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Las lecciones de Bolivia

 

"Argentina y Bolivia, un balance", documento de la minoría de la Cuarta Internacional, 1972

 

Presentamos aquí el segundo capítulo de "Argentina y Bolivia, un balance", documento firmado por Hugo Blanco (Perú), Peter Camejo (SWP, EEUU), Joseph Hansen (SWP, EEUU), Aníbal Lorenzo (Ernesto González, PRT La Verdad, Argentina) y Nahuel Moreno (PRT La Verdad, Argentina).
Fue publicado por el Partido Socialista de los Trabajadores (Argentina) para la información de sus afiliados en Buenos Aires, en febrero de 1973 con traducción del original en inglés correspondiente al Volumen X, N°1, enero 1973, International Discusión Bulletin publicado por el SWP.
"Argentina y Bolivia, un balance" fue un documento presentado tres años después del Noveno Congreso Mundial de la Cuarta Internacional (1969), como contribución a la discusión sobre América Latina en la reunión de diciembre de 1972 del Comité Ejecutivo de la Cuarta Internacional. Los capítulos segundo y tercero se sometieron a votación. "Las lecciones de Bolivia" "Las lecciones de Argentina" obtuvo 11 votos a favor, 15 en contra, 3 abstenciones y uno no votó. (segundo capítulo, el que publicamos a continuación) obtuvo 11 votos a favor, 18 en contra, 2 abstenciones y uno no votó.

 

El I Capítulo se titula "Dos orientaciones"

Las diferencias de orientación que llevaron a una minoría de delegados a votar contra la Resolución sobre Latinoamérica en el último congreso mundial no han disminuido en los tres años transcurridos. Por el contrario, la discusión se ha extendido fuera de los marcos de ese continente y las diferencias se han desarrollado sobre aspectos nuevos pero relacionados. Tales diferencias se centran, fundamentalmente, alrededor del problema de cómo hacer para construir partidos revolucionarios de masas en el contexto de la situación actual a la que se enfrenta la Cuarta Internacional.

"Hoy está claro que se han ido formando dos tendencias alrededor de aspectos de vital importancia para el futuro del movimiento trotskista mundial. Una -continuando la línea formulada en la Resolución sobre Latinoamérica, es decir, el "viraje" adoptado por la mayoría [encabezada por Ernest Mandel] en el Noveno Congreso Mundial (el Tercer Congreso desde la Reunificación)- está comprometida en la guerra de guerrillas o preparándose para este tipo de lucha, sin considerar mayormente el volumen de nuestras fuerzas o la situación real que enfrentamos. La otra tendencia mantiene la línea que defendió en el último congreso mundial, es decir, la línea propuesta por la Cuarta Internacional desde su fundación de tratar de ligarse a las masas a través de la aplicación consecuente del método expuesto en el programa de transición.

"En esta contribución al debate nos proponemos examinar cómo las dos líneas han enfrentado su puesta a prueba en la realidad en Bolivia y Argentina, y qué significa para la Cuarta Internacional la extensión a otros continentes de la línea de la mayoría de la guerra de guerrillas" (...).

 

Capítulo II - Las lecciones de Bolvia

En el Noveno Congreso Mundial, los integrantes de la mayoría aseguraron a los delegados que la validez del viraje hacia la guerrilla pronto se vería confirmada en Bolivia. Los camaradas confiaban totalmente en la exclusión de períodos reformistas en este país paupérrimo rapazmente explotado por el imperialismo y las clases dominantes nativas. Según la mayoría la perspectiva inmediata apuntaba únicamente hacia la guerra de guerrillas. Había condiciones excelentes para abrir un frente.

Se había llegado a un acuerdo con los dirigentes del Ejército de Liberación Nacional. Aún sin obtener una victoria inmediata el resurgimiento de la guerrilla tendría importantes repercusiones internacionales. Con una dirección trotskista podía significar un salto enorme para la Cuarta Internacional, que el camarada Maitan consideraba absolutamente esencial. Con enorme entusiasmo, la mayoría aprobó la Resolución sobre América Latina y regresó a casa a preparar la campaña de apoyo para el nuevo frente guerrillero trotskista de Bolivia aunque el mismo aun no había comenzado.

Es importante entender cómo veían la realidad boliviana los dirigentes de la mayoría. Excluían tanto un período reformista como una insurrección urbana. Mucho antes del Noveno Congreso el camarada González lo hizo público con toda claridad (por ejemplo, en su contribución a Fifty Years of Woríd Revolution). Una declaración típica es la siguiente, de un informe desde La Paz:

"No hay posibilidad de un período reformista de lucha legal, de un regreso a la actividad sindical tradicional. Esto son lujos que el régimen militar no puede permitirse. Por lo tanto la perspectiva abierta al pueblo boliviano es de lucha directa para voltear a los militares del poder y construir un gobierno obrero y campesino que encare la reorganización del país sobre bases socialistas. Esta lucha sólo puede emprenderse por medios armados, por guerra de guerrillas en el campo, las minas y las ciudades. Esta es la perspectiva real y concreta. Todas las demás son utópicas y sólo pueden llevar a la derrota de las masas, aun en el caso hipotético de un cambio de gobierno" ("New Revolutionary Ferment in Bolivia" Intercontinental Press, 10 de junio de 1968, p. 546).

El camarada Maitan sostenía esencialmente la misma opinión de la perspectiva en Bolivia. El también lo declaró públicamente durante el Noveno Congreso. Hablando de la derrota del frente guerrillero del Che Guevara, decía:
"Los hechos que han seguido a la derrota de las guerrillas han confirmado, en último análisis, la opción fundamental de Guevara..."

"...los revolucionarios bolivianos no sólo defienden los conceptos que inspiraron la acción del Che contra los oportunistas de todo pelaje sino que también consideran que la perspectiva de nuevos enfrentamientos armados en Bolivia continúa siendo la fundamental. Dada la situación económica y social del país, el régimen capitalista -esté dirigido por Barrientos o cualquiera de sus posibles sucesores- sólo podrá sobrevivir mediante la más sistemática violencia. Esto significa que será imposible para el movimiento obrero y campesino encarar un trabajo preparatorio y organizativo mas o menos legal. Y, en el contexto actual, esto también excluye la perspectiva de que la lucha tome la forma de una insurrección urbana abierta. El país aún tiene explosivas contradicciones y todavía son posibles dramáticos conflictos.

"De hecho debemos arrancar de la realidad de que en Bolivia existe una situación de guerra civil...

"Esto significa, mas concretamente, que el método de la guerrilla comenzando por las áreas rurales es aun el método correcto. Una vez que se haya lanzado la guerra de guerrillas, aun bajo condiciones que son de varias maneras más desfavorables que el año pasado, las posibilidades para las iniciativas políticas y militares se multiplicarán muy rápidamente" ("Experiences and Perspectives of the Armed Struggle in Bolivia", Intercontinental Press, 2 de setiembre de 1968, pp. 706-7).

El camarada Maitan explícito esto aun más específicamente en su carta de esa época proyectando la posibilidad de construir la Cuarta Internacional entrando en Bolivia: "..es necesario comprender y explicar que en la etapa actual la Internacional será construida alrededor de Bolivia" ("An Insufficient Document", 15 de mayo de 1968, Discussion on Latín América, p. 16).

Tales eran los conceptos y perspectivas, ratificados por la mayoría en el Noveno Congreso, bajo los cuales nuestros camaradas bolivianos buscaban lograr un rápido salto en la lucha de clases de Bolivia.

 

1. De Barrientos a Banzer

Mientras todavía estaban desarrollando su teoría de una represión tan aguda que no admitiera otro recurso que la guerra de guerrillas en la lucha contra el general Barrientos, la figura principal de la Junta Militar que derrocó al régimen de Paz Estenssoro el 4 de noviembre de 1964, nuestros camaradas del Partido Obrero Revolucionario informaron sucesos que de hecho abrían otras posibilidades. Este es un ejemplo:

"El 1° de mayo [1968] un mitin de masas militante, antiimperialista y antimilitar se llevó a cabo con consignas fuertemente radicales y condenó abiertamente la dictadura de Barrientos. En las ciudades principales -Oruro, Cochabamba, Potosí, Santa Cruz- hubo demostraciones similares. En Cochabamba, el prefecto del distrito, general Reque Terán... apareció en la demostración respaldado por la fuerza. Trató de arengar a la multitud pero no se lo permitieron. Hubo una violenta reacción de los obreros que gritaban: ¡Usted asesinó al Che! ¡Lacayo imperialista! ¡Gorila! Tuvo que retirarse frente al clamor general.

"Además de las consignas militantes indicadas hubo gritos de aclamación para el Che y las guerrillas en estas demostraciones. El gobierno movilizó todas sus fuerzas: la policía, la guardia nacional, el ejército, la fuerza aérea (los Mustangs sobrevolaban las demostraciones de La Paz para amedrentar a los manifestantes), pero no se atrevió a reprimir. La Junta se acobardó y se retiró. Está claro, que más que expresar el nuevo ascenso y espíritu militante de las masas, las demostraciones de Mayo significaron una victoria sobre el gobierno.

"Aun sin dirección, las masas salieron a la calle dispuestas a la lucha. Era evidente que en su espíritu estaba incorporar a sus movilizaciones las lecciones dejadas por la guerrilla. Las masas llevaron su lucha hasta el límite del enfrentamiento armado. En cada ciudad, estaban presente las guerrillas: en las consignas, en las banderas y en el espíritu de las masas, que salieron el 1° de mayo con creciente confianza y coraje" ("New Revolutionary Ferment in Bolivia", Intercontinental Press, 2 de setiembre de 1968, pp. 544-45).

Es muy cierto que el nombre del martirizado Che aparecía por todas partes, como informaban nuestros camaradas de La Paz. Pero no era el surgimiento de otro frente guerrillero sino algo muy diferente: una acción de las masas llevada a cabo en las calles de todas las ciudades principales. Aun más significativamente: La Junta se acobardó y se retiró. De importancia similar fue la naturaleza de la lucha desarrollada por las masas. El informe continúa:

"Se está gestando un movimiento general por aumento de Jornales y salarios. Los mineros proponen la restauración de los viejos jornales y la devolución de las propiedades sindicales. El conflicto inmediato es la exigencia de los maestros de un aumento de salario de 470 a 900 pesos. El gobierno rechazó esta solicitud. Los maestros reunieron una Convención Nacional y aprobaron varias medidas de lucha conducentes a una huelga general. Entre éstas se encuentran paros parciales distribuidos por distrito, manifestaciones relámpago, barricadas callejeras, etc." (Ibid., p. 545.)

El autor del informe hizo lo posible por calzar el levantamiento en el esquema de la guerra de guerrillas, sin embargo los hechos mismos anunciaban una interpretación diferente. Particularmente hay que señalar dos cosas: 1) la capacidad del régimen de Barrientos, pese a su naturaleza represiva, de retirarse frente al levantamiento popular; 2) la tendencia de la lucha de las masas bolivianas a imitar el molde "clásico": las normas leninistas de la revolución proletaria.

Barrientos, muerto en un accidente el 27 de abril de 1969, fue sucedido por el vicepresidente Adolfo Siles Salinas. Sin otro valor para la Junta que el de una pieza ornamental, Siles fue volteado por un golpe de estado que puso en el poder al general Alfredo Ovando, el 26 de setiembre de 1969. Ovando permitió el funcionamiento de los sindicatos. Se reasumieron las tradicionales actividades sindicales y la Central Obrera Boliviana comenzó a reconstruir su estructura. Durante abril, mayo y Junio de 1970 el proletariado aprovechó las concesiones semilegales de Ovando y desarrolló continuas y masivas movilizaciones. Otros sectores se unieron: estudiantes; docentes, parte de la pequeña burguesía urbana y aun algunos sectores del campesinado. Estas acciones masivas fueron suficientes para permitir a la COB reasumir una actividad abierta. En sus manifestaciones, los estudiantes llegaron a tomar universidades enteras.

La clase dominante enfrentaba una crisis creciente, ya que no podía por el momento ni suprimir el movimiento de las masas ni ofrecer concesiones económicas en una escala suficiente como para suavizar la lucha de clases.

Las divisiones cada vez más profundas se reflejaron en las fuerzas armadas. Un sector, encabezado por el general Rogelio Miranda, propiciaba intentar una escalada represiva y estrechar lazos con el imperialismo. El otra ala, dirigida por el general Juan José Torres, se inclinaba por la utilización de las masas para extorsionar al imperialismo, obteniendo así la posibilidad de apaciguar momentáneamente a las masas y aplazar el enfrentamiento para un momento mas propicio. Hasta cierto grado, las divisiones en el ejército eran hasta geográficas. Miranda apoyado por los círculos dominantes de Santa Cruz y Torres por los del altiplano (región de La Paz).

El 13 de junio de 1970 los cuerpos de dos jóvenes izquierdistas, Jenny Koeller y su marido Elmo Catalán Aviles, un periodista chileno, fueron descubiertos cerca de Cochabamba. Habían sido atrozmente torturados y luego electrocutados por agentes del gobierno. Estallaron en todo el país demostraciones masivas de protesta y los enfrentamientos con el ejército produjeron muertos y heridos. El régimen de Ovando sufrió una fuerte sacudida.

Fue precisamente en este momento de crecientes movilizaciones masivas, de enfrentamientos callejeros, que el ELN abrió su frente guerrillero final. Bajo la dirección de Osvaldo "Chato" Peredo, unos setenta y cinco jóvenes revolucionarios abandonaron el escenario de las masas y partieron para el villorrio minero de Teoponte, a unos 100 kilómetros al norte de La Paz.

Independientemente de lo válida que haya sido su "concepción" de la guerrilla, el día que llegaron (el 19/7/70) cometieron un error al "analizar la situación". Abrieron las hostilidades volando una planta de procesamiento de oro de propiedad americana. Para el ejército, el desafío de la guerrilla representó un bajo costo en entrenamiento antiguerrillero. Para mediados de octubre sólo quedaban vivos seis de estos jóvenes revolucionarios.

Mientras tanto, la verdadera lucha de clases boliviana continuaba. Durante agosto y setiembre. Ovando zigzagueaba entre las masas que pedían concesiones y un sector de las clases dominantes que insistía en la línea represiva. En agosto, una batalla por el control de la Universidad de San Marcos precipitó una crisis nacional. El 6 de octubre de 1970 Ovando renunció entregando las riendas del gobierno a Miranda. La consecuencia fue una inmediata explosión masiva en la forma clásica. Estudiantes y obreros se lanzaron a las calles para impedir la asunción del ultraderechista.

El ejército se rompió totalmente. El general Torres declaró su oposición a la nueva Junta nombrada por Miranda y se reunió con Juan Lechin, el jefe de los sindicatos mineros y con Siles Suazo, un ex-presidente del país y con los principales dirigentes del Movimiento Nacionalista Revolucionario.

"Los estudiantes comenzaron a construir barricadas en las calles de la capital para bloquear cualquier movimiento de las fuerzas favorables al General Miranda", informa Le Monde del 8 de octubre". En Catavi los poderosos sindicatos mineros denunciaron el golpe de estado fascista de los oficiales derechistas y decidieron ofrecer 'apoyo condicionado' al general Torres.

"La federación de mineros exigió armas 'para defender nuestras conquistas sociales' y puso como condición para su apoyo 'el establecimiento de libertades democráticas y libertad de los presos políticos, derogación de los decretos anti-huelga, nacionalización de la banca extranjera y todos los intereses americanos, expulsión de todos los organismos imperialistas y el establecimiento de un gobierno popular. La COB ya ha preparado un llamado para una huelga general en todo el país'."

La COB también ordenó a sus miembros bloquear las calles y evitar los movimientos de tropas dentro de La Paz.

Se unieron a la acción destacamentos armados de campesinos, civiles armados liberaron a los presos políticos, los hogares de militares y civiles ultraderechistas fueron asaltados, se ocuparon los edificios de tres importantes periódicos, jubilosos mineros tomaron estaciones de policía y anunciaron que exigirían rápidos aumentos de salario.

El New York Times informa que el 8 de octubre "estudiantes armados tomaron el cuartel general de la división criminal de la Policía Nacional. Sin aparente oposición arrasaron las oficinas y destruyeron los archivos...

"Los estudiantes también emprendieron ataques contra propiedades de los EE.UU. Ayer entraron al Centro Binacional Boliviano-Americano derribando una bandera americana y anunciando que anexaban el edificio a la Universidad."

Mientras este gran movimiento de masas -desarrollándose según las líneas clásicas de una revolución proletaria-sacudía al gobierno y dividía al ejército, los acorralados sobrevivientes del frente guerrillero de Teoponte seguían siendo hostigados. Los únicos sobrevivientes finalmente se rindieron y el Chato Peredo y sus cinco seguidores fueron deportados por Torres a Chile.
¿Podría pedirse más dramática (y trágica) prueba de la falsedad de la concepción de que el camino de las masas pasa por las guerra de guerrillas rurales?

El establecimiento del régimen de Torres, un producto directo de una insurrección urbana de las masas, reflejaba una situación en la cual ni el proletariado ni la burguesía tenían por el momento la carta de triunfo. Al proletariado le faltaba la dirección marxista revolucionaria necesaria para conducir la revolución a la victoria. La débil y dividida burguesía no podía reunir a las fuerzas necesarias para imponer una solución contrarrevolucionaria. Torres estaba suspendido entre ambos extremos. Naturalmente ésta era una situación inestable; la revolución debería avanzar hasta el establecimiento de un estado obrero o la contrarrevolución se recobraría, elegiría un momento oportuno para golpear e intentaría establecer una fuerte dictadura policíaco-militar.

Torres estaba entre dos fuegos. Otorgó concesiones al proletariado mientras le impedía movilizarse definitivamente contra las fuerzas de ultraderecha. Ofreció un escudo a los ultraderechistas mientras forcejeaba por mantenerlos quietos. En última instancia, condujo una operación de sostén para la burguesía en una situación prerrevolucionaria.

Desde el punto de vista proletario las concesiones otorgadas por Torres no eran duraderas ni iban demasiado lejos, pero por el momento eran muy importantes. Incluían la liberación de prisioneros políticos y la nacionalización de algunas empresas imperialistas. La clase trabajadora y el campesinado podían funcionar con legalidad casi total. Era una oportunidad única para que los marxistas revolucionarios salieran de la clandestinidad y trabajaran con toda su energía para construir su partido revolucionario y profundizar y extender sus lazos con las masas.

El 10 de enero de 1971 las fuerzas contrarrevolucionarias intentan otro golpe pero nuevamente son rechazadas por la movilización de masas. Esta vez éstas estaban mejor organizadas, reflejando los avances que se habían hecho desde las movilizaciones que derrotaron al general Miranda tres meses antes. Miles de mineros armados desfilaron por La Paz. El movimiento de masas empezó a proclamar abiertamente su propósito de una transformación socialista de Bolivia.

Bajo esta creciente presión, el régimen de Torres otorgó mayores concesiones. La International Metal Proccessing Corporation fue nacionalizada. En febrero, Torres accedió aumentos de salario a los mineros.

En la época de la lucha de octubre contra el general Miranda, la COB y todos los partidos de izquierda habían formado un Comando Político para coordinar la lucha. A mediados de febrero se decidió convertir este organismo en Asamblea Popular. Este fue un paso tremendamente significativo. Como parlamento obrero, la Asamblea Popular era potencialmente un soviet. Los acontecimientos ofrecían incontrovertible evidencia de que en lo esencial la revolución boliviana estaba siguiendo el modelo "clásico" de la Revolución Rusa.

Tal proyecto atestiguaba la profunda necesidad de la clase trabajadora de contar un frente de lucha común en el cual sus aliados -los estudiantes, campesinos y pequeña burguesía urbana- pudieran participar. Sin embargo, la ausencia de representación de la base del ejército y de la mayoría del campesinado conformaban una grave debilidad que un partido revolucionario hubiera puesto prioritariamente en su orden del día para solucionar. Otra seria debilidad, que requería similar atención, era la inexistencia de organismos de apoyo locales. Estos comenzaron a formarse sólo en vísperas del golpe que derribó a Torres.

En los meses siguientes, el proletariado luchó contra el tiempo. Lo que se necesitaba era una dirección revolucionaria que planteara objetivos y tareas, que marcara una línea de acción. Así, los trabajadores bolivianos enfrentaban una crisis de dirección. No ofrecer a las masas populares otra alternativa que apoyar a Torres significaba un vacío de dirección política. Esto condujo a un debilitamiento de las fuerzas que podían haber sido movilizadas detrás del proletariado en la lucha por el poder.

Como resultado, la contrarrevolución comenzó a recuperar su confianza y a urdir nuevos complots con creciente seguridad.
Tras la fachada de un festejo religioso, las fuerzas contrarrevolucionarias montaron una demostración de 15.000 personas en Santa Cruz el 15 de agosto. Siempre vacilante. Torres trató de arrestar a los generales derechistas, incluido Hugo Banzer Suárez. Esto determinó un asalto al poder de la ultraderecha cuatro días más tarde.

Al principio sólo algunas fuerzas relativamente pequeñas pero resueltas estaban de parte de Banzer. Sin embargo, la dirección del proletariado, formada por farsantes y traidores tales como Juan Lechín y el Partido Comunista promoscovita, se quedó paralizada, esperando que Torres hiciera algo. Torres, a su vez, esperó para ver si se podía evitar un conflicto. Las pocas horas de fatal indecisión frente a la incipiente guerra civil se reflejaron en un rápido cambio en las relaciones de fuerza de las clases.

La oficialidad del ejército comenzó a pasarse al lado de la contrarrevolución. Pronto sectores del virtualmente desarmado proletariado, desmoralizados por lo que estaba sucediendo, se rehusaron a responder a los desesperados llamados de sus dirigentes para enfrentar al enemigo poderosamente armado. El período preparatorio había sido desperdiciado, el momento oportuno se había perdido. Al final sólo una pequeña vanguardia y una parte de las masas montaron un intento heroico de detener el golpe. Era demasiado poco y demasiado tarde. Torres huyó, buscando refugio el 22 de agosto en la embajada peruana.

Una vez en el poder, Banzer emprendió una represión asesina contra las organizaciones revolucionarias. No obstante, necesitado de tiempo para consolidar su régimen, postergó el intento de aplastar al movimiento sindical.

Pero a pesar de sus medidas represivas, no logró estabilizar las relaciones de clase en Bolivia. Un reflejo de las insalvables diferencias dentro de la clase dominante lo muestra la inestable unidad de la Falange y el MNR, ambos incluidos en el gobierno. La continua aparición de roces se nota en la mescolanza de figuras de "derecha" e "izquierda" en el aparato estatal.
La vanguardia de la clase obrera sufrió una seria derrota; está desmoralizada y sobre todo confundida. De todos modos, la lucha de clases en Bolivia continúa siendo explosiva. La clase dominante es impotente para aliviar la crisis socioeconómica permanente de Bolivia de una manera definitiva; es incapaz de establecer un régimen auténticamente fascista movilizando a la pequeña burguesía y es incapaz de armar un régimen reformista duradero que pueda ganar el amplio apoyo de las masas.
Se puede contar con que la clase obrera, comenzando de nuevo por reivindicaciones inmediatas, reasuma su lucha por medidas democráticas y transicionales. debilitando a Banzer como lo hizo con Barrientos y Ovando.

 

2. Una línea confusionista

La Resolución sobre América Latina votada en el Noveno Congreso sostenía que la burguesía nacional en América Latina es "intrínsecamente incapaz de la más mínima acción independiente tanto en el campo económico como político".
Como lo han demostrado los acontecimientos de Bolivia esta es una declaración groseramente exagerada.

Es cierto que la burguesía nacional es incapaz de montar una lucha consecuente contra el imperialismo y que en última instancia no romperá su acuerdo con el mismo, y también es cierto que la burguesía nacional es incapaz de garantizar concesiones duraderas e importantes a las masas. Pero la burguesía nacional tiene, no obstante, cierto margen de maniobra tanto con el imperialismo como con las masas, que depende del momento coyuntural de la lucha de clases.

La exageración de las limitaciones de la burguesía nacional corresponde lógicamente a la convicción de los camaradas de la mayoría de que en Bolivia -justamente en Bolivia- debía excluirse la posibilidad de que tomara el poder un régimen que no fuera represivo. Esta caracterización desorientó a la Sección Boliviana de la Cuarta Internacional. La dirección local no vio diferencias esenciales entre el gobierno de Barrientos y el de Ovando. Aun el régimen de Torres -al menos al principio- les parecía igual. Después de todo, esa era la línea votada por la mayoría en el Noveno Congreso Mundial.

Los camaradas dirigentes de la mayoría en Europa se aferraban a su línea en forma similar. El camarada Maitan, por ejemplo, no distinguía diferencias importantes entre los regímenes de Barrientos y Ovando en Bolivia:

"Y nadie puede cerrar los ojos al carácter fraudulento del régimen de Ovando, que no ha hecho mas que reemplazar la represión indiscriminada por una mas selectiva y que está dispuesto a encarcelar, deportar o aun eliminar a aquellos que no acepten sus reglas de Juego." ("Once Again on the Revolutionary Perspectives Ín Latin América - Defense of an Orientation and a Method". Discussion on Latin América, p. 74.)

Los camaradas Germain y Knoeller cometieron un error similar en su evaluación del régimen de Torres:

"En cuanto a Bolivia, la primera señal de un nuevo ascenso en la lucha de las masas provocó un golpe de estado seguido de una sangrienta confrontación armada. Aquellos que piensan que porque el general Torres subió al poder 'con el apoyo de la izquierda' será mas 'tolerante' sufrirán unas cuantas sorpresas desagradables tan pronto como aquél logre restablecer la unidad del ejército, que es su objetivo primordial." ("The Strategic Orientation of the Revolutionists on Latin America", Discussion on Latín América, p. 89.)

En el caso del gobierno de Torres, el error de caracterización era particularmente serio. Veamos, por contraste, la opinión de un camarada que apoyó la posición de la minoría.

Hugo Blanco:

"Este mismo proletariado nos está demostrando que no ha sido derrotado; lejos de ello, el ascenso de Torres es el producto del terror inspirado por la clase obrera. Las próximas semanas y meses serán de importancia decisiva para Bolivia. Por eso es lamentable ver a valiosos revolucionarios precisamente en este momento, irse a la guerrilla, separándose de las masas obreras y estudiantiles que se están preparando para la lucha. No sería de extrañar que, en el caso de ser derrotadas, se las cargue con la culpa o sean tal vez utilizadas para demostrar 'la imposibilidad de acceder al poder por el movimiento de masas'. Si tal desgracia ocurre, una buena porción de la culpa la tendrán quienes les quitaron a las masas una parte de su valiosa vanguardia. ¡Cómo si en estos días hubiera superabundancia de cuadros revolucionarios que dirijan a las masas!

"Se necesita trabajo leninista no sólo en Perú, del que nos estamos ocupando por el momento, sino también en Bolivia y en Chile, que están o pueden estar al borde de la lucha armada..."

"Es correcto discutir en Bolivia la forma que debe tomar la lucha armada en el proceso del levantamiento de las masas, pero para eso la mejor muestra es la Bolivia de 1952 que no recomienda irse a la montaña, aislarse o nada similar. El trabajo entre los campesinos como complemento del movimiento de los obreros y trabajadores urbanos en general, es un camino; con seguridad tal trabajo desembocará en guerrillas campesinas. La guerrilla del ELN es algo muy diferente, con una concepción mas o menos guevarista y no leninista." ("Letter fron Hugo Blanco to Livio Maitan", Discussion on Latin América, p. 71.)

Se puede suponer que el camarada Blanco escribía con la ventaja de una visión posterior, pero no es así. Expresó su opinión en una carta desde El Frontón fechada el 17 de octubre de 1970. El artículo de los camaradas Germain y Knoeller lleva techa de noviembre de 1970.

Torres accedió al poder precisamente porque el levantamiento de las masas dividió al ejército. El ejército no podía ser reunificado sin un enfrentamiento triunfante con las masas y para preparar tal cosa se requería tiempo y concesiones consecuentes. Gracias a la línea del Noveno Congreso los camaradas del POR (González) no supieron ver esto. Se encontraron completamente desprevenidos ante un período reformista y una apertura que hiciera posible el trabajo amplio entre las masas con una legalidad parcial.

Los camaradas de la minoría, que habían percibido que a escala mundial la lucha revolucionaria estaba retornando al molde "clásico" y que por lo tanto debían tenerse en cuenta otras variantes tácticas además de la guerrilla rural, no se vieron sorprendidos por los sucesos de Bolivia. Sus predicciones habían sido confirmadas. Tenían la esperanza de que los camaradas de la mayoría harían los reajustes necesarios como para que se perdiera lo menos posible a causa de la línea equivocada.

Sin embargo, la confusión era profunda. La mayoría había considerado sumamente improbable que ocurrieran insurrecciones urbanas masivas y aun si ocurrían explosiones de ese tipo, insistían en que la tarea central era orientarlas hacia la guerrilla rural. "No puede excluirse categóricamente la variante excepcional de una crisis explosiva que implicara la ruptura o parálisis del aparato estatal y de una movilización de masas tan impetuosa que pudiera evitar o neutralizar el retorno a la represión como medida decisiva" afirmaba la Resolución sobre América Latina, "pero no se puede basar una estrategia a escala continental sobre fenómenos excepcionales y en un caso así el imperialismo muy probablemente intervendrá militarmente (como sucedió en el caso de Santo Domingo)." ("Resolution on Latín América". Intercontinental Press, 14 de julio de 1969, p. 720.)

Un año después, durante el gobierno de Ovando, el camarada Maitan coronó esto al llamar la atención sobre el peligro de no dar suficiente importancia a la necesidad de un partido revolucionario operativo. Decía: "Existe asimismo el peligro de olvidar que hay períodos en los que debe tener absoluta prioridad el esfuerzo por desarrollar el trabajo de masas y crear los instrumentos para éste." "Por ejemplo, hoy en Perú, sería absurdo confiar fundamentalmente en la preparación de una nueva ola de guerra de guerrillas, sin comprender la necesidad de una profunda actividad de clarificación política y la explotación de todas las posibilidades que, a pesar de todo, ofrece la nueva situación para estimular los movimientos de masas y establecer lazos con ellas. Lo mismo puede decirse para Bolivia en una escala diferente y probablemente por un período mucho más corto." ("Cuba Military Reformism and Armed Struggle in Latín América", Intercontinental Press, 20 de abril de 1970, p. 359.).

Tales consideraciones sobre los peligros de olvidar las tareas fundamentales no podían tener mucho peso en un artículo que reafirmaba enérgicamente la orientación hacia la guerrilla rural. De esta forma, aunque los trotskistas bolivianos vivieron los acontecimientos insurreccionales de octubre de 1970 y enero de 1971 y los describieron en detalle, siguieron tan convencidos como siempre de la corrección de su orientación hacia la guerra de guerrillas en Bolivia. No se dieron cuenta en qué medida esta orientación los estaba haciendo "perder el tren".

"En octubre -escribían nuestros camaradas- "la pelea de los jefes militares paralizó la fuerza represiva del ejército, durante dos días había un vacío de poder, con abandono del Palacio de Gobierno y los ministerios. En ese momento había que actuar con las masas en la calle, había qué derrotar a los mirandistas en la acción y la lucha." ("La Universidad y el Comando Político de la COB". Revista de Orientación Teórico-Doctrinal, Tecera Epoca. Reproducido en Revista de América, julio-octubre de 1971, p. 50.).

El POR (González) culpó al Comando Político de no haber sabido aprovechar esta situación. "El Comando Político de la COB, no supo aprovechar la crisis del poder que se presentó en octubre, y en ese sentido, es culpable que se haya desperdiciado la fuerza de los trabajadores y que se haya escamoteado su victoria." (Ibid., p. 50.).

En otras palabras, la dirección del POR (González) percibió que había aparecido repentinamente un vacío de poder en Bolivia y que el Comando Político no había sido capaz de entrar en escena para llenarlo. En lenguaje marxista, el Comando Político era culpable de no haber utilizado esos dos días cruciales para conducir la insurrección urbana de los trabajadores a la conquista del poder.

Esta crítica al Comando Político era totalmente correcta. Sin embarga, se plantean un par de cuestiones. ¿De qué forma se habían preparado nuestros camaradas para esta eventualidad? ¿Cómo se entroncaban sus teorías sobre la guerrilla rural con lo que realmente había sucedido en la lucha de clases? En lugar de unirse al ELN para embarcarse en la guerrilla rural, ¿no hubiera sido mejor emprender el trabajo paciente en el movimiento de masas durante los períodos de Barrientos y Ovando, hallándose en una mejor posición para dirigir la futura insurrección urbana y conducirla a la victoria? ¿En qué correspondía el proyecto de lanzar una guerrilla rural en combinación con el ELN al modelo real de la lucha de clases, es decir, levantamiento de las masas, crisis en las clases dirigentes, parálisis del gobierno, profunda división en el ejército y la posibilidad que súbitamente enfrentaba el proletariado de tomar el poder mediante una insurrección urbana?

 

3. El problema de la ligazón con las masas

Desorientados por la claudicación de la mayoría a la estrategia guerrillerista castrista, nuestros camaradas bolivianos no pudieron darse una línea política correcta para el ascendente movimiento de masas. En cambio se aferraron a fórmulas ultraizquierdistas abstractas.

Era necesaria una serie de exigencias transicionales, desarrolladas en forma muy concreta, es decir, adecuadas a la dinámica real de la lucha de clases y ajustadas al objetivo de plantear el problema central del poder a las organizaciones surgidas de la lucha de las masas.

La forma en la cual el régimen de Torres subió al poder -mediante la intervención activa de las masas contra un intento golpista de derecha- y sobre todo la forma en la cual la idea de la Asamblea Popular surgió de la lucha misma demostraban que la revolución boliviana labia llegado a una coyuntura crítica. La conquista del poder político por el proletariado era una posibilidad real. Transformar esa posibilidad en realidad requería utilizar los avances logrados por el masivo movimiento insurreccional para armar a las masas. La necesidad primaria era un programa político a la altura del nivel de conciencia de las masas, pero que las instara a seguir avanzando sin demora para crear sus propios organismos de clase independientes y delineara una serie de pasos prácticos a tomarse en este rumbo.

Los trabajadores se daban cuenta de que con Torres habían obtenido ciertos derechos democráticos y temían un golpe de derecha. Pero este golpe se estaba preparando casi abiertamente. La clave, en consecuencia, era expresar este miedo legítimo denunciando a viva voz el incipiente golpe derechista y llamando a la defensa armada de los derechos conquistados por los trabajadores. Una campaña tal hubiera ayudado a poner a los generales reaccionarios a la defensiva y hubiera facilitado el trabajo en la base del ejército.

La formación de milicias obreras para defender la Asamblea Popular y las conquistas de las masas contra el golpe derechista es una consecuencia lógica de esta línea. Sin embargo, esto hubiera tenido significado si hubiera sido acompañado de un llamado a la movilización de las masas para proteger a la Asamblea Popular de cualquier intento de Torres de limitar su libre determinación.

Otro requisito, por supuesto, era el de una correcta consigna de poder para evitar que se abrigara ninguna ilusión con respecto al régimen de Torres. De esta manera la situación se hubiera orientado hacia el poder dual, un proceso que sólo podían llevar a cabo las masas mismas.

Nuestra consigna de gobierno obrero y campesino debió ser concretada y ajustada a la situación de Bolivia. Bajo Ovando, la COB constituyó la organización de masas más importante del movimiento obrero. Por lo tanto la consigna de un gobierno de la COB era una posibilidad que debió haber sido cuidadosamente considerada en ese momento como una forma realista de darle contenido a la fórmula de gobierno obrero y campesino.

Bajo Torres, surgió una forma más elevada de frente único proletario: el Comando Político. Para el partido revolucionario era absolutamente esencial insistir en que el Comando Político tomara el poder del estado.

Cuando el Comando Político se convirtió en Asamblea Popular lo correcto de tal exigencia se volvió aun más evidente. La Asamblea Popular era una forma de frente unido muy avanzada, que gozaba de la absoluta confianza de la clase obrera. Las medidas correctas necesarias para fortalecerla y transformarla en algo más que un incipiente soviet era democratizarla y organizar bases de apoyo locales en todo el país. ¡Asambleas Populares en todas las ciudades! ¡Por la elección de delegados revocables de todas las fábricas, minas y áreas campesinas! ¡Todo el poder a la Asamblea Popular!

Se requería un esfuerzo enérgico para extender la influencia de la Asamblea Popular en el campesinado y sobre todo en el ejército. El partido revolucionario debió hallarse al frente de semejante campaña. Aunque al principio fuera sólo propagandística, esta línea era esencial para ayudar al proletariado a romper con sus direcciones reformistas que dominaban a la Asamblea Popular desde su fase inicial.

Todo esto presuponía una clara orientación hacia las masas, sobre todo hacia el proletariado urbano y minero. Aun peor que la tragedia de desperdiciar una oportunidad inmejorable para el proletariado de tomar el poder, fue el hecho de que ningún partido, incluida la Sección Boliviana de la Cuarta Internacional, propuso un programa revolucionario correcto para la conquista del poder.

La dirección principal del proletariado boliviano estaba dominada por el reformismo. El ala revolucionaria, enceguecida por el viraje del Noveno Congreso Mundial a favor de la "correcta concepción" de dedicarse a la preparación técnica para la guerrilla rural por un período prolongado a escala continental, se resistió a distraerse con la aparición de "fenómenos excepcionales" en Bolivia. La línea estratégica de preparar y emprender la guerra de guerrillas ya se había convertido en un dogma sectario y tronador.

 

4. ¿Cuál era el eje de la lucha por el poder?

Los reformistas, como era de esperarse, no se orientaron para nada hacia el poder obrero. No levantaron ninguna consigna sobre esta cuestión. En cambio, apoyaron a Torres. Hicieron de todo menos preparar a las masas para el futuro enfrentamiento con la contrarrevolución. El Partido Comunista Boliviano, comprometido con la línea moscovita de coexistencia pacífica y el POR (Lora) fueron los primeros agentes de esta traición histórica.

En oposición a ellas existía una corriente ultraizquierdista comprometida con la guerrilla rural y la organización de un "Ejército Revolucionario Obrero y Popular". Dentro de esta corriente se encontraban los maoístas, los castristas, el ELN y nuestros propios camaradas de la Sección Boliviana de la Cuarta Internacional.

Los camaradas del POR (González), llevando adelante lo mejor que podían la línea del Noveno Congreso, estaban intensamente embarcados en la preparación de la guerrilla rural cuando los sucesos insurreccionales de octubre de 1970 llevaron a Torres al poder. Esa actividad los aisló del escenario de la acción.

Para un pequeño grupo de vanguardia, es muy difícil combinar la preparación guerrillera con el trabajo de masas.
La razón es bastante simple. Trabajar en la clandestinidad, transportando y almacenando armas, limita la posibilidad para los pocos cuadros disponibles de aprovechar las aperturas legales o semilegales que son esenciales para una extensión relativamente rápida del trabajo en las masas. El propio camarada González reconoció esto.

"Emprender ambas tareas al mismo tiempo, combinarlas, es en extremo difícil. Bajo el gobierno de Ovando el partido operaba en condiciones de total clandestinidad y estaba completamente absorbido por el trabajo armado. Desde noviembre pasado, luego que Torres subió al poder, hemos podido reiniciar nuestro trabajo legal dirigido a los sindicatos, pero también a los campesinos y a las universidades, donde teníamos muy poco peso antes." ("The Current Situation in Bolivia", Intercontinental Press, 14 de junio de 1971, p. 545").

En "condiciones de total clandestinidad" es, por supuesto, difícil progresar rápidamente en el trabajo de masas. Sin embargo, es posible progresar algo, como lo demostraron los bolcheviques en su época y lo están demostrando hoy los trotskistas en países como España y Brasil. Pero el POR (González) estaba ocupado en otras tareas durante los regímenes de Ovando y Barrientos y así se encontró fuera del movimiento de masas en el momento del levantamiento de octubre.

Como resultado de esto, nuestros camaradas no estuvieron presentes en el frente unido que dirigió las movilizaciones y creó el Comando Político. En lugar de reconocer sus errores y bregar para recuperar posiciones y participar en el Comando Político, la forma de frente único respaldada por las masas, nuestros camaradas hicieron propaganda a favor de tareas y formas organizativas que poco tenían que ver con el desarrollo de la lucha de clases. Es decir, en lugar de aceptar las organizaciones creadas en el proceso de lucha de las masas y combatir desde adentro a los dirigentes reformistas, el POR (González) propagandizó formas de organización alternativas que, por excelentes que parecieran sobre el papel, eran abstractas y sectarias en tales circunstancias. Por ejemplo, el 11 de octubre de 1970, el Comité Ejecutivo del POR dirigió una declaración a las masas proponiendo los siguientes objetivos:

"a) Organización de un Comando Revolucionario, que incluyera a todas las tendencias políticas que estuvieran a favor de una solución socialista para la actual situación del país y apoyaran la lucha armada por el poder. El objetivo de este comando sería sobreponerse al reformismo y economismo, la capitulación y el colaboracionismo de clase que han
causado las sucesivas derrotas y frustraciones del pueblo boliviano."

"b) Creación de un Ejército Revolucionario Obrero y Campesino. Este es el instrumento esencial para tomar el poder. Incorporará a vastos sectores obreros, populares y campesinos a la lucha armada. En este nuevo ejército habrá lugar para oficiales y soldados de las fuerzas armadas burguesas que rompan con su organización y quieran luchar para liberar a Bolivia de la opresión imperialista y sacarla del subdesarrollo."

"c) Desarrollo de un organismo representativo de las masas, a través del cual éstas puedan expresar todo su poder revolucionario, iniciativas, preocupaciones y determinación de transformar la sociedad." ("The Bolivian Political Crisis and Torres' Regime", Intercontinental Press, 23 de noviembre de 1970, p. 1024).

Estas tres propuestas no tenían conexión alguna con la lucha de clases real y concreta. No estaban relacionadas con consignas inmediatas, democráticas y de transición que partieran del nivel de conciencia política de las masas. No se ofreció ninguna explicación de cómo serían organizados los famosos "Comando Revolucionario, Ejército Revolucionario Obrero y Popular y Organismo Representativo de las Masas".

En lugar de levantar consignas dirigidas a movilizar a las masas, a través de acciones en frente único que enfrentarían a los reformistas con dilemas insolubles, el POR (González) presentó un esquema propio que consistía en poco más que la línea guerrillerista en alianza con el ELN, que estaba en ese momento embarcado en la aventura de Teoponte; en lugar de llamar a las masas a la guerrilla rural, la declaración las exhortaba a formar un Ejército Revolucionario Obrero y Popular. Exhortaba a los ultraizquierdistas proguerrilleros a formar un Comando Revolucionario. Y llamaba en general, y por lo tanto a nadie, a formar un "organismo representativo de las masas". El camino hacia tal organismo pasaba por el Comando Político, pero el POR (González) no comprendía o rechazaba tal posibilidad, realizando un viraje tardío en esta dirección sólo después que el Comando Político se había convertido en Asamblea Popular.

El razonamiento falaz de nuestros camaradas bolivianos queda demostrado por el siguiente juicio: "El Comando Político de la COB demostró incomprensión del proceso, se entusiasmó con ligereza, sin ver sus limitaciones, con el gobierno Torres, y desmovilizó a las masas prematuramente. Por esto, es necesario ahora, hacer surgir ya sea de su seno o bien fuera de él, otro Comando Político Revolucionario, que con la experiencia anterior pueda dirigir a las masas hacia el poder Socialista." ("La Universidad y el Comando Político de la COB", Revista de América, julio-agosto de 1971, p. 50).

De más está decir que tal organización nunca llegó a existir. Las masas seguían aceptando la dirección de Juan Lechín, de la COB, del PC Boliviano, del POR (Lora) en el organismo estable del Comando Político que había aparecido en la cúspide de la insurrección de las masas. Proponer, de una forma totalmente propagandística, que aquellos que se declararan por el socialismo y la guerrilla formaran un Comando Político Revolucionario propio, en oposición al ya existente, significaba permitir a los reformistas mantener el control sobre las masas sin luchar contra su traición.

Aún después de enero de 1971, cuando la ola insurreccional detuvo el primer intento serio de los generales derechistas de derribar al gobierno de Torres y condujo a la formación de la Asamblea Popular, nuestros camaradas bolivianos mantenían una actitud vacilante antes de decidirse a cambiar su posición. Luego de visitar Bolivia, dos militantes del Grupo Marxista Internacional, la Sección Británica de la Cuarta Internacional, escribían: "Además, los partidos políticos revolucionarios, en particular el POR (González), han decidido que la Asamblea es digna de ser tenida en cuenta. Al principio tendían a tener la actitud de observar a la Asamblea para ver qué resultaba, en lugar de participar activamente en ella" ("The Meeting of the Popular Assembly", International, septiembre-octubre de 1971, p. 59).

Desgraciadamente, cuando por fin cambiaron su posición, nuestros camaradas caracterizaron que su participación debía limitarse fundamentalmente a la oratoria. Esto se derivaba de su opinión de que la Asamblea Popular era "poco más que una suerte de parlamento nacional" y que eventualmente evolucionaría hacia algo mas realista: la guerra de guerrillas.

En un reportaje hecho en abril de 1971 y publicado en el número del 17 de mayo de Rouge, el camarada González decía: "El ala izquierda, a la cual pertenece el POR, ha expresado la idea de que la Asamblea Popular debe ser un organismo que discuta los problemas nacionales y las soluciones para ellos, pero que deje el poder en manos de las organizaciones de masas (sindicatos y milicias populares o el ejército popular)...

"Los camaradas del POR que están en la Asamblea Popular, bien representando directamente al partido o a algún sindicato, no se hacen ilusiones. Están utilizando a la Asamblea Popular como un foro, una plataforma. Eso es todo." ("The Current Situation in Bolivia", Intercontinental Press, 14 de junio de 1971, p. 545).

En esta posición lo que debe notarse particularmente es el rechazo del camarada González a exigir todo el poder para la Asamblea Popular. Lo que proponía a cambio era dejar el poder en manos de las organizaciones de masas -los sindicatos, milicias populares y un ejército popular. Es una extraña propuesta; no existían ni una milicia popular ni un ejército popular. Aun estaban por crearse. Eso, por el momento, dejaba sólo los sindicatos, es decir, la COB. Pero la COB proveía la base de masas para la Asamblea Popular. Y fue precisamente la Asamblea Popular la que constituyó una forma de frente único, a través de la cual los trabajadores podían conducir al campesinado y las masas urbanas Juntas en su lucha por una forma concreta de gobierno obrero y campesino.

Es evidente que nuestros camaradas bolivianos no consideraron la cuestión del camino hacia el poder tal como estaba realmente planteada por la lucha de clases en ese momento. Tenían la ilusión de que podrían dar un "salto" rápido a través de la guerrilla rural.

Finalmente decidieron tomar a la Asamblea Popular en serio. Ante la presión creciente del movimiento de masas (50000 trabajadores manifestaron el 1° de mayo reclamando abiertamente el socialismo) el POR (González) cambió su posición y llamó a que la Asamblea Popular se transformara en la base de un gobierno obrero y campesino.

En un artículo del número del 1/15 de mayo de Combate, el POR (González) anunciaba su nueva caracterización:
"La Asamblea Popular no puede cumplir otro rol que el de un órgano de poder dual. Es decir, no debe simplemente debatir y ejercer las funciones de gobierno. Debe -como expresión del poder de las grandes masas de nuestro pueblo- decidir sobre las cuestiones básicas que enfrentan el país y los trabajadores. La Asamblea Popular debe convertirse en un gobierno obrero y campesino y para lograrlo debemos luchar dentro y fuera de ella. En este proceso, se irá formando junto a la Asamblea un instrumento político-militar que le dará el poder que aún le falta para hacer cumplir sus decisiones".("Put the People's Assembly on the Road to Socialism", Intercontinental Press, 21 de junio de 1971, p. 575).

El viraje fue bienvenido. Pero llegó demasiado tarde y era aún demasiado confuso como para tener consecuencias efectivas.

¿Qué significaba ese "instrumento político-militar" que crecería "junto a la Asamblea"? La Asamblea Popular no podía hacer cumplir sus decisiones sin conquistar el poder. Se necesitaban consignas y medidas de transición, como se indicó más arriba, para armar a las masas. Nuestros camaradas debieron lanzarlas de la manera más vigorosa por lo menos seis meses antes (cuando Torres subió al poder). La charla constante sobre un "Ejército Revolucionario Obrero y Popular" que sería creado por medios desconocidos (¿la guerrilla rural?) y por dirigentes indefinidos (¿el POR o el FLN?) era abstracta y por lo tanto sectaria e irrelevante para la situación rápidamente cambiante.

 

5. El armamento de las masas

Cuando las masas toman las armas, lo hacen de dos formas más o menos combinadas. La primera es la organización por los trabajadores de sus propios destacamentos para defender su lucha y sus organismos (centrales sindicales, etc.) del ataque. Como bien se sabe, el nivel mas elemental de esta autoorganización es la formación de piquetes armados. El programa de transición indica las siguientes etapas a este nivel. La segunda forma consiste en extender la simpatía por los objetivos revolucionarios entre las tropas del ejército burgués, ganándolas para la revolución en el momento crucial. Tal como lo demostraron los bolcheviques el éxito de ambos procesos depende de una correcta acción política.

Sin una consigna de gobierno correcta como la exigencia de todo el poder a la Asamblea Popular y sin una fuerte campaña para movilizar fuerzas efectivas contra el inminente golpe derechista, en Bolivia toda oratoria sobre la lucha armada terminaba en pura charlatanería o en aventurerismo ultraizquierdista. Se necesitaba un trabajo político consecuente en la base y la baja oficialidad del ejército como parte del proceso de armamento de las masas. No se podía ganar al ejército boliviano simplemente con propaganda, por más importante que ésta fuera. Era fundamental organizar abiertamente milicias obreras para demostrar a la soldadesca que los trabajadores estaban firmemente decididos a defender sus derechos y a frenar las intrigas de los generales de la extrema derecha.

La Asamblea General votó una propuesta de organizar milicias obreras clandestinas, lo que era al mismo tiempo absurdo y oportunista. Absurdo porque lo que se necesitaba en esta ocasión era una gran campaña publicitaria sobre la necesidad de formar milicias obreras abiertamente bajo los auspicios de las organizaciones de masas. Oportunista porque el verdadero significado de la moción era que no se armaría a las masas. Tanto los reformistas como los ultraizquierdistas apoyaron esta moción. Los oportunistas por razones obvias, incluida la de posar ante las masas como revolucionarios. Los ultraizquierdistas porque se adecuaba perfectamente a su "concepción correcta" de la guerra de guerrillas, de armar a la vanguardia clandestinamente, ya que en el fondo están convencidos de que es la única salida posible.

El ejercito no puede ser ganado sino enfrentándose cara a cara con las masas. Las masas tenían que aprender cómo hacer esto, cómo marchar a las barracas de los soldados, cómo hablar con ellos, cómo apelar a ellos en las calles si eran enviados a reprimir a los trabajadores o a desarmar a las milicias obreras.

Si es necesario hacer citas sobre esto, León Trotsky es una fuente recomendable. Hemos seleccionado citas que deberían resultar muy convincentes a la mayoría ya que en ellas Trotsky señala en qué momentos la guerrilla puede jugar un rol positivo... tácticamente.

"La actitud política de la tropa, esa gran incógnita de todas las revoluciones, no se manifiesta claramente mas que en el momento en que los soldados se encuentran cara a cara con el pueblo. El paso del ejército a la revolución es primero una transformación moral, pero los medios morales por si solos no servirían para nada. Hay, en el ejército, corrientes diversas que se entrecruzan y se cortan: sólo una minoría se declara conscientemente revolucionaria, la mayoría duda y se deja empujar; no es capaz de deponer las armas o de dirigir sus bayonetas contra la reacción mas que cuando empieza a advertir la posibilidad de una victoria popular, y esta fe no puede proceder sólo de la propaganda. Es preciso que los soldados vean con toda claridad que el pueblo se ha echado a la calle para una lucha decisiva, que no se trata sólo de una manifestación contra la autoridad sino de derribar al gobierno. Entonces, y solamente entonces, se da el momento psicológico en que los soldados pueden pasarse a la causa del pueblo". ("Conclusiones", 1905. Ruedo Ibérico, 1971, tomo I, p. 237).

Recordemos que Trotsky está describiendo la situación rusa de la revolución de 1905, no la de 1917, en la cual se trataba de un ejército conscripto de enormes proporciones, desmoralizados por la derrota en una guerra imperialista. Estaba hablando de un ejército que, si cabe, era aun más reaccionario que el de Bolivia. Trotsky continúa:

"Así, la insurrección, es, esencialmente no una lucha contra el ejército, sino una lucha por el ejercito. Si la insurrección continúa, aumenta y tiene posibilidades de éxito, la crisis de transformación en los soldados estará cada vez más cercana.

Una lucha sin grandes proporciones, basada en la huelga revolucionaria -como la que hemos visto en Moscú- no puede por si misma dar la victoria, pero permite, en cambio, probar a los soldados y, tras un primer éxito importante, es decir cuando una parte de la guarnición se ha unido al levantamiento, la lucha por pequeños destacamentos, la guerra de guerrillas, puede transformarse en el gran combate de masas, donde una parte de las tropas, sostenida por la población armada y desarmada, combatirá a la otra parte, rodeada por el odio general. En virtud de las diferencias de origen y de las divergencias morales y políticas existentes entre los elementos de que se compone el ejército, el paso de ciertos soldados a la causa del pueblo significa ante todo un conflicto entre dos fracciones de la tropa, como hemos visto en el mar Negro, en Cronstadt, en Siberia y en la región de Kuban, y, mas tarde, en Sveaborg y en muchos otros lugares. En estas circunstancias diversas, los instrumentos más perfeccionados del militarismo, como fusiles, ametralladoras, artillería pesada y acorazados, pasaron con facilidad de las manos del gobierno al servicio de la revolución." (Ibid. p. 237).

Por supuesto la orientación de Trotsky ni en ese momento ni posteriormente, fue a favor de la guerra de guerrillas a escala continental por un período prolongado. Como figura preeminente del marxismo en cuestiones militares, él entendía a la perfección que para ser efectivo el trabajo revolucionario en las tropas debía basarse en la movilización de las masas que actuaría como un poderoso solvente sobre el ejército.

La línea del POR (González) era promover la deserción individual, es decir, quitarle al ejército todos aquellos elementos que se transformaran en revolucionarios convencidos. Ya vimos cómo buscando responder a las necesidades del momento cuando subió Torres al poder nuestros camaradas ofrecieron a los miembros del ejército burgués que decidieran desertar incorporarse a un inexistente Ejército Revolucionario Obrero y Popular: "En este nuevo ejército podrá haber lugar para oficiales y soldados de las fuerzas armadas burguesas que rompan con su organización y quieran luchar para liberar a Bolivia de la opresión imperialista y sacarla del subdesarrollo." El llamado a la deserción individual se deriva automáticamente del esquema de la guerrilla rural por un período prolongado a escala continental. ("The Bolivian Political Crisis and the Torres' Regime", Intercontinental Press, 23 de noviembre de 1970, p. 1024.).

Lo que se necesitaba, sin embargo, era una serie de reivindicaciones alrededor de las cuales los soldados de base más militantes pudieran comenzar a polarizar al resto contra la oficialidad y hacerlo era seguramente posible en vista de las condiciones en que se encontraba el ejército durante el régimen de Torres.

La ausencia de una política efectiva dirigida a aprovechar las divisiones en el seno del ejército y ganarse un sector de la base y de la baja oficialidad fue una de las debilidades mas serias de la dirección de la Sección Boliviana de la Cuarta Internacional.

El "viraje" del Noveno Congreso los había desviado de la tarea de prepararse para la lucha armada de acuerdo al modelo desarrollado por Lenin y Trotsky en la Revolución Rusa.

 

6. Después de Torres, la guerra de guerrillas

A pesar del rumbo de la lucha de clases en Bolivia, el POR (González) se aferró obstinadamente a su posición de que sólo se llegaría a la revolución socialista por la guerra de guerrillas. Despreciando toda la evidencia desplegada ante sus ojos, nuestros camaradas bolivianos siguieron apoyando incondicionalmente la línea adoptada por el Noveno Congreso, una línea que pasaba por encima de prácticamente todo lo que sucedía a su alrededor (una insurrección urbana, un régimen reformista, trabajo sindical abierto, posibilidad de actividad legal, trabajo en las fuerzas armadas, etc.).

¿Fue una "dedicación a muerte", como podrían decir los camaradas Germain y Knoeller, la que condujo a tal persistencia en mantener una línea equivocada? No, simplemente seguían confiando en la sabiduría de los dirigentes de la mayoría de la Cuarta Internacional. Tal como preveían ellos los acontecimientos futuros. Torres caería y entonces vendría la verdadera lucha por el poder, es decir, la guerrilla rural en un plano nuevo y mas elevado, ya que el sucesor de Torres sería el dictador más brutal jamás visto en el país. Esta era su verdadera perspectiva. Por esta razón les preocupaba tanto construir algún tipo de aparato militar, aparte y separado de las organizaciones de masas. Por esta razón también persistieron ardientemente en tratar de crear un frente único con los otros grupos comprometidos en el esquema de la guerra de guerrillas: el ELN, los maoístas y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

En su entrevista con el corresponsal de Rouge el camarada González, explicando el trabajo que estaban desarrollando, decía lo siguiente:

"Pero evidentemente este trabajo no puede ser capitalizado, ni tener ningún significado a largo plazo sino en el contexto de preparar nuestra organización para la lucha armada. En la inestable situación actual nosotros consideramos todo como pasajero. La represión que está por venir señalará el comienzo de una nueva etapa de lucha armada a una escala como jamás se conoció aquí." ("TheCurrent Situation Ín Bolivia", Intercontinental Press, 14 de Junio de 1971, p. 545.).

En una entrevista con dos militantes del International Marxist Groupe, el camarada González explicaba muy correctamente por qué la burguesía necesitaba un golpe derechista. Decía: "...si hubiera un golpe ahora, sería una victoria militar para la derecha y el ejército. Pero no le daría más que el control de algunas ciudades. Reimplantaría la lucha armada a un nivel mucho más elevado que en el período de las guerrillas de Ñancahuazú y Teoponte." ("Interview with Hugo González Moscoso", International, septiembre-octubre de 1971, p. 64.).

Continuando con la misma línea de razonamiento, el camarada González agregaba: "Si no se organiza el ejército de los trabajadores, si no se desarrolla el ejército popular, el golpe podrá fácilmente restablecer el control del ejército. Pero este control no durará. Tal situación será el estallido de la guerra. No pensamos en términos de un modelo estático. Será una guerra civil a escala nacional con diferentes frentes. Será el comienzo de una guerra prolongada para la cual nos estamos preparando desde ahora." (Ibid, p. 65.).

Por lo tanto la opinión del camarada González era que recién podría comenzar plenamente la lucha armada después que la relación de las fuerzas sociales fuera decididamente desventajosa para la clase obrera, después que la burguesía hubiera conseguido reunificar el ejército y hubiera desatado una salvaje represión sobre la vanguardia y que las masas hubieran retrocedido y se hubieran desmovilizado.

Esta equivocación total sobre lo que sucedería después de la caída de Torres a manos del Kornilov boliviano devenía lógicamente de la serie de errores cometidos antes y que habían causado que nuestros camaradas bolivianos perdieran el tren. No eran los únicos en cometer tan colosales errores. Los dirigentes de la mayoría compartían la responsabilidad.

Después de todo, según su teoría, los hechos precedentes al triunfo de Banzer constituyeron una "variante excepcional". Lo que sí era permanente era el esquema de la guerrilla rural por un período prolongado a escala continental, incluida Bolivia.
En los últimos días del régimen de Torres, nuestros camaradas bolivianos lucharon valientemente contra el golpe contrarrevolucionario, sufriendo serias bajas, incluso muertos. El movimiento trotskista mundial los honra por esto y recordará siempre a quienes ofrendaron sus vidas.

No obstante, conjuntamente con todo el proletariado boliviano, sufrieron una seria derrota; sus bases fueron diezmadas; años de ardua labor quedaron deshechos; algunos camaradas se desmoralizaron y aparecieron amargas diferencias y recriminaciones. Todo esto debe tenerse presente para analizar las tremendas dificultades que afronta ahora nuestra Sección Boliviana.

Pero esto da más motivo aún para discutir la línea desastrosa en la que estaban embarcados. Permanecer mudos o atenuar las críticas políticas que deben hacerse significaría que en realidad nuestros mártires bolivianos murieron en vano.

La necesidad de criticar esa línea es mucho más imperiosa aún ante el hecho de que en Bolivia se la sigue practicando con muy pocos cambios.

Bajo Barrientos, el POR (González) estaba a favor de la acción guerrillera antes del trabajo en el movimiento de masas. Los más serios traspiés, incluido el desastre sufrido por el Che Guevara, no alteraron su determinación. Lo mismo bajo Ovando. Con Torres hicieron algunos ajustes, pero no hubo un cambio esencial. Los ajustes sólo estaban dirigidos a crear una base para las guerrillas para cuando terminaran las movilizaciones de masas. Hoy bajo Banzer continúan -con una significativa excepción- como si toda la experiencia anterior no significara absolutamente nada.

 

7. El Frente Revolucionario Antiimperialista

La excepción es la siguiente. Bajo el régimen de Torres, nuestros camaradas se aferraban obstinadamente a la posición sectaria de no participar en el Comando Político y de mantenerse fuera de la Asamblea Popular, hasta que fue demasiado tarde para afectar significativamente su curso. Hicieron esto aunque el Comando Político y la Asamblea Popular eran formas de frente único basadas en el apoyo de las masas. Ahora, luego de la caída de Torras y la dispersión de la Asamblea Popular se han unido a los propios dirigentes que estaban a la cabeza del Comando Político y de la Asamblea Popular y que fueron responsables de la traición a la revolución boliviana, por seguir una línea reformista. Se juntaron con estos despreciables personajes en el "Frente Revolucionario Antiimperialista" bajo un programa burgués común. ¡Al principio el FRA, incluía hasta al general Torres! Es verdad que más tarde el Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional criticó públicamente a la Sección Boliviana por añadir la firma del POR (González) al manifiesto del FRA que exigía un "gobierno popular y nacional".

Nuestros camaradas respondieron con una declaración autocrítica en la cual decían, entre otras cosas:

"Al haberse formado el FRA -que incluye a todas las organizaciones políticas y de masas que están contra el fascismo de Banzer- después del golpe del 21 de agosto de 1971, el manifiesto del mes de diciembre de 1971 es un documento confuso que no delimita claramente las tareas de los revolucionarlos bolivianos y da la impresión de que admite formas de gobierno de unidad nacional. El POR no acepta tal formulación contraria a sus conceptos de una dinámica socialista de la revolución y de un gobierno obrero-campesino.

"La firma de un documento tal sin publicar al mismo tiempo sus críticas y sus limitaciones, fue un error por el cual nos autocriticamos."

La participación del POR en el FRA, continúa, era meramente una cuestión táctica:

"El POR permanece en el FRA pero se distingue de los reformistas y ratifica su estrategia de lucha armada y guerra revolucionaria para derrocar al fascismo, destruir el régimen capitalista y construir la sociedad socialista bajo la dictadura del proletariado, En este sentido su participación en el FRA tiene un carácter táctico bajo las condiciones actuales de la izquierda boliviana y no compromete su independencia política, orgánica ni militar."

En la misma declaración, la "dirección colectiva" prometía hacer publicas sus diferencias con el FRA: "El POR a través de un documento público delimitará sus conceptos políticos y programáticos y ofrecerá una clarificación de las responsabilidades de los partidos en los hechos de agosto y desenmascarará a las tendencias culpables de la derrota de las masas. Participando en el FRA, no cejará en su deber revolucionario ante las masas".

Hasta ahora no hemos visto la prometida delimitación publica de los traidores reformistas y los tránsfugas burgueses reunidos en el FRA. Mientras tanto nuestros camaradas conviven confortablemente con ellos, por razones "tácticas".

El papel principal del FRA es tapar la traición a la revolución boliviana cometida por los partidos reformistas bajo Torres. En el nombre de la "unidad" este frente fraudulento busca silenciar cualquier crítica tachándola de sectarismo para estar así en condiciones de desviar nuevamente a las masas bajo el mismo programa desastroso que fue apoyado por el partido Comunista de Solivia y el POR (Lora).

En marzo de 1972 el FRA se dio ciertas reglas y cláusulas que son ataduras para los que pertenecen a él. Resulta instructivo leer estos reglamentos:

"1. Ningún partido político u organización actuará en contra de la línea fundamental establecida en los documentos constitutivos y fundamentales del FRA y que han sido suscriptos por los representantes de las diferentes entidades que lo integran.

"2. Los partidos políticos conservan su independencia ideológica y organizativa pero su conducta está limitada por los acuerdos que han contraído.

"3. El FRA actuará como entidad unitaria en todos los frentes de la vida social (sindicatos, universidades, colegios, organizaciones populares, etc.). El Frente presentará listas únicas en los eventos electorales de todo tipo después de discutirlos ampliamente en su seno.

"4. Funcionará una comisión sindical, estudiantil, encargada de coordinar el trabajo sindical y estudiantil universitario: la dirección del FRA es la alta comisión político-sindical-estudiantil y los partidos políticos y organizaciones deben subordinarse a ella, en la ejecución de la línea fijada por el frente.

"5. A las asambleas sindicales y estudiantiles universitarias y de otro tipo, el FRA llevará una línea previamente estudiada y acordada y es recomendable que se designen con anterioridad los portavoces oficiales.

"6. Los voceros propagandísticos del FRA deben traducir su pensamiento unitario y no únicamente la línea parcial de uno o algunos de sus componentes. (Publicación oficial del FRA, mayo de 1972, Revista de América, No 8/9, mayo-agosto 1972.)

Estas reglas y cláusulas tienen la clara intención de taponar cualquier opinión crítica que pudiera sostener alguno de los componentes del FRA. Permanecer en tal frente significa participar en un bloque político sin principios con los reformistas traidores a la revolución, atando de pies y manos al partido revolucionario.

En lugar de hacer un bloque con Juan Lechín, el PC boliviano, el POR (Lora) y otras basuras políticas, nuestros camaradas deberían hacer todo lo posible para denunciar cómo y por qué estos personajes y grupos traicionaron a la revolución boliviana. Este es un requisito absoluto para empezar de nuevo desde el principio y reunir a los cuadros necesarios para construir el partido revolucionario capaz de presentar en Bolivia una alternativa viable al programa de los reformistas.

Sin embargo es comprensible, si no excusable, la razón por la cual nuestros camaradas bolivianos decidieron practicar un entrismo sui géneris en el FRA. La lógica de la orientación guerrillerista adoptada por la mayoría en el Noveno Congreso los ha llevado a subordinar las consideraciones políticas a lo que ellos reivindican como primera necesidad: la preparación técnica para la guerrilla rural. Participan en un frente sin principios sin preocuparse de su coloración política y de sus reglas ideológicas porque piensan que el sello del FRA puede resultar útil para lanzar la "lucha armada".

Además, están influenciados por la actual moda de la vanguardia boliviana de favorecer la unidad a toda costa.

Esta moda es una reacción a los compromisos mezquinos e inútiles de los reformistas que trataban de ganar el favor de Torres y la influencia sobre las masas.

Ceder a esta corriente es en extremo peligroso, pues impide la construcción de un partido leninista con una línea y expresión claras y en condiciones de utilizar el método esbozado en el programa de transición para llegar a las masas bolivianas.

En lugar de acatar la primera cláusula de ese reglamento que establece que "ningún partido político u organización actuará en contra de la línea fundamental establecida en los documentos constitutivos" de ese frente sin principios, nuestros camaradas deberían establecer como su primera regla ir en contra de esa línea fundamental. La Sección Boliviana debe romper ese chaleco de fuerza y llevar su propia línea a las masas, a través de un trabajo cotidiano y consecuente con el proletariado, los estudiantes, los campesinos y los sectores más empobrecidos de la población. Su actitud hacia el FRA debe ser embretarlo con posiciones que en última instancia lo romperán políticamente, a través de propuestas de frente único sobre puntos específicos.

Inevitablemente estallarán en Bolivia nuevas luchas populares, tal vez antes de lo esperado. Pero para conquistar una posición dirigente en esas luchas, nuestros camaradas deben estar profundamente enraizados en las masas. Deben apartarse definitivamente de la estrategia guerrillera guevarista que ha demostrado ser una trampa mortal para el movimiento revolucionario latinoamericano. Las consideraciones "técnicas" deben subordinarse -pero en serio- a la necesidad política de ganar la dirección de la lucha de masas.

Esto requiere una política -por un "período prolongado" y a "escala continental"- de evitar acciones que lleven al sacrificio estéril de los cuadros y provean a la contrarrevolución de pretextos inmejorables para desatar salvajes represalias. Esto significa revertir la línea de estrategia guerrillerista para América Latina del Noveno Congreso Mundial.

Significa, en resumen, regresar a la estrategia leninista de construcción del partido.



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