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Tesis Políticas de la Confederación Obrera Departamental de Oruro

Aprobadas en diciembre de 1970

Estas tesis que reproducimos por considerarlas de interés informativo, fueron aprobadas en diciembre de 1970. Independientemente de su carácter general, y de la ausencia de un programa mínimo y de transición que sirva para movilizar, creemos que estas tesis son una pieza importante para la comprensión de lo que está sucediendo en Bolivia.  

El Congreso de la COD de Oruro ratifica en todos sus aspectos la Tesis Política aprobada por el IV Congreso de la COB, realizada en la ciudad de La Paz, en mayo de 1970. Por otra parte, considera oportuno adoptar los siguientes aspectos complementarios:
 
 

I. La nueva situación política

1.- El cambio político operado el 7 de octubre de 1970 no puede de ninguna manera ser considerado como una revolución social, esto desde el momento en que apenas si se ha operado la sustitución en el poder de un sector castrense por otro. Este cambio político -que es esto lo que en realidad ha ocurrido- ha significado el momentáneo arrinconamiento del grupo militar fascista por otro capitaneado por el Gral. Torres y que, cediendo a las presiones del momento, ha adoptado algunas posturas izquierdistas o progresistas. El movimiento obrero debe orientar sus pasos dentro de esta clara definición del fenómeno vivido por el país en los últimos tiempos.

2.- La poderosa movilización de la clase obrera y del pueblo todo ha permitido que la disputa interna del ejército adquiriese proyecciones sociales insospechadas. La huelga general victoriosa se convirtió en la palanca que obligó al triunvirato fascista a abandonar el escenario y dejar el camino abierto para que el General Torres asumiese el poder. Nuevamente, se ha dado el caso de que las masas en las calles han definido la situación política en favor de los explotados pero no han logrado todavía adueñarse del poder, que éste es su objetivo central. En las jornadas de octubre el resultado de la crisis explicable. Las masas hasta ese momento no lograron superar el estado de miedo y dubitación que les dominaba y la huelga misma resultó algo así como un salto mortal en vacío, empero la importancia de la huelga general radica en que se constituyo en poderosa palanca que arrancó a las masas de su aletargamiento. Por otra parte, a lo largo del país se notó la extrema carencia de armas, como lo demuestra la trágica experiencia de la masacre de Oruro. En nuestra ciudad, como en La Paz, se cometió el error de considerar que inevitablemente los grupos militares en pugna llegarían a la agresión armada mutua, lo que habría permitido al pueblo armarse rápidamente; por otra parte, se descontaba que alguno de los sectores castrenses daría armas a las masas. La lección es clara: las armas hay que conquistarlas en la lucha y no pedirlas a ningún general. Los militares no tienen miedo de capitular ante sus iguales y el miedo se torna mortal cuando se ven empujados ante la perspectiva de verse enfrentados con todo el pueblo, como ocurrió el 9 de abril de 1952.

3.- Debe recalcarse que en octubre los fascistas uniformados han sido simplemente relegados a segundo término y no liquidados físicamente, lo que supondría su expulsión de las filas del ejército y el aplastamiento de los núcleos civiles reaccionarios que continúan conspirando contra el pueblo. Hay un hecho que no debe olvidarse en ningún momento: el fascismo surge en el seno de las fuerzas armadas casi de manera mecánica cuando los gobiernos castrenses fracasan en su intento de realizar las tareas democráticas dentro de los límites capitalistas impuestos por el imperialismo y de convertirse en caudillo de las masas, capaces de embridarlas y someterlas a un régimen de trabajo disciplinado.
Mientras para las masas el objetivo del momento es arrancar de raíz todos los brotes fascistas allí donde se encuentren; el sueño de los generales en el poder no es otro que el de mantener la unidad del ejército, de preservar la integridad física de los mismos gorilas incrustados en posiciones de mando en las fuerzas armadas. Los explotados saben, por su propia experiencia, que únicamente con sus propios métodos de lucha, es decir, mediante la acción directa, podrán aplastar al fascismo uniformado o no. Reducir todo al simple pedido de concesiones al Poder Ejecutivo constituye una distracción para tontos.

4.- Es deber del movimiento obrero señalar con meridiana claridad cuál es la naturaleza del actual gobierno. Si consideramos que el proletariado sólo puede llegar al poder mediante su vanguardia organizada y para realizar sus intereses históricos y no los meramente inmediatos, tenemos que concluir que el régimen Torres no debe confundirse con el gobierno obrero. Ni cabe la menor duda que este régimen es diferente, por varias razones, del que hubiera surgido de la victoria de la conspiración fascista encabezada por el general Miranda y sus amigos. Se puede decir que Torres es progresista con referencia a Ia derecha cavernaria del Ejército, sin que esto quiera decir que se ubique en las posiciones de la izquierda proletaria.

5.- La anterior caracterización no pasa de ser una descripción del gobierno. La clave de su verdadera definición la encontramos en la Tesis Política de la COB. El régimen Torres se ubica íntegramente en los movimientos nacionalistas de orientación burguesa iniciados el 9 de abril de 1952. No puede descartarse que el Gral. Torres utilice el poder para intentar modernizar el país, vale decir, modificar las estructuras, siempre sin tocar los fundamentos del capitalismo y menos los principios de sometimiento de esta colonia que es Bolivia al despotismo y voracidad imperialistas de los yanquis. Esta es su limitación y ésta también la causa de su debilidad y pérdida segura en el futuro inmediato. El gobierno Torres fracasará en sus intentos reformistas -no revolucionarios- y en esta medida y cuidándose de no ser sobrepasado por los trabajadores no tendrá más remedio que postrarse de hinojos ante el amo foráneo y de volcar su fuerza represiva contra los mismos que ahora tan desaprensivamente halaga. No dudamos un solo minuto en sostener que los continuos desplazamientos de derecha a izquierda del actual equipo gubernamental serán reemplazados por un franco viraje hacia la derecha, es decir, hacia las posiciones derechistas y contrarevolucionarias. La política débil y titubeante filo-izquierdista bien pronto será reemplazada por una política firme en favor de la rosca y de los Estados Unidos y no menos firme como política represiva del movimiento obrero g revolucionario. No existen razones para pensar que a Torres no le espere la misma suerte que a Ovando. La debilidad y continua oscilación del gobierno se ha puesto en evidencia en cuestiones pequeñas. En todos los problemas se esfuerza por poner a salvo parte de los intereses de la reacción (cosa común, por otra parte, a todo el nacionalismo burgués). En las minas ha dicho que luchará contra toda influencia sea ésta de derecha o izquierda, afirmando la falsedad de que el Ejército es el único capaz de llevar adelante la revolución, hecho que subestima la capacidad combativa de las masas y desconoce el rol de vanguardia del proletariado. Su frase más reveladora es aquélla que sostiene que él no busca empobrecer a los ricos sino enriquecer a los pobres. Tal declaración es notable por su vaciedad; se trata, precisamente, de expropiar a los ricos, de arrancarles el monopolio de los medios de producción. Dejar intactos a los ricos equivale a garantizarles su condición de explotadora. El slogan de volver ricos a los pobres, es tanto como prometer la igualdad en la vida futura, vale decir, reemplazar la claridad de las consignas revolucionarias con escapismos destinados a confundir las mentes de los explotados y despertar en ellos esperanzas vanas.

6.- Los trabajadores organizados están obligados a enseñar a todo el pueblo boliviano a desconfiar del actual gobierno en vista de que no es obrero y de su orientación pro- burguesa. Esto no quiere decir que lo confundan con uno puramente de extrema derecha o que no salgan a las calles a luchar cuando vuelvan a producirse brotes de conspiración fascista. Lo que debe dejarse claramente establecido es que los obreros no tienen por qué abandonarse en los brazos del actual gobierno, lo que significaría su segura derrota. Tampoco deben convertirse en su ala izquierda, sino, contrariamente, deben continuar luchando con firmeza tras sus propios objetivos y banderas, hasta alcanzar el poder para, desde allí, cumplir plenamente las tareas democráticas y convertirlas en socialistas, como acertadamente dice la Tesis de la COB.

 

Il. Los métodos de lucha

1.- Los trabajadores tenemos nuestros propios métodos de lucha, que se ajustan a nuestros objetivos. En la base de esos métodos se encuentra la acción directa de masas, que quiere decir que los explotados tomamos en nuestras manos la solución de nuestros problemas y de las cuestiones de interés nacional, por encima del ordenamiento jurídico y de las divisiones y voluntad gubernamentales.

2.- La acción directa puede asumir las formas más diversas, diversidad condicionada por las características del momento político y, lo que es más importante, por la madurez de las masas. Determinados métodos de lucha cobran primacía porque son respuesta a necesidades históricas y porque las masas han madurado suficientemente para utilizarlos. Hasta ahora nunca las masas han seguido ciertas formas de lucha porque así lo decidieron los intelectuales, sino que más bien, éstos últimos tuvieron que aprender de las lecciones dadas por las masas poco culturizadas.

3.- La acción directa puede traducirse en huelgas, manifestaciones, insurrecciones, guerra civil o en las múltiples formas de la lucha armada. La clase obrera llegará al poder enarbolando sus consignas, levantando en muy alto su bandera y no renunciando a sus objetivos estrategicos para capturar votos. La clase obrera quiere el poder para realizarse y materializar la plenitud de sus postulados y no para conciliar y para capitular ante la rosca o el imperialismo.

4.- No hacemos terror verbal, forjamos nuestros cuadros para librar la batalla definitiva en las calles. Por esto declaramos la verdad; serán las masas las que hagan la revolución o ésta nunca se presentará.

 

III. La experiencia de Oruro

1.- En cierto momento las masas lograron convertirse en dueñas de la ciudad y de la situación política, pero no alcanzaron a traducir esta situación excepcional en un gobierno obrero, particularmente por el curso que siguió el desarrollo de los acontecimientos a lo largo del país y también porque no logra destruirse al Ejército, desde cuyo seno sigue conspirando contra los intereses populares el gorilismo; porque no se logró desmontar el caduco aparato estatal que sirve intereses extraños a los del proletariado y del pueblo. Finalmente, porque la vanguardia de los explotados no llegó al poder.

2.- La circunstancia de que las masas no tuvieron tiempo para configurar su propio Estado no permitió el pleno desarrollo de la dualidad de poderes. Sólo un miope puede sostener que actualmente hay un gobierno central en La Paz y uno obrero en Oruro. La dualidad de poderes importa que los órganos de poder de las masas se levanten contra el poder central. Lo que en realidad ocurre es que las autoridades de Oruro dependen y se someten al poder ejecutivo que tiene su asiento en la sede del gobierno y buscan el apoyo de las organizaciones obreras para consolidarse como funcionarios gubernamentales y no como gobierno insurgente. La dualidad de poderes plantea la lucha definitiva por el control de tomar el poder, lo que supone la posibilidad de la guerra civil. Nada de esto se da en el Departamento de Oruro.

Declarar que las autoridades actuales del Departamento son nada menos que el gobierno obrero importaría sumarse al régimen del General Torres, cosa que no puede hacer la COD. Tampoco se puede proclamar como estrategia la captura de más puestos burocráticos, lo que supondría reducir la lucha revolucionaria al más sucio oportunismo.



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