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Andre Malraux, los procesos de Moscú y la revolución española

8 de marzo de 1937

 

La Lutte ouvriere, 9 de abril de 1937. Esta declaración precedió a «Quelques questions concrétes a M. Malraux» (Le Mouvement communiste en France, pp. 598-601).
La entrevista con André Malraux en El Nacional sobre España, Francia, los procesos de Moscú y André Gide, tiene un carácter enteramente oficial, igual que -se supone- su viaje a New York.[1]

 

Cuando Malraux alaba el valor, y la perspicacia de la política del gobierno Cárdenas respecto a la revolución española, no tengo ninguna objeción que hacer. No puedo sino expresar mi dolor porque la política de México no haya encontrado ningún apoyo[2]. Las duras palabras relativas a León Blum, tienen un carácter más equivoco, aunque no me corresponde a mi defenderle. Sin embargo, en todas las cuestiones relativas a España y a Stalin, continúa con una política parecida en todos los aspectos a la de León Blum. Da la sensación de que la responsabilidad de la política que se lleva en Moscú, no debe recaer sino sobre Blum. Sin embargo, la misión de Moscú no consiste en clarificar las cuestiones. Como todos los diplomáticos, y sobre todo los «oficiosos», Malraux habla lo menos posible de lo que más interesa.

New York es el centro del movimiento para la revisión de los Procesos de Moscú.[3] Este es -digámoslo de pasada- el único medio de prevenir nuevos asesinatos judiciales. No es necesario explicar cuánto inquieta este movimiento a los organizadores de la confusión de Moscú. Están dispuestos a recurrir a todos los medios a su alcance para parar este movimiento.,El viaje de Malraux es uno de ellos.

En 1926 Malraux se encontraba en China, al servicio de la Komintern-Kuomintang y es uno de los responsables del estrangulamiento de la revolución en este país[4]. Sin pretenderlo, Malraux ha pintado en sus dos novelas[5] un revelador cuadro de la política de la Komintern, en China.[6] Sin embargo, no ha sacado las consecuencias prácticas necesarias de sus experiencias.
Malraux, igual que André Gide, forma parte de los amigos de la U.R.S.S. Sin embargo, entre ellos hay una enorme diferencia, y no sólo en cuanto al talento. André Gide tiene un carácter absolutamente independiente[7], posee una enorme perspicacia y una honestidad indestructible que le permite llamar a las cosas por su nombre. Sin esta perspicacia se puede balbucear a propósito de la revolución, pero no servirla.

Malraux, al contrario que Gide, es absolutamente incapaz de ninguna independencia moral. Sus novelas rebosan heroísmo, pero él personalmente no tiene ni el más mínimo rastro de esta cualidad. Es oficioso de nacimiento. En New York ha lanzado un llamamiento al olvido de todo, salvo de la revolución española. Sin embargo, el interés por la revolución española no impide a Stalin eliminar decenas de viejos revolucionarios. Malraux ha salido de España para llevar en New York una campaña en defensa del trabajo judicial de Stalin-Vichinsky[8]. A todo esto sólo hay que añadir que la política de la Komintern en España refleja íntegramente su fatal política en China. Así es la verdad sin velos.



[1] El novelista francés André Malraux, miembro del comité de vigilancia de intelectuales antifascistas desde 1934, era uno de los intelectuales más comprometidos con el Frente Popular contra la expulsión de Trotsky de Francia, al que habla visitado en Royan. Desde el principio de la guerra civil se habla lanzado al combate, formando -con la complicidad tácita de los ministros Leo Lagrange y Pierre Cot- una escuadrilla internacional llamada España, participando personalmente en los combates que esta pequeña falange -apenas una veintena de aparatos que distaban mucho de ser de los más modernos- libró contra la aviación italo-alemana que apoyaba a los ejércitos franquistas. Su biógrafo, M. Pierre Galante, escribe que después de la caída de Largo Caballero y el acceso de Negrín al poder, «Malraux -convertido en ministro oficioso de propaganda y de las relaciones internacionales del gobierno republicano- partió hacia los Estados Unidos para hacer una gira de propaganda y de recogida de fondos». Esta gira coincide con otros acontecimientos internacionales, sobre todo con el segundo proceso de Moscú contra los viejos bolcheviques y seguido de cerca por las resonantes declaraciones de André Gide con motivo de la publicación de su Retour de L’U.R.S.S. Pierre Galante no se detiene en la significación política que podría revestir el hecho de ser ministro oficioso de Negrín. (Pierre Galante, Malraux, p. 138.) No ocurre lo mismo con Trotsky, qué habla a menudo del gobierno «Negrín-Stalin».

[2] El gobierno mexicano del presidente Cárdenas, se negó a adherirse al pacto de no intervención, proporcionando armas en la medida de sus fuerzas, a la España republicana. Es sabido que la U.R.S.S. firmante de este acuerdo, lo respetó durante los decisivos meses de agosto y septiembre de 1936.

[3] Efectivamente, en marzo de 1937, Trotsky, ayudado por sus camaradas de los Estados Unidos había conseguido poner en pie una «comisión de investigación sobre los procesos de Moscú» que presidía el pedagogo Jhon Dewey. Sobre los procesos de Moscú, Malraux habla declarado: «Trotsky es una gran fuerza moral en el mundo, pero ha sido Stalin el que ha proporcionado dignidad a la especie humana. De la misma forma que la inquisición no disminuye en nada la dignidad fundamental del cristianismo, los procesos de Moscú no hacen disminuir la dignidad del comunismo.» (Cit. por Isaac Deutscher en El profeta desterrado, p. 495).

[4] André Malraux siempre negó haber jugado ningún papel en China, incluso en esta época. (Cit. Pierre Galante, op. cit., p. 66.) De cualquier forma, su papel directo no podía haber sido muy grande. Por el contrario sus escritos sobre China tuvieron gran impacto político

[5] Se trata de los Conquérants y sobre todo de La condition humaine.

[6] Trotsky había desarrollado este argumento desde 1931, sobre todo en un artículo titulado «La revolution étranglée». (De la revolution, pp. 273 y ss.)

[7] Fue a finales de 1936 cuando André Gide publicó su Retour de L’U.R.S.S., testimonio desilusionado y sonora ruptura de un compañero de viaje que no pudo impedir un «chantage a los milicianos españoles». Espíritu abierto y curioso, André Gide, incluso durante la época en la que fue un compañero de viaje de primera magnitud, no había rechazado jamás la discusión política con los trotskystas, como por ejemplo Claude Naville

[8] Esta acusación resulta coherente en el contexto de la época. Félix Morrow, en New International (n.º 3, marzo de 1939, p. 94) escribirá, con motivo de la aparición de L’Espoir, que se trataba de una «novela encargada por la G.P.U.».



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