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La fundación de la Cuarta Internacional[1]

 

 

18 de octubre de 1938

 

 

 

Espero que esta vez les llegue mi voz y poder así participar en esta doble celebración de ustedes. Ambos acontecimientos, el décimo aniversario de nuestra organización norteamericana y el congreso de funda­ción de la Cuarta Internacional, son incomparable­mente más dignos de la atención de los obreros que las gesticulaciones belicosas de los jefes totalitarios, las intrigas diplomáticas o los congresos pacifistas.

Los dos hechos pasarán a ser importantes hitos históricos.

Es necesario hacer notar que el surgimiento del grupo norteamericano de bolcheviques leninistas, debido a la valiente iniciativa de los camaradas Cannon, Shachtman y Abern,[2] no fue un hecho aislado. Coin­cidió aproximadamente con el comienzo del trabajo internacional sistemático de la Oposición de Izquierda. Es cierto que la Oposición de Izquierda surgió en Rusia en 1923, pero la tarea regular a escala internacional comenzó con el Sexto Congreso de la Cominten.[3]

Sin que mediara un encuentro personal entre nosotros, llegamos a un acuerdo con los pioneros norteamericanos de la Cuarta Internacional, ante todo, sobre la crítica al programa de la Internacional Comu­nista. Y en 1928 comenzó el trabajo colectivo que después de diez años llevó a la elaboración del progra­ma que recientemente adoptó nuestra conferencia internacional. Tenemos derecho a afirmar que en esta década fuimos persistentes, pacientes y honestos. Los bolcheviques leninistas, los pioneros internacionales, nuestros camaradas de todo el mundo, buscaban el camino de la revolución, como genuinos marxistas, no en sus sentimientos y deseos sino en el análisis de la marcha objetiva de los acontecimientos. Sobre todo’ nos guiaba la preocupación de no engañar a los demás ni a nosotros mismos. Investigamos seria y honestamente y encontramos algunas cosas impor­tantes. Los hechos confirmaron tanto nuestros análisis como nuestros pronósticos. Nadie puede negarlo. Ahora es necesario permanecer fieles a nosotros mismos y a nuestro programa. No es fácil. Las tareas son tremendas, los enemigos innumerables. Sólo tenemos derecho a dedicar tiempo y atención a la celebración de este’ aniversario en la medida en que las experiencias pasadas nos sirvan para prepararnos para el futuro.

Queridos amigos, no somos un partido igual a los demás. No ambicionamos solamente tener más afilia­dos, más periódicos, más dinero, más diputados. Todo eso hace falta, pero no es más que un medio. Nuestro objetivo es la total liberación, material y espiritual, de los trabajadores y de los explotados por medio de la revolución socialista. Si no la hacemos nosotros, nadie la preparará ni la dirigirá. Las viejas internacio­nales -la Segunda, la Tercera, la de Amsterdam, y podemos agregar también el Buró de Londres- están completamente podridas.

Los grandes acontecimientos que se ciernen sobre la humanidad no dejarán piedra sobre piedra de estas organizaciones que se sobreviven. Sólo la Cuarta Internacional mira con confianza el futuro. ¡Es el partido mundial de la revolución socialista! Nunca hubo un objetivo más importante. Sobre cada uno de no­sotros cae una tremenda responsabilidad histórica.

El partido nos exige una entrega total y completa. Que los filisteos sigan buscando su individualidad en el vacío; para un revolucionario darse enteramente al partido significa encontrarse.

Sí, nuestro partido nos toma por entero. Pero en compensación nos da la mayor de las felicidades, la conciencia de participar en la construcción de un futuro mejor, de llevar sobre nuestras espaldas una partícula del destino de la humanidad y de no vivir en vano.

La fidelidad a la causa de los trabajadores nos exige la mayor devoción hacia nuestro partido internacional. El partido, por supuesto, también puede equivocarse. Con el esfuerzo común corregiremos los errores. Se pueden infiltrar en sus filas elementos poco valiosos. Con el esfuerzo común los eliminaremos. Las miles de personas que entren mañana a sus filas probablemente carezcan de la educación necesaria. Con el esfuerzo común elevaremos su nivel revolucionario. Pero nunca olvidaremos que nuestro partido es ahora la mayor palanca de la historia. Alejados de esta palanca, cada uno de nosotros no es nada. Con esta palanca en las manos, somos todo.

No somos un partido como los demás. No en vano la reacción imperialista nos persigue furiosamente. La camarilla bonapartista de Moscú la provee de asesinos a sueldo. Nuestra joven Internacional ya tiene muchas víctimas. En la Unión Soviética se cuentan por miles. En España por docenas. En otros países por unidades. En este momento los recordamos a todos con gratitud y amor. Sus espíritus continúan la lucha entre nosotros.

Los verdugos, llevados por su estupidez y su cinismo, creen posible atemorizarnos. ¡Se equivocan! Los golpes nos hacen más fuertes. La bestial política de Stalin no es mas que una política desesperada. Pueden matar a algunos soldados de nuestro ejército, pero no atemorizarlos. Amigos, repitamos nuevamente en este día de celebración: no nos pueden atemorizar.

La camarilla del Kremlin necesitó diez años para estrangular al Partido Bolchevique y transformar al primer estado obrero en una siniestra caricatura. La Tercera Internacional necesitó diez años para aban­donar su propio programa y convertirse en un cadáver maloliente. ¡Diez años! ¡Sólo diez años! Permítanme terminar con una predicción: durante los próximos diez años el programa de la Cuarta Internacional se trans­formará en la guía de millones de personas y estos millones de revolucionarios sabrán cómo dar vuelta al cielo y la tierra.

¡Viva el Partido Socialista de los Trabajadores de Estados Unidos!

¡Viva la Cuarta Internacional



[1] La Fundación de la Cuarta Internacional. Socialist Appeal, 5 de noviembre de 1938. El 18 de octubre de 1938 Trotsky grabó un discurso en el que evaluó la Conferencia de Fundación de la Cuarta Internacional; la grabación se pasó en una reunión masiva en Nueva York, realizada diez días después para celebrar el acontecimiento y el décimo aniversario del movimiento trotskista norteamericano.

[2] Max Shachtman (1903-1972) y Martin Abern (1898-1949): fueron dirigentes del Partido Comunista Norteamericano y cofundadores del movimiento trots­kista de ese país. En 1940 rompieron con el Socialist Workers Party por sus diferencias con éste sobre la defensa de la Unión Soviética y formaron el Partido Obrero. En 1958 Shachtman entró al Partido Socialista.

[3] Sexto Congreso de la Comintern se reunió en 1928, Cuatro años después del Quinto Congreso. Trotsky estaba exiliado en Alma Ata y no pudo concu­rrir. Sin embargo, su "Proyecto de programa de la Internacional Comunista una crítica de los fundamentos", circuló clandestinamente y cayó en manos de varios delegados extranjeros, entre ellos de James P. Cannon, del Partido Comunista Norteamericano. Este fue el primer documento programático de la Oposición de Izquierda que vieron muchos comunistas extranjeros. la mayor parte de los primeros cuadros de la Oposición de Izquierda interna­cional se ganó en esa época.



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