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Carta sobre la India[1]

 

 

24 de noviembre de 1939

 

 

 

Estimado camarada Perera:

La cuestión de la posible intervención militar del Ejér­cito Rojo en la India (para no hablar de Ceilán) fue suscitada de manera absolutamente artificial por algunos camaradas norteamericanos. No está excluida esa posibili­dad, pero no es ése el problema planteado ahora, en lo inmediato. Desde el punto de vista principista, no veo aquí nada nuevo respecto a las experiencias de China o España. El Ejército Rojo no es un factor político inde­pendiente sino un instrumento militar de la burocracia bonapartista de la URSS. La intervención militar no sería más que la continuación de la intervención política, y la Comintern de Stalin todos los días interviene políticamente en la India como en cualquier otra parte. Nuestra tarea no es especular sobre una futura intervención mili­tar sino aprender a luchar contra la actual intervención política. Toda lucha exige una apreciación correcta de los factores que involucra.

Lo primero es no olvidar que el enemigo directo de los obreros y campesinos indios no es el Ejército Rojo sino el imperialismo inglés. Algunos camaradas, que últimamente han reemplazado el marxismo por el antistalinis­mo, olvidan la realidad política de la India e imitan a los stalinistas de ayer cuando proclamaban -antes del pacto Stalin-Hitler, por supuesto- que el principal enemigo de la India es... Japón.

Los stalinistas de la India apoyan a los partidos nacio­nales burgueses y pequeñoburgueses y hacen todo lo posible por someter a los obreros y campesinos a través de estos partidos. Lo que tenemos que hacer es crear un partido proletario absolutamente independiente con un claro programa de clase.

El rol histórico general de la burocracia stalinista y su Comintern es contrarrevolucionario. Pero por sus intere­ses militares y de otro tipo se pueden ver obligados a apoyar algunos movimientos progresivos. (Hasta Luden­dorff tuvo que darle a Lenin un tren -una acción muy progresiva- y Lenin lo aceptó.)[2] Tenemos que mante­ner los ojos bien abiertos para distinguir los aspectos progresivos de los stalinistas, apoyarlos independientemente del conjunto de su política, prever a tiempo el peligro, las traiciones, alertar a las masas y ganarnos su confianza. Si nuestra política es firme, intransigente y al mismo tiempo realista, lograremos comprometer a los stalinistas en base a la experiencia revolucionaria. Si el Ejército Rojo interviene, continuaremos con la misma política, adaptándola a las condiciones militares imperan­tes. Enseñaremos a los obreros indios a confraternizar con los soldados de base y denunciaremos las medidas represivas de sus comandantes.

La principal tarea en la India es el derrocamiento de la dominación británica. Este objetivo le impone al prole­tariado apoyar toda acción opositora y revolucionaria dirigida contra el imperialismo.

Este apoyo debe ir acompañado por una firme descon­fianza en la burguesía nacional y sus agentes pequeñobur­gueses.

No tenemos que confundir nuestra organización, nues­tro programa, nuestro estandarte con los suyos.

Tenemos que observar estrictamente el viejo precepto: marchar separados, golpear juntos.

Tenemos que mantenernos tan vigilantes hacia el alia­do circunstancial como hacia el enemigo.

Tenemos que utilizar los desacuerdos entre las tenden­cias burguesas y pequeñoburguesas para reafirmar la confianza en sí misma de la vanguardia proletaria.

Si seguimos seriamente estos buenos viejos preceptos, la intervención del Ejército Rojo no nos tomará despreve­nidos en caso de concretarse.

Con el saludo más fraternal para usted y los camaradas de Ceilán, y deseándole la mejor de las suertes en su viaje.

 

León Trotsky



[1]  “Carta sobre la India”. Internal Bulletin [Boletín Interno], Socialist Workers Party, Vol. II, No 5, diciembre de 1939. Selina M. Perera era la tesorera del partido ceylanés Lanka Sama Samaja Party [igualdad] (LSSP), que fue fundado en 1935 y luego se convirtió en una sección de la Cuarta Internacional. En noviem­bre de 1939, en su viaje de regreso a Ceylán de una visita a Inglaterra, intentó visitar a Trotsky en México, pero fue devuelta a la frontera mexicano-estadounidense a causa de las reglas restrictivas sobre inmigración aplicables a los súbditos británicos de visita en México. Durante la guerra el LSSP fue proscrito y su diario prohibido; incluso la propia Perera fue encarcelada dos veces por las autoridades coloniales británicas de Ceylán. Los camaradas norteamericanos a que se hace referencia eran miembros de la minoría a del SWP encabezada por Shachtman, Burnham y Abern, que sostenían que la Unión Soviética seguía una política imperia­lista y por eso alegaban que la Cuarta Internacional debía revisar su posición de defender a la Unión Soviética contra el ataque imperialista.

[2] Cuando estalló la Revolución de Febrero Lenin estaba en Zurich. Para poder volver a Rusia tuvo que viajar a través de Alemania, con la que Rusia estaba aún en guerra. Con ese fin se le dio un tren con un vagón sellado. El gobierno alemán estuvo representado en estas negociaciones por Erich F. Ludendorff (1865-1937), uno de los principales generales alemanes de la pri­mera guerra mundial. Ludendorff consintió, indudablemente, en permitir el regreso de Lenin a Rusia con la esperanza de que contribuiría a la inestabilidad de la situación militar de Rusia, que ya se estaba desintegrando.



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