los que integran ese 57 % de analfabetos al que se refiere Stalin en mayo de 1924. Op. cit.

[20] Trotsky, Revolución Traicionada, Ed. Claridad, Bs. As., 1938, pág. 88.



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