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Apuntes de un periodista[1]

 

 

Publicado en setiembre de 1930

 

 

 

Pronósticos confirmados

 

Hace un año, en el Décimo Plenario del CEIC, se dijo que la humanidad había ingresado “con los dos pies” en la zona revolucionaria. En el Decimosexto Congreso del Partido Comunista resultó que:

“El desarrollo de la crisis económica avanza [!] en países determinados [!!] hacia una etapa superior, para desembocar en crisis política” (del informe de Mo­lotov).

Sin embargo, la crisis económica sobrevino sólo un año y medio después del Sexto Congreso Mundial, pocos meses después del Décimo Plenario; pero esta crisis -se nos dice- solamente “avanza hacia una eta­pa superior”. ¡Qué suerte que existan las palabras “etapa superior”, que se pueden utilizar para tapar los agujeros en tal o cual pronóstico!

“La intensificación [!] de los elementos [!!]de una nueva [!!!] alza revolucionaria es un hecho indiscutible, maniobra Molotov, el mismo Molotov en cuya palabra de honor confió el Décimo Plenario. “Esto pone al trabajo de los partidos comunistas y a la Comintern sobre bases enteramente nuevas. Todo esto exige que los partidos comunistas adapten su trabajo a las exigencias de los nuevos [!]problemas de la lucha revolu­cionaria.”

Sin embargo, el Sexto Congreso, complementado por el Décimo Plenario, ya había encarrilado a los par­tidos comunistas en la vía del tercer período y el ascen­so revolucionario. ¿Cómo es posible, entonces, que to­do lo que se necesite sea comenzar a adaptarse a los “nuevos problemas de la lucha revolucionaria”? ¿No se puede ser un poco más preciso? ¿Los partidos giran hacia la derecha o hacia la izquierda? ¿Avanzan o re­troceden? ¿O simplemente giran alrededor de sus pro­pios ejes?

“En el período 1928-1929 sólo hubo situaciones de ascenso en Estados Unidos de Norteamérica, Fran­cia, Suecia, Bélgica y Holanda [.. ]” (Molotov).

Sin embargo, justamente a mediados de 1929, Francia se encontraba “en la primera fila del ascenso revolucionario”. ¿Cómo es que de repente resulta que el ascenso que experimenté no era revolucionario sino...industrial y comercial? Cada vez entendemos menos.

En el Decimosexto Congreso, Manuilski planteó “el problema del desarrollo desigual de los procesos revo­lucionarios en los distintos países capitalistas, el pro­blema de los países adelantados, en los que estos pro­cesos avanzan a un ritmo más lento que el de países secundarios, como España, o países coloniales, como la India”.

Sin embargo, la resolución del Décimo Plenario del CEIC dio fe de que Alemania, Francia y Polonia ocupan el primer puesto en el ascenso revolucionario que se avecina. Los dos primeros de ninguna manera pueden calificarse de insignificantes ni de coloniales.

Manuilski va más lejos y afirma directamente que “en los países capitalistas adelantados el avance del movimiento revolucionario todavía no ha alcanzado for­mas abiertamente revolucionarias”.

Pero, ¿cómo estaban las cosas en el Décimo Plenario del CEIC?

Por último, la resolución del Decimosexto Congreso anuncia, de manera modesta y ambigua, “el principio del fin de la estabilidad relativa capitalista”.

Eso significa que el Décimo Plenario estaba descarrilado. Pero, desgraciadamente, no ocurrió lo mismo con los desastres y catástrofes que provocó en la base y en la cúpula.

Y estos “lideres” se asombran de que las seccio­nes de la Comintern pierdan militantes y decaiga la difusión de la prensa.

Es como si el director de alguna granja colectiva de la región de Moscú sembrara en diciembre, cosechara en abril y luego se asombrara ante la “desproporción” entre su “influencia” (dentro de las oficinas de la granja colectiva y en el comité regional) y la cantidad de grano en los silos.

Molotov es esa clase de director de esa clase de administración colectiva llamada... “Tercera Internacional”.

 

El viento cambia de dirección

 

Refiriéndose a las resoluciones del Sexto Congreso Mundial, Molotov dice lo Siguiente:

“En ellas se hace un análisis fundamental del proceso mundial y de sus perspectivas, que fue plenamen­te [!] confirmado [!!] por los acontecimientos posteriores.”

Resulta reconfortante, sobre todo si tenemos en cuenta que el informante principal del Sexto Congreso, Bujarin, fue tachado algunos meses después de bur­gués liberal.

Las tesis del Sexto Congreso, extraídas del informe del “burgués liberal”, anunciaron “la creciente bol­chevización del partido, la acumulación de experiencia, la consolidación interna, la superación de la lucha in­terna, la derrota de la oposición trotskista en la Co­mintern”.

“La superación de la lucha interna” es el broche de oro de este himno triunfal. Pero Molotov nos encubre lo que ocurrió después del Sexto Congreso, es decir, después de la feliz consumación de la bolchevización:

“De la lista de miembros y miembros suplentes del CEIC después del Sexto Congreso, siete se encuentran actualmente fuera de las filas comunistas, puesto que se han pasado al campo de los renegados.”

Ahora se sabe que, en cada ocasión, hay que partir de cero. El viento de la “bolchevización” cambia de dirección. Y se sabe, además, que en la lucha contra la “oposición trotskista” los renegados del día siguiente no ocuparon la última fila. Es extraño, pero fueron ellos justamente quienes la condujeron.

 

Stalin y Roy

 

“Es evidente -dijo Molotov en el Decimosexto Congreso- que no son los de la calaña de Roy, que de­fendió la política del bloque con la burguesía nacional y ahora se ha pasado al campo de los renegados de dere­cha, los que podrían crear un partido comunista en la India.”

El bloque con la burguesía nacional, base de las tác­ticas de Stalin y Molotov en China, está inscrito en el programa de la Comintern. ¿Será posible que haya sido Roy el autor de ese programa? ¿O acaso el actual dirigente de la Comintern se olvidó del programa? ¿O tiene la intención de revisarlo?

Todos saben que el demócrata pequeñoburgués in­dio Roy considera que para hacer la revolución en la India los comunistas no deben construir un Partido comu­nista ni proletario, sino un partido popular-revolucionario por encima de las clases, un Kuomintang indio. Roy fue expulsado de la Comintern por derechista. En tér­minos generales, quienes auspician un Kuomintang no tienen cabida en una internacional proletaria. Pero el hecho es que no fue Roy quien introdujo en la Comin­tern su gran idea acerca de la incapacidad del Partido del proletariado para dirigir una revolución popular, es decir, obrera y campesina: la Comintern se la dio a él. En 1927 la idea de Roy gozaba de aceptación oficial. En abril de 1927 el órgano principal de la Comintern co­mentó de la siguiente manera la posición de Roy respecto de las tareas de la revolución en la India:

“El libro del camarada Roy aborda el problema más importante de la política revolucionaria contemporánea india: el problema de la organización de un partido popular que represente los intereses de los obreros, los campesinos y la pequeña burguesía. La necesidad de contar con una organización así surge de la situación actual del movimiento revolucionario nacional de la India.”

Más abajo:

“De ahí que la tarea más importante del proleta­riado es la de organizar a todas estas clases y sectores pequeñoburgués en un gran partido revolucionario popular único y conducir al mismo al asalto contra el imperialismo. Recomendamos este libro al lector que quiera formarse una concepción definida y clara de la situación actual del movimiento revolucionario nacional de la India, porque hace una interpretación leninista de la política revolucionaria contemporánea de la India (Kommunisticheski Internatsional), Nº 15, 15 de abril de 1927, pp. 50-52).

¿Y qué otra cosa podía decir el periódico de la Co­mintern? La idea de Roy era, de hecho, la idea de Stalin.

El 18 de mayo de 1927, ante una pregunta de un es­tudiante de la Universidad China de Moscú sobre cuál era el partido revolucionario más importante de China, Stalin respondió en los siguientes términos:

“Afirmábamos y seguimos afirmando que el Kuo­mintang es el partido de un bloque de varias clases oprimidas [...] Cuando dije en 1925 que el Kuomintang era el partido del bloque obrero-campesino, de ninguna manera me refería a las características de la verda­dera [?] situación del Kuomintang, las características de las clases que adherían al Kuomintang en 1925. Al hablar del Kuomintang, me refería al Kuomintang so­lamente como modelo de un tipo especial de partido re­volucionario popular para los países oprimidos de Oriente, en especial los países como China y la India, como un tipo especial de partido revolucionario popular que debe confiar en el apoyo del bloque revolucionario de los obreros y la pequeña burguesía urbana y rural.”

Y Stalin puso el broche de oro a su respuesta afir­mando que en el futuro el Kuomintang debe seguir siendo un “tipo especial de partido popular revolucio­nario en los países de Oriente”. Esa excusa ridícula, por no decir inescrupulosa, de que en 1925 Stalin no se refería al Kuomintang tal como es sino al Kuomintang como debe ser, no a un hecho sino a una idea, se debe a que Stalin debió justificarse ante los estudiantes chinos después del golpe de Chiang Kai-shek, cuando la experiencia ya había demostrado que el Kuomintang contiene, además de clases oprimidas, también a sus opresores. Stalin, empero, no vaciló. Simplemente se­paró la idea pura del Kuomintang del hecho vil, y ase­guró que éste es el “tipo de partido revolucionario popular” para los países de Oriente, lo que implica la kuomintanguización de la India.

Roy no es otra cosa que un digno discípulo de Stalin.

 

Sobre la paja en general y Lozovski en particular

 

He aquí lo que dijo Lozovski sobre Francia en el De­cimosexto Congreso del Partido Comunista:

“[...] en Francia varios sindicatos [...] han creado una autotitulada Oposición Unitaria,  con su propia pla­taforma y su propia evaluación de la situación actual y las perspectivas inmediatas.”

¿Cuál es el hecho más notable?

“El hecho más notable en lo que respecta a dicha ‘Oposición Unitaria’ es que se trata de un bloque inte­grado por la derecha y los trotskistas y que su platafor­ma es también la plataforma del periódico francés de Trotsky, La Verité, dirigido por Rosmer,[2] fiel seguidor del trotskismo. La ‘Oposición Unitaria’ es la creación de los trotskistas y los derechistas [!] desvergonzados [!!]. Ese este aspecto que presenta la línea ‘izquierdis­ta [?] bolchevique’ de Trotsky y Cía. en la práctica. Francia es el único país donde existe una oposición or­ganizada.”

“El hecho más notable” es que en el párrafo ante­rior hay sólo un cuarenta y nueve por ciento de verdad. En efecto: la Oposición de Izquierda está obteniendo grandes éxitos en el movimiento sindical francés. Pero está el cincuenta y uno por ciento restante: en efecto, la Oposición Unitaria, que sigue la bandera de la Izquier­da comunista, lucha implacablemente contra la oposi­ción derechista, semirreformista, que se escuda tras las consignas de la autonomía sindical (Monatte, Chambe­lland) o, apoya directamente al “Partido Obrero y Cam­pesino” de Sellier y Cía. No existe el menor contacto, sea político u organizativo, entre ambas oposiciones.

¿Qué es lo “característico”?

“Lo característico - según Lozovski - es que allí donde los trotskistas tienen influencia, se unen a los amsterdamistas para atacar a los comunistas.”

Lo “característico” es que aquí no hay siquiera un uno por ciento de verdad.

¿No habrá otra cosa “característica”?

“Los trotskistas afirman que es imposible luchar en momentos de crisis económica.”

¿Quiénes son estos “trotskistas”? ¿Dónde lo dije­ron? ¿Cuándo? Pero no detengamos al inspirado Lo­zovski:

“El trotskista de ‘izquierda’ Neurath no encontró nada mejor [...]” etcétera. Pero, ¿no pertenece Neu­rath a la Oposición de Derecha de Checoslovaquia? Vamos, vamos.[3]

¿Qué le falta a Lozovski?

“Lo que nos falta en los sindicatos revolucionarios independientes y en las oposiciones sindicales es la ca­pacidad de atraer a la lucha a nuevos sectores obreros, de ligarlos con fuertes vínculos a nuestras organiza­ciones, de penetrar en las fábricas” (del mismo dis­curso).

En una palabra, para Lozovski todo estaría muy bien si no le faltaran algunas bagatelas: la capacidad de atraer a las masas, de organizarlas, de penetrar en las fábricas.

A Lozovski también le falta otra cosa, pero no nos lo dijo por modestia.

¿Se puede imaginar a un espantapájaro[4] revolucio­nario en acción? ¿Y, para colmo, en el papel de líder? ¿No? Entonces no se ha visto ni escuchado a Lozovski. He aquí un párrafo sin desperdicios, tomado del mismo discurso, con nuestros modestos agregados entre cor­chetes:

“Lo más importante ahora es liberar al movimiento obrero de los países coloniales y semicoloniales de la más mínima influencia de la burguesía [¡nada menos que de la ‘más mínima’!], trazar una divisoria tajante entre las clases [¡ocúltenla, si pueden!], provocar una ola de desconfianza proletaria hacia los politiqueros del tipo de Gandhi, Nehru, Patel,[5] Wang tin-wei, etcé­tera [pero, ¿quiénes son los que suscitaron una ola de confianza en ellos?] Lo más importante [¿No son de­masiadas las cosas ‘más importantes’?] es impedir que las ideas menchevique-trotskistas de Roy [¿acaso Roy no es discípulo de Stalin y Lozovski?] y Chen Tu-siu [¡Lozovski fue el que le dio sus ideas mencheviques!] prendan entre las masas trabajadoras, y organizar a las masas a la audaz manera bolchevique [¿pero no es eso justamente ‘lo que nos falta’?], conscientes de que la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y el campesinado [¡precisamente!] es un paso adelante en el camino de la revolución socialista.”

La paja es algo muy útil en una granja. Pero en un puesto de dirección... bueno, ¿hace falta decir algo más?

 

Manuilski tiene un problema

 

Manuilski, que es incapaz de callarse la boca, de­claró inesperadamente en el Decimosexto Congreso que “la cuestión del carácter del social-fascismo to­davía no está del todo dilucidada en la Internacional Comunista”.

¡Helo aquí! Desde el comienzo anunciaron, confir­maron, aseguraron, canonizaron y cretinizaron, y ahora van a “dilucidar” un poco más el problema. ¿Quién será, pues, el “dilucidador”? Tenemos que proponer que sea Radek. Después de él no queda nadie. Los demás se han ido.

 

¿Qué es el social-fascismo?

 

Radek debe cumplir con su noviciado. Con ese fin, escribe prolijos artículos para Pravda sobre la “esencia del social-fascismo”. Como dijo una vez el filósofo Jemnitzer: “¿Qué es esto, una soga?”[6] Y puesto que el problema radica en que los lectores de los numerosos artículos sobre “social-fascismo” olvidan catastrófi­camente los excelentes argumentos de investigadores anteriores, le corresponde a Radek empezar desde el principio. Empezar desde el principio significa afirmar que Trotsky está del otro lado de la barricada. Es posi­ble que Radek haya tenido que incluir esta afirmación por pedido especial del Consejo de Redacción, como honorario moral por la publicación de su artículo.

Pero, así y todo, ¿cuál es la esencia del social-fascismo? ¿En que se diferencia del fascismo propiamen­te dicho? Parece que la diferencia (¿quién lo hubiera dicho?) radica en que el social-fascismo también es “partidario de aplicar la política fascista, pero en forma democrática”. Radek emplea palabras difíciles para explicar por qué a la burguesía alemana no le quedaba otra alternativa que la de aplicar una política fascistizante a través del parlamento, “cubriéndose con el disfraz de la democracia”. Y bien, ¿dónde está la novedad? Hasta el momento los marxistas han creído que la democracia es el disfraz visible de la dictadura de clase: uno de sus posibles disfraces. La tarea política de la socialdemocracia contemporánea es justamente la de proporcionar ese disfraz democrático. Eso es lo único que la diferencia del fascismo que, con otros méto­dos, otra ideología y en parte también otra base social, organiza, garantiza y protege la misma dictadura del capital imperialista.

Pero -alega Radek- el capitalismo decadente sólo puede mantenerse en pie si emplea medidas fascistas. A la larga, esta afirmación es enteramente correcta. De allí no se deduce, empero, que la socialdemocracia y el fascismo son idénticos, sino que, a la larga, la socialdemocracia se ve obligada a allanarle el camino al fascismo, lo que no implica que éste, al acudir a rem­plazarla, renuncie al placer de romper una buena cantidad de cabezas socialdemócratas. Sin embargo, el articulo de Radek califica estos argumentos de “apolo­gía de la socialdemocracia”. Este feroz revolucionario cree, aparentemente, que borrar las huellas sanguina­rias del imperialismo con la escoba de la democracia es una misión más noble y eminente que la de defender los tesoros imperialistas con la cachiporra en la mano.

Radek no puede negar que la socialdemocracia se aferra al parlamentarismo con todas sus débiles fuer­zas porque su influencia y prosperidad derivan de esta máquina artificial. Pero, protesta el ingenioso Radek, “en ningún lugar está escrito que el fascismo necesita disolver formalmente el parlamento”. ¿Es así, realmente? Pero en Italia fue precisamente el partido político llamado fascista el primero en destrozar la máquina parlamentaria, en nombre de la guardia pretoriana de la clase dominante burguesa. Pero resulta que esto no tiene importancia. El fenómeno del fascismo es una cosa, su esencia es otra. Radek descubre que no se necesita al fascismo para destruir el parlamentarismo, si se considera esta destrucción como cosa aislada. “¿Qué es esto, una soga?”

Pero como considera que de ésta no salió bien para­do, agrega con ingenio todavía mayor: “Ni siquiera el fascismo italiano disolvió de inmediato el parlamento [!]” La verdad es la verdad. Y, sin embargo, si lo disol­vió, sin perdonar siquiera a la socialdemocracia, la flor más bella del ramo parlamentario. Según Radek, aparentemente el social-fascismo disolvió el parlamento, sólo que no lo hizo enseguida sino después de pensarlo. Mucho tememos que la teoría de Radek no termine de explicar a los obreros italianos la causa por la cual los social-fascistas están en el exilio. Asimismo, a los obre­ros alemanes les resultará difícil comprender quién es realmente el que quiere disolver el parlamento en Ale­mania: los fascistas o los socialdemócratas.

Todos los argumentos de Radek, como los de sus maestros, se reducen al siguiente hecho: que la socialdemocracia de ninguna manera representa la democra­cia ideal (evidentemente, no representa esa democra­cia de los sueños rosados de Radek, tras su abrazo de conciliación con Iaroslavski). La teoría, profunda y fér­til, del social-fascismo no se basa en el análisis materialista de la función particular, específica de la socialdemocracia, sino en ese criterio democrático abstracto propio de los oportunistas, incluso de aquellos que quieren o deben ocupar un puesto en el ala más extre­ma de la barricada más extrema (momento en el que vuelven las espaldas y las armas en dirección equi­vocada).

No existe una contradicción de clase entre la socialdemocracia y el fascismo. Tanto el fascismo como la socialdemocracia son partidos burgueses; no burgueses en un sentido general, sino del tipo que se necesita para mantener en pie a un capitalismo decadente cada vez menos capaz de tolerar los métodos democráticos o cualquier tipo de legalidad estable. Es precisamente por eso que la socialdemocracia, más allá de los vaive­nes de su fortuna, está condenada a desaparecer, a ceder ante uno de los dos polos opuestos: fascismo o comunismo.

No hay una gran diferencia entre los rubios y los morenos; en todo caso, es bastante menor que la dife­rencia entre los seres humanos y los monos antropoi­des. Desde el punto de vista anatómico y fisiológico, los rubios y los morenos pertenecen a la misma especie, pueden ser de la misma nacionalidad, provenir de la misma familia y, por último, puede tratarse del mismo canalla. Sin embargo, el color de la piel y del cabello tiene su importancia, no sólo para los pasaportes sino para la vida en general. Radek, empero, para granjearse el cálido aplauso de Iaroslavski, quiere demostrar que en el fondo un moreno no es más que un rubio de tez oscura y cabello negro.

Existen en el mundo teorías buenas, que sirven para explicar los hechos. Pero la teoría del social-fascismo sólo sirve a los capituladores que cumplen su noviciado.



[1] Apuntes de un periodista. Biulleten Opozitsi, Nº 15-16, septiembre-octubre de 1930. Las cinco primeras notas fueron traducidas del ruso [al inglés] para este volumen de la edición norteamericana por Iain Fraser. La sexta nota, ¿Qué es el social-fascismo?, está tomada de The Militant, 1º de octubre de 1930. Firmado “Alpha”.

[2] Alfred Rosmer (1877-1964): sindicalista revolucionario, fue colaborador de Trotsky en Francia durante la Primera Guerra Mundial. Elegido al CEIC en 1920, fue dirigente del PC Francés hasta su expulsión en 1924 por pertenecer a la Oposición. Fue dirigente de la Oposición de Izquierda Internacional y de su Secretariado Internacional hasta 1930, cuando renunció por discrepar con Trotsky sobre la forma de construir la Oposición de Izquierda. Reanudaron su amistad personal en 1936. Escribió varios libros de historia del movi­miento obrero. Sus recuerdos de Trotsky en París, 1915-1916, aparecen en la antología Leon Trotsky, The Man and His Work [León Trotsky, el hombre y su obra] Pathfinder Press, Nueva York, 1969

[3] Alois Neurath (n.1886): dirigente del PC Checoslovaco y miembro del CEIC; fue expulsado por “trotskista”, si bien en realidad compartía las posi­ciones de los brandleristas. En 1932 se enemistó con Brandler por sus apologías al papel que jugaba la burocracia soviética en la URSS y por sus críticas deshonestas a las propuestas de Trotsky para combatir a los nazis en Alema­nia. Neurath su grupo se unieron en 1937, al Movimiento pro Cuarta Internacional.

[4] En inglés se da un juego de palabras entre el título y esta expresión: straw es paja y strawman espantapájaros (Nota del traductor al español).

[5] Jawaharlal Nehru (1889-1964): presidente del Partido del Congreso hindú en 1929 y en varias ocasiones posteriores, fue primer ministro de la India cuando ésta obtuvo su independencia en 1947. Ocupó ese puesto hasta su muerte. Vallabhbhai Patel (1877-1950): dirigente de la derecha del Partido del Congreso de la India; ocupó puestos en el gobierno a partir de la inde­pendencia.

[6] Iván Ivanovich Jemnitzer (1745-1784): escritor y fabulista ruso, atacó a los teóricos estériles, la pomposidad de la nobleza y la desigualdad de la vida rusa. Un verso de Metafísica, una de sus obras más importantes dice: “El monje siempre la usa, / Pero, ¿qué es? / ¡Una soga! / ¡Nada más que un cinturón!/”



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