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Informe ante el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones comunistas de los pueblos de Oriente

 

Lenin, 22 de noviembre 1919

 

Camaradas, tengo la gran satisfacción de poder saludar a este Congreso de camaradas comunistas representantes de las organizaciones musulmanas del Oriente, y me place poder decir algunas palabras sobre cuál es ahora la situación en Rusia y en todo el mundo. El tema de mi informe son los acontecimientos actuales, y considero que el aspecto esencial del problema es la actitud de los pueblos del Oriente hacia el imperialismo, y el movimiento revolucionario entre estos pueblos. Es evidente que ese movimiento revolucionario de los pueblos del Oriente podrá desarrollarse ahora en forma eficaz, alcanzar éxitos, sólo en vinculación directa con la lucha revolucionaria de nuestra República Soviética contra el imperialismo internacional. Debido a una serie de circunstancias, entre ellas el atraso de Rusia y su inmensa extensión y el hecho de que constituye una frontera entre Europa y Asia, entre Occidente y Oriente, tuvimos que asumir toda la grave responsabilidad -hecho que consideramos un gran honor- de ser los pioneros de la lucha mundial contra el imperialismo. Por consiguiente, todo el curso de los acontecimientos que se producirán en un futuro inmediato presagia una lucha todavía más amplia y más tenaz contra el imperialismo internacional, e inevitablemente se entrelazará con la lucha de la República Soviética contra las fuerzas coaligadas del imperialismo alemán, francés, inglés y norteamericano.
Por lo que al aspecto militar se refiere, ustedes saben qué favorable es ahora nuestra situación en todos los frentes. No me detendré ha examinar en detalle esta cuestión; sólo diré que la guerra civil, que nos fue impuesta por el imperialismo internacional, en dos años causó a la República Socialista Federativa Soviética Rusa incontables privaciones, impuso a los campesinos y a los obreros un peso tan abrumador, que ha veces parecía que no iban a poder soportarlo. Pero al mismo tiempo, debido a su violencia brutal, debido al ataque despiadadamente bestial de nuestros llamados "aliados", convertidos en fieras, que nos saquearon incluso hasta el comienzo de la revolución socialista, esta guerra realizó un milagro y transformó a hombres cansados de luchar y, al parecer, incapaces de soportar otra guerra, en combatientes que no solo han soportado la guerra durante dos años, sino que la están llevando a un final victorioso. Las victorias que estamos logrando ahora sobre Kolchak, Iudénich y Denikin señalan el comienzo de una nueva fase en la historia de la lucha del imperialismo mundial contra los países que se pusieron de pie para luchar por su liberación. En este sentido, los dos años de nuestra guerra civil han confirmado plenamente lo que desde hace tiempo conocía la historia: que el carácter de una guerra y sus éxitos dependen, ante todo, del régimen interno del país que entra en guerra, que la guerra es reflejo de la política interna del país dada antes de la guerra. Todo esto se refleja inevitablemente en el desarrollo de la guerra.
Qué clase hizo la guerra y la sigue librando, es un problema de suma importancia. Sólo gracias a que nuestra guerra civil la libraron obreros y campesinos que se habían liberado y al hecho de que es la continuación de la lucha política por la liberación de los trabajadores respecto de los capitalistas de su país y del mundo entero; sólo gracias a esto, fue posible, en un país tan atrasado como Rusia, agotado por cuatro años de guerra imperialista, encontrar hombres con la fuerza de voluntad necesaria para llevar adelante esta guerra durante dos años de dificultades y sacrificios increíbles y sin precedente.
La historia de la guerra civil ha puesto esto palpablemente de manifiesto en el caso de Kolchak. Kolchak era un enemigo que contaba con la ayuda de las potencias más fuertes del mundo; disponía de una línea ferroviaria defendida por cientos de miles de tropas extranjeras, incluyendo las mejores tropas de los imperialistas internacionales, como por ejemplo las japonesas, que habían sido adiestradas para la guerra imperialista, pero que casi no tomaron parte en ella y, por lo tanto, sufrieron muy poco. Kolchak estaba respaldado por los campesinos siberianos, que eran los más ricos del país y no habían conocido el régimen de servidumbre, y por consiguiente, como es natural, eran los que más lejos estaban del comunismo. Kolchak parecía representar una fuerza invencible, puesto que sus tropas constituían el destacamento de vanguardia del imperialismo internacional. Y todavía siguen operando en Siberia tropas japonesas y checoslovacas, y tropas de una serie de otros países imperialistas. Sin embargo, la experiencia de más de un año de dominación de Kolchak en Siberia, con sus inmensas riquezas naturales, experiencia apoyada al principio por los partidos socialistas de la II Internacional, por los mencheviques y los eseristas, que crearon el frente del Comité de la Asamblea Constituyente, y que, por consiguiente, en esas circunstancias, desde el punto de vista del hombre común y del curso acostumbrado de la historia, parecía sólida e invencible; esa experiencia demostró en realidad lo siguiente: cuanto más avanzaba Kolchak hacia el corazón de Rusia, más se iba desgastando, y por último presenciamos el triunfo total de la Rusia soviética sobre Kolchak. Esta es sin duda, una demostración práctica de que las fuerzas unidas de los obreros y campesinos, que se han liberado del yugo capitalista, pueden realizar verdadero milagros. Esta es una demostración práctica de que cuando una guerra revolucionaria realmente atrae e interesa a las masas trabajadoras oprimidas, cuando les infunde la conciencia de que luchan contra los explotadores, semejante guerra revolucionaria engendra la fuerza y la capacidad de hacer milagros.
Creo que lo organizado por el Ejército Rojo, su lucha y la historia de su victoria tendrán una importancia gigantesca, mundial, para todos los pueblos del Oriente. Les demostrará que, por débiles que sean y por invencible que parezca el poderío de los opresores europeos, que emplean en la lucha las todas maravillas de la técnica y del arte militar, la guerra revolucionaria librada por los pueblos oprimidos, si logra realmente despertar el entusiasmo de los millones de trabajadores y explotados, encierra tales posibilidades, tal capacidad de hacer milagros, que la liberación de los pueblos de Oriente es ahora plenamente realizable, no solo desde el punto de vista de las perspectivas de la revolución internacional, sino también de la experiencia militar directa adquirida en Asia, en Siberia, de la experiencia de la República Soviética, que soportó la invasión armada de todos los poderosos países imperialistas.
Además, la experiencia de la guerra civil en Rusia nos ha demostrado a nosotros, y a los comunistas de todos los países que, en la dura prueba de la guerra civil, el desarrollo del entusiasmo revolucionario va acompañado de una poderosa consolidación interna. La guerra pone a prueba todas las fuerzas económicas y organizativas de una nación. Y en fin de cuentas, por indeciblemente dura que haya sido la guerra para los obreros y campesinos que padecen hambre y frío, podemos decir, sobre la base de estos dos años de experiencia, que estamos venciendo y seguiremos venciendo, porque contamos con una retaguardia fuerte, por los campesinos y obreros, a pesar del hambre y el frío, están unidos, se han fortalecido y a cada duro golpe responden con una mayor cohesión de fuerzas y con un aumento de su poderío económico. Y ello, y sólo ello, hizo posible las victorias sobre Kolchak, Iudénich y sus aliados, las potencias más fuertes del mundo. Los dos años transcurridos han demostrado, por una parte, que es posible realizar una guerra revolucionaria, y por la otra, que el poder soviético se fortalece bajo los duros golpes de la invasión extranjera, cuyo objetivo es destruir rápidamente el centro revolucionario, la república de obreros y campesinos, que se atrevió a declarar la guerra al imperialismo internacional. Pero en lugar de destruir a los obreros y campesinos de Rusia, estos duros golpes han servido para templarlos.
Esta es la conclusión principal, el contenido principal del momento actual. Estamos en vísperas de victorias decisivas sobre Denikin, el último enemigo que queda en nuestro territorio. Nos sentimos fuertes y podemos repetir mil veces que no nos equivocamos cuando decimos que en el orden interno, la república se ha consolidado y que saldremos de la guerra contra Denikin mucho más fuertes y mejor preparados para la tarea de levantar el edificio socialista, al que, durante la guerra civil, pudimos dedicar demasiado poco tiempo y energías, pero al que ahora al entrar en un camino despejado, podremos sin duda dedicarnos por entero.
Vemos cómo se desmorona el imperialismo en Europa occidental. Ustedes saben que hace un año les parecía incluso a los socialistas alemanes, y a la inmensa mayoría de los socialistas -que no comprendían la situación- que lo que estaba en marcha era una lucha entre dos grupos imperialistas mundiales, y creían que esta lucha llenaba toda la historia, que no había fuerza capaz de aportar ninguna otra cosa; les parecía que incluso los socialistas no tenían más alternativa que inclinarse hacia uno u otro grupo de los poderosos bandidos mundiales. Así parecían ser las cosas a fines de octubre de 1918. Pero nos encontramos con que en el año que acaba de transcurrir, la historia del mundo presenció acontecimientos sin precedente, acontecimientos profundos y trascendentes que han abierto los ojos a muchos socialistas que durante la guerra imperialista eran patriotas y justificaban su conducta con el pretexto de que se enfrentaban con un enemigo; justificaban su alianza con los imperialistas ingleses y franceses arguyendo que éstos habrían de librarnos del imperialismo alemán. ¡Cuántas ilusiones fueron destruidas por esa guerra! Presenciamos el desmoronamiento del imperialismo germano, desmoronamiento que no sólo ha conducido a una revolución republicana, sino incluso a una revolución socialista. Ustedes saben que hoy la lucha de clases en Alemania se ha agudizado y que cada día se aproxima más la guerra civil; una guerra del proletariado alemán contra los imperialistas alemanes, que se han disfrazado con los colores republicanos, pero que siguen siendo imperialistas.
Todos saben que la revolución social está madurando en Europa occidental, no ya por días, sino por horas, y que lo mismo ocurre en Estados Unidos y en Inglaterra, los países que aparentemente representan la cultura y la civilización, los vencedores de los hunos, los imperialistas alemanes. Cuando se firmó la paz de Versalles todo el mundo pudo convencerse de que era cien veces más rapaz que la paz de Brest, que nos fue impuesta por los bandoleros alemanes, y de que era el golpe más terrible que pudieron descargar sobre sí mismos los capitalistas e imperialistas de esos desdichados países victoriosos. La paz de Versalles abrió los ojos a los pueblos de las naciones vencedoras y les demostró que, en el caso de Inglaterra y Francia, aún siendo Estados democráticos, estamos en presencia, no de representantes de la cultura y la civilización, sino de países gobernados por bandoleros imperialistas. La lucha interna se desarrolla tan rápidamente entre estos bandidos, que podemos alegrarnos, sabiendo que la paz de Versalles es sólo una victoria aparente de los jubilosos imperialistas, y que en realidad significa la quiebra de todo el mundo imperialista y el decidido abandono, por parte de los trabajadores, de aquellos socialistas que durante la guerra se aliaron con los representantes del podrido imperialismo y defendieron a uno de los grupos de bandoleros beligerantes. Los trabajadores abrieron los ojos, porque la paz de Versalles era una paz rapaz, que demostraba que, en realidad, Francia e Inglaterra habían luchado contra Alemania para fortalecer su dominación sobre las colonias y acrecentar su poderío imperialista. Esta lucha interna se amplía a medida que pasa el tiempo. He podido ver hoy en un telegrama de Londres del 21 de noviembre, en el que periodistas norteamericanos -hombres de quienes no puede sospecharse que simpaticen con los revolucionarios- dicen que en Francia se observa una sorprendente explosión de odio contra los norteamericanos, porque éstos se niegan a ratificar al tratado de paz de Versalles.
Inglaterra y Francia vencieron, pero están llenas de deudas con Norteamérica, que ha decidido que los franceses y los ingleses pueden considerarse vencedores todo cuanto gusten, pero que ella se quedará con la crema y cobrará interese exorbitantes por la ayuda prestada durante la guerra. Y de ello será garantía la armada norteamericana, actualmente en formación y que ya ha alcanzado las proporciones de la armada inglesa. Y la brutalidad del rapaz imperialismo norteamericano puede verse por el hecho de que agentes norteamericanos trafican con mercancía humana, mujeres y muchachas, y las envían a Norteamérica para desarrollar prostitución. ¡Piénsese, la libre y culta Norteamérica en proveedora de mercancía humana para los burdeles! En Polonia y en Bélgica se producen conflictos con los agentes norteamericanos. Este es un pequeño ejemplo de lo que en grandes proporciones está sucediendo en todos los pequeños países que recibieron ayuda de la Entente. Tomemos a Polonia, por ejemplo. Allí se dirigen agentes y especuladores norteamericanos y acaparan todas las riquezas de Polonia, que alardea comparada por agentes de Estados Unidos. No hay allí una sola fábrica, un solo taller, una sola rama de la industria que no haya pasado al bolsillo norteamericano. Es tal la insolencia de los norteamericanos, que han comenzado a avasallar a Francia "la grande y libre vencedora", que antes era un país de usureros y ahora está profundamente endeudada con Norteamérica, porque ha perdido su poderío económico, no tiene suficientes cereales ni carbón propios y no puede desarrollar en vasta escala sus recursos materiales, y mientras tanto, Estados Unidos exige que el tributo le sea pagado íntegramente. Así pues, resulta cada vez más clara que, desde el punto de vista económico, Francia, Inglaterra y otros países poderosos están en quiebra. En las elecciones francesas ganaron los clericales. El pueblo francés que fue engañado para que entregara todas sus fuerzas contra Alemania supuestamente en defensa de la libertad y la democracia, recibe ahora en recompensa una montaña de deudas y el desprecio de los rapaces imperialistas norteamericanos, y encima de esto, una mayoría clerical compuesta por los representantes de la más salvaje reacción.
La situación en todo el mundo se ha vuelto muchísimo más complicada. Nuestra victoria sobre Kolchak y Iudénich, esos lacayos del capital internacional, es grande, pero mucho mayor, aunque no tan evidente, es la victoria que estamos obteniendo en el orden internacional. Esta victoria consiste en la descomposición interna del imperialismo, que ya no puede evitar inútilmente, por que sus tropas se desmoralizaron cuando se encontraron con nuestras tropas y conocieron la Constitución de la Rusia soviética, traducida a sus idiomas. A despecho de la influencia de los dirigentes del socialismo podrido, nuestra Constitución contará siempre con la simpatía de las masas trabajadoras. Todo el mundo comprende ahora la palabra "soviet" y la Constitución soviética fue traducida a todos lo idiomas y todos los obreros la conocen. Ellos saben que se trata de la Constitución de los trabajadores, del régimen político de los trabajadores que llaman a la victoria sobre el capital internacional; saben que es un triunfo que hemos logrado sobre los imperialistas internacionales. Y esta victoria nuestra ha tenido repercusión en todos los países imperialistas, puesto que los hemos privado de sus propias tropas, las ganamos para nuestra causa, los hemos privado de la posibilidad de utilizar esas tropas contra la Rusia soviética.
Intentaron luchar con tropas de otros países -Finlandia, Polonia y Letonia-, pero fue inútil. Hace varias semanas, el ministro inglés Churchill, en un discurso pronunciado en la Cámara, se jactó -y se enviaron telegramas a todo el mundo- de que se había organizado una campaña militar de catorce naciones contra la Rusia soviética, que daría por resultado la victoria sobre Rusia para el año nuevo. Y es verdad que participaron muchas naciones: Finlandia, Ucrania, Polonia, Georgia, así como los checoslovacos, los japoneses, los franceses, los ingleses y los alemanes. ¡Pero ya sabemos cuál fue el resultado! Sabemos que los estonios abandonaron a las tropas de Iudénich, y actualmente tiene lugar en la prensa una enconada polémica porque los estonios se niegan a ayudarlo; mientras que Finlandia, pese a que su burguesía lo quería, tampoco ha ayudado a Iudénich. Así, pues, el segundo intento de atacarnos también ha fracasado. La primera etapa fue el envío de las tropas propias de la Entente, pertrechadas según todas las reglas de la técnica militar, de modo tal que parecía que derrotarían a la República Soviética. Ya han abandonado el Cáucaso, Arjánguelsk y Crimea; aún se mantienen en Múrmansk, como los checoslovacos en Siberia, pero sólo como grupos aislados. La primera tentativa de la Entente de derrotarnos con sus propias tropas terminó en una victoria para nosotros. La segunda tentativa consistió en lanzar contra nosotros a naciones vecinas, que financieramente dependen por completo de la Entente, y en tratar de obligarlas a aplastarnos, como un nido de socialismo. Pero también ese intento terminó en un fracaso: ninguno de esos pequeños Estados resultó estar a la altura de una guerra semejante. Y lo que es más, en cada pequeño Estado ha echado profundas raíces el odio hacia la Entente. Si Finlandia no fue a tomar Petrogrado cuando Iudénich ya se había apoderado de Krásnoie Seló, fue porque vaciló, comprendiendo que podría vivir como país independiente al lado de la Rusia soviética, pero con la Entente no podría vivir en paz. Esto lo han percibido todas las naciones pequeñas. Lo perciben Finlandia, Lituania, Estonia y Polonia, donde existe un tremendo chovinismo, pero donde se odia a la Entente que extiende su explotación a esos países. Y ahora, valorando objetivamente la marcha de los acontecimientos, podemos decir sin exagerar que ha fracasado no sólo la primera, sino también la segunda etapa de la guerra internacional contra República Soviética. Sólo nos resta derrotar a las tropas de Denikin, que ya están semiderrotadas.
Tal es la situación actual rusa e internacional, que he resumido brevemente en mi informe. Permítanme, para terminar, decir algunas palabras sobre la situación planteada respecto de las nacionalidades del Oriente. Ustedes son representantes de las organizaciones comunistas y de los partidos comunistas de diversos pueblos orientales. Debo decir que los bolcheviques rusos lograron abrir una brecha en el muro del viejo imperialismo, emprender la tarea extraordinariamente difícil, pero también extraordinariamente noble, de señalar nuevos caminos para la revolución, en tanto que ustedes, los representantes de las masas trabajadoras de Oriente, tienen ante sí una tarea todavía más nueva y grandiosa. Se hace evidente que la revolución socialista, que es inminente en todo el mundo, no consistirá simplemente en la victoria del proletariado en cada país sobre su propia burguesía. Ello sería posible si las revoluciones se desarrollan con facilidad y rapidez. Sabemos que los imperialistas no lo permitirán, que todos los países están armados contra su bolchevismo nacional y que su único pensamiento es cómo derrotar al bolchevismo en el país. Es por ello que en cada nación se está gestando una guerra civil, en la que los viejos conciliadores socialistas se ponen al lado de la burguesía. Por consiguiente, la revolución socialista no será sólo ni principalmente, una lucha de los proletariados revolucionarios en cada país contra su burguesía; no será una lucha de todas las colonias y de todos los países oprimidos por el imperialismo, de todos los países dependientes contra el imperialismo internacional. En el programa de nuestro partido, aprobado en marzo del año pasado, decíamos, caracterizando la proximidad de la revolución social internacional, que la guerra civil de los trabajadores contra los imperialistas y los explotadores en todos los países adelantados comienza a combinarse con las guerras nacionales contra el imperialismo internacional. Así lo confirman el curso de la revolución y, con el correr del tiempo, se confirmará cada vez más. Igual cosa ocurrirá en Oriente.
Sabemos que en el Oriente las masas se alzarán como participantes independientes, como creadoras de una nueva vida, porque cientos de millones de seres pertenecen a naciones dependientes, que no gozan de sus derechos, que hasta ahora fueron víctimas de la política internacional imperialista, y que sólo existían como material para abonar la cultura y la civilización capitalistas. Y cuando se habla de otorgar mandatos sobre las colonias, sabemos muy bien que se trata de otorgar mandatos para la expoliación y el saqueo, de otorgar a una parte insignificante de la población del mundo el derecho a explotar a la mayoría de la población del globo. Esa mayoría, que hasta entonces se hallaba completamente al margen del progreso histórico porque no podía constituir una fuerza revolucionaria independiente, ha dejado, como sabemos, de desempeñar ese papel pasivo a partir de comienzos del siglo XX. Sabemos que después de 1905 se sucedieron revoluciones en Turquía, Persia y China, y que en la India se desarrolló un movimiento revolucionario. También la guerra imperialista contribuyó al desarrollo del movimiento revolucionario, porque los imperialistas europeos se vieron obligados a incorporar a su lucha a regimientos coloniales enteros. La guerra imperialista ha despertado también a Oriente, y empujado a los pueblos orientales a la política internacional. Inglaterra y Francia armaron a los pueblos coloniales y los ayudaron a adiestrarse en la técnica militar y en el manejo de las máquinas modernas. Y esos pueblos emplearán esos conocimientos contra los señores imperialistas. El periodo del despertar de Oriente en la actual revolución, es seguido por un periodo de participación de todos los pueblos de Oriente en la decisión del destino del mundo entero, dejando de ser simples objetos de enriquecimiento de otros. Los pueblos de Oriente van comprendiendo la necesidad de la acción práctica, la necesidad de que cada pueblo contribuya a forjar el destino de toda la humanidad.
Por ello es que creo que la historia del desarrollo de la revolución mundial -que, a juzgar por sus comienzos durará muchos años y exigirá muchos esfuerzos-, en la lucha revolucionaria, en el movimiento revolucionario están ustedes llamados a desempeñar un importante papel y a fusionar la lucha de ustedes con nuestra lucha contra el imperialismo internacional. La participación de ustedes en la revolución internacional les planteará una tarea complicada y difícil, cuya solución sentará las bases para la victoria común, ya que por primera vez la mayoría del pueblo comienza a actuar en forma independiente y será un factor activo en la lucha por el derrocamiento del imperialismo internacional.
La mayoría de los pueblos de Oriente están en peor situación que Rusia, el país más atrasado de Europa. Pero en nuestra lucha contra las supervivencias del feudalismo y contra el capitalismo, logramos unir a los campesinos y obreros de Rusia, y gracias a que los obreros y campesinos se unieron contra el capital y el feudalismo, nuestro triunfo fue tan fácil. El contacto con los pueblos de Oriente es en este sentido especialmente importante, porque la mayoría de los pueblos orientales son representantes típicos de la masa trabajadora, no de los obreros que han pasado por la escuela de las fábricas y talleres capitalistas, sino de representantes típicos de las masas campesinas trabajadoras y explotadas, víctimas de la opresión medieval. La revolución rusa ha demostrado cómo los proletarios, después de derrotar al capitalismo y unidos a la inmensa masa dispersa de muchos millones de campesinos trabajadores, se alzaron victoriosamente contra la opresión medieval. Nuestra República Soviética debe agrupar ahora en su derredor a todos los pueblos de Oriente que despiertan, y, junto con ellos, librar la lucha contra el imperialismo internacional.
A este respecto, se le plantea a ustedes una tarea que antes no se les planteaba a los comunistas de todo el mundo; apoyándose en la teoría y la práctica generales del comunismo, deben ustedes adaptarse a las condiciones específicas que no existen en los países europeos; tienen que saber aplicar esa teoría y práctica a condiciones en las que el grueso de la población son campesinos, en las que la tarea no es luchar contra el capitalismo, sino contra las supervivencias medievales. Es una tarea muy difícil y peculiar, pero muy noble, porque masas que hasta ahora no habían participado en la lucha se incorporan a ella, y además, porque la organización de células comunistas en Oriente, les brinda a ustedes la posibilidad de establecer el contacto más estrecho con la III Internacional. Deben ustedes encontrar formas específicas para esa alianza de los proletarios avanzados de todo el mundo con las masas trabajadoras y explotadas de Oriente, cuyas condiciones de vida son en muchos casos medievales. En pequeñas proporciones hemos realizado en nuestro país lo que realizarán ustedes en grandes proporciones en grandes países. Y tengo confianza de que cumplirán con éxito también esta segunda tarea. Gracias a la existencia de organizaciones comunistas en Oriente, que ustedes representan aquí, tienen ustedes contacto con el proletariado revolucionario de vanguardia. La tarea de ustedes es seguir preocupándose por asegurar que en cada país se haga propaganda comunista en un idioma que entienda el pueblo.
Es evidente que la victoria final sólo puede ser del proletariado de todos los países avanzados del mundo, y nosotros, los rusos, hemos iniciado la obra que consolidará el proletariado inglés, el francés o el alemán; pero comprendemos que no podrá triunfar sin la ayuda de las masas trabajadoras de todos los pueblos coloniales oprimidos, y en primer término de los pueblos de Oriente. Debemos comprender que la vanguardia por sí sola no podrá realizar el paso al comunismo. La tarea consiste en despertar a las masas trabajadoras a la acción revolucionaria, a la acción independiente y a la organización, cualquiera sea el nivel en que se encuentren; en traducir la auténtica doctrina comunista, concebida para los comunistas de los países más evolucionados al idioma de cada pueblo; en realizar las tareas prácticas que deben realizarse inmediatamente, y unirse a los proletarios de otros países en una lucha común.
Son problemas cuya solución no encontrarán en ningún libro comunista, sino en la lucha común iniciada por Rusia. Tendrán que abordar ese problema y resolverlo a través de la propia experiencia de ustedes. En esto los ayudará, por una parte, la estrecha alianza con la vanguardia de los trabajadores de otros países, y por otra, la capacidad para abordar correctamente a los pueblos de Oriente que representan ustedes aquí. Tendrán que apoyarse en el nacionalismo burgués que está despertando y tiene que despertar en esos pueblos, y que tiene una justificación histórica. Y al mismo tiempo, tienen que buscar cómo llegar a las masas trabajadoras y explotadas de cada país, y explicarles, en un idioma que comprendan, que la única esperanza de liberación es el triunfo de la revolución internacional, y que el proletariado internacional es el único aliado de los cientos de millones de trabajadores y explotados de Oriente.
Tal es la tarea de gigantescas proporciones que tienen ante ustedes y que, gracias a la época de la revolución y al desarrollo del movimiento revolucionario -cosa de la que no puede caber la menor duda-, será resuelta con éxito y coronada por un triunfo total sobre el imperialismo internacional, mediante los esfuerzos comunes de las organizaciones comunistas de Oriente.

Izvestia del CC del PC (b) R, nro. 9, 20 de diciembre de 1919



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