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Haya de la Torre y la democracia[1]

¿Un programa de lucha militante o de adaptación al imperialismo norteamericano?

 

 

9 de noviembre de 1938

 

 

 

El número de agosto de 1938 de la revista argentina “Claridad” publica una carta de Haya de la Torre sobre la situación peruana. No analizaremos este documento con el mismo criterio que si se tratara de un documento marxista o socialista; Haya de la Torre escribió la carta como demócrata y la consideraremos desde ese ángulo, fundamentalmente desde el punto de vista democrá­tico. Un buen demócrata es mejor que un mal socialista, pero precisamente desde esta perspectiva la carta de Haya de la Torre tiene grandes limitaciones.

Parece que Haya de la Torre"’ reduce solamente a Italia, Alemania y Japón los peligro que amenazan a América Latina. No toma en cuenta al imperialismo en general sino a una sola de sus variantes, el fascismo. Declara categóricamente: "En caso de agresión, estamos seguros de que Estados Unidos -el guardián de nuestra libertad- nos defenderá". ¿Es una ironía? Por supuesto que no. Hablando de la posibilidad de una usurpación del continente latinoamericano por los agresores fascistas, el autor declara: "En tanto Estados Unidos sea fuerte y esté alerta, ese peligro no será inmediato, pero... será un peligro". Imposible hablar más claramente. El dirigente del APRA está a la pesca de un protector poderoso.

Para Haya de la Torre Estados Unidos sólo existe como un "guardián de la libertad"; nosotros lo conside­ramos el peligro más inmediato y, en una perspectiva histórica, el más amenazante. Con esto no queremos decir que los gobiernos de los países latinoamericanos no deban aprovechar para defenderse los antagonismos entre los distintos países y grupos de países imperialis­tas - Pero una cosa es la utilización táctica de esos antagonismos en determinadas ocasiones, de acuerdo a las circunstancias concretas, y otra muy distinta es basar un cálculo estratégico en la idea de que Estados Unidos es un protector permanente. Consideramos que esta posición oportunista no sólo es errónea sino profundamente peligrosa, ya que obstaculiza la tarea de educar revolucionariamente al pueblo.

¿En qué sentido se puede calificar a Estados Unidos de "guardián de la libertad" de los mismos pueblos a los que explota? Solamente en el sentido de que Estados Unidos está dispuesto a "defender" a los países de América Latina de la dominación europea o japonesa. Pero cada uno de esos actos de "defensa" implica la sumisión total del país "defendido". El ejemplo de Brasil demuestra que a los "guardianes" no les interesa en lo más mínimo la "libertad". Las relaciones entre Washington y Río de Janeiro no se deterioraron después del golpe de estado en Brasil; por el contrario, mejoraron bastante. La razón reside en que Washington considera a la dictadura de Vargas un instrumento más dócil y seguro de los intereses imperialistas norteamericanos que la democracia revolucionaria. Esta es básicamente la posición de la Casa Blanca respecto de todo el sur del continente.

¿Puede ser que Haya de la Torre parta simplemente de la premisa de que Estados Unidos es "un mal menor"? Pero si éste es el caso hay que decir abierta­mente que la política democrática exige claridad. Más aun, ¿hasta cuándo será éste el mal menor? Igno­rar este problema significa dejar demasiadas cosas libradas al azar. Estados Unidos se rige por las mismas leyes históricas que predominan en los centros capita­listas europeos. La "democracia" actual de Estados Unidos no es más que una expresión de su imperia­lismo. Debido a la tremenda decadencia del capitalismo norteamericano, la democracia no será óbice para que los "guardianes" de la libertad apliquen en un futuro próximo una política imperialista sumamente agresiva, en especial en los países de América Latina. Hay que señalarlo con claridad; precisión y firmeza y esta perspectiva debe constituirse en la base del programa revolucionario.

Por extraño que parezca, algunos de sus dirigentes del APRA declaran que la alianza de su agrupación, y en general de los partidos revolucionarios nacionales de América Latina, con el proletariado de Estados Unidos y otros países imperialistas no tiene ninguna utilidad práctica. La razón sería que a los obreros de estos países "no les interesa" la situación de los países coloniales y semicoloniales. Consideramos que esta posición es suicida en el más amplio sentido de la palabra. Mientras exista el imperialismo los pueblos coloniales no podrán liberarse y los oprimidos no podrán derrotar a la burguesía imperialista si no se alían con el proletariado internacional. Es evidente que en lo referente a este problema fundamental Haya de la Torre apoya en su carta la posición de los dirigentes más oportunistas del APRA; si se considera que la burguesía imperialista norteamericana es el "guar­dián" de la libertad de los pueblos coloniales no se puede buscar una alianza con los trabajadores norte­americanos. Esa subestimación del rol del proletariado internacional en la cuestión colonial surge inevitable­mente del intento de no asustar a la burguesía imperia­lista "democrática", sobre todo a la de Estados Unidos. Está claro que quien espera encontrar un aliado en Roosevelt no puede transformarse en aliado de la vanguardia proletaria internacional. Esta es la línea divisoria fundamental entre la política de la lucha revolucionaria y la política de la conciliación sin prin­cipios.

Haya de la Torre insiste en la necesidad de la unifi­cación de los países latinoamericanos y termina su carta con la fórmula "Nosotros, los representantes de las provincias unidas de Sud América". En sí misma la idea es absolutamente correcta. La lucha por los estados unidos de América Latina es inseparable de la lucha por la independencia nacional de cada uno de los países latinoamericanos. Sin embargo, hay que responder clara y precisamente esta pregunta: ¿cuál es el camino que lleva a la unificación? De las vagas formulaciones de Haya de la Torre se puede concluir que espera convencer a los actuales gobiernos de América Latina de que se unan voluntariamente... bajo la "protección" de Estados Unidos. En realidad, sólo el movimiento revolucionario de las masas popu­lares contra el imperialismo, incluyendo su variante "democrática", podrá alcanzar ese gran objetivo. Admitimos que es un camino difícil, pero no hay otro.

Notamos además que esta carta de carácter progra­mático no dice una sola palabra sobre la Unión Sovié­tica. O bien Haya de la Torre considera que la URSS es el defensor de los países coloniales o semicoloniales, su amigo y aliado, o concuerda con nosotros en que bajo el régimen actual la Unión Soviética representa un gran peligro para los pueblos débiles y atrasados que están lejos de haber logrado su independencia total. También en este caso el silencio de Haya de la Torre se debe a consideraciones abiertamente oportunistas. Parece que Haya de la Torre quiere mantener a la URSS "en reserva" por si Estados Unidos no lo apoya. Pero quien quiere contar con muchos amigos perderá los pocos que tiene.

Estas son las ideas que se nos ocurren después de leer con un criterio puramente democrático la carta del dirigente del APRA. ¿Son erróneas nuestras con­clusiones? Escucharemos con agrado las respuestas de los representantes del APRA. Lo único que preten­demos es que esas respuestas sean más precisas, más concretas, menos evasivas y diplomáticas que la carta de Haya de la Torre.



[1] Haya de La Torre y La democracia. New International, febrero de 1939 donde llevaba el subtítulo "¿Un programa de lucha o de adaptación al imperialismo norteamericano?". Firmado "Diego Rivera". Traducido [al inglés] por Bernard Ross. Víctor Raúl Haya de La Torre (n. 1895): fundó el APRA en 1924 y en 1931 se presentó como candidato a presidente de Perú; aunque logró la mayoría de los votos, fue encarcelado por su oponente. Du­rante la Segunda Guerra Mundial se recompensé el apoyo de Haya a los gobiernos imperialistas aliados con la legalización del APRA, pero en 1948 un golpe militar nuevamente ilegalizó el movimiento. Haya se asiló en la emba­jada colombiana en Lima, de donde eventualmente escapé de Perú. Ganó las elecciones nuevamente en 1962, pero un golpe militar le impidió asumir el gobierno.



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