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Entrevista concedida a Osaka Mainichi[1]

 

 

24 de abril de 1929

 

 

 

1. Me pregunta por mi salud. Es más o menos satis­factoria, aunque por momentos empeora. Necesito tra­tamiento médico.[2]

2. Sí, considero fundamental el antagonismo entre Norteamérica e Inglaterra. En este sentido, las relacio­nes entre Estados Unidos y Japón son de importancia secundaria. Mejor dicho: en todo momento Estados Unidos decidirá sus relaciones con Japón a partir de las relaciones de éste con Inglaterra. Esto significa, si se quiere, que se atenuarán las contradicciones entre Washington y Tokio, lo que no excluye períodos de agu­dización que también dependerían de las relaciones entre Tokio y Londres. ¿Considero inevitable la guerra? Sin ponerme a especular con el tiempo, lo que no tendría sentido, debo decir que jamás, en toda la historia de la humanidad, el mundo se dirigió con tozudez tan ciega hacia una catástrofe militar como ahora, diez años después de la Gran Guerra, en la época de la Liga de las Naciones,[3] el Pacto Kellogg, etcétera. No se trata de una hipótesis o de un supuesto, sino de una convicción o, más bien, de una verdad indiscutible.

3. Los rumores sobre una cuarta internacional que yo estaría por construir son absolutamente falsos. La Internacional socialdemócrata y la Internacional Comu­nista poseen hondas raíces históricas. Están demás las internacionales intermedias (como la Dos y Media)[4] o adicionales (cuarta). No tienen cabida. La política stali­nista de la Comintern apunta en dirección a una inter­nacional dos y media. El centrismo se ubica entre la socialdemocracia y el comunismo, pero, aunque cuente con los recursos de un aparato estatal, es inestable y quedará reducido a polvo entre las ruedas de molino de la socialdemocracia y del comunismo. Después de las luchas, fricciones, rupturas, etcétera, quedarán dos in­ternacionales, la socialdemócrata y la comunista. Parti­cipé en la fundación de esta última, lucho por sus tradi­ciones y su futuro y no pienso cedérsela a nadie.

4. Me pregunta por qué varios estados me han cerrado sus puertas. Probablemente para ayudar a los marxistas a explicar mejor a las masas trabajadoras qué es la democracia capitalista. El gobierno noruego fun­damentó su decisión en consideraciones acerca de mi seguridad personal. Este argumento no me convence. Soy un individuo particular y mi seguridad es asunto mío. Tengo enemigos y también amigos. Mi radicación en Noruega o en otro país de ninguna manera pondría mi seguridad bajo la responsabilidad del gobierno de dicho país. El único gobierno que asumió esa responsa­bilidad con pleno conocimiento de la situación fue el go­bierno de la fracción stalinista que me expulsó de la URSS.

5. Usted cita mis palabras respecto de que los ene­migos del régimen soviético esperan en vano un rápido derrumbe de éste, y pregunta si reconozco “la posibili­dad de que el régimen soviético sea derrocado, si no rá­pidamente, por lo menos en un futuro no muy lejano”. Considero que con una política justa se puede garantizar la estabilidad del régimen soviético huta que se produzca la inevitable revolución socialista en Europa y el mundo entero, después de lo cual el régimen soviéti­co deberá ceder gradualmente ante una sociedad comu­nista sin estado. Pero el motor de la historia es la lucha de clases. Eso significa que no existen situaciones abso­lutamente irremediables ni situaciones absolutamente seguras. En la mecánica de la lucha la dirección cumple un papel colosal. De mantenerse vigente la línea que se viene aplicando desde hace cinco años, tarde o tempra­no socavará a la dictadura. Pero el acicate de la Oposición obliga al aparato stalinista a oscilar de un lado al otro, lo que le permite al partido pensar y comparar. Jamás la política de la URSS ha girado tanto en torno a las ideas de la Oposición como en este momento, cuando los dirigentes de la Oposición se encuentran en la cárcel o en el exilio.

6. Con respecto a mis artículos para la prensa bur­guesa, di las explicaciones pertinentes en mi carta a los obreros de la república soviética. Adjunto dicha carta.

7. ¿Estoy dispuesto a luchar contra la derecha? Por supuesto, Stalin combate a la derecha acicateado por la Oposición. Libra esa lucha como el centrista que es: las rupturas por la derecha y por la izquierda lo obligan a ubicarse a igual distancia de la línea proletaria y de la abiertamente oportunista. En última instancia, esta lucha zigzagueante de Stalin sólo fortalece a la derecha. Solamente una posición revolucionaria puede defender al partido de los choques y las rupturas.

8. Usted menciona el proceso de estabilización del capitalismo para preguntar cuáles son las perspectivas de la revolución mundial. Dichas perspectivas derivan de la propia estabilización. El capitalismo norteameri­cano es el factor más revolucionario del proceso mun­dial. Seremos testigos de grandes convulsiones en el mercado mundial, profundos conflictos económicos, cri­sis del mercado, desocupación y las convulsiones que ésta trae aparejada. A esto se agrega la perspectiva ine­xorable de los choques militares. Me gustaría mucho creer en una transformación pacifica de la sociedad, que evite los costos de la revolución, pero veo lo que ocurre a mi alrededor y no puedo condenarme a la ce­guera. Y sólo un ciego incurable podría creer en la transformación pacífica.



[1] Entrevista concedida a Osaka Mainichi. Biulleten Opozitsi, Nº 1-2, julio de 1929. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Iain Fraser. Tanto las preguntas del Corresponsal japonés como las respuestas de Trotsky se hicieron por escrito.

[2] En una carta del 28 de febrero de 1929, poco después de su arribo a Tur­quía, Trotsky dice: “La prensa me presenta como si estuviera apunto de mo­rir. ¡Es una exageración! No tengo la menor intención de terminar tan oportu­namente, de esa manera tan desagradable. El ataque de malaria retrocedió desde nuestra partida de Asia central. Mis otras enfermedades continúan, pero no en un estado crítico. Estoy en plenas Condiciones de seguir con mi tra­bajo [...]” (Contre le Courant, 9 de marzo de 1929).

[3] La Liga de las Naciones fue formada en 1919 por los vencedores de la pri­mera Guerra Mundial. Terminó sin pena ni gloria con la Segunda Guerra Mundial, al establecerse las Naciones Unidas.

[4] La Internacional socialdemócrata es la Segunda Internacional, o Interna­cional Obrera y Socialista, fundada en 1889 como sucesora de la Primera In­ternacional. Era una asociación libre de partidos nacionales laboristas y so­cialdemócratas, en la que se nucleaban elementos revolucionarios y reformis­tas. Su papel progresivo terminó en 1914, cuando sus secciones principales, violando los más elementales principios socialistas, apoyaron a sus respecti­vos gobiernos imperialistas en la Primera Guerra Mundial. Quedó aislada du­rante la guerra pero resurgió en 1923 como organización completamente re­formista. La Internacional Dos y media (o Asociación Internacional de Parti­dos Socialistas) se formó en febrero de 1921, con partidos centristas que ha­bían roto con la Segunda Internacional por presión de las masas revoluciona­rias. Aunque criticaban a la Segunda Internacional, la orientación de sus diri­gentes no era básicamente distinta de la de aquélla; se reunificaron en mayo de 1923.



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