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Las tareas del movimiento sindical en América Latina[1]

 

 

11 de octubre de 1938

 

 

 

Entre el 6 y el 8 de setiembre se celebró en México un congreso de representantes sindicales de varios países latinoamericanos cuya consecuencia fue la fundación de una "Confederación de Trabajadores Latinoamericanos"[2] Los abajo firmantes conside­ramos nuestra obligación declarar ante los trabajadores de América Latina y de todo el mundo que este con­greso, preparado a espaldas de las masas, fue utilizado unilateralmente con propósitos que nada tienen que ver con los intereses del proletariado latinoamericano sino que, por el contrario, son fundamentalmente hostiles a esos intereses La "confederación" creada en este congreso no representa la unificación del proleta­riado organizado de nuestro continente sino una fracción política estrechamente ligada a la oligarquía de Moscú.

De México solamente, ni se invitó ni se admitió a las siguientes organizaciones: la Casa del Pueblo, la CROM y la CGT.[3] El camarada Mateo Fossa, que llegó de Buenos Aires con mandato de veinticuatro sindicatos independientes argentinos, no fue admitido en el congreso simplemente por ser opositor al stali­nismo. Podríamos señalar organizaciones sindicales de todos los países latinoamericanos que desde el comienzo fueron deliberadamente alejadas de los preparativos previos al Congreso para no romper su homogeneidad política, es decir su subordinación total al stalinismo.

La mayoría de los delegados al congreso sindical participaron también en el congreso contra la guerra y el fascismo, donde tuvieron oportunidad de expla­yarse con amplitud sobre su línea política. Todos ellos votaron huecas resoluciones sobre la lucha contra el fascismo pero repudiaron decididamente (salvo los representantes de Puerto Rico y Perú) la lucha contra el imperialismo. Esta política caracteriza plenamente a la burocracia de Moscú, que ante las amenazas de Hitler busca la confianza y amistad de las democracias imperialistas: Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Las masas trabajadoras de América Latina, que ven en el fascismo a su enemigo mortal, no pueden abandonar ni por un instante la lucha irreconciliable contra el imperialismo, aun cuando éste se esconda tras la máscara de la democracia. ¡Es por eso que el proleta­riado y los pueblos de América Latina no pueden tener objetivos comunes con la burocracia stalinista! ¡No es posible olvidar que, en nombre de la amistad con la burguesía de Francia e Inglaterra, la burocracia stalinista estranguló el movimiento de los obreros y los campesinos españoles!

El imperialismo "democrático", que en América Latina es infinitamente más fuerte que el imperialismo fascista, intenta -no sin éxito- introducir a través del robo, el engaño y la concesión de privilegios sus propios agentes políticos en nuestros países, tanto en la burguesía, en la burocracia burguesa y la intelligentzia pequeñoburguesa como también en los estratos superiores de la clase obrera. Esos elementos corruptos de la burocracia o la "aristocracia" laboral generalmente albergan sentimientos serviles, ni proletarios ni revolucionarios, hacia sus protectores imperialistas. Los agentes de la oligarquía del Kremlin utilizan estos sentimientos para reconciliar al proletariado latino­americano con los esclavistas "democráticos".

A esto hay que añadir que en México, donde los sindicatos, desgraciadamente, dependen directamente del estado, los puestos de la burocracia sindical se cubren generalmente con elementos provenientes de la intelligentzia burguesa. Se trata de abogados, ingenieros, etcétera, personas que no tienen nada en común con la clase obrera y que sólo pretenden utilizar las organizaciones sindicales en su propio beneficio, ya sea para mejorar su situación económica o favorecer sus carreras políticas. Esforzándose por ocultar a los obreros su política crudamente egoísta, estos trepa­dores burgueses a menudo aparecen como "antifascistas" y "amigos de la URSS", cuando en realidad son agentes del imperialismo anglosajón.

Para mantener los sindicatos en poder de su frac­ción, pisotean ferozmente la democracia obrera y acallan todo planteo critico, comportándose como perfectos gángsters con las organizaciones que luchan por la independencia revolucionaria del proletariado del estado burgués y del imperialismo extranjero. Al dividir de esta manera al movimiento sindical y esti­mular la lucha entre sus distintas tendencias, los agentes de Stalin debilitan al proletariado, lo corrom­pen, socavan la democracia en nuestro país y de hecho le allanan el camino al fascismo. El abogado mexicano Lombardo Toledano, electo secretario de la Federación Latinoamericana que él mismo organizó, es el dirigente al que mayor responsabilidad le cabe por esta política criminal.

Los abajo firmantes somos ardientes y devotos partidarios de la unificación del proletariado latino­americano y de que éste estreche los mayores lazos posibles con el proletariado de los Estados Unidos de Norteamérica. Pero, como surge de lo que venimos diciendo, esta tarea está todavía por realizarse. La organización política fraccional que se formó en di­ciembre no constituye una ayuda sino un obstáculo para su realización.

Estamos firmemente convencidos de que se puede lograr la unificación del proletariado latinoamericano en base a los siguientes principios:

1. La total independencia del movimiento sindical de su propio gobierno burgués y de todo imperialismo extranjero, ya sea fascista o "democrático".

2. Un programa revolucionario de lucha de clases.

3. La expulsión del movimiento sindical de los trepadores pequeñoburgueses, ajenos a la clase obrera.

4. La unificación en cada país de todos los sindi­catos obreros en base a la democracia proletaria. Que la lucha ideológica dentro de los sindicatos se conduzca de manera libre y fraternal, que la minoría se someta estrictamente a la mayoría y se aplique en la acción una disciplina de hierro.

5. La preparación honesta de un congreso sindical latinoamericano con la participación activa de las masas trabajadoras, es decir con una discusión seria y sin restricciones sobre las tareas del proletariado latinoamericano y sus métodos de lucha.

Nuestro proletariado debe entrar firmemente en la escena histórica para tomar en sus manos el destino de Latinoamérica y asegurar su futuro. El proletariado unificado atraerá a decenas de millones de campesinos indoamericanos, eliminará las fronteras hostiles que nos dividen y nucleará a las veinticuatro repúblicas y posesiones coloniales bajo las banderas de los estados unidos obreros y campesinos de Latinoamérica.

Presentamos este programa para que lo discutan todas las organizaciones obreras de nuestro continente. ¡Obreros revolucionarios de América Latina, ustedes tienen la palabra!



[1] Las tareas del movimiento sindical en América Latina. Sin firma. Publi­cado con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Traduci­do del ruso [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Marilyn Vogt. Aparentemente, este artículo se escribió para hacerlo circular y publicarlo como petitorio, pero no se sabe quién lo firmó ni si se publicó.

[2] El Congreso Sindical Panamericano se reunió en México del 6 al 8 de setiembre de 1938. Concurrieron delegados de la mayoría de los países latinoamericanos, John L. Lewis de Estados Unidos, León Jouhaux de Francia y González Peña, el ministro de justicia español. Resolvió formar la Confedera­ción de Trabajadores de América Latina (CTAL), con sede central en México y Lombardo Toledano de presidente.

[3] La Casa del Pueblo era el local sindical de los panaderos, y servía de centro de reunión del sindicalismo revolucionario de la ciudad de México. la Confe­deración Regional de Obreros Mexicanos (CROM), fundada en 1918, era una organización moderada y oportunista afiliada a la Internacional de Amster­dam. A diferencia de las otras organizaciones sindicales mexicanas, nunca ca­yó bajo la influencia stalinista. En 1938 ya estaba en decadencia. La Confederación General del Trabajo (QGT) era la central sindical más poderosa de México (fue fundada en 1921), hasta que a mediados de la década del 30 la desplazó la CTM. se definía como grupo anarquista más que como organización política; pertenecía simultáneamente a la AIT (Internacional Anarquista) y al PRM (Partido Revolucionario Mexicano, que estaba en el gobierno).



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