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Tesis sobre la situación mundial y las tareas de la Internacional Comunista - 1921

Tercer Congreso de la Internacional Comunista - Junio de 1921

León Trotsky

 

I. EL FONDO DE LA CUESTIÓN

1.- El movimiento revolucionario se caracteriza, desde la finalización de la guerra, por su amplitud sin precedente en la historia. En marzo de 1917 es derrotado el zarismo. En noviembre de 1917, el proletariado ruso se apodera del poder del estado. En noviembre de 1918 caen las monarquías alemana y austrohúngara. El movimiento huelguístico se extiende a una serie de países europeos y se desarrolla particularmente en el transcurso del siguiente año. En marzo de 1919, se establece la República Soviética en Hungría. Hacia fines del mismo año, los EEUU son sacudidos por las formidables huelgas de los metalúrgicos, de los mineros, de los ferroviarios. En Alemania, después de los combates de enero y de marzo de 1919, el movimiento alcanza su punto álgido, luego de la caída de Kapp, en marzo de 1920. En Francia, el momento de mayor tensión en su situación interna se produce en el mes de mayo de 1920. En Italia, el movimiento del proletariado industrial y rural crece incesantemente y llega en septiembre de 1920 a la toma por parte de los obreros, de las fábricas, talleres y propiedades terratenientes.

El proletariado checo, en diciembre de 1920, empuña el arma de la huelga general política. En marzo de 1921 se produce la sublevación de los obreros de Alemania Central y la huelga de los obreros mineros en Inglaterra.

El movimiento adquiere proporciones particularmente grandes y una intensidad más violenta en los países que participaron de la guerra y sobretodo en los países vencidos, aunque también se extiende a los países neutrales. En Asia y en África suscita o refuerza la indignación revolucionaria de numerosas masas coloniales. 

Esta poderosa ola no consigue, sin embargo, destruir al capitalismo mundial, y ni siquiera al capitalismo europeo.

2.- Durante el año transcurrido entre el II y el III Congreso de la Internacional Comunista, son parcialmente derrotadas una serie de sublevaciones y de luchas de la clase obrera (avance del Ejército Rojo sobre Varsovia en agosto de 1920, movimiento del proletariado italiano en septiembre de 1920, sublevación de los obreros alemanes en marzo de 1921). 

El primer periodo del movimiento revolucionario posterior a la guerra, que se caracteriza por su violencia elemental, por la muy significativa imprecisión de los objetivos y de los métodos y por el gran pánico que se apodera de las clases dirigentes, parece haber finalizado en gran medida. El sentimiento que tiene la burguesía de su poder como clase y la solidez exterior de sus órganos de estado indudablemente se han fortalecido. El miedo al comunismo se ha debilitado, si no es que ha desaparecido completamente. Los dirigentes de la burguesía alardean del poder de su mecanismo de estado e incluso toman en todos los países la ofensiva contra las masas obreras, tanto en el frente económico como en el político. 

3.- A raíz de esta situación, la Internacional Comunista se plantea a sí misma y plantea a la clase obrera las siguientes cuestiones: ¿en qué medida las nuevas relaciones recíprocas de la burguesía y del proletariado se corresponden en realidad con las relaciones más profundas de sus respectivas fuerzas? ¿la burguesía está verdaderamente en mejores condiciones en la actualidad para restablecer el equilibrio social destruido por la guerra? ¿hay razones para suponer que a una época de conmociones políticas y de luchas de clases le sucederá un nuevo período prolongado de restablecimiento y de fortalecimiento del capitalismo? ¿no se deriva de aquí la necesidad de revisar el programa o la táctica de la Internacional Comunista?

 

II. LA GUERRA, LA PROSPERIDAD ESPECULATIVA Y LA CRISIS. LOS PAÍSES EUROPEOS 

4.- Los veinte años anteriores a la guerra fueron una época de ascenso capitalista particularmente poderosa. Los períodos de prosperidad se distinguen por su duración y su intensidad; los períodos de depresión o de crisis, por el contrario, por su brevedad. De manera general, la fuente había crecido bruscamente. Las naciones capitalistas se habían enriquecido. Al dominar el mercado mundial con sus trusts, sus carteles y sus consorcios, los amos de los destinos del mundo se daban cuenta de que el desarrollo acelerado de la producción debía enfrentarse con los límites de la capacidad de compra del mercado capitalista mundial. Intentaron salir de esta situación por medio de la violencia. La crisis sangrienta de la guerra mundial daba paso a un largo período amenazador de depresión económica con idéntico resultado, por otra parte: la destrucción de grandes fuerzas productivas. La guerra, sin embargo, unió el extremo poder destructor de sus métodos con la duración imprevisiblemente larga de su empleo. El resultado fue que no sólo destruyó, en el sentido económico, la producción “superflua”, sino que debilitó, quebrantó, minó el mecanismo fundamental de la producción en Europa. Al mismo tiempo, contribuyó al gran desarrollo capitalista de los EEUU y al acelerado ascenso del Japón. El centro de gravedad de la economía mundial pasó de Europa hacia EEUU. 

5.- El período de cese de la masacre prolongada durante cuatro años, período de desmovilización y de transición del estado de guerra al estado de paz, inevitablemente acompañado de una crisis económica, consecuencia del agotamiento y del caos de la guerra aparecía a los ojos de la burguesía (y con toda razón) como lleno de grandes peligros. En verdad, durante los dos años que siguieron a la guerra, los países que ésta había devastado se convirtieron en el campo de poderosos movimientos proletarios. El hecho que algunos meses después de la guerra no sobreviniera inevitablemente la crisis sino que se produjese una recuperación económica fue una de las causas principales de que la burguesía conservase, a pesar de todo, su posición dominante. Este período duró alrededor de un año y medio. La industria ocupaba a la casi totalidad de los obreros desmovilizados. Aunque por regla general los salarios no podían alcanzar el precio de los artículos de consumo, se elevaron sin embargo lo suficiente como para crear un espejismo de conquistas económicas. 

Fue precisamente este desarrollo económico de 1919-1920 lo que, al suavizar el período más agudo de finalización de la guerra, aseguró un extraordinario recrudecimiento de la seguridad burguesa y suscitó la cuestión del advenimiento de una nueva época orgánica de desarrollo capitalista. 

Sin embargo, el ascenso de 1919-1920 no marcaba en el fondo el comienzo de la restauración de la economía capitalista de posguerra sino la continuación de una situación artificial en la industria y en el comercio, creada por la guerra, y que pudo quebrantar la economía capitalista. 

6.- La guerra imperialista estalló en momentos en que la crisis industrial y comercial, que surgía entonces en EEUU (1913), comenzaba a invadir Europa. 

El desarrollo normal del ciclo industrial fue interrumpido por la guerra, que se convirtió en el más poderoso factor económico. La guerra creó para los sectores fundamentales de la industria un mercado casi ilimitado, totalmente a cubierto de toda competencia. Al gran comprador nunca le bastaba con lo que se le proporcionaba. La fabricación de los medios de producción se transformó en fabricación de los medios de destrucción. Los artículos de consumo personal eran adquiridos a precios cada vez más elevados por millones de individuos que no producían nada, que no hacían más que destruir. Este era el propio proceso de la destrucción. Pero, en virtud de las monstruosas contradicciones de la sociedad capitalista, esta ruina adoptó la forma del enriquecimiento. El estado lanzaba empréstito tras empréstito, emisión tras emisión y los presupuestos que se calculaban en millones pasaron a calcularse en miles de millones. Se deterioraban las máquinas y las construcciones, y he se las remplazaba. La tierra era mal cultivada. Se paralizaban construcciones esenciales en las ciudades y en los ferrocarriles. Simultáneamente, el número de los valores de estado, de los bonos de crédito y del Tesoro y de los fondos aumentaban sin cesar. El capital ficticio creció en la misma medida en que el capital productivo era destruido. El sistema de crédito, medio de circulación de las mercancías, se transformó en un medio de movilizar los bienes nacionales, incluso los que deberán ser creados por las futuras generaciones. 

Por temor a una crisis que hubiese sido catastrófica, el estado capitalista actuó después de la guerra del mismo modo que durante ella: nuevas emisiones, nuevos empréstitos, reglamentación de los precios de compra y venta de los artículos más importantes, garantía de los beneficios, productos a precios reducidos, múltiples asignaciones agregadas a los sueldos y salarios… y con todo esto, censura militar y dictadura de los galones. 

7.- Al mismo tiempo, el cese de las hostilidades y el restablecimiento de las relaciones internacionales provocaron una considerable demanda de las más diversas mercancías en toda la superficie del globo. La guerra había concentrado en manos de los proveedores y de los especuladores inmensas reservas de productos, grandes sumas de dinero, que fueron empleadas en los lugares donde la ganancia momentánea era mayor. A ello siguió una actividad comercial febril, mientras que la industria, debido a la elevación inusitada de los precios y de los fantásticos dividendos, no se aproximaba en Europa, en ninguno de sus sectores fundamentales, a su nivel de preguerra. 

8.- Al precio de la destrucción orgánica del sistema económico (aumento del capital ficticio, baja del curso, especulación), en lugar de curar las heridas económicas, el gobierno burgués, actuando de acuerdo con los consorcios de los bancos y con los trusts industriales, logró aplazar la crisis económica, en momentos en que finalizaba la crisis política de la desmovilización y el primer examen de las consecuencias de la guerra. 

Habiendo así obtenido una tregua importante, la burguesía creyó que el peligro de la crisis estaba alejado por tiempo indeterminado. Un gran optimismo se apoderó de los espíritus. Parecía que las tareas de la reconstrucción habrían de abrir una época de prosperidad industrial, comercial y sobre todo de buenas especulaciones. El año 1920 fue el año de las esperanzas frustradas. 

Al comienzo bajo una forma financiera, luego bajo una forma comercial, y finalmente bajo una forma industrial, la crisis se produjo en marzo de 1920 en Japón, en abril en los EEUU (en enero había comenzado una ligera bajada de precios). Después pasó a Inglaterra, Italia, siempre en abril a los países neutrales de Europa, se manifestó ligeramente en Alemania y se extendió en la segunda mitad de 1920 a todo el mundo capitalista. 

9.- De tal modo, la crisis del año 1920, y esto es esencial para la comprensión de la situación mundial, no es una etapa del ciclo “normal” industrial, sino una reacción más profunda contra la prosperidad ficticia de la época de guerra y de los años posteriores, prosperidad basada en la destrucción y el aniquilamiento. 

La alternancia normal entre las crisis y los períodos de prosperidad se producía antes según la curva del desarrollo industrial. Durante los últimos siete años, por el contrario, las fuerzas productivas de Europa, lejos de elevarse, han caído brutalmente. 

La destrucción de las bases mismas de la economía debe manifestarse ante todo en la superestructura. Para lograr una cierta coordinaci6n interna, la economía europea deberá durante los próximos años restringirse y disminuir. La curva de las fuerzas productivas caerá de su ficticia altura actual. Los períodos de prosperidad sólo pueden tener en esos casos una corta duración y sobre todo un carácter especulativo. Las crisis serán largas y penosas. La actual crisis en Europa es una crisis de subproducción. Es la reacción de la miseria contra los esfuerzos para producir, traficar y vivir en condiciones análogas a la de la época capitalista anterior. 

10.- En Europa, Inglaterra es el país económicamente más fuerte y que menos ha sufrido las consecuencias de la guerra. Sin embargo, tampoco en su caso se podría hablar de un restablecimiento del equilibrio capitalista posterior a la guerra. Cierto es que gracias a su organización mundial y a su situación de triunfadora, Inglaterra obtuvo después de la guerra ciertos éxitos comerciales y financieros, mejoró su balanza comercial, levantó el curso de la libra esterlina y obtuvo un excedente de ingresos sobre los gastos en el presupuesto. Pero, en el sector industrial, Inglaterra ha retrocedido desde la guerra. El rendimiento del trabajo y los ingresos nacionales son incomparablemente más bajos que antes de la guerra. La situación industrial más importante, la del carbón, se agrava cada vez más, agudizando la situación de los otros sectores. Los incesantes movimientos huelguísticos son no la causa sino la consecuencia de la ruina de la economía inglesa. 

11.- Francia, Italia y Bélgica están irreparablemente arruinadas por la guerra. La tentativa de restaurar la economía francesa a expensas de Alemania significa un verdadero bandidaje acompañado de presiones diplomáticas que, sin lograr la salvación de Francia, sólo tiende a agotar definitivamente a Alemania (en carbón, maquinarias, ganado, oro). Esta medida asesta un serio golpe a toda la economía de Europa continental en su conjunto. Francia gana mucho menos de lo que pierde Alemania y se encamina hacia la ruina económica, aunque sus campesinos, merced a extraordinarios esfuerzos, hayan restablecido una gran parte de los cultivos agrícolas y algunos sectores de la industria (por ejemplo la industria de los productos químicos) se hayan desarrollado considerablemente durante la guerra. A consecuencia del militarismo, las deudas y los gastos de estado han alcanzado dimensiones increíbles. A fines del último período de prosperidad, el curso del cambio francés había disminuido al 60%. El restablecimiento de la economía francesa se ve obstaculizado por las grandes pérdidas en vidas humanas causadas por la guerra, pérdidas imposibles de compensar debido al débil crecimiento de la población francesa. Lo mismo ocurre, con muy pocas variaciones, con la economía de Bélgica e Italia. 

12.- El carácter ilusorio del período de prosperidad es evidente sobre todo en Alemania. En un lapso en el cual los precios se sextuplicaron en un año y medio, la producción del país continuó bajando muy rápidamente. La participación, triunfal en apariencia, de Alemania en el tráfico comercial internacional de preguerra es pagado a un doble precio: derroche del capital fundamental de la nación (a causa de la destrucción del aparato de producción, de transporte y de crédito) y descenso sucesivo del nivel de vida de la clase obrera. Los beneficios de los exportadores alemanes se expresan por una pérdida completa desde el punto de vista de la economía pública. En forma de exportación, lo que se está consumando es la venta a bajo precio de la propia Alemania. Los dueños capitalistas se aseguran una parte siempre en aumento de la fortuna nacional que, a su vez, disminuye incesantemente. Los obreros alemanes se convierten en los coolíes de Europa. 

13.- Así como la independencia política ficticia de los pequeños países neutrales se basa en el antagonismo de las grandes potencias, también su prosperidad económica depende del mercado mundial, cuyo carácter fundamental estaba determinado antes de la guerra por Inglaterra, Alemania, los EEUU y Francia. Durante la guerra, la burguesía de los pequeños estados neutrales de Europa obtuvo monstruosos beneficios. Pero la destrucción y la ruina de los países beligerantes de Europa provocaron la ruina económica de los pequeños países neutrales. Sus deudas aumentaron, sus cambios bajaron la crisis le asestó golpe tras golpe.

 

III. ESTADOS UNIDOS, JAPÓN, LOS PAÍSES COLONIALES Y LA RUSIA DE LOS SOVIETS 

14.- El desarrollo de los EEUU durante la guerra se presenta en un cierto sentido como lo opuesto al desarrollo de Europa. La participación de los EEUU en la guerra fue sobre todo una participación en calidad de proveedores. Los EEUU no sintieron los efectos destructores de la guerra. La influencia indirectamente destructora de la guerra sobre los transportes, la economía rural, etc., fue mucho más débil en este país que en Inglaterra, sin hablar de Francia o Alemania. Por otra parte, los EEUU explotaron totalmente la supresión, o al menos el extremo debilitamiento, de la competencia europea e impulsaron sus industrias más importantes hasta un grado de desarrollo inusitado (petróleo, astilleros, automóviles, carbón). No es solamente el petróleo y los cereales norteamericanos sino también el carbón lo que mantiene ahora en estado de dependencia a la mayoría de los países europeos. 

Si hasta la guerra EEUU exportaba sobre todo productos agrícolas y materias primas (lo que constituía los dos tercios de la exportación total) actualmente, por el contrario, exporta sobre todo productos industriales (60% de su exportación). Si hasta la guerra, EEUU era deudora, actualmente se ha convertido en la acreedora del mundo entero. Alrededor de la mitad de las reservas mundiales de oro continúa afluyendo constantemente a sus arcas. El papel determinante en el mercado mundial ya no lo desempeña la libra esterlina sino el dólar. 

15.- Sin embargo, el capital norteamericano también se ha desequilibrado. El extraordinario desarrollo de la industria norteamericana estuvo determinado exclusivamente por el conjunto de las condiciones mundiales: supresión de la competencia europea y sobretodo demanda del mercado militar europeo. Si bien la Europa arruinada no pudo, aún después de la guerra, volver en calidad de competidora de los EEUU a su situación anterior en el mercado mundial, en lo sucesivo tampoco puede tener calidad de mercado para EEUU, sino una parte insignificante de su importancia anterior. Los EEUU se han convertido, en una medida infinitamente mayor que antes de la guerra, en un país exportador. El aparato productivo superdesarrollado durante la guerra no puede ser utilizado totalmente a causa de la falta de mercados. Algunas industrias se han convertido así en industrias temporales, que sólo pueden dar trabajo a los obreros durante una parte del año. La crisis en los EEUU es el comienzo de una profunda y duradera ruina económica resultante de la caída de Europa. Ese es el resultado de la destrucción de la división del trabajo mundial. 

16.- El Japón también aprovechó la guerra para ampliar su ámbito en el mercado mundial. Su desarrollo es incomparablemente más limitado que el de los EEUU y, en una serie de ramas, reviste un carácter puramente artificial. Si bien sus fuerzas productivas fueron suficientes para la conquista de un mercado abandonado por la competencia, sin embargo parecen insuficientes para conservar ese mercado en la lucha con los países capitalistas más poderosos. De aquí ha resultado una crisis aguda que marcó precisamente el comienzo de todas las otras crisis. 

17.- Los países marítimos que exportan materias primas, y entre ellos los países coloniales (América del Sur, Canadá, Australia, India, Egipto, etc.), aprovecharon a su vez la interrupción de las comunicaciones internacionales para desarrollar su industria nativa. La crisis mundial se ha extendido actualmente también hasta ellos. El desarrollo de la industria nacional en esos países se convierte, a su vez, en una fuente de nuevas dificultades comerciales para Inglaterra y para toda Europa. 

18.- En el dominio de la producción del comercio y del crédito, y esto ocurre no solamente en Europa sino a escala mundial, no hay razón para hablar de un restablecimiento del equilibrio después de la guerra. El derrumbe económico de Europa continúa, pero la destrucción de las bases de la economía europea apenas si se manifestará durante los próximos años. 

El mercado mundial está desorganizado. Europa tiene necesidad de los productos norteamericanos, pero no puede ofrecer a los EEUU ningún equivalente. Europa está anémica, EEUU atrofiado. El cambio oro está suprimido. La depreciación del cambio de los países europeos (que alcanza hasta un 99%) constituye un obstáculo casi insuperable para el comercio internacional. Las continuas e imprevistas fluctuaciones del tipo de cambio transforman a la producción capitalista en una especulación desenfrenada. El mercado mundial ya no tiene equivalente general. El restablecimiento del curso del oro en Europa sólo podría ser obtenido mediante el aumento de la exportación y la disminución de las importaciones. La Europa arruinada es incapaz de esta transformación, EEUU se defiende, a su vez, de las importaciones europeas artificiales (dumping) elevando las tarifas aduaneras. 

Europa sigue siendo una casa de locos. La mayoría de los estados promulgan prohibiciones de exportación y de importación, multiplican sus tarifas protectoras. Inglaterra establece derechos prohibitivos contra la exportación alemana y toda la vida económica de Alemania se encuentra a merced de una banda de especuladores de la Entente y sobretodo de Francia. El territorio austrohúngaro está dividido en una decena de líneas aduaneras. El enredo de los tratados de paz cada día es más complicado. 

19.- La desaparición de la Rusia soviética en calidad de mercado para los productos industriales y de abastecedor de materias primas contribuyó en gran medida a romper el equilibrio de la economía mundial. El retorno de Rusia al mercado mundial no puede, durante el próximo período, aportar grandes cambios. El organismo capitalista de Rusia se encontraba, bajo la relación de los medios de producción, en una estrecha dependencia con la industria mundial, y esta dependencia se acentuó con relación a los países de la Entente durante la guerra, en momentos en que la industria interna de Rusia se hallaba totalmente movilizada. El bloqueo rompió de golpe todos esos nexos vitales. 

No se puede contar con que este país, agotado y arruinado por tres años de guerra civil, pueda organizar los nuevos sectores industriales sin los cuales los antiguos han sido inevitablemente arruinados por el agotamiento de su material fundamental. A ello hay que agregar el hecho de la absorción en el Ejército Rojo de centenares de millares de los mejores obreros y, en una medida considerable, de los más calificados. En esas condiciones históricas, ningún otro régimen habría podido mantener la vida económica y crear una administración centralizada, en medio de un bloqueo total, reducido a guerras interminables, recibiendo un terrible legado de ruinas. Pero es indudable que la lucha contra el imperialismo mundial fue pagada con el agotamiento prolongado de las fuerzas productivas de Rusia en varios sectores fundamentales de la economía. 

Recién actualmente, luego del relajamiento del bloqueo y del restablecimiento de ciertas formas más normales de relación entre la ciudad y el campo, el poder soviético se enfrenta con la posibilidad de una constante e inflexible dirección centralizada tendiente a la recuperación del país. 

 

IV. TENSIONES DE LOS ANTAGONISMOS SOCIALES 

20.- La guerra, que produjo una destrucción sin precedente en la historia de las fuerzas productoras, no detuvo el proceso de diferenciación social. Por el contrario, la proletarización de los grandes sectores intermedios incluía la nueva clase media (empleados, funcionarios, etc.) y la concentración de la propiedad en manos de una pequeña minoría (trusts, carteles, consorcios, etc.) han progresado monstruosamente, durante los últimos siete años, en los países que más sufrieron la guerra. El problema Stinnes se convirtió en un problema esencial de la vida económica alemana. 

El alza de los precios de todas las mercancías, concomitante con el descenso catastrófico del cambio en todos los países europeos beligerantes, es el indicio, en el fondo, de un nuevo reparto del ingreso nacional en detrimento de la clase obrera, de los funcionarios, de los empleados, de los pequeños rentistas y, de manera general, de todas las categorías de individuos que tienen un ingreso más o menos determinado. 

De ese modo, en lo que respecte a sus recursos materiales, Europa ha retrocedido una decena de años y la tensión de los antagonismos sociales, que no podrá en el futuro ser comparada con lo que fue en otra época, lejos de ser detenida en su curso, se ha acentuado con extraordinaria rapidez. Este hecho capital ya es suficiente para destruir toda esperanza basada en un desarrollo prolongado y pacífico de las fuerzas de la democracia. La diferenciación progresiva (por una parte la “stinnesación” y por la otra la proletarización y la pauperización) basada en la ruina económica determina el carácter tenso, conclusivo y cruel de la lucha de clases. 

El carácter actual de la crisis no hace sino prolongar, en este sentido, el trabajo de la guerra y del desarrollo especulativo que le siguió. 

21.- El alza de los precios de los productos agrícolas, al crear la ilusión del enriquecimiento general del campo, ha provocado un aumento real de los ingresos y de la fortuna de los campesinos ricos. En efecto, los campesinos han podido, con un papel depreciado que habían acumulado en gran cantidad, pagar sus deudas contraídas en el curso normal. Pese a la gran alza del precio de la tierra, al abuso desvergonzado del monopolio de los medios de subsistencia, al enriquecimiento de los grandes propietarios terratenientes y de los campesinos acomodados, la regresión en la economía rural europea es indiscutible. Es una regresión multiforme que se traduce en la ampliación de las formas de explotación extensiva de la economía rural, la transformación de tierras arables en praderas, la destrucción del ganado, la aplicación del sistema del barbecho. 

Esta regresión también fue causada por la insuficiencia, la carestía y el alza de los precios de los artículos manufacturados y finalmente, en Europa central y oriental, la reducción sistemática de la producción, que es una reacción contra las tentativas del poder estatal de acaparar el control de los productos agrícolas. Los campesinos acomodados, y en parte los campesinos medios, crean organizaciones políticas y económicas para protegerse contra las cargas de la burguesía y para dictar al estado (como precio por el socorro prestado en su acción contra el proletariado) una política de tarifas e impuestos unilateral y exclusivamente beneficiosa para los campesinos, una política que obstaculiza la reconstrucción capitalista. 

Así se crea entre la burguesía urbana y la burguesía rural una oposición que debilita el poder de toda la clase burguesa. Al mismo tiempo, una gran parte de los campesinos pobres son proletarizados, la aldea se convierte en un ejército de descontentos y la conciencia de clase del proletariado rural aumenta. 

Por otra parte, el empobrecimiento general de Europa, que la torna incapaz de comprar la cantidad necesaria de cereales norteamericanos, ha provocado una seria crisis de la economía rural transatlántica. Se observa un agravamiento de la situación del campesino y del pequeño granjero no solamente en Europa sino también en los EEUU, Canadá, Argentina, Australia y África del Sur. 

22.- La situación de los funcionarios y de los empleados a raíz de la disminución de la capacidad de compra del dinero se ha deteriorado de modo general más duramente que la situación del proletariado. Las condiciones de existencia de los funcionarios subalternos y medios se hallan tan quebrantadas que esos elementos se han convertido en un fermento de descontento político que sabotea la solidez del mecanismo de estado al que sirven. “La nueva casta media”, que según los reformistas representaba el núcleo de las fuerzas conservadoras se convierte más bien, durante la época de transición, en un factor revolucionario. 

23.- La Europa capitalista, finalmente, ha perdido su situación económica predominante en el mundo. Por otra parte, su relativo equilibrio de clases se basaba en esa vasta dominación. Todos los esfuerzos de los países europeos (Inglaterra y en parte Francia) por restablecer la situación interna sólo han hecho que agravarse con el caos de la incertidumbre. 

24.- Mientras que en Europa la concentración de la propiedad se realiza sobre la base de la ruina, en los EEUU esta concentración y los antagonismos de clase alcanzan un grado extremo en medio de un enriquecimiento capitalista acelerado. Los bruscos cambios de la situación, a raíz de la incertidumbre general del mercado mundial, imprimen a la lucha de clases en suelo norteamericano un carácter extremadamente tenso y revolucionario. A un apogeo capitalista sin precedente en la historia, debe suceder un apogeo de lucha revolucionaria. 

25.- La emigración de los obreros y de los campesinos más allá del océano servía siempre de válvula de seguridad al régimen capitalista europeo. 

Aumentaba en las épocas de depresión prolongada y después del fracaso de los movimientos revolucionarios. Pero ahora EEUU y Australia obstaculizan cada vez más la inmigración. La válvula de seguridad de la emigración ya no funciona.

26.- El enérgico desarrollo del capitalismo en Oriente, particularmente en India y China, ha creado nuevas bases sociales para la lucha revolucionaria. 

La burguesía de esos países ha estrechado aún más sus vínculos con el capital extranjero y se ha convertido de tal modo en su principal instrumento de dominación. Su lucha contra el imperialismo extranjero, lucha del más débil competidor, tiene esencialmente un carácter semificticio. El desarrollo del proletariado nativo paraliza las tendencias revolucionarias nacionales de la burguesía capitalista. Pero, al mismo tiempo, las numerosas filas de los campesinos reciben en la persona de la vanguardia comunista consciente a verdaderos jefes revolucionarios. 

La unión de la opresión militar nacionalista del imperialismo extranjero, de la explotación capitalista por parte de la burguesía nativa y de la burguesía extranjera, así como la supervivencia de la servidumbre feudal, crean condiciones en las que el proletariado naciente se desarrollará rápidamente y se pondrá a la cabeza del amplio movimiento de los campesinos. 

El movimiento popular revolucionario en India y en las otras colonias se ha convertido ahora en parte integrante de la revolución mundial de los trabajadores en la misma medida que la sublevación del proletariado en los países capitalistas del antiguo o del nuevo mundo. 

V. RELACIONES INTERNACIONALES 

27.- La situación general de la economía mundial y ante todo la ruina de Europa determinan un largo período de grandes dificultades económicas, de conmociones, de crisis parciales y generales, etc. Las relaciones internacionales, tal como quedaron establecidas de acuerdo con el resultado de la guerra y del tratado de Versalles, tornan la situación insoluble. El imperialismo fue engendrado por la necesidad que tenían las fuerzas productivas de suprimir las fronteras de los estados nacionales y de crear un territorio europeo y mundial económico único. El resultado de los conflictos entre los imperialismos enemigos fue el establecimiento en Europa central y oriental de nuevas fronteras, nuevas aduanas y nuevos ejércitos. En el orden económico y práctico, Europa fue retrotraída a la Edad Media. 

En una tierra agotada y arruinada, actualmente se mantiene un ejército una vez y media más grande que en 1914. Es decir, se trata del apogeo de la “paz armada”. 

28.- La política dirigente de Francia en el continente europeo puede ser dividida en dos partes: una, que evidencia la rabia ciega del usurero dispuesto a estrangular a su deudor insolvente y, otra, representada por la codicia de la gran industria del saqueo tendiente a crear, con ayuda de las cuencas del Sarre, del Ruhr y de la Alta Silesia, las condiciones favorables para el surgimiento de un imperialismo industrial, susceptible de remplazar al imperialismo financiero en quiebra. 

Pero esos esfuerzos se oponen a los intereses de Inglaterra. La tarea de este país consiste en separar el carbón alemán del mineral francés, cuya reunión es, sin embargo, condición indispensable para el resurgimiento de Europa. 

29.- El Imperio Británico parece estar actualmente en la cúspide de su poder. Ha conservado sus antiguas posesiones y ha conquistado otras nuevas. Pero precisamente el momento actual demuestra que la situación predominante en Inglaterra está en contradicción con su decadencia económica real. Alemania, con su capitalismo incomparablemente más progresista desde el punto de vista de la técnica y de la organización, se halla vencida por la fuerza armada. Pero, en la persona de los EEUU, económicamente amo de las dos Américas, se yergue frente a Inglaterra un adversario triunfal y más amenazador que Alemania. Gracias a una mejor organización y a una técnica más avanzada, el rendimiento del trabajo en las industrias de los EEUU es incomparablemente superior al de Inglaterra. Los EEUU producen del 65 al 70% del petróleo consumido en todo el mundo y del que dependen el uso de los automóviles, de los tractores, la flota y la aviación. La situación secular y casi monopolizadora de Inglaterra en el mercado del carbón está definitivamente arruinada, habiendo pasado a ocupar EEUU el primer lugar. Su exportación a Europa aumenta de forma amenazadora. Su flota comercial es casi similar a la de Inglaterra. Los EEUU no quieren resignarse a que Inglaterra siga detentando el monopolio mundial de las líneas marítimas. En el campo industrial, Gran Bretaña pasa a la defensiva y, con el pretexto de luchar contra la competencia “malsana” de Alemania, adopta medidas proteccionistas contra los EEUU. 

Finalmente, mientras la flota militar de Inglaterra, que cuenta con un gran número de unidades deterioradas, se ha detenido en su desarrollo, el gobierno Harding ha retomado el programa del gobierno Wilson en lo relativo a las construcciones navales las que, en el curso de los próximos dos o tres años, otorgarán la hegemonía de los mares al pabellón norteamericano. 

La situación es tal que, o Inglaterra será automáticamente relegada a un segundo plano y, pese a su victoria sobre Alemania, se convertirá en una potencia de segundo orden, o bien (y ya se cree obligada a ello) en un futuro muy próximo lanzará a fondo todas las fuerzas obtenidas en el pasado en una lucha a muerte con los EEUU. 

Es en esta perspectiva que Inglaterra mantiene su alianza con el Japón y se esfuerza, al precio de concesiones cada vez mayores, en obtener el apoyo, o al menos la neutralidad, de Francia. 

El crecimiento del papel internacional, dentro de los límites continentales, de esta última durante el año pasado no se debe a un afianzamiento de Francia sino a un debilitamiento internacional de Inglaterra. 

La capitulación de Alemania, el pasado mes de mayo, en lo que respecta al problema de las contribuciones de guerra evidencia una victoria temporal de Inglaterra y asegura la caída económica ulterior de Europa central, sin excluir, en un futuro cercano, la ocupación por parte de Francia de la cuenca del Ruhr y de la Alta Silesia. 

30.- El antagonismo del Japón y de los EEUU, provisionalmente disimulado después de su participación en la guerra contra Alemania, desarrolla ahora abiertamente sus tendencias. A causa de la guerra, el Japón se ha acercado a las costas americanas, habiendo recibido en el Océano Pacífico islas de gran importancia estratégica. 

La crisis de la industria aceleradamente desarrollada del Japón ha vuelto a actualizar el problema de la emigración. El Japón, país de densa población y pobre en recursos naturales, está obligado a exportar mercancías u hombres. Tanto en uno como en otro caso, se enfrenta con los EEUU, en California, en China y en la isla de Jap. 

El Japón gasta más de la mitad de su presupuesto en el ejército y la flota. En la lucha entre Inglaterra y EEUU, el Japón desempeñará en el mar el papel desempeñado en tierra por Francia durante la guerra con Alemania. 

El Japón usufructúa, actualmente, el antagonismo entre Gran Bretaña y EEUU, pero la lucha decisiva de esos dos gigantes por la dominación del mundo se decidirá finalmente en su detrimento. 

31.- La reciente masacre fue europea por sus causas y por sus principales participantes. El eje de la lucha era el antagonismo entre Inglaterra y Alemania. La intervención de los EEUU amplió los marcos de la lucha pero no la alejó de su tendencia fundamental; el conflicto europeo fue resuelto con la participación de todo el mundo. La guerra, que resolvió a su manera el diferendo entre Inglaterra y Alemania, no solamente no resolvió el problema de las relaciones entre los EEUU e Inglaterra sino que, por el contrario, lo colocó en un primer plano en todas sus dimensiones, en cuanto que problema fundamental de la política mundial y, además, planteó un problema de segundo orden: el de las relaciones entre los EEUU y Japón. De ese modo, la última guerra fue el prefacio europeo a la guerra verdaderamente mundial que decidirá la dominación imperialista exclusiva. 

32.- Pero este es sólo uno de los ejes de la política mundial. Hay además otro eje: la Federación de los Soviets rusos y la III Internacional surgieron a consecuencia de la última guerra. El agrupamiento de las fuerzas revolucionarias internacionales está dirigido en su totalidad contra todos los bloques imperialistas. 

La conservación de la alianza entre Inglaterra y Francia o, por el contrario, su destrucción tiene el mismo valor, desde el punto de vista de los intereses del proletariado y desde el punto de vista de la paz, que la renovación o no de la alianza anglo-japonesa, que la entrada (o la negativa a hacerlo) de los EEUU en la Sociedad de las Naciones, pues el proletariado no podrá considerar como una segura garantía de paz la alianza fugaz, codiciosa y sin fe de los estados capitalistas, cuya política, evolucionando cada vez más alrededor del antagonismo anglonorteamericano, lo distrae mientras prepara una sangrienta explosión. 

La firma, por parte de algunos países capitalistas, de tratados de paz y de convenios comerciales con la Rusia soviética no significa, de ningún modo, la renuncia de la burguesía mundial a la destrucción de la República de los Soviets. Ese hecho sólo puede ser considerado como un cambio quizás circunstancial de formas y de métodos de lucha. El golpe de estado japonés en Extremo Oriente significa quizás el comienzo de un nuevo período de intervención armada. 

Es completamente evidente que cuanto más disminuye la acción del movimiento revolucionario proletario mundial, en mayor medida las contradicciones de la situación internacional económica y política inevitablemente estimulan a la burguesía para intentar nuevamente la provocación de un desenlace armado a escala mundial. Esto quiere decir que el “restablecimiento del equilibrio capitalista”, después de la nueva guerra, se basaría en un agotamiento económico y en un retroceso de la civilización tan grande que, en comparación, la situación actual de Europa parecería el colmo del bienestar. 

33.- Aunque la experiencia de la última guerra confirmó con una precisión aterradora que “la guerra es un cálculo engañoso” (verdad en la que está contenido todo el pacifismo, tanto socialista como burgués) la preparación de la nueva guerra, preparación económica, política, ideológica y técnica, prosigue a ritmo acelerado en todo el mundo capitalista. El pacifismo humanitario antirrevolucionario se ha convertido en una fuerza auxiliar del militarismo. 

Los socialdemócratas de todo tipo y los sindicalistas de Ámsterdam introducen en el proletariado internacional la convicción de la necesidad de adaptarse a las reglas económicas y al derecho internacional de los estados, tal como fueron establecidos a consecuencia de la guerra y aparecen, así, como importantes auxiliares de la burguesía imperialista en la preparación de la nueva masacre que amenaza con destruir definitivamente la civilización humana.

 

VI. LA CLASE OBRERA DESPUÉS DE LA GUERRA 

34.- En esencia, el problema del restablecimiento del capitalismo sobre las bases trazadas más arriba se resume del siguiente modo: ¿la clase obrera está dispuesta a realizar, bajo condiciones incomparablemente más difíciles, los sacrificios indispensables para afirmar las condiciones de su propia esclavitud, más rígida y más dura que antes de la guerra? 

Para restaurar la economía europea, en reemplazo del aparato de producción destruido durante la guerra, sería necesario crear una masa nueva de capital. Esto sólo sería posible si el proletariado estuviese dispuesto a trabajar más bajo condiciones de existencia muy inferiores. Eso es lo que los capitalistas piden, eso es lo que aconsejan los jefes traidores de las Internacionales amarillas; en primer lugar, ayudar a la restauración del capitalismo, después luchar por el mejoramiento de la situación de los obreros. Pero el proletariado de Europa no está dispuesto a sacrificarse, reclama un mejoramiento de sus condiciones de existencia, lo que actualmente está en contradicción absoluta con las posibilidades objetivas del capitalismo. Esa es la causa de las huelgas y las insurrecciones continuas y de la imposibilidad de restaurar la economía europea. 

Restablecer el curso del cambio significa, ante todo, para diversos estados europeos (Alemania, Francia, Italia, Austria, Hungría, Polonia, los Balcanes), liberarse de cargas que superan sus posibilidades, es decir declararse en bancarrota. Y también significa imprimir un fuerte impulso a la lucha de todas las clases por un nuevo reparto del ingreso nacional. 

Restablecer el curso del cambio quiere decir disminuir en el futuro los gastos de estado en perjuicio de las masas (renunciar a fijar el salario mínimo, el precio de los artículos de consumo general, impedir la entrada de los artículos de primera necesidad a mejor precio provenientes del extranjero y aumentar la exportación disminuyendo los gastos de producción, es decir, ante todo, reforzar la explotación de la masa obrera. 

Toda medida seria tendiente a restablecer el equilibrio capitalista deteriora aún más el equilibrio ya roto de las clases e imprime un nuevo impulso a la lucha revolucionaria. En consecuencia, el problema de saber si el capitalismo puede regenerarse se convierte en un problema de lucha entre fuerzas vivas: las de las clases y las de los partidos. Si de las dos clases fundamentales, la burguesía y el proletariado, una de ellas, la última, renunciase a la lucha revolucionaria, la otra, o sea la burguesía, lograría indudablemente un nuevo equilibrio capitalista (equilibrio de descomposición material y moral) en medio de nuevas crisis, de nuevas guerras, del empobrecimiento de países enteros y de la muerte de decenas de millones de trabajadores. 

Pero la actual situación del proletariado internacional no ofrece razones para pronosticar ese equilibrio. 

35.- Los elementos sociales de estabilidad, de conservadurismo, de tradición han perdido casi toda autoridad en el espíritu de las masas trabajadoras. Si la socialdemocracia y las tradeuniones conservan aún alguna influencia sobre un considerable sector del proletariado, gracias a la herencia de los antiguos aparatos de organización, esta influencia es totalmente inconsistente. La guerra modificó no solamente el estado de ánimo sino la propia composición del proletariado y esas modificaciones son totalmente incompatibles con la organización gradual de preguerra. 

En la mayoría de los países, aún impera en la cúspide del proletariado una burocracia obrera muy desarrollada, estrechamente unida, que elabora sus propios métodos y sus procedimientos de dominación y se vincula mediante innumerables lazos a las instituciones y a los órganos del estado capitalista. 

Luego viene un grupo de obreros, el mejor ubicado en la producción, que ocupan, o pretenden ocupar, puestos administrativos y que son el apoyo más seguro de la burocracia obrera. 

Luego sigue la vieja generación de los socialdemócratas y de los sindicalistas, obreros calificados en su mayor parte vinculados a su organización por decenas de años de lucha y que no pueden decidirse a romper con ella, pese a sus traiciones y a sus fracasos. Sin embargo, en muchos sectores de la producción, los obreros calificados están mezclados con obreros no calificados, con mujeres sobre todo. 

Vienen luego los millones de obreros que hicieron el aprendizaje de la guerra, familiarizados con el manejo de las armas y dispuestos, en su mayoría, a servirse de ellas en su lucha contra el enemigo de clase a condición, sin embargo, de una seria preparación previa, de una firme dirección, requisitos indispensables para el éxito. 

Después están los millones de nuevos obreros, de obreras sobretodo, integrados en la industria durante la guerra y que transfieren al proletariado no solamente sus prejuicios pequeñoburgueses sino también sus impacientes aspiraciones a mejores condiciones de existencia. 

Finalmente, millones de jóvenes obreros y obreras educados durante la tempestad revolucionaria, más accesibles a la palabra comunista, ardientes de deseos de actuar. 

En último lugar, un gigantesco ejército de parados, en su mayoría desclasados y semidesclasados, que reflejan vivamente en sus fluctuaciones el curso de la decadencia de la economía capitalista y que amenazan constantemente el orden burgués. 

Después de la guerra, esos elementos del proletariado, tan diversos por su origen y su carácter, no fueron ni son arrastrados simultáneamente ni del mismo modo por el movimiento. Esa es la causa de las vacilaciones, de las fluctuaciones, los progresos y los retrocesos de la lucha revolucionaria. 

Pero, en su aplastante mayoría, la masa proletaria estrecha rápidamente sus filas en medio de la ruina de todas sus viejas ilusiones, la aterradora incertidumbre de la vida cotidiana, ante el poder del capital concentrado, ante los métodos de bandolerismo del estado militarizado. Esta masa, que cuenta con numerosos millones de miembros, busca una dirección firme y clara, un programa de acción preciso y crea, por ello mismo, una base para el papel decisivo que un partido comunista coherente y centralizado está llamado a desempeñar. 

36.- Evidentemente, la situación de la clase obrera se agravó durante la guerra. Determinados grupos de obreros prosperaron. Las familias en que algunos miembros pudieron trabajar en las fábricas durante la guerra también lograron mantener y elevar su nivel de vida. Pero, en general, el salarlo no aumentó proporcionalmente con la carestía de la vida. 

En Europa central, el proletariado sufrió durante la guerra privaciones cada vez mayores. En los países continentales de la Entente, la caída del nivel de vida no fue tan brutal hasta estos últimos tiempos. En Inglaterra, durante el último período de la guerra, el proletariado detuvo, mediante una enérgica lucha, el proceso de agravamiento de sus condiciones de vida. 

En los EEUU, la situación de algunos sectores de la clase obrera mejoró, otros conservaron su antigua situación o sufrieron un descenso en su nivel de vida. 

La crisis se abatió sobre el proletariado de todo el mundo con fuerza aterradora. La reducción de los salarios superó el descenso de los precios. 

El número de parados y semidesocupados alcanzó una cifra sin precedentes en la historia del capitalismo. Los frecuentes cambios en las condiciones de vida influyen muy desfavorablemente en el rendimiento del trabajo pero excluyen la posibilidad de establecer el equilibrio de las clases en el plano fundamental, es decir, en el de la producción. La incertidumbre en cuanto a las condiciones de existencia, que refleja la inconsistencia general de las condiciones económicas nacionales y mundiales, constituye actualmente el factor más revolucionario.

 

VII. PERSPECTIVAS Y TAREAS 

37.- La guerra no determinó inmediatamente la revolución proletaria. La burguesía considera este hecho, aparentemente con razón, como su mayor victoria. 

Sólo el limitado espíritu pequeño burgués puede considerar como una derrota del programa de la Internacional Comunista el hecho que el proletariado europeo no haya derrotado a la burguesía durante la guerra o inmediatamente después de ella. El desarrollo de la Internacional Comunista en la revolución proletaria no implica la determinación dogmática de una fecha determinada en el calendario de la revolución, ni la obligación de llevar a cabo mecánicamente la revolución en una fecha fija. 

La revolución era, y sigue siendo, una lucha de fuerzas vivas sobre bases históricas determinadas. La destrucción del equilibrio capitalista, debido a la guerra a escala mundial, creó condiciones favorables para las fuerzas fundamentales de la revolución, para el proletariado. Todos los esfuerzos de la Internacional Comunista estaban, y siguen estando, dirigidos hacia el aprovechamiento total de esta situación. 

Las divergencias entre la Internacional Comunista y los socialdemócratas de los dos grupos no consisten en que nosotros habríamos determinado una fecha fija para la revolución mientras que los socialdemócratas niegan el valor de la utopía y del “putschismo” (tentativas insurreccionales). Esas divergencias residen en que los socialdemócratas reaccionan contra el desarrollo revolucionario efectivo ayudando con todas sus fuerzas, tanto desde el gobierno como desde la oposición, al restablecimiento del equilibrio del estado burgués, mientras que los comunistas aprovechan todas las ocasiones, todos los medios y todos los métodos para derrotar y acabar con el estado burgués por medio de la dictadura del proletariado. 

En el curso de los dos años y medio transcurridos desde la guerra, el proletariado de los diversos países puso de manifiesto tanta energía, tanta disposición para la lucha, tanto espíritu de sacrificio, que habría podido cumplir ampliamente su tarea y llevar a cabo una revolución triunfante si al frente de la clase obrera hubiese estado un partido comunista realmente internacional, bien preparado y muy centralizado. Pero diversas causas históricas, y las influencias del pasado, colocaron al frente del proletariado europeo, durante y después de la guerra, a la II Internacional, que se convirtió, y que sigue siendo, un instrumento político inapreciable en manos de la burguesía. 

38.- En Alemania, hacia fines del año 1918 y a comienzos de 1919, el poder pertenecía en realidad a la clase obrera. La socialdemocracia (mayoritarios e independientes) los sindicatos, movilizaron toda su tradicional influencia y todo su aparato para devolver ese poder a manos de la burguesía. 

En Italia, el impetuoso movimiento revolucionario del proletariado creció vez más durante los últimos dieciocho meses y el carácter de un partido socialista pequeño burgués, la política traidora de la fracción parlamentaria, el oportunismo cobarde de las organizaciones sindicales permitieron que la burguesía restableciera su aparato, movilizase a su guardia blanca, pasara al ataque contra el proletariado, momentáneamente descorazonado por el fracaso de sus viejos órganos dirigentes. 

El poderoso movimiento huelguístico de los últimos años en Inglaterra se ha estrellado constantemente contra la fuerza armada del estado, que intimidaba a los jefes de las tradeuniones. Si esos jefes hubiesen permanecido fieles a la causa de la clase obrera se habría podido, a pesar de todos sus defectos, poner al servicio de los combates revolucionarios al mecanismo de las tradeuniones. Cuando se produjo la última crisis de la “Triple Alianza” se evidenció la posibilidad de una colisión revolucionaria con la burguesía, pero esta colisión fue obstaculizada por el espíritu conservador, el miedo y la traición de los jefes sindicales. Si el organismo de las tradeuniones inglesas aportase ahora, en interés del socialismo, sólo la mitad de trabajo que realiza en interés del capital, el proletariado inglés podría adueñarse del poder con el mínimo de sacrificios y podría consagrarse a la tarea de reorganizar sistemáticamente el país. 

Lo que acabamos de decir se aplica, en mayor o menor medida, a todos los países capitalistas. 

39.- Es absolutamente indiscutible que la lucha revolucionaria del proletariado por el poder evidencia en la actualidad, a escala mundial, un cierto debilitamiento, una cierta lentitud. Pero en realidad, no podía esperarse que la ofensiva revolucionaria de posguerra, en la medida en que no obtuvo de entrada la victoria, se desarrollase siguiendo una línea ininterrumpida. El desarrollo político tiene también sus ciclos, sus alzas y sus bajas. El enemigo no es pasivo sino que también combate. Si el ataque del proletariado no se ve coronado por el éxito, la burguesía pasa en la primera ocasión al contraataque. La pérdida por parte del proletariado de algunas posiciones conquistadas sin dificultad provoca una cierta decepción en sus filas. Pero si sigue siendo incuestionable que en la época actual la curva de desarrollo del capitalismo es, de manera general, descendente con movimientos pasajeros de alza, la curva de la revolución es ascendente, con algunos repliegues. 

La restauración del capitalismo implica como condición sine qua non la intensificación de la explotación, la pérdida de millones de vidas humanas, el descenso, para millones de seres humanos, por debajo del nivel mínimo (Existenzminimum) de las condiciones medias de existencia, la inseguridad perpetua del proletariado, lo que constituye un factor constante de huelgas y rebeliones. Bajo la presión de esas causas, y en los combates que originan, crece la voluntad de las masas por acabar con la sociedad capitalista. 

40.- La tarea capital del Partido Comunista en la crisis que atravesamos es la de dirigir los combates defensivos del proletariado, ampliarlos, profundizarlos, agruparlos, transformarlos (según el proceso de desarrollo) en combates políticos por el objetivo final. Pero si los acontecimientos se desarrollan más lentamente y un período de alza sucede, en un número más o menos considerable de países, a la crisis económica actual, este hecho de ningún modo debería ser interpretado como el advenimiento de una época de “organización”. En tanto exista el capitalismo, las fluctuaciones del desarrollo serán inevitables. Esas fluctuaciones acompañarán al capitalismo en su agonía, como lo acompañaron en su juventud y en su madurez. 

En el caso que el proletariado sea rechazado por el ataque del capital en la crisis actual, pasará a la ofensiva en el momento en que se perciba algún mejoramiento en la situación. Su ofensiva económica que, en este último caso, sería inevitablemente llevada a cabo bajo las consignas de revancha contra todas las mistificaciones de la época de guerra, contra todo el pillaje y todos los ultrajes infligidos durante la crisis, tendrá, por esta misma razón, la misma tendencia a transformarse en guerra civil abierta que la lucha defensiva actual. 

41.- Ya siga el movimiento revolucionario en el curso del próximo período un desarrollo más animado o más lento, el Partido Comunista debe, en ambos casos, convertirse en un partido de acción. Debe estar al frente de las masas combatientes, formular firme y claramente consignas de combate, denunciar las consignas equívocas de la socialdemocracia, basadas siempre en el compromiso. El Partido Comunista debe esforzarse, en el curso de todas las alternativas del combate, en fortalecer por medios organizativos, sus nuevos puntos de apoyo; debe formar a las masas para las maniobras activas, armarlas con nuevos métodos y nuevos procedimientos basados en el choque directo y abierto con las fuerzas del enemigo. Aprovechando todas las treguas para asimilar la experiencia del período precedente de lucha, el Partido Comunista debe esforzarse en profundizar y ampliar los conflictos de clase y en vincularlos en una escala nacional e internacional a la idea del objetivo y de la acción práctica, de manera que en la cúspide del proletariado sean rotas todas las resistencias en el camino hacia su dictadura y la revolución social.



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