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Notas sobre las cuestiones económicas

La ley de la acumulación socialista, el principio de planificación, la tasa de industrialización y la falta de principios[1].

Traducción especial del inglés para esta edición de la versión publicada en The Challenge of the Left Opposition (1926-27), Ed. Pathfinder Press, 1980, Nueva York, EE.UU, pág. 56.

1. El análisis de nuestra economía desde el punto de vista de la interacción (tanto en sus conflictos como en sus armonías) entre la ley del valor y la ley de la acumulación socialista es en principio un enfoque extremadamente provechoso, más precisamente, el único correcto. Dicho análisis debe comenzar dentro del marco de la cerrada economía soviética. Pero ahora hay un peligro creciente de que este enfoque metodológico sea convertido en una perspectiva económica acabada que prevea el “desarrollo del socialismo en un solo país”. Hay motivos para esperar, y temer, que los seguidores de esta filosofía, que se han basado hasta ahora en una cita mal entendida de Lenin, van a tratar de adaptar el análisis de Preobrazhensky* convirtiendo un enfoque metodológico en una generalización para un proceso casi autónomo. Es esencial, a toda costa, detener esta clase de plagio y falsificación. La interacción entre la ley del valor y la ley de la acumulación socialista debe ser puesta en el contexto de la economía mundial. Entonces quedará claro que la ley del valor que opera dentro del marco limitado de la NEP está complementada por la creciente presión externa de la ley del valor que domina el mercado mundial y que se está volviendo cada vez más fuerte.
2. En relación a esto, la cuestión de nuestra tasa de desarrollo económico toma una importancia decisiva, y sobre todo, nuestra tasa de industrialización. El monopolio del comercio exterior es un factor poderoso al servicio de la acumulación socialista -poderoso pero no todopoderoso-. El monopolio del comercio exterior solamente puede moderar y regular la presión externa de la ley del valor al punto que el valor de los productos soviéticos, año a año, se acerque al valor de los productos del mercado mundial. Al calcular el valor de los productos soviéticos uno debería, por supuesto, tomar en cuenta los gastos extras de la legislación social. Pero en el contexto de la competencia mundial entre sistemas económicos, el requisito mencionado retiene toda su fuerza -esto es, la tasa de la industrialización soviética debe ser tal como para asegurar que los productos soviéticos se asemejen a aquellos en el mercado mundial en una forma perceptible para nuestros trabajadores y campesinos.
3. La resolución del XIV Congreso afirma que los límites de la industrialización están dados por el poder de compra del mercado y los recursos financieros del Estado actualmente disponibles. Estos límites no son los únicos o los principales; solamente sirven como expresiones empíricas, en términos de mercado y moneda, de otros límites. Dentro de este marco mayor, el retraso de la industria con respecto al desarrollo de nuestra economía como un todo encuentra su expresión en la escasez de bienes y la tijera entre precios al por mayor y al por menor. En respuesta a estas afirmaciones, Gusev[2] y otros, plantean dos objeciones, que no tienen conexión entre sí, sino que de hecho, se contradicen; más aún, ambas son indefendibles en la misma medida. Estas objeciones son: (a) que aquellos que exigen que se ponga fin al retraso de la industria y que instan a que ésta tome un rol de liderazgo, son “superindustrializadores”, y (b) que aquellos que ponen límites a la extensión que pueda alcanzar el desarrollo de la industria en términos del mercado supuestamente temen al campesinado y han olvidado que la producción de los medios de producción no puede ser ajustada al nivel del mercado.
4. Así, aquellos que, en cuestiones concernientes a la renovación del capital fijo, se han topado ahora con el problema de la acumulación socialista y el principio de la planificación, oponen estos descubrimientos suyos a los industrialistas, quienes, para este propósito específico, son transformados de “superindustrialistas” en “pro-agrarios” que capitulan ante el mercado campesino.
5. Esto de ninguna manera impide a estos principiantes de la cuestión de la acumulación socialista seguir afirmando su vieja postura acerca de la cuestión de la planificación, es decir, una postura esencialmente orientada al mercado. En los años recientes la planificación ha consistido en primer lugar, si no exclusivamente, en la regulación de la forma en la cual los elementos de la economía son combinados en base al mercado y dentro del marco del año en curso. La cuestión de las complejas tareas de construcción de la planificación se ha vuelto ahora inevitable en relación a la necesidad de renovar y expandir el capital fijo. En este área, el enfoque socialista de la cuestión debería ahora encontrar su expresión más definida. Pero las enmiendas que respondían a esta necesidad fueron rechazadas.
6. La cuestión de la interacción entre la economía mundial y la soviética se está volviendo cada vez más importante desde todo punto de vista. Esto fue indicado anteriormente con respecto a las leyes de acumulación y de valor, así como a las tasas de crecimiento económico. De importancia no menor a la cuestión de la así llamada independencia económica de la URSS es el comercio exterior. Esta cuestión necesita ser discutida desde cada ángulo, y tanto como sea posible, en base a un análisis de los principales elementos de nuestro comercio de importación y exportación. En este sentido, se deben elaborar las proyecciones aproximadas para los próximos 5 años. La dialéctica por la cual el crecimiento de los lazos económicos y la interdependencia allana el camino a la “independencia” industrial, necesita ser demostrada.
7. La cuestión de la distribución y la redistribución de la acumulación privada y estatal industrial y agrícola debe ser ligada con la refutación de la leyenda que la aldea es tratada como una “colonia”.
8. En el pleno, la cuestión de la conexión entre la economía y el régimen de partido no se trató en lo absoluto. Sin embargo, la importancia de esta ligazón es inconmensurable.
La cuestión de economizar fue planteada con suficiente firmeza en el congreso y en la resolución del congreso. Pero lo que no fue tratado en absoluto fue por qué, desde la época del XII Congreso, cuando la cuestión de economizar fue planteada tan firmemente como era posible (pagos extraídos a las empresas por organizaciones locales del partido, de los sindicatos, los soviets, publicidad sin sentido, etc.), el necesario éxito no ha sido alcanzado. Es bastante obvio que el éxito es imposible sin la participación activa y supervisión de la opinión pública del país, sobre todo la del partido.
La selección de personal para el trabajo económico debería estar dictada por consideraciones acerca del trabajo a ser realizado. Los gerentes y directores deben sentir el control de la opinión pública, de los trabajadores, el partido, etc. sobre ellos. Es característico del régimen burocrático que los gerentes crean que son responsables solamente ante el aparato, sobre todo ante los secretarios del partido. Esta clase de situación es igualmente dañina desde el punto de vista de la apropiada selección de gerentes y del establecimiento de funciones económicas apropiadas, especialmente del ahorro más estricto.


[1] Trotsky escribió estas notas aparentemente para su propio uso o para sus colaboradores. La preocupación principal de Trotsky eran las tendencias crecientes de la mayoría liderada por Bujarin-Stalin en relación a sus posiciones frente a la industrialización y la planificación. También se encuentra en estas notas, aunque secundariamente, una diferenciación de Trotsky respecto a la teoría de la “acumulación primitiva socialista” tal como la formulara Preobrazhensky, ya que la misma podía ser utilizada por la burocracia para sostener la teoría del “socialismo en un sólo país”. Traducción especial del inglés para esta edición de la versión publicada en The Challenge of the Left Opposition (1926-27), Ed. Pathfinder Press, 1980, Nueva York, EE.UU, pág. 56.

[2] Serguei Gusev (1883-1938): antiguo bolchevique. Se ligó a la fracción stalinista desde principios de la década del ’20.



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