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Karl Kautsky[1]

 

 

8 de noviembre de 1938

 

 

 

La muerte de Karl Kautsky pasó desapercibida. A la joven generación este nombre le dice muy poco. Sin embargo hubo una época en que Kautsky fue, en el verdadero sentido de la palabra, el maestro que educó a la vanguardia proletaria internacional. Es cier­to que su influencia fue menos considerable en los paí­ses anglosajones y en Francia, pero eso se explica por la poca difusión que tuvo en general el marxismo en esos países. Pero en Alemania, en Austria, en Rusia y en los demás países eslavos Kautsky llegó a ser una autori­dad marxista indiscutida. Los intentos de la actual historiografía de la Comintern de presentar las cosas como si Lenin, ya desde su juventud, hubiera visto en Kautsky un oportunista y le hubiera declarado la guerra son radicalmente falsos. Casi hasta la guerra mundial Lenin consideró a Kautsky el genuino heredero de la causa de Marx y Engels.[2]

Esta anomalía se explica por el carácter de la época, de ascenso capitalista, de democracia, de adaptación del proletariado. El aspecto revolucionario del marxis­mo se había vuelto una perspectiva indefinida, o en todo caso distante. Lo inmediato era la lucha por las reformas y la propaganda. Kautsky se dedicó a comen­tar y justificar la política reformista desde una perspec­tiva revolucionaria. Se daba por sentado que cuando cambiaran las condiciones objetivas Kautsky sabría armar al partido con otros métodos. Pero no fue así. El surgimiento de una etapa de grandes crisis y cho­ques reveló el carácter fundamentalmente reformista de la socialdemocracia y de su teórico Kautsky. Lenin rompió decididamente con él a comienzos de la guerra. Después de la Revolución de Octubre publicó un libro despiadado sobre "el renegado Kautsky". En lo que hace al marxismo es indiscutible que desde el comienzo de la guerra Kautsky se comporto como un renegado. Pero en lo que respecta a sí mismo solamente semirrenegó, por así decirlo, de su pasado: cuando los problemas de la lucha de clases se plantearon con toda su agudeza, Kautsky se vio obligado a llevar hasta las últimas conclusiones su oportunismo orgánico.

En el terreno de la teoría marxista, que aplicó con éxito a los más variados dominios, nos deja nume­rosas obras valiosas. Su pensamiento analítico se caracterizaba por una fuerza excepcional. Pero no tenía la inteligencia creadora versal de un Marx, de un Engels, de un Lenin; en última instancia, Kautsky fue toda su vida un comentarista de talento. A su carác­ter, igual que a su pensamiento, le faltaba envergadura y audacia, sin las cuales es imposible una política revolucionaria. Desde el tronar del primer cañonazo se ubicó en una difusa posición pacifista; luego se transformó en uno de los dirigentes del Partido Social Demócrata Independiente, que trató de crear una Internacional Dos y Media; después, cuando el Partido Independiente[3] se hizo pedazos, volvió a cobijarse bajo el ala de la socialdemocracia. Kautsky no entendió nada de la Revolución de Octubre, sintió ante ella el terror del pequeño burgués sabihondo y le dedicó no pocos trabajos llenos de furiosa hostilidad. Sus escritos del último cuarto de siglo se caracterizan por una total decadencia teórica y política.

El fracaso de la socialdemocracia alemana y austríaca fue también el fracaso de todas las concepciones reformistas de Kautsky. Es cierto que siguió afirmando hasta el fin que tenía esperanzas en un "futuro mejor", en una "regeneración" de la democracia, etcétera; este pasivo optimismo reflejaba únicamente la inercia de una vida laboriosa y, a su modo, honesta, pero no se sustentaba en ninguna perspectiva independiente. Recordamos a Kautsky como a nuestro antiguo maes­tro, al que una vez le debimos mucho. Pero se apartó de la revolución proletaria y, en consecuencia, tuvimos que apartarnos de él.



[1] Karl Kautsky. New International, febrero de 1939.

[2] Frederick Engels (182O-1895): fue junto con Marx fundador del socialismo científico y dirigió con él la Primera internacional. En sus últimos años de vida fue también la figura más destacada de la joven Segunda Internacional. Ver el ensayo de Trotsky "Las cartas de Engels a Kautsky" en su libro Retratos políticos.

[3] El Partido Social Demócrata Independiente de Alemania (USPD) estaba formado por centristas que habían constituido una minoría en el Partido Social Demócrata. La mayoría del USPD entró al Partido comunista Alemana en 1920. La minoría continuó como organización independiente adherida a la Internacional Dos y Media, o Asociación Internacional de Partido Socialista, hasta 1922, cuando volvió al Partido Socialista. En 1923 la Internacional Dos y Media volvió a unirse con la Segunda Internacional.



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