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Los consejos de fábrica y el control obrero de la producción

A consecuencia de la carta escrita el 20 de agosto, Trotsky respondió, el 12 de septiembre en su articulo «Gegen der Wídersacher der Losung der Produktion» («Contra los adversarios de la consigna del [control obrero de la] producción»), publicado por vez primera en The Militant, 21 de noviembre de 1931, bajo el titulo de «Los consejos de fábrica y el control obrero de la producción».

Queridos camaradas:

Rechazan ustedes la consigna de control obrero sobre la producción en general y los intentos de lograrlo por medio de los consejos de fábrica en particular. Su principal razón es la afirmación de que los «consejos de fábrica legales» son inadecuados para este propósito. En ninguna parte de mi artículo hablaba yo de los consejos de fábrica «legales». No solo eso: señalaba de modo suficientemente inequívoco que los consejos de fábrica solamente pueden convertirse en órganos de control obrero partiendo de la premisa de una presión tal por parte de las masas que la dualidad de poder en las fábricas y en el país esté ya parcialmente en preparación y parcialmente establecida. Está claro que esto tiene tan pocas posibilidades de ocurrir bajo la ley existente sobre consejos de fábrica como la revolución de tener lugar en el marco de la Constitución de Weimar.

 

Y sólo los anarquistas pueden sacar de esto la conclusión de que es impermisible explotar tanto la constitución de Weimar como la ley sobre los consejos de fábrica. Es necesario explotar tanto la una como la otra. Pero en forma revolucionaria. Los consejos de fábrica no son lo que la ley hace de ellos, sino lo que los trabajadores hacen de ellos. A partir de un momento determinado, los trabajadores «dislocan» el marco de la ley o lo echan abajo, o simplemente lo desprecian en su totalidad. Precisamente en eso consiste la transición a una situación puramente revolucionaria. Por ahora, esta transición está todavía por delante de nosotros, no detrás. Debe ser preparada.

Que se vaya a encontrar muy a menudo a carreristas, fascistas y socialdemócratas en los consejos de fábrica no dice nada en contra de su utilización, sino que prueba simplemente la debilidad del partido revolucionario. Mientras los trabajadores toleren a semejantes delegados en los consejos de fábrica, no serán capaces de hacer la revolución. Apartado de los trabajadores, el partido no puede hacerse más fuerte, porque la arena más importante de la actividad de los trabajadores es la fábrica.

 

Pero -contestarán ustedes- en Alemania están los miles de parados. No lo menospreciaba. Pero, ¿que conclusión se puede sacar de ello? ¿Descuidar enteramente a los trabajadores ocupados y poner todas las esperanzas en los parados? Esa sería una táctica puramente anarquista. Naturalmente, los parados constituyen un poderoso factor revolucionario, particularmente en Alemania. Pero no como un ejército proletario independiente, sino más bien como el ala izquierda de ese ejército. El núcleo fundamental de los obreros se encontrará siempre en las fábricas. Es por esto que el problema de los consejos de fábrica continúa presente con toda su agudeza.

 

Es más, incluso para los parados no es en absoluto indiferente qué ocurre en las empresas y en el proceso de producción en su conjunto. Los parados deben ser incluidos sin reservas en el control de la producción. Hay que encontrar las formas organizativas para ello. Resultarán de la misma lucha práctica. Naturalmente, todo esto no tendrá lugar en el marco de las leyes existentes. Pero hay que encontrar formas que abarquen tanto a los parados como a los que tienen empleo. La debilidad y la pasividad propias no pueden ser justificadas por referencia a la existencia de parados.

 

Dicen ustedes que los brandlerianos están a favor del control obrero y los consejos de fábrica. Por desgracia, hace tiempo que he dejado de seguir sus publicaciones, debido a la falta de tiempo. No sé cómo plantean la cuestión. Es bastante probable que tampoco aquí se hayan desembarazado del espíritu de oportunismo y filisteísmo. ¿Pero es que la posición de los brandlerianos puede, siquiera en un sentido negativo, tener una importancia decisiva para nosotros? Los brandlerianos aprendieron algo en el III congreso de la Comintern. Distorsionan los métodos bolcheviques de la lucha por las masas en su aplicación o propagación. ¿Realmente debemos, por esta razón, abandonar estos métodos?

 

Como puedo colegir de su carta, están ustedes también en contra del trabajo en los sindicatos y la participación en el parlamento. Si es así, entonces nos separa un abismo a unos de otros. Yo soy marxista, no bakuninista. Yo me baso en la realidad de la sociedad burguesa de cara a encontrar en ella las fuerzas y las palancas con que derrocarla.

 

A los consejos de fábrica, los sindicatos y el parlamento contraponen ustedes... los soviets. En relación con esto, los alemanes tienen un dicho excelente: «Schon ist in Zylinderhut wenn man ihn besitzen tut.» (Efectivamente, un sombrero de seda es algo muy bonito, siempre que sea mío.). No solamente no tienen ustedes soviets, ni siquiera tienen un puente hacia ellos, ni siquiera una carretera hasta el puente, ni tan siquiera un camino a la carretera. Die Aktion ha transformado los soviets en un fetiche, en un espectro suprasocial, en un mito religioso. La mitología sirve al pueblo para esconder su propia debilidad o al menos para consolarse. «Como somos impotentes frente a la muerte, como no podemos hacer nada en las fábricas, entonces... entonces, como recompensa por ello, nos elevamos a una altura tal que los soviets caen del cielo para ayudarnos.» Ahí está toda la filosofía de los ultraizquierdistas alemanes.

 

No. Con esta política yo no tengo nada en común. Nuestras diferencias de opinión no se limitan en absoluto a la ley alemana sobre los consejos de fábrica. Se refieren a las leyes marxistas de la revolución proletaria.

 



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