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La lección internacionalista de Bolivia

Socialismo o Barbarie N° 31, periódico del MAS de Argentina, 27 de octubre de 2003

 

El gobierno norteamericano, el Papa, la OEA, los gobiernos de Brasil y la Argentina, todos han sido conscientes del drástico precedente que ha sentado la insurrección popular en Bolivia.

John Maisto (hombre de Bush en la OEA) sintetizó bien esta preocupación: “lo que está en juego es un gobierno elegido, instituciones democráticas y un sistema económico basado en el libre mercado”. Traduciendo: la democracia para ricos y las contrarreformas capitalistas neoliberales, los dos pilares de la política imperialista para la región en los últimos veinte años.

Efectivamente, la rebelión popular en Bolivia puso sobre el tapete el problema del poder político en ese país.

Bolivia y Argentina

En el mismo sentido, espantado por la insurrección boliviana y sus posibles connotaciones aquí, el lunes 20/10 La Nación citaba al diario Buenos Aires Herald: “Unos 2500 kilómetros separan a esta ciudad de la capital de Bolivia (...) pero ¿tan distantes estamos de la extrema situación piquetera que asuela a ese país vecino? Hay, por supuesto, algunas importantes diferencias básicas (...) No obstante, la ética piquetera se está extendiendo en la Argentina más allá de su manifestación más directa y visible de bloquear rutas (...). El presidente Néstor Kirchner debe vigilar muy de cerca el fenómeno piquetero, y no sólo porque fue elegido este año con un porcentaje muy similar al de Sánchez de Lozada en Bolivia el año pasado (...) El estilo y la retórica de Kirchner se prestan, ambos, a una rápida proliferación de los piquetes (...) la búsqueda de una fácil popularidad le hará aprender, tarde o temprano, que cuanto más se promete (o se da) a la gente, más querrá pedir. Ello podría ocurrir más temprano que tarde (...) Viendo lo rápido que se ha propagado el caos en Bolivia, la realidad podría golpear aquí primero en el frente piquetero, dejando a Kirchner con la opción de capitular o repensar la mayor parte de sus medidas”.

Una enorme preocupación es lo que se desprende de estos renglones. El Argentinazo y ahora Bolivia han puesto sobre el tapete una acción directa independiente y revolucionaria de unas masas populares hartas de soportar condiciones de extrema miseria y engaño político.

Sin embargo, no se puede decir que el gobierno de Kirchner no sea consciente de estas cuestiones. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a modo de justificación de la estrategia política “de centro” del gobierno, advirtió que los recientes hechos de Bolivia demuestran “que muchos países de América Latina tienen una sociedad bajo presión, como una olla a presión donde el más mínimo movimiento la hace explotar” (La Nación, 18/10).

 

Un nuevo ciclo político regional

Esto es lo que explica la enorme preocupación expresada por el imperialismo y los gobiernos de la región. Saben que lo que se está viviendo es un proceso regional de experiencia de las masas que está progresando, que no logran estabilizar: un nuevo ciclo político de la lucha de clases, que aun con sus desigualdades, abarca varios países de América Latina.

Porque no ha sido casual que a casi dos años del Argentinazo haya estallado Bolivia. La insurrección de masas que vivió aquel país tiene evidentes vinculaciones con los acontecimientos revolucionarios desarrollados en el nuestro. Se trata, como no puede ser de otra manera, de un proceso regional que exige una ubicación internacionalista de parte de la vanguardia y de las corrientes revolucionarias de izquierda.

En las condiciones de un capitalismo mundializado, más que nunca hay que reafirmar que no hay proceso que se pueda considerar puramente nacional. Bolivia confirma que no había que apresurarse a cerrar las perspectivas abiertas por el Argentinazo. Es evidente que con Kirchner estamos viviendo una situación política distinta que la que se abrió con los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre. Sin embargo, la etapa más general de carácter revolucionario abierta en aquella fecha sigue presente. El actual proceso en la región, el hecho de que no se ha dado ni un paso en la solución de los problemas económico-sociales de fondo que el Argentinazo puso sobre la mesa, y el hecho de que, de conjunto, la relación de fuerzas más general entre las clases no ha cambiado, es lo que permite sostener la continuidad de la etapa abierta e incluso formular la previsión de que la actual “primavera” que vive el gobierno de Kirchner, pronto o tarde, llegará a su fin.

 

Tareas preparatorias

Esto da la pauta de la ubicación de las tareas: hace un tiempo habíamos planteado que las tareas del actual período había que encararlas con la perspectiva de prepararnos mejor nosotros, la vanguardia y sectores de la clase trabajadora para los acontecimientos y luchas futuras. Parte de esto es la actual actividad de denuncia y clarificación acerca del verdadero carácter del gobierno de Kirchner. Y también, dar pasos en el ámbito de la vanguardia en fortalecer una estrategia de unidad de clase y de ingreso al proceso de la lucha y de la organización independiente de sectores de trabajadores ocupados.

Los acontecimientos de Bolivia confirman que está abierto un proceso que excede claramente a la Argentina, con momentos de progreso que no logran ser derrotados y que nos plantean prepararnos para nuevos eventos revolucionarios y mayores responsabilidades.

 

Tender un puente político

A la vanguardia independiente y a las corrientes de la izquierda revolucionaria se nos plantea una tarea perentoria y común respecto del “Boliviazo”: establecer un puente entre la experiencia del Argentinazo y la actual de Bolivia. Desde hace varios días venimos proponiendo al resto de las corrientes de la izquierda y los movimientos de trabajadores desocupados más independientes la necesidad de enviar a ese país una delegación representativa de las mejores expresiones de la vanguardia y de las corrientes políticas de izquierda para que tome contacto formal con las organizaciones de masas y la vanguardia en aquel país.

Esto no lo puede hacer sola ninguna corriente: es una tarea necesariamente de frente único. Es de suma importancia por varias razones: la más evidente, porque se trata de procesos de lucha regionales que plantean la necesidad de la unidad internacionalista de los trabajadores de ambos países.

Pero además por otra razón. El peso de las corrientes independientes, sobre todo de las corrientes socialistas revolucionarias y trotskistas dentro de la vanguardia, es relativamente mayor en nuestro país que en Bolivia. Y es nuestra responsabilidad establecer un vinculo orgánico entre ambos procesos. Es una nueva y enorme tarea que no puede ser evadida con razones mezquinas del tipo “mi organización ya viajó”.

Por supuesto, todo el mundo puede viajar por su cuenta y con sus objetivos propios. Pero de lo que se trata es de algo más grande: establecer ese vínculo orgánico a nivel de la vanguardia de ambos países, un puente que permita un avance de conjunto y una educación internacionalista. Y esto, insistimos, hoy sólo se puede realizar bajo la forma del frente único.

El “Comité de Apoyo a la Revolución Boliviana”, recientemente formado en Buenos Aires, tiene entonces esta elemental responsabilidad internacionalista.

 

Por una Conferencia Anticapitalista

Desde esta misma ubicación, reiteramos una propuesta más de fondo que venimos haciendo desde estas páginas y que hoy adquiere mayor actualidad aún: no podemos dejar la organización internacional de la vanguardia en manos del Foro Social Mundial y del reformismo, que volverá a reunirse en el Porto Alegre de Lula en enero del 2005.

Es un necesidad y responsabilidad de las corrientes que se consideran revolucionarias de la región –el PSTU de Brasil, el PO, el MST, el PTS, nuestro partido, el MAS, en Argentina, y otras– trabajar por la realización de una Conferencia Anticapitalista Latinoamericana que pueda aparecer como punto de referencia revolucionario alternativo al reformismo en la región y que se ponga a la altura de los acontecimientos.

Compañeros: ustedes tienen la palabra.



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