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Carta a los amigos en la URSS[1]

 

 

Octubre de 1929

 

 

 

Estimados amigos:

 

Tienen razón cuando insisten en la necesidad de hacer un balance de la última etapa. Un comienzo de ese balance son las tesis de C.G.[2] Por supuesto no podemos detenernos allí. Tenemos que superar los obstáculos creados por la terrible dispersión de nues­tras fuerzas. Apenas ahora nos empezó a llegar Ekono­micheskaia Zizn [Vida Económica]. Además, repenti­namente pasaron a un primer plano los problemas de Europa occidental, especialmente el del tercer periodo. Y estos problemas constituyen la base de nuestro programa.

No obstante, tácticamente la situación me parece muy clara. El manifiesto colectivo [la declaración del 22 de agosto] marcaba el límite hasta donde se debía lle­gar en el plano de las concesiones al aparato. El que dé un paso mas allá rompe con la Oposición. Pero tampoco podemos detenernos. La Oposición tiene que nuclearse alrededor de un manifiesto al partido. Creo que el esquema de ese manifiesto tendría que ser el siguiente:

- Una explicación del significado de la declaración al Comité Central y a la Comisión Central de Control y de la respuesta que se le dio (siguiendo la línea del editorial ¿Y ahora qué? del Biulleten Opozitsi N° 6).

- Señalar que no tiene sentido el argumento de que el plan quinquenal, por sí mismo, puede cambiar el régimen partidario. Por el contrario, el cambio del régimen partidario es ahora la condición previa para lograr nuevos éxitos y protegerse contra los peligros, que ahora avanzan más rápidamente que aquellos.

- Hay que investigar, no importa cómo, la nueva relación de fuerzas dentro del país y del propio partido, por lo menos con la misma profundidad con que se lo hizo en la época de transición del comunismo de guerra a la NEP.

Sin embargo, en este momento no queda en el país un solo organismo apropiado para investigar el estado de ánimo de los distintos sectores del proletariado o la relación de las fuerzas de ciase. Las estadísticas de planificación a largo plazo, las cifras de control, etcé­tera, no lo sustituyen en lo más mínimo.

Supongamos incluso que el Politburó refleja al aparato en su conjunto. ¿Podemos dudar siquiera un minuto de que al primer empuje de la atrasada masa termidoriana, no sólo Bujarin y Rikov, sino, aun antes que ellos, Kalinin, Voroshilov y Rudzutak[3] derrocarían a los stalinistas, si éstos trataran de oponerse a la propia masa atrasada y no sólo a sus representantes en el aparato? Detrás de Kalinin y los demás están los Bessedovskis y los semi-Bessedovskis.[4] ¿Qué porcen­taje del aparato incluyen?

¿Cuál es la actitud de la clase obrera hacia los resul­tados reales de la política gubernamental? ¿Mejoraron las condiciones de vida de las masas? ¿Cuál es la pro­porción de los descontentos respecto a los que no lo están? ¿Cuál es la proporción de los que están difusa y elementalmente insatisfechos respecto a los que son conscientemente hostiles?

¿Cómo se dan esas relaciones en los distintos estratos campesinos? ¿Cuál es el peso político real del campesino pobre? ¿Qué parte del campesinado medio está dispuesta a alinearse junto al pobre en el caso de una revuelta abierta del kulak (fenómeno que, por supuesto, no podría dejar de reflejarse en el ejército)?

Los métodos que se utilizaron en las represalias con­tra la derecha apretaron más el lazo alrededor del cuello del partido y de los sindicatos. Ese hecho, con todas sus consecuencias, supera en mucho los rasgos positivos de la ruptura dramática, áspera pero superficial, con la derecha.

Se mantiene artificialmente al partido en un estado de anarquía ideológica y organizativa sobre el que se eleva el aparato, también carcomido en gran medida por la misma situación anárquica.

En 1923, cuando la Oposición planteó que se elabo­rara un proyecto inicial de plan quinquenal, se nos acusó infundadamente de hacer un fetiche del principio de la planificación. Ahora que finalmente elaboraron un plan quinquenal, ellos lo convirtieron en un fetiche ubi­cado por encima de las verdaderas relaciones de clase y actitudes de los distintos sectores del proletariado. La aplicación del plan quinquenal es un objetivo político, que torna posibles e inevitables, por razones tácticas, las concesiones al enemigo de clase, y por lo tanto exige la presencia del instrumento básico de la política prole­taria, el partido.

Políticamente, es necesario buscar un nuevo punto de partida para el plan quinquenal. El actual punto de partida -el descontento y la inseguridad universales- es completamente inútil. La lucha contra el kulak debe desenvolverse dentro de los marcos de un sistema eco­nómico cuidadosamente meditado, no de la desnuda violencia burocrática. Pero para lograrlo hay que hacer un recuento de las propias fuerzas y de las demás fuer­zas sociales, no a priori, no estadísticamente, Sino a través de las organizaciones vivas, por medio de la democracia proletaria.

En estas circunstancias, para poder avanzar, las pri­meras consignas que se deben levantar son: "Democracia partidaria y democracia obrera" (en los sindicatos y en los soviets) y "Sindicatos de campesinos pobres".

Lamentablemente, sin una crisis partidaria muy profunda, que con toda probabilidad sería el resultado del impulso subterráneo de las fuerzas termidorianas, es inconcebible la transición a una nueva etapa. Esta podría ser de reanimamiento o una etapa termidoriana. La crisis partidaria iría acompañada de una nueva cris­talización del Partido Bolchevique al margen del actual caos ideológico provocado por el aparato. Lo que acele­ra el derrumbe del aparato no es tanto el temor a la Oposición de Izquierda como el temor al caos en el pro­pio partido.

Como se plantean las cosas, será mejor para la revo­lución que comience cuanto antes la crisis partidaria.

En la medida en que los capituladores, con sus de­claraciones mentirosas, apoyan conscientemente la autoridad del aparato y el predominio de la burocracia, poniéndose por encima del caos del partido desorganizado, contribuyen a que se acumule material explosivo bajo la cubierta estrechamente comprimida del aparato partidario. Esto significa que la crisis partidaria, en lugar de preceder a la inminente crisis de clase de la re­volución, podría estallar simultáneamente con és­ta -en la que se involucraría el partido-, de modo que las posibilidades de triunfo se verían muy reducidas.

La crisis del partido será ante todo la crisis del cen­trismo. ¿Qué línea seguirá la cristalización del caos actual? Cualquiera que se les pueda ocurrir, salvo la cen­trista. En todas sus manifestaciones caóticas la crisis estará dirigida contra el régimen stalinista, el aparato stalinista, los miembros de ese aparato. Sobre su cabe­za recaerá la responsabilidad de todos sus errores y crí­menes reales y además de todas las dificultades y con­tradicciones objetivas. Hay que recordar que las represalias, primero contra la Oposición de Izquierda y lue­go contra la de Derecha, fueron una forma de canalizar parte del descontento contra el partido. Pero ahora el aparato centrista quedó al descubierto ante las masas, que se guardan lo que piensan y se ven frente a frente con los problemas sin resolver, con las contradicciones crecientes y con la acumulación de consecuencias de sus propios errores.

Ya declaramos que estamos dispuestos a ayudar al partido desde adentro, a efectuar una inspección y una limpieza en sus filas. El aparato centrista, una vez más, rechazó esta propuesta. En esta situación, ¿podemos dejar de hacer trabajo fraccional? De ninguna manera. ¿Tendemos a orientarnos hacia la formación de otro partido? No; igual que antes, estamos construyendo y reforzando la base ideológica del núcleo proletario del partido, que se verá obligado, bajo los golpes de sus enemigos, a salir de su estado actual de desorganización, de asfixia y de pasividad y a asumir posiciones combativas. En el momento de peligro, seguramente nos encontraremos con el núcleo proletario del partido en la defensa de la dictadura proletaria. Precisamente con ese objetivo estrechamos las filas de la Oposición de Izquierda y fortalecemos nuestra fracción dentro de la Unión Soviética y a escala internacional.

Hay que plantearlo clara y abiertamente, sin ambigüedades.



[1] Carta a los amigos en la URSS. Con autorización Biblioteca de la Uni­versidad de Harvard. Sin firma. Traducido al [inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por George Saunders.

[2] Las tesis de C.G. se refiere a un largo artículo escrito por Rakovski con la colaboración de Kosior y Okudshava, distribuido junto con la declaración del 22 de agosto. En The Militant del 21 de diciembre de 1929 se publicó una parte de en trabajo.

[3] Jan E. Rudzutak (1887-1938): remplazó a Zinoviev en el Politburó cuando éste fue expulsado de ese organismo en 1926. Rudzutak fue juzgado en secre­to o fusilado sin juicio durante las purgas.

[4] Gregori Bessedovski: funcionario de la embajada soviética en París que se pasó al capitalismo el 3 de octubre de 1929. Según él, le impedían abandonar la embajada; por eso se escapó trepando por la pared de un jardín, desde donde llamó a la policía.



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