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Plataforma de los 46

Al Politburó del Comité Central del partido comunista ruso

Secreto

 

La extrema gravedad de la situación nos obliga (en interés de nuestro partido, en interés de la clase obrera) a declarar abiertamente que una prosecución de la política de la mayoría del Politburó acarrearía graves desastres para todo el partido. La crisis económica y financiera iniciada a fines de julio de este año, con todas las consecuencias políticas, comprendidas las internas al partido, que de ésta derivan, ha puesto implacablemente de manifiesto la ineficiencia de la dirección del partido, en el campo económico y sobre todo en el campo de las relaciones internas del partido. El carácter casual, poco meditado y asistemático de las decisiones del Comité Central, que no ha logrado obtener resultados adecuados en el campo económico, condujo a una situación en la que, no obstante los indudables éxitos importantes en el campo de la industria, de la agricultura, de las finanzas y de los transportes (éxitos obtenidos en la economía del país de manera espontánea y no gracias a la dirección, a veces a pesar de su incapacidad o, incluso, en ausencia de toda dirección), nos encontramos frente a la perspectiva no sólo de la finalización de tales éxitos sino también de una grave crisis económica. Estamos amenazados por un inminente derrumbe del chervonets, que ha ido transformándose en la moneda principal luego de la liquidación del déficit del presupuesto; por una crisis del crédito, en la cual el Gosbank no puede ya, sin correr el riesgo de un serio derrumbe, financiar la industria o el intercambio de productos industriales y ni siquiera la adquisición de grano para la exportación; por una interrupción de la venta de los productos industriales como consecuencia de los precios elevados, que se explican en parte por la ausencia de una dirección organizativa planificada en la industria, y en parte por una equivocada política crediticia; por la imposibilidad de llevar a la práctica el programa de exportación de grano debido a la incapacidad para adquirirlo; por los precios extremadamente bajos para los artículos alimenticios, que perjudican a los campesinos y amenazan con provocar una retracción en vasta escala de la producción agrícola; por las desigualdades en los salarios, que provocan un natural descontento entre los obreros, junto a un caos presupuestario, lo que indirectamente provoca el caos en el aparato estatal. El método “revolucionario” de efectuar reducciones presupuestarias, y nuevas y evidentes reducciones al ponerlo en funcionamiento, dejó de ser una medida transitoria y se ha convertido en un fenómeno regular que perturba continuamente al aparato estatal y, como consecuencia de la falta de plan en las reducciones efectuadas, lo perturba de manera casual y espontánea. Estos son algunos de los elementos de la crisis económica, crediticia y financiera que ya ha comenzado. Si no se adoptan inmediatamente medidas amplias, bien estudiadas, planificadas y enérgicas, si continúa la actual ausencia de dirección, corremos el riesgo de un colapso económico extremadamente agudo que acarreará inevitablemente complicaciones políticas internas y una parálisis completa de nuestra influencia y capacidad de acción externa. Y esto último, como es comprensible, nos es más necesario que nunca: de él depende la suerte de la revolución mundial y de la clase obrera en todos los países. Análogamente, en el campo de las relaciones internas del partido vemos la misma dirección equivocada que paraliza y divide al partido; lo que aparece como particularmente claro en el período de crisis que estamos atravesando. No creemos que todo se deba a la ineficiencia política de los actuales dirigentes del partido; por el contrario, aunque diferimos de ellos en la apreciación de la situación y en la adopción de los medios adecuados para modificarla, consideramos que los actuales dirigentes no podrían dejar de ser designados por el partido para los puestos más importantes en la dictadura proletaria. Nosotros explicamos los errores por el hecho de que detrás de la forma externa de la unidad oficial se da en la práctica un reclutamiento unilateral de los individuos, y una dirección de los asuntos que es unilateral y adaptada a las opiniones y simpatías de un grupo restringido. Como consecuencia de una dirección del partido distorsionada por tales consideraciones estrechas, el partido está dejando en gran medida de ser aquella viva colectividad independiente que con sensibilidad aferra la realidad de las cosas porque está ligada a esta realidad mediante miles de hilos. Comprobamos, en cambio, la siempre creciente, y hoy apenas oculta división del partido entre una jerarquía secretarial y la “gente tranquila”, entre funcionarios profesionales de partido designados desde arriba y la masa general del partido que no participa en la actividad común. Este es un hecho conocido por los afiliados al partido. Miembros del partido que están insatisfechos por esta o aquella decisión del Comité Central o de un comité provincial, que tienen esta o aquella duda en su mente, que en privado enfatizan sobre este o aquel error, irregularidad o desorden, tienen temor de hablar de ello en las reuniones de partido, o a veces hasta siquiera conversar sobre tales problemas, a menos que el interlocutor sea absolutamente de fiar desde el punto de vista de la “discreción”; la libre discusión en el interior del partido ha desaparecido prácticamente, la opinión pública del partido está ahogada. En la actualidad, no es el partido, no es el conjunto de sus afiliados el que promueve y escoge a los miembros de los comités provinciales y del Comité Central del PCR (b). Por el contrario, la jerarquía secretarial del partido elige cada vez con mayor frecuencia a los participantes de las conferencias y congresos que se están convirtiendo cada vez más en las asambleas ejecutivas de esta jerarquía. El régimen instituido en el interior del partido es absolutamente intolerable; destruye la independencia del partido, sustituyendo el partido por un aparato burocrático reclutado que actúa sin oposición en tiempos normales, pero que inevitablemente la provoca en los momentos de crisis, y que amenaza con transformarse en completamente ineficiente frente a los serios acontecimientos provocados por la crisis. La situación así creada se explica por el hecho de que el régimen de la dictadura de una fracción en el interior del partido, creado de hecho después del X Congreso, ha sobrevivido a sí mismo. Muchos de nosotros aceptamos conscientemente someternos a dicho régimen. El giro político del año 1921, y después, la enfermedad del camarada Lenin, exigían, según algunos de nosotros, una dictadura en el interior del partido como medida coyuntural. Otros compañeros desde un comienzo asumieron frente a ella una actitud escéptica o negativa. De todas maneras, ya en la época del XII Congreso este régimen estaba superado. Había comenzado a mostrar el reverso de la medalla. Las ligazones en el interior del partido habían comenzado a debilitarse, el partido se apagaba. En su seno, movimientos de oposición extremos y evidentemente malsanos habían comenzado a adquirir un carácter antipartidario, dado que la discusión entre los compañeros acerca de los problemas fundamentales y controvertidos estaba ahogada. Tal discusión habría revelado sin dificultad el carácter malsano de estos movimientos tanto a la masa del partido como a la mayoría de los participantes de ellos. Aparecieron, en cambio, movimientos ilegales que atrajeron a los miembros del partido fuera de los límites partidarios y provocaron un divorcio entre el partido y las masas trabajadoras. Si la situación así creada no es modificada radicalmente en un futuro inmediato, la crisis económica en la Rusia soviética y la crisis de la dictadura de fracción en el partido infligirán duros golpes a la dictadura obrera en Rusia y al Partido Comunista Ruso. Con tal peso sobre sus espaldas, la dictadura del proletariado en Rusia y su guía, el PCR, no pueden afrontar la fase inminente de nuevas agitaciones a escala mundial, y la perspectiva es la de ser derrotados en todo el frente de la lucha proletaria. Naturalmente, a primera vista sería más simple resolver la cuestión diciendo que en este momento, consideradas todas las circunstancias, no hay ni puede haber posibilidad alguna de plantear el problema de un cambio en la orientación del partido, de poner a la orden del día nuevos y complicados objetivos, etc. Pero es perfectamente claro que tal punto de vista equivaldría a cerrar oficialmente los ojos sobre la situación real, dado que todo el peligro consiste en el hecho de que no existe una verdadera unidad de pensamiento y de acción frente a una situación interna y externa extremadamente complicadas. La lucha que se está llevando a cabo en el partido es tanto más áspera cuanto más silenciosa y secretamente se entabla. Si nosotros planteamos esta cuestión ante el Comité Central, es precisamente para provocar la más rápida y menos dolorosa solución a las contradicciones que laceran al partido y para asentarlo rápidamente sobre una base sana. Es indispensable una real unidad en las opiniones y en las acciones. Las dificultades planteadas requieren de todos los miembros del partido una acción unida, fraterna, plenamente consciente, extremadamente vigorosa, extremadamente concentrada. El régimen de fracción debe ser abolido, y esto debe ser hecho en primer lugar por quienes lo crearon; debe ser sustituido por un régimen de unidad entre camaradas y de democracia interna de partido. A fin de esclarecer lo anteriormente expuesto y de adoptar las medidas indispensables para salir de la crisis económica, política y de partido, nosotros proponemos al Comité Central, como primera y urgente iniciativa, convocar una conferencia de los miembros del Comité Central, junto con sus más eminentes y activos funcionarios del partido, de modo tal que la lista de los convocados comprenda un cierto número de compañeros que tengan opiniones distintas de las de la mayoría del Comité Central. Firmas debajo de la Declaración al Politburó del Comité Central del PCR sobre la situación interna del partido del 15 de octubre de 1923 

E. Preobrazhenski

B. Breslav L. Serebriákov No estando de acuerdo con algunos de los puntos de esta carta que explican las causas de la situación creada, pero considerando que el partido se encuentra frente a problemas que no pueden ser completamente resueltos con los medios practicados hasta ahora, me asocio plenamente a la conclusión final de la presente carta. A. Beloborodov 

Concuerdo plenamente con las propuestas, aunque disiento sobre algunos puntos de los considerandos.

A. Rosengolts

M. Alski

Sustancialmente comparto los puntos de vista de este llamamiento. La exigencia de afrontar directa y sinceramente todos nuestros males se ha vuelto tan urgente que apoyo plenamente la propuesta de convocar la sugerida conferencia a fin de establecer los medios prácticos para escapar a la acumulación de las dificultades. Antonov-Ovséenko A. Benedíktov I. N. Smirnov No concuerdo con diversas opiniones de la primera parte de la declaración. No concuerdo con diversas caracterizaciones de la situación interna del partido. Al mismo tiempo, estoy profundamente convencido que la situación del partido requiere que se adopten medidas radicales; porque actualmente esta situación no es sana. Comparto plenamente la propuesta práctica. A. Bubnov A. Voronski V. Smirnov E. Bosh L. Bik V. Kosior F. Lokackov Concuerdo plenamente con la evaluación de la situación económica. Considero peligroso en este momento un debilitamiento de la dictadura política, pero es indispensable una clarificación. Considero absolutamente indispensable una conferencia. L. Kaganovich Drobnis P. Kovalenko A. E. Minkin Y. Yakóvleva Concuerdo plenamente con la propuesta práctica.

B. Elsin

 Firmo con la misma reserva del compañero Bubnov. Aunque no comparta la forma y el tono, cuyo carácter me impulsa tanto más a concordar con la parte práctica de la declaración. I. Paliudov No concuerdo del todo con la primera parte que trata de la situación económica del país; efectivamente, ésta es muy seria y requiere un examen extremadamente atento, pero hasta ahora el partido no ha producido hombres que lo dirigirían mejor que aquellos que lo están haciendo hasta ahora. Sobre el problema de la situación interna del partido, considero que hay un elemento sustancial de verdad en todo lo dicho, y considero esencial la adopción de medidas urgentes. F. Sudnik Ju. Piatakov V. Obolenski (Osinski) N. Murálov T. Saprónov La situación en el partido y la situación internacional son tales que requieren, ahora más que nunca, un especial esfuerzo y concentración de las fuerzas del partido. Me asocio a la declaración y la considero exclusivamente como una tentativa para reconstituir la unidad del partido y prepararlo para los futuros acontecimientos. Es natural que en este momento haya que excluir todo tipo de lucha en el interior del partido. Es necesario que el Comité Central evalúe ponderadamente la situación y adopte urgentes medidas para eliminar el descontento en el seno del partido y aun entre las masas no pertenecientes al partido. A. Goldman V. Maxímovich D. Sosnovski Danishevski O. Smidel N. Vaganian L. Stukov A. Lobanov Rafaíl S. Vasílchenko M. Zakov A. M. Puzakov N. Nikolaev Dado que en los últimos tiempos estuve sobre todo al margen del trabajo de los organismos del partido, me abstengo de todo juicio sobre los dos primeros párrafos de la parte introductoria; sobre el resto estoy de acuerdo. Averin Concuerdo con la exposición de la primera parte sobre la situación económica y política del país. Considero que en la parte que describe la situación interna del partido hay una cierta exageración. Es absolutamente indispensable adoptar inmediatamente medidas para salvaguardar la unidad del partido. L Bogoslavski P. Meschaiev T. Shorecko

 



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