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Consideraciones de principio sobre el entrismo[1]

 

 

16 de septiembre de 1933

 

 

 

Sección británica, bolcheviques leninistas

Londres, Inglaterra

 

Estimados camaradas:

 

Todavía no recibí la carta de ustedes en que expli­can los motivos de su actitud negativa respeto a la entrada en el ILP. Pero, para no dilatar la cuestión, trataré de examinar las consideraciones de principio a favor y en contra del entrismo. Si la carta de ustedes contiene otros argumentos les escribiré de nuevo.

En su situación actual el ILP es un partido centrista de izquierda. Contiene una cantidad de fracciones y matices ilustrativos de las distintas etapas de la evo­lución del reformismo al comunismo. ¿Tendrían que entrar los bolcheviques leninistas a los partidos comunistas oficiales, a los que hace mucho calificaron, con plena razón, como organizaciones centristas? Durante varios años nos consideramos a nosotros mismos fracciones marxistas de los partidos centristas. Tampoco en este caso basta con una respuesta categórica: sí, sí; no, no. Por supuesto, un partido marxista debe aspirar a su plena independencia y a la mayor homogeneidad, pero en su proceso de formación a menudo debe actuar como fracción de un partido centrista o incluso de un partido reformista. Así, durante muchos años los bolcheviques estuvieron en el mismo partido que los mencheviques. También la Tercera Internacional se formó gradualmente a partir de la Segunda.

Como ya lo dijimos mas de una vez, el centrismo es un rótulo que abarca a las más variadas tendencias y grupos que están entre el reformismo y el marxismo. Ante cada grupo centrista hay que colocar una flecha indicadora de la orientación de su desarrollo: de derecha a izquierda o de izquierda a derecha. El centrismo burocrático, debido a todos sus zigzags, presenta un carácter extremadamente conservador que se corresponde con su base social, la burocracia sovié­tica. Después de una experiencia de diez años llegamos a la conclusión de que el centrismo burocrático no se acerca al marxismo, de cuyas filas surgió, y es incapaz de hacerlo. Precisamente por esto rompimos con la Comintern.

Mientras los partidos comunista oficiales se debi­litan y descomponen, del campo reformista -que creció considerablemente- se separan sectores de izquierda. Estos también son centristas, pero van hacia la izquierda y, como lo demostró la experiencia, pueden desarrollarse y volverse permeables a la influencia marxista. Recordemos una vez mas que la Tercera Internacional se formó a partir de organiza­ciones de este tipo.

La historia del SAP alemán nos brinda un claro ejemplo de lo que decimos. Unos cuantos centenares de comunistas que rompieron con la oposición brandlerista y entraron al SAP lograron, en un lapso relativamente breve, ponerse a la cabeza de esta organización, constituida en su mayor parte por ex socialdemócratas. En ese momento criticamos al grupo de Walcher-Froelich, Thomas y otros, no porque entraron a un partido centrista de izquierda sino porque lo hicieron sin un programa completo y un periódico propio. Nuestra crítica era y sigue siendo correcta. Todavía ahora el SAP presenta síntomas de indefinición. Algunos de sus dirigentes siguen considerando que la critica marxista es sinónimo de "sectarismo". Sin embargo, si la Oposición de Izquierda no hubiera estado junto al SAP con su crítica principista la posición de los marxistas dentro de ese partido sería incom­parablemente más difícil; ningún grupo revolucionario puede vivir sin un laboratorio ideológico constantemente creativo. No obstante, queda en pie el hecho de que el giro hacia la izquierda del partido centrista (SAP) fue tan decisivo que el grupo comunista, aun sin un programa completo y sin un periódico propio, se encontró muy pronto a la cabeza del partido.

La historia del SAP no es casual ni excepcional. Durante una cantidad de años la Comintern evitó con su política que los obreros socialistas tomaran el camino revolucionario. En consecuencia, en el campo reformista se acumuló una masa de material explosivo. La terrible crisis del capitalismo y la marcha triun­fal del fascismo, acompañadas por la impotencia abso­luta de ambas internacionales, impulsó hacia el comu­nismo a las organizaciones centristas de izquierda; éste es uno de los requisitos más importantes para la creación de nuevos partidos y de una nueva internacional.

A nivel teórico el ILP está completamente inerme, lo que le da ventaja al Partido Comunista oficial; éste es el peligro. Aquí se plantea la intervención de nuestra sección británica. No basta con tener ideas correctas.

En un momento decisivo hay que saber mostrarles a los trabajadores avanzados la fuerza con que uno cuenta. Por lo que puedo juzgar desde aquí, todavía no se perdió la posibilidad de influir sobre el ulterior desarro­llo del ILP. Pero en un par de meses más el ILP habrá caído enteramente bajo los engranajes de la burocracia stalinista y estará perdido; quedarán miles de obreros decepcionados en el camino. Es necesario actuar, y actuar de inmediato.

Vale la pena entrar al ILP solamente si nos hacemos el propósito de ayudar a este partido, es decir a su mayoría revolucionaria, a transformarse en un verda­dero partido marxista. Por supuesto, seria inadmisible entrar si el Comité Central del ILP exigiera a nuestros amigos que renuncien a sus ideas o a luchar abiertamente por ellas en el partido. Pero es absolutamente correcto asumir la obligación de luchar por nuestras posiciones dentro de los límites que imponen los estatu­tos del partido y su disciplina. La gran ventaja de la Oposición de Izquierda es que cuenta con un programa teóricamente elaborado, una experiencia y un control internacionales. En estas condiciones no existe la menor base para temer que los bolcheviques leninistas británicos se disuelvan en el ILP sin dejar huellas.

Algunos camaradas señalan que el ILP se ha debilitado mucho, que detrás de la vieja fachada se oculta una estructura desmantelada. Es muy posible. Pero ése no es un argumento en contra del entrismo. Es evi­dente que con su composición actual el ILP no resulta viable. Se debilita y pierde militantes por la derecha y por la izquierda, porque su dirección no tiene una política clara y es incapaz de inspirarle al partido confianza en sus propias fuerzas. Sólo se podrá detener esta desintegración del ILP impartiéndole una concepción marxista sobre los problemas de nuestra época, y especialmente un análisis marxista de la burocracia stalinista. Unicamente los bolcheviques leninistas pueden cumplir esta tarea. Pero para hacerlo tienen que derribar valientemente el muro que hoy los separa de los obreros revolucionarios del ILP. Si el aparato del ILP no admitiera a nuestra sección en sus filas, ésta seria la mejor prueba de que la dirección, a espal­das del partido, está totalmente sometida a la burocra­cia stalinista. En éste, que sería el peor de los casos, conseguiríamos una poderosa arma en contra de los dirigentes y nos ganaríamos la simpatía de los militan­tes de base del ILP.

Se puede objetar que la debilidad numérica de nuestra sección británica no nos permitiría jugar en el ILP el mismo rol que jugó en el SAP el grupo de Wal­cher-Froelich. Es posible. Pero aun si el ILP está condenado a desintegrarse, los bolcheviques leninistas pueden salvar para la revolución a un importante núcleo de ese partido. Tampoco hay que olvidar que el grupo de Walcher-Froelich estaba completamente aislado, mientras que nuestros amigos británicos pueden contar en su trabajo con una colaboración internacional.

Temo mucho que a nuestros amigos británicos, por lo menos a algunos de ellos, los detenga, en lo que hace a la entrada al ILP, el miedo a la maliciosa crítica de los stalinistas. En política revolucionaria no hay nada peor que dejarse llevar por criterios puramente externos y superficiales o por el temor a la opinión de la burocra­cia, sólo porque en el pasado estuvimos ligados a ella. Es necesario decidir el propio camino de acuerdo a las profundas corrientes que conmueven a la vanguardia proletaria, confiar más en la fuerza de nuestras ideas sin tener en cuenta a la burocracia stalinista.

 

G. Gourov [León Trotsky]



[1] Consideraciones de principio sobre el entrismo. Boletín Interno, sección británica de la Oposición de Izquierda Internacional, N° 15-16, 24 de octubre de 1933. Firmado "G. Gourov".



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