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La fundacion de la IV Internacional

 

Bárbara Funes

 

En el exilio, Trotsky denunciaba ya en 1935 “La desintegración de la economía mundial, las decenas de millones de desocupados, la ruina del campesinado, colocan imperiosamente a la revolución socialista en el orden del día. Los trabajadores, amargados y soliviantados, buscan una salida. La postración, derrumbe y putrefacción de las Internacionales Segunda y Tercera dejan al prole­tariado carente de dirección revolucionaria y conducen a las masas pequeñoburguesas hacia la desesperación. Los dirigentes en bancarrota intentan atribuir la responsabilidad del triunfo del fascismo a la ‘pasividad’ del proletariado; así, la calumnia complementa la trai­ción política. Debatiéndose en la garra de contradicciones insal­vables, el capitalismo prepara una nueva masacre de los pueblos.”1. Tres años más tarde, los nubarrones de una nueva guerra imperialista, cargados de muerte, miseria y sufrimiento para las masas, se acumulaban en el horizonte. El trágico preludio de la derrota del heroico proletariado español estaba haciendo oir sus últimos acordes. El fascismo y el racismo alzaban sus brazos infernales. La tormenta estaba a punto de estallar. Era inminente la necesidad de fundar oficialmente la IV Internacional. Los revolucionarios internacionalistas tuvieron su cita de honor el 3 de septiembre de 1938, cuando, en esas duras condiciones, se fundó la IV Internacional sobre la base del Programa de Transición. Este año, como parte de nuestro homenaje a 70 años de su fundación, el CEIP León Trotsky ha publicado el libro La fundación de la IV Internacional y el Programa de Transición, editado por Gabriela Liszt, cuyo trabajo de presentación tomamos como base para este artículo.

 

El contexto histórico

El proletariado estaba en retroceso. Pesaban sobre sus hombros agotados las derrotas de Alemania y en especial España, y la traición de la burocracia soviética. La vanguardia revolucionaria enfrentaba inmensas dificultades. Sin embargo, estaba mejor posicionada que en vísperas de la Primera Guerra Mundial, cuando el capitalismo parecía invencible. En ese momento, la capitulación de la II Internacional sorprendió a todos los revolucionarios. La primera con­ferencia internacional -numéricamente muy peque­ña y con una mayoría indecisa- se reunió más de un año después de iniciada la guerra.2 Sólo la victoria de la Revolución de Octubre en Rusia dio un poderoso impulso a la III Internacional.

Para 1938, la crisis agónica del capitalis­mo era mucho más evidente. El ejemplo de la primera revolución obrera triunfante estaba fresco en la memoria de las masas. La experiencia de los grandes acontecimientos de lucha de clases había sido asimilada por los mejores militantes. En todos los países había organizaciones auténticamente revolucionarias, estrechamente vinculadas ideológica y, en parte, también organizativamente, y constituían una fuerza mucho más influ­yente, homogénea y templada que la “izquierda de Zimmerwald” que en el otoño de 1915 asumió el desafío de sentar las bases para la creación de la Tercera Internacional.

Surgían y se fortalecían grupos de oposición en el seno de los partidos y sindicatos reformistas e incluso algunos creaban organizaciones independientes. Dentro de las secciones de la Internacional Comunista, por el régimen represivo que imperaba allí, también se desarrollaba la oposición, en forma clandestina. Inclusive la ne­cesidad de desatar constantemente nuevas purgas y represiones dentro de la URSS, expresaba la vitalidad de las voces opositoras que el stalinismo no lograba silenciar.

Ante la inminencia de un nuevo conflicto bélico a nivel mundial, la Comintern, que con la “teoría” del socialismo en un solo país liquidó el programa de la lucha revolucionaria internacional del proletariado, impulsó una oleada de nacionalismo en la URSS, para crear valores por encima de lo social, por sobre las clases, para disciplinar a los trabajadores y someterlos. Repitió la misma operación en los partidos “comunistas” de los otros países, argumentando que era necesario aliarse con las “potencias democráticas” contra el fascismo para defender a la URSS. En un momento clave de la historia, traicionó así al proletariado internacional. Trotsky denuncia esa política criminal: “Enfrentadas a la proximidad de una nueva guerra imperialista, las organizaciones socialpatrióticas han unificado sus fuerzas con el ala izquierda de la burguesía, bajo el membrete del Frente Popular, que no representa sino el intento de la burguesía, en su agonía de muerte, de someter una vez más al proletariado a su dominio, como la burguesía revolucionaria lo sometió en el amanecer del capitalismo.”3

Las discusiones hacia la Conferencia

Bajo esas condiciones se estaba desarrollando la IV Internacional, acosada por el stalinismo y los gobiernos imperialistas, perseguida como ninguna otra organización política en la historia. Sin embargo, gracias al esfuerzo y la abnegación de sus dirigentes y de sus militantes, lograron organizar y convocar la Conferencia de fundación. Contra sus críticos, Trotsky sostuvo: “¿Sorprende acaso que su crecimiento sea más lento de lo que nos podría gustar? Los diletantes, charlatanes o tercos, incapaces de entender la dialéctica de los flujos y reflujos históricos, más de una vez han traído su veredicto: ‘Las ideas de los bolcheviques-leninistas pueden ser correctas pero son incapaces de construir una organización de masas.’ ¡Como si las organizaciones de masas pudiesen ser construidas bajo cualquier condición! ¡Como si un programa revolucionario no nos obligase a permanecer en minoría y nadar contra la corriente en época de reacción! El revolucionario que utiliza su propia impaciencia como medida del tiempo en una época no vale nada. Nunca antes el camino del movimiento revolucionario mundial había estado bloqueado con tan monstruosos obstáculos como hoy, en el umbral de la época de las más grandes convulsiones revolucionarias.”4

El proyecto de programa de la IV Internacional, redactado por Trotsky, circuló entre sus miembros. Este documento fue editado en francés, alemán, en inglés y en ruso. Sus principales secciones eran EE.UU. (SWP5), Bélgica (PSR) y Francia (POI), que también contaban con organizaciones juveniles. J. Cannon, M. Shachtman y otros dirigentes del SWP, viajaron a México para discutir con Trotsky. Participaron de los debates Diego Rivera y algunos militantes mexicanos. Las discusiones en México se centraron en la situación en EE.UU., y en las demandas transicionales esbozadas en el Programa de Transición (ver El Programa de Transición).

La Conferencia de fundación de la IV Internacional

La realización de la Conferencia constituyó un gran logro, demostrando la enorme capacidad y la perseverancia del internacionalismo revolucionario que caracterizaba a todas sus secciones. Ante la inminencia de la Segunda Guerra Mundial, cuando el espíritu del chovinismo impregnaba la atmósfera, eran extremadamente valiosas las relaciones internacionales de la vanguardia proletaria para reunir a la dirección del Partido Mundial de la Revolución Social, la IV Internacional. En palabras de Trotsky, “No somos un partido como los demás. No en vano la reacción imperialista nos persigue furiosamente. La camarilla bonapartista de Moscú la provee de asesinos a sueldo. Nuestra joven Internacional ya tiene muchas víctimas. En la Unión Soviética se cuentan por miles. En España por docenas. En otros países por unidades. En este momento los recordamos a todos con gratitud y amor. Sus espíritus continúan la lucha entre nosotros. Los verdugos, llevados por su estupidez y su cinismo, creen posible atemorizarnos. ¡Se equivocan! Los golpes nos hacen más fuertes. La bestial política de Stalin no es más que una política desesperada. Pueden matar a algunos soldados de nuestro ejército, pero no atemorizarlos.”6

Esta Conferencia se desarrolló en condiciones de ilegalidad, en una granja en las afueras de París. Sólo pudo sostenerse como reunión plenaria durante un día. Tuvo como puntos principales la aprobación del Programa y la fundación de la IV Internacional7. Participaron 26 delegados representando a 11 secciones (EE.UU., Inglaterra, Francia, Bélgica, Países Bajos, Polonia, Grecia, Italia, Alemania, Rusia y Brasil) sobre 29 afiliadas (según el informe del Secretariado Internacional). Algunos delegados tenían mandato por España, Checoslovaquia, Canadá y México. Las delegaciones restantes no pudieron participar por las adversas condiciones materiales que enfrentaban, así como tampoco Trotsky, confinado a su exilio en México. Sin embargo, Rudolf Klement8, a cargo de la organización de la Conferencia, fue asesinado poco antes de su realización, perdiéndose gran parte de los documentos que con él llevaba. Tampoco se pudo impedir la infiltración de un miembro de la GPU9. Anteriormente habían sido asesinados por la GPU también Erwin Wolf10 y León Sedov11.

El temario para la Conferencia era muy extenso. Incluía España, la guerra mundial en ciernes, el conflicto China-Japón, la URSS, la situación en Francia, en las colonias y en América Latina, la solidaridad internacional frente a las persecuciones, distintos problemas de las secciones y los estatutos. Finalmente, los temas en discusión se centraron en:

1) Cuestiones sindicales, obreras, control obrero: el debate giró en torno del contenido de los comités de fábrica y la participación en ellos de los revolucionarios. Un sector consideraba que la ocupación de fábricas y la creación de comités fabriles en un período de reacción o normal podrían ser negativas, ya que estarían dirigidas por reformistas.

2) La situación en la URSS: un sector, incluyendo algunos dirigentes del SWP, negaba su carácter de Estado obrero degenerado y estaba en contra de defenderlo como tal en caso de guerra; sostenían que las luchas de los obreros rusos no deberían frenarse por el hecho de que su gobierno participara en una contienda imperialista, y que las derrotas militares soviéticas abrirían camino a un ascenso revolucionario.

3) La guerra y la situación internacional: se discutió centralmente el párrafo del Programa donde Trotsky realiza una diferenciación entre el “patriotismo” de las masas y el patriotismo burgués o reformista, especialmente en las colonias o cuando aparece “mezclado” con la ilusión de defender la democracia (incluso en un país imperialista como antes de la guerra en EEUU).

 

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1 León Trotsky, “Carta abierta por la Cuarta Internacional”.

2 La conferencia celebrada en Zimmerwald, Suiza, en septiembre de 1915 tenía por objeto reagrupar a las corrientes antibélicas e inter­nacionalistas que sobrevivieron a la ruina de la Segunda Internacional. Aunque la mayoría de los participantes eran centristas, significó un avance hacia la creación de una nueva internacional.

3 León Trotsky, “Un gran logro”.

4 León Trotsky, op. cit.

5 El Socialist Workers Party, además de ser el partido relativamente más grande, era el que tenía mayor influencia en sectores del movimiento obrero y contaba con dirigentes obreros experimentados en importantes huelgas.

6 León Trotsky, “La fundación de la IV Internacional”. El 18 de octubre de 1938 Trotsky grabó un discurso en el que evaluó la Conferencia de fundación de la IV Internacional; la grabación se pasó en una reunión masiva en Nueva York, realizada diez días después para celebrar el acontecimiento y el décimo aniversario del movimiento trotskista norteamericano.

7 A partir de la aprobación de los estatutos, la II Conferencia de la IV Internacional (tomando en cuenta que la I del Movimiento por la IV Internacional se realizó en 1936) pasó a llamarse Congreso de fundación o I Congreso de la IV Internacional.

8 Klement, Rudolf (s. Adolphe) (1910-1938): Militante del PC alemán, se unió a la Oposición de Izquierda. Secretario de Trotsky en Turquía y Francia. Miembro del SI del Movimiento por la IV Internacional (MCI) y del comité de preparación de la Conferencia de fundación de la IV Internacional. Fue secuestrado y asesinado por la GPU en París, poco antes de la reunión de la Conferencia, desapareciendo con él importante documentación de la misma. Su cadáver apareció descuartizado en el Sena.

9 El dirigente llamado Étienne, que luego sería descubierto como delator de León Sedov ante la GPU.

10 Wolf, Erwin (1902-1937): De origen alemán-checoslovaco, militó en la Oposición de Izquierda, fue secretario de Trotsky en Noruega. Miembro del SI, enviado a España en 1937, donde fue detenido y asesinado por la GPU.

11 Sedov, León (ap. Liova, 1906-1938): Hijo de Trotsky y de Natalia Sedova. Dirigió desde Berlín, y luego desde París, la salida del Bulletin de la Oposición de Izquierda rusa. Miembro del SI. Murió en circunstancias misteriosas, muy probablemente asesinado por agentes de Stalin, mientras estaba hospitalizado. En 1956, el agente de la GPU, Zborowski (Étienne, quien formó parte de la Conferencia de fundación de la IV) declaró como camarada y amigo de Sedov, testificó en EE.UU. que informó al GPU de la entrada de Sedov en el hospital bajo un nombre secreto.



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