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"Nadie construyó una economía socialista antes que nosotros"

Industrialización, democracia soviética y revolución política

Partido de los Trabajadores Socialistas

Una de las grandes calumnias que Stalin arrojó contra Trotsky en los Juicios de Moscú fue el de sabotaje contra la industria soviética. Trotsky daba respuesta a lo largo de las sesiones del contra-juicio contra esta acusación indicando cómo, en una sociedad en la cual se había eliminado la propiedad privada de los medios de producción, los trabajadores mediante su participación democrática en la planificación de la economía podían generar una “experiencia única para el socialismo”, sentando los fundamentos para una nueva cultura. En estas décadas de reacción capitalista en el terreno de las conquistas materiales de los trabajadores y de las ideas, volver sobre esta posibilidad que Trotsky entreveía es enfrentar la “costumbre” impuesta por las clases dominantes según la cual la única actitud de los trabajadores y trabajadoras en el ámbito de trabajo debe ser la obediencia, el sometimiento y la resignación. Es entonces retomar la perspectiva de una sociedad, como decía Marx, basada en la libre asociación de los productores.

Planificación económica y democracia de los productores

La Rusia actual se asemeja al peor de los pronósticos que Trotsky plantea en El Caso León Trotsky y en otros trabajos. Para él, bajo la restauración capitalista reinarían el “caos” y la “desorganización” económica. La clase trabajadora perdería las conquistas materiales, que aún de manera deformada y corrompida, se mantenían bajo la dominación de la casta burocrática de la URSS: nacionalización de la tierra y de la industria, monopolio del comercio exterior y planificación económica.

Desde 1928 Rusia había iniciado un proceso de urbanización e industrialización sin precedentes. En 1928 el total de trabajadores urbanos era el 17% del total de trabajadores, para 1939-40 el 50% de los trabajadores correspondía a obreros y empleados urbanos. Las mujeres se habían incorporado masivamente al trabajo. Era un verdadero cambio en todos los ámbitos de vida de las masas, la ruptura con el atraso y aislamiento de la vida agraria y de incorporación de la mujer a la vida pública. No se puede entender, en parte, esta enorme transformación sin dar cuenta de la lucha que emprendieron Trotsky y la Oposición de Izquierda (OI) para fijar nuevos puntos de apoyo de los trabajadores y campesinos pobres en el Estado Obrero.

Desde 1924 Trotsky había propuesto la necesidad de impulsar un proceso de industrialización. En ese momento Stalin lo acusó de “superindustrializador”, y de ser hostil al campesinado. Luego de las manifestaciones del 10° aniversario, en 1927, cuando a las protestas en las ciudades se sumaron el descontento en el campo y la derrota de la revolución China, la burocracia soviética dio un giro abrupto hacía la industrialización y la colectivización forzosa. Se le preguntó a Trotsky si “Durante el desarrollo del Plan Quinquenal, ¿pudo usted expresar alguna opinión por escrito refiriéndose a los métodos utilizados por las autoridades soviéticas para completar el plan?”. Trotsky respondió que “Durante el segundo año, la burocracia se propuso realizar el Plan Quinquenal en cuatro años. Protesté con vehemencia en el Boletín. Es muy característico de los hombres poco prácticos que, antes de empezar, no prevean las posibilidades correctas, pero cuando las posibilidades se realizan a pesar de ellos, se impresionan y entonces no ven límites. Bajo el látigo de la burocracia, comenzaron a aumentar los coeficientes sin prestarle ninguna atención a las condiciones de vida de los trabajadores. Construyeron fábricas, pero no casas para los trabajadores. Ahora era necesario sostener un coeficiente de industrialización de 30% y hasta de 35% […] esta industrialización burocrática acelerada daría como resultado la acumulación inevitable de las contradicciones internas de la propia industria. En el sistema capitalista, las proporciones necesarias se alcanzan por la competencia entre diferentes capitalistas, las industrias y las empresas capitalistas. Pero en una economía planificada es necesario prever todas las proporciones necesarias. No es posible prever por medio de abstracciones. Es necesario prever, corregir y perfeccionar el plan mediante la opinión del pueblo, mediante la experiencia del pueblo, por medio del grado de satisfacción de sus necesidades, por la proporción entre las distintas industrias, las diferentes fábricas, e incluso las diferentes secciones de las mismas fábricas. Nadie construyó una economía socialista antes que nosotros. Es la primera experiencia y la más grande de la historia. Y luego advertí con más cautela: “No se podrán salir con la suya. Caerán en una crisis””

En la sociedad capitalista coincide la más directa de las dictaduras dentro de la producción con la libertad de mercado. A la primera Marx la llamó despotismo de fábrica, la actividad del trabajador es impuesta y determinada, desde su ritmo, extensión y resultado, así como la fijación de metas de producción, por la patronal. Fuera de la fábrica el obrero es “libre” de consumir, de vender su fuerza de trabajo en el mercado así como el capitalista es libre de vender sus productos y competir con otros empresarios. Esto le permite “corregir” y adecuar las necesidades de la producción y la ganancia empresaria: producir más o menos de acuerdo a la demanda, innovar en la técnica, crear nuevos productos o modificar viejos para dar respuesta a la competencia y las necesidades de consumo que crea constantemente la sociedad capitalista.

Por el contrario, bajo una economía de transición, como en el Estado obrero, la única manera de que la planificación de la economía, las metas de producción y las condiciones de trabajo y de vida de los productores sean corregidas y se adecúen a las necesidades del desarrollo económico es mediante la democracia soviética. Debe reinar en las fábricas y en los campos la más completa y amplia de las democracias, para que sean los propios trabajadores quienes corrijan las tensiones y errores de la planificación económica que de manera centralizada se elabora desde la dirección del Estado Obrero. Para ello se necesita democracia en las empresas, la libertad de los sindicatos para protestar contra el Estado obrero, así como la libertad de partidos soviéticos. Su ausencia en la URSS recreó las condiciones de un nuevo despotismo industrial: el despotismo de la burocracia, que a largo plazo era antagónico con la economía planificada y con la resolución de las necesidades materiales de los trabajadores y trabajadoras. Las masas veían que la economía planificada no respondía a sus necesidades, se desmoralizaban, y la corrupción de la burocracia se profundizaba. La potencia de la planificación de la economía estaba estrechamente ligada a la posibilidad de que el proletariado ejerza el poder político, y a la extensión de la revolución a los países desarrollados.

Paciencia estratégica

En 1937 retomar el camino de la democracia soviética era luchar por una nueva revolución en la URSS. Por lo general el pragmatismo reformista en “occidente”, o su contraparte en los propagandistas de la burocracia soviética, presentaban el problema desde un ángulo dicotómico. Al ataque de los estados capitalistas contra la URSS, las denuncias de la opinión pública liberal, a la ausencia de “libertad de expresión”, de corrupción y de autoritarismo se la enfrentaba con una defensa de la burocracia, ocultando las propias contradicciones en que estaba sumergido el Estado Obrero. Para Trotsky, por el contrario, se preanunciaba un conflicto: o la burguesía derrocaba a la burocracia- o la ganaba como casta para la restauración capitalista-, o las masas de obreros y campesinos derrocaban a la burocracia y regeneraban las bases de la democracia socialista. En esta alternativa Trotsky formuló la perspectiva de la revolución política.

Nuevamente se indagó a Trotsky: “¿Por qué dice usted revolución política?”. Y Trotsky respondió: “Porque en el pasado conocimos revoluciones sociales que también fueron políticas. Podemos tomar como ejemplo la gran Revolución Francesa, que fue social y política. Cambió las formas de propiedad feudales por las formas de propiedad burguesas. Después de la gran Revolución Francesa, los franceses tuvieron las revoluciones de 1830, 1848 y 1870. Fueron revoluciones políticas. El Estado burgués, sobre la base de su propia forma de propiedad, creada por la gran Revolución Francesa, la gran revolución social, cambió su Estado político. Actualmente, en Rusia vemos cómo el proletariado puede repetir estas experiencias, en cierto grado. A través de la gran Revolución de Octubre, el proletariado creó nuevas formas de propiedad. Estas formas permanecen hasta hoy a pesar de la burocracia y sus privilegios. Pero la burocracia misma amenaza la nueva forma de propiedad, amenaza la vida política y moral del proletariado. Hace inevitable el conflicto entre el proletariado y la burocracia. El derrocamiento de la burocracia implica sólo una revolución política, porque el proletariado no estará obligado a cambiar las formas de propiedad. Se ajustará a los intereses genuinos de las masas y no a los de la burocracia”.

Trotsky no se impacientaba. No opinaba que la liquidación de la dominación de la burocracia, podría imponerse terminando con Stalin, o con algún otro personaje representante del estrato burocrático. Lo que había que liquidar era el sistema, el régimen de la dictadura de la burocracia contra las masas. Y para ello indicaba que debía esperar, pacientemente, que los acontecimientos de la lucha de clases crearan nuevas oportunidades. Su duelo no era personal, sino político e histórico. Hacía a la tradición y al programa de los marxistas, por ello decía: “Tengo paciencia. Tres revoluciones me han hecho paciente. Es absolutamente necesario para un revolucionario ser paciente. Es una idea falsa que un revolucionario debe ser impaciente. Los aventureros son impacientes, pero un revolucionario es paciente […] No estoy hambriento de poder personal. Estoy más satisfecho con mi trabajo literario. El poder es una carga, pero es un mal necesario e inevitable. Cuando las propias ideas triunfan, hay que aceptarlo. Pero la mecánica del poder es una cosa miserable […] Soy paciente y espero una nueva oleada, una oleada revolucionaria, y entonces, si puedo servir a los intereses del proletariado, haré todo lo que pueda”.

Vívidamente Trotsky expresaba así no sólo la posibilidad del ejercicio de una verdadera democracia en la producción y en el régimen político por parte de los trabajadores sino también mostraba que en última instancia era este el único camino por el cual se podía dar pasos efectivos en el programa formulado por Marx: el proletariado como clase dominante suprime violentamente las viejas relaciones de producción, suprime con éstas las condiciones de existencia del antagonismo de clase, las clases en general, y con ello “su propio dominio como clase” para abrirse paso a una nueva experiencia, una nueva cultura, basada en la libre asociación de los productores, el comunismo.



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