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Ninguna confianza en las Naciones Unidas

Roberto Ramírez, Movimiento al Socialismo

Un amplio sector de los que se oponen a la agresión estadounidense, alienta al mismo tiempo la esperanza que la ONU (Organización de las Naciones Unidas) pueda ser un instrumento para detener la matanza.

Así, el Premio Nobel de la Paz en 1980, Pérez Esquivel, solicitó al secretario general de la ONU, Kofi Annan, que convoque a la Asamblea General de la ONU para exigir el retiro de las fuerzas invasoras de Irak. El Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ), afín a Pérez Esquivel, se ha expresado en una larga carta abierta cuyo título lo dice todo: "La guerra tiene como finalidad la declaración de un estado de excepción global que desmantele el sistema de Naciones Unidas". Esta es una concepción que, de buena fe, comparte mucha gente.

Por supuesto, estamos por la más amplia unidad para movilizarnos junto a todos los que se opongan a la invasión de Irak. Pero al mismo, con franqueza, decimos que no hay que tener la menor ilusión que las Naciones Unidas puedan cumplir un rol progresivo en éste u otro conflicto.

Los hechos cantan. Fue la ONU quien legalizó la primera guerra imperialista contra Irak (1990/91), origen de la actual contienda. Peor aún, la ONU, al disponer el bloqueo económico que siguió a esa guerra, implementó en los años '90 la muerte por hambre y enfermedades de más de un millón de iraquíes, la mitad de ellos niños. Las manos de los burócratas de la ONU, como las del canalla de Kofi Annan, y de todos los gobiernos que votaron eso -entre ellos los de Argentina- están manchadas por la sangre de ese genocidio.

Si la ONU no llegó a legalizar finalmente la actual agresión sólo se debe a las diferencias con EE.UU. y Gran Bretaña de algunas potencias (Francia, Alemania, Rusia y China) acerca de cómo repartirse el petróleo de Irak y el poder mundial.

Pero ahora sucede que la "guerra relámpago" del imperialismo angloyanqui no ha tenido el éxito esperado. En el horizonte se delinean cosas desagradables. Una guerra prolongada y una ocupación que amenaza ser la continuación, bajo otras formas, de la misma guerra. Entonces, ha llegado la hora de que la vieja alcahueta, la ONU, vuelva a ofrecer sus servicios.

Detrás de los intentos de "resurrección" de la ONU se mueven intereses definidos. Por un lado, el bloque Francia-Alemania-Rusia-China. Por el otro, paradójicamente, el del gran aliado de EE.UU., Gran Bretaña. Es que Blair y Bush, en su reciente reunión del 27 de marzo, no pudieron ponerse acuerdo en cómo "administrar" (es decir, repartirse Irak) luego de la "victoria".

El gobierno de EE.UU. ya está otorgando exclusivamente a firmas norteamericanas los despojos. Como "la caridad empieza por casa", el primer favorecido ha sido la empresa ligada al vicepresidente Cheney, el consorcio Halliburton, una de cuyas filiales (Kellog Brown & Root) ha sido agraciada con la concesión sin licitación de la reparación de los pozos petroleros dañados por la guerra. ¡Un "aperitivo" cuyo presupuesto en principio no tiene límites, pero cuya primera partida es de 489 millones de dólares (Le Monde, 23/03/03)! Otras empresas de EE.UU. han sido enroladas para las concesiones de reparación de carreteras, edificios públicos, etc. Y una firma afín a la mafia de Texas, la Stevedoring Services of America, ha sido seleccionada, en detrimento de una compañía británica, para reparar el puerto de Um Qasr.

¡El fiel aliado inglés ha puesto el grito en el cielo! Y, como los otros imperialismos débiles (Francia, Alemania & Cía), ahora él también apela a la ONU. Debe ser la ONU, según Blair, quien se encargue de administrar Irak en la "posguerra". O sea: que el reparto se haga en el marco de las Naciones Unidas para poder ligar algo. Bush ha rechazado categóricamente esa pretensión.

Pero lo de la ONU nos remite a otra cuestión más amplia: ¿qué clase de "paz" va a suceder a la guerra imperialista? Una "paz" en Irak bajo la tutela de la ONU, sería una "paz" tan imperialista como la guerra que la precede. Es posible que finalmente EE.UU., si le va mal en la guerra, termine apelando a la ONU. Pero sólo sería para imponer al pueblo de Irak, por vía diplomática, el dominio que no pudieron imponerle por las armas.



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