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Tareas y métodos de la Oposición de Izquierda Internacional[1]

 

 

Diciembre de 1932

 

 

 

La tarea de la próxima conferencia de la Oposición de Izquierda (bolchevique leninista) es aprobar un programa formulado con claridad y precisión, elaborar los estatutos organizativos y elegir sus organismos de dirección. El trabajo teórico, político y organizativo de la Oposición de Izquierda en diversos países, sobre todo en los cuatro últimos años, ha creado premisas suficientes para el cumplimiento de esta tarea.

La Oposición de Izquierda publica sus documentos programáticos y políticos fundamentales en no menos de quince idiomas. Reorganizó y fortaleció nueve de sus secciones nacionales y, en el curso de los tres últimos años, fundó secciones en siete países mas. Pero su avance más importante y valioso se expresa en la indudable elevación del nivel teórico de la Oposición de Izquierda Internacional, el incremento de su solidez ideológica y la expansión de su iniciativa revolucionaria.

 

El origen de la Oposición de Izquierda en la URSS

 

La Oposición de Izquierda surgió en 1923, hace diez años, en el país de la Revolución de Octubre, en el seno del partido dominante del primer estado obrero. La demora en el desarrollo de la revolución mundial provocó una inevitable reacción política en la Unión Soviética. Contrarrevolución total significa el desplazamiento del poder de una clase por otra; la reacción se inicia y desarrolla con la clase revolucionaria en el poder. El agente de la reacción contra Octubre era la pequeña burguesía, sobre todo los elementos más acomodados del campesinado. La burocracia, estrechamente ligada a la pequeña burguesía, se erigió en vocero de esta reacción. Apoyada por la presión de las masas pequeñoburguesas, la burocracia logró en buena medida independizarse del proletariado. Tras remplazar el programa de la revolución internacional por el del reformismo nacional, hizo de la teoría del socialismo en un solo país su doctrina oficial. El ala izquierda del proletariado cayó bajo los golpes de la burocracia soviética aliada a las masas pequeñoburguesas, mayoritariamente campesinas, y de los sectores atrasados de la propia clase obrera. Esa es la dialéctica del desplazamiento del leninismo por el stalinismo.

Después de la derrota organizativa de la Oposición de Izquierda, la línea oficial pasó definitivamente a ser la maniobra empírica entre las clases. La dependencia de la burocracia respecto del proletariado se expresó en que, a pesar de golpearlo duramente, no osó o no pudo liquidar las conquistas esenciales de la revolución de Octubre: nacionalización de la tierra, nacionalización de la industria, monopolio del comercio exterior. Más aun: cuando la burocracia del partido sintió en 1928 el peligro proveniente de sus aliados pequeño burgueses, sobre todo de los kulakis (campesinos rusos), su temor a perder toda base de sustentación proletaria la llevó a efectuar un pronunciado viraje hacia la izquierda. Los últimos frutos de este zigzag fueron el ritmo aventurero de la industrialización, la colectivización total de la tierra y la derrota administrativa de los kulakis. La desorganización de la economía provocada por esta política ciega dio lugar, a principios de este año, a un nuevo viraje hacia la derecha.

Gracias a su posición privilegiada y a sus hábitos intelectuales conservadores, la burocracia soviética comparte muchos de los rasgos de las burocracias reformistas de los países capitalistas.[2] Tiende a confiar en el Kuomintang “revolucionario” y en la burocracia sindical inglesa “de izquierda”[3]; en los pequeños burgueses “amigos de la Unión Soviética” y en los pacifistas liberales y radicales más que en la iniciativa revolucionaria independiente del proletariado. Pero la necesidad de defender su propia situación en el estado obrero lleva a la burocracia soviética a chocar una y otra vez con los lacayos reformistas del capitalismo. De esa manera, en circunstancias históricas particulares, se puso de manifiesto en el seno del bolchevismo proletario una fracción centrista burocrática, que controla toda una etapa del desarrollo de la república soviética y de la clase obrera mundial.

El centrismo burocrático refleja la peor degeneración del estado obrero. Pero aun en su forma burocráticamente degenerada, la Unión Soviética sigue siendo un estado obrero. Transformar la lucha contra la burocracia centrista en lucha contra el estado soviético es colocarse en el mismo plano que la camarilla stalinista: “el estado soy yo”

La defensa incondicional de la Unión Soviética contra el imperialismo mundial es una tarea tan elemental para todo obrero revolucionario que la Oposición de Izquierda no tolera en sus filas vacilaciones ni dudas al respecto. Como antes, romperá implacablemente con todos los grupos y elementos que intenten sostener una posición “neutral” entre la Unión Soviética y el mundo capitalista (Monatte-Louzon[4] en Francia, el grupo Urbahns en Alemania).

 

La Oposición de Izquierda en los países capitalistas

 

La Tercera Internacional surgió directamente de la experiencia de los obreros avanzados en la época de la guerra imperialista y las conmociones de posguerra, sobre todo la de la Revolución de Octubre. Esto determinó el papel dirigente del Partido Bolchevique ruso en la Tercera Internacional y, por tanto, la influencia de sus luchas internas en el desarrollo de otras secciones nacionales. Sin embargo, es totalmente falsa la afirmación de que la evolución de la Comintern durante los últimos diez años es un mero reflejo de la lucha entre fracciones en el seno del PC ruso. Las razones que llevaron a las secciones jóvenes de la Comintern a alinearse con la burocracia rusa están enraizadas en el desarrollo del propio movimiento obrero internacional.

Los primeros años de posguerra fueron testigos de grandes expectativas en todas partes, sobre todo en Europa, en torno a la caída inminente del dominio burgués. Pero cuando estalló la crisis interna del partido soviético la mayoría de las secciones europeas ya habían sufrido sus primeras derrotas y desilusiones. Lo más deprimente fue el retroceso impotente del proletariado alemán en octubre de 1923. La necesidad de virar hacia una nueva orientación política surgió en la mayoría de los partidos comunistas. Cuando la burocracia soviética, explotando la desilusión de los trabajadores rusos por la demora de la revolución europea, presentó la teoría nacional-reformista del socialismo en un solo país, las jóvenes burocracias de las demás secciones suspiraron aliviadas; la nueva perspectiva les ofrecía un camino al socialismo, independientemente del proceso de la revolución internacional. De esta manera, la reacción en la URSS coincidió con la reacción en los países capitalistas y creó las condiciones para la represión administrativa de la Oposición de Izquierda por parte de la burocracia centrista.

Pero al virar más a la derecha los partidos oficiales chocaron con el verdadero Kuomintang, con los verdaderos burócratas de los sindicatos y la socialdemocracia[5], así como los stalinistas chocaron con los verdaderos kulakis. El nuevo zigzag hacia una política ultraizquierdista provocó la ruptura de la mayoría oficial de la Comintern en dos fracciones: el centro -dominante- y la Oposición de Derecha.[6]

Por eso, durante los tres últimos años, se han podido observar tres agrupamientos fundamentales en el campo del comunismo: el ala marxista (bolcheviques leninistas), la fracción centrista (stalinista), y por último, la derecha o, con más propiedad, el ala de centro derecha (brandleristas),[7] que conduce directamente al reformismo. Los acontecimientos políticos de casi todos los países han confirmado y reafirman diariamente en la práctica la justeza de esta clasificación.

Fue y sigue siendo característico del centrismo trabajar de la mano con la derecha, la corriente que le es más afín desde el punto de vista de principios, pero jamás formar un bloque con los bolcheviques leninistas contra la derecha. En cuanto a la derecha, a escala internacional se caracteriza como el oportunismo en todas sus formas, con inmensas diferencias y contradicciones entre sus integrantes nacionales, siendo su único rasgo común la hostilidad hacia los bolcheviques leninistas.

En la URSS, dada la existencia de la dictadura y la falta de partidos de oposición legales, la Oposición de Derecha se convierte inevitablemente en el instrumento que utilizan las clases hostiles al proletariado para ejercer su presión. En ello reside el principal peligro de la Oposición de Derecha. Por otra parte, la conciencia de este peligro paraliza a aquellos dirigentes de la Oposición de Derecha cuyo pasado los liga al partido.

En los países capitalistas, donde todos los partidos reformistas a la derecha del comunismo gozan de libertad de acción, la derecha no tiene campo para sus actividades. En la medida en que cuenta con organizaciones de masas, las vuelca directa o indirectamente hacia la socialdemocracia (Checoslovaquia, Suecia); salvo a los elementos revolucionarios que encuentran el camino hacia los bolcheviques leninistas (Checoslovaquia, Polonia). Los elementos brandleristas que mantienen su independencia aquí y allá (Alemania, Estados Unidos) esperan que alguna vez, tarde o temprano, la burocracia soviética los perdone y les permita regresar; con esta perspectiva realizan una campaña de mentiras y calumnias contra la Oposición de Izquierda que coincide perfectamente con el espíritu del stalinismo.

 

Principios fundamentales de la Oposición de Izquierda

 

La Oposición de Izquierda Internacional se basa en los cuatro primeros congresos de la Comintern. Ello no significa que acepte ciegamente, al pie de la letra, sus decisiones: muchas resoluciones son de carácter coyuntural y los hechos posteriores las han desmentido. Pero todos los principios esenciales (en relación al imperialismo y el estado burgués, la democracia y el reformismo, el problema de la insurrección, la dictadura del proletariado,[8] las relaciones con el campesinado y las nacionalidades oprimidas, el trabajo en los sindicatos, el parlamentarismo, los soviets, la política del frente único) siguen siendo la más alta expresión de la estrategia proletaria en la época de la crisis general del capitalismo.

La Oposición de Izquierda rechaza las resoluciones revisionistas del Quinto y Sexto Congreso Mundial y considera necesario reiterar el programa de la Comintern, cuyo oro marxista ha quedado completamente desvalorizado por las aleaciones centristas.

De acuerdo con el espíritu y el significado de las resoluciones de los cuatro primeros congresos, y como continuación de las mismas, la Oposición de Izquierda establece, desarrolla teóricamente y realiza en la práctica los siguientes principios:

1. La independencia del partido proletario, siempre y en todas las circunstancias; repudio a la política hacia el Kuomintang en 1924-1928; repudio a la política del Comité Anglo-Ruso; repudio a la teoría stalinista de los partidos biclasistas (obrero-campesinos)[9] y todas las prácticas basadas en dicha teoría; repudio a la política del Congreso de Amsterdam,[10] que disolvió al PC en el lodo pacifista.

2. Reconocimiento del carácter internacional y, por tanto, permanente de la revolución proletaria;[11] rechazo de la teoría del socialismo en un solo país y de la política del bolchevismo nacional en Alemania, que la complementa (el programa de “liberación nacional”).[12]

3.Reconocimiento del estado soviético como estado obrero, a pesar de la creciente degeneración del régimen burocrático; obligación incondicional de todos los obreros de defender al estado soviético frente al imperialismo y a la contrarrevolución interna.

4. Repudio a la política económica de la fracción stalinista, tanto en la etapa del oportunismo económico de 1923-1928 (lucha contra la “superindustrialización” impulso definitivo a los kulakis) como en la del aventurerismo económico de 1928-1932 (sobreaceleración del ritmo de producción, colectivización total de la tierra, liquidación administrativa de los kulakis como clase); repudio a la criminal mentira burocrática de que “el estado soviético ha ingresado en el socialismo”; reconocimiento de la necesidad de volver a la política económica realista del leninismo.

5. Reconocimiento de la necesidad de que los comunistas trabajen sistemáticamente en las organizaciones proletarias de masas, sobre todo en los sindicatos reformistas; repudio de la teoría y práctica de la Organización Sindical Roja (RGO) en Alemania y sus similares en otros países.

6. Repudio a la fórmula “dictadura democrática del proletariado y el campesinado[13] como régimen distinto a la dictadura del proletariado con lo cual se gana el apoyo de las masas campesinas y oprimidas en general; repudio a la teoría antimarxista del “devenir” pacífico de la dictadura democrática en socialista.

7. Reconocimiento de la necesidad de movilizar a las masas mediante consignas transicionales que correspondan a la situación concreta de cada país y, en particular, mediante consignas democráticas cuando se trate de luchar contra las relaciones feudales, la opresión nacional o la dictadura imperialista descarada en sus diversas variantes (fascismo, bonapartismo,[14] etcétera).

8. Reconocimiento de la necesidad de desarrollar una política de frente único hacia las organizaciones obreras de masas, tanto sindicales como políticas, incluyendo a la socialdemocracia como partido; repudio a la consigna ultimatista de “frente único desde abajo”[15] que, en la práctica, equivale a rechazar la política del frente único y, por consiguiente, la negativa a crear soviets; repudio a la aplicación oportunista de la política del frente único, como en el caso del Comité Anglo-Ruso (un bloque con los dirigentes, sin las masas y contra ellas); doble repudio a la política del actual Comité Central alemán, que combina la consigna ultimatista “desde abajo” con la práctica oportunista de concertar acuerdos parlamentarios con los dirigentes socialdemócratas.

9. Repudio a la teoría del social-fascismo[16] y a toda la práctica que de ella se deriva por hacerles el juego tanto al fascismo como a la socialdemocracia.

10. Diferenciación de los tres agrupamientos en el seno del comunismo: el marxista, el centrista y el derechista; reconocimiento de que no es lícito concertar alianzas políticas con la derecha contra el centro; apoyo al centro frente al enemigo de clase; lucha implacable y sistemática contra el centrismo y su política zigzagueante.[17]

11.Reconocimiento de la democracia partidaria, no sólo de palabra sino también en los hechos; repudio implacable al régimen plebiscitario stalinista (la dirección en manos de los usurpadores, amordazamiento del pensamiento y la voluntad del partido, impedimento al partido de todo acceso a la información, etcétera).

Los principios esenciales enumerados más arriba son de importancia fundamental para la estrategia del proletariado en la etapa presente y ubican a la Oposición de Izquierda en una posición de implacable hostilidad contra la fracción stalinista, que en la actualidad se encuentra al frente de la URSS y de la Internacional Comunista. El reconocimiento de estos principios sobre la base de las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la Comintern es condición indispensable para permitir el ingreso de organizaciones, grupos e individuos a la Oposición de Izquierda Internacional.

 

Fracción, no partido

 

La Oposición de Izquierda Internacional y sus secciones nacionales se consideran fracciones de la Comintern y de los partidos comunistas nacionales. Ello significa que la Oposición de Izquierda no acepta al régimen organizativo creado por la burocracia stalinista como algo definitivo. Por el contrario, su objetivo consiste en arrancar la bandera del bolchevismo[18] de las manos de la burocracia usurpadora y reencauzar la Internacional Comunista hacia los principios de Marx[19] y Lenin. Tanto el análisis teórico como la experiencia histórica demuestran que ésta es la única política acertada en las circunstancias actuales.

Aunque las particularidades del desarrollo ruso provocaron en 1912 la ruptura final del bolchevismo con el menchevismo, el Partido Bolchevique permaneció en la Segunda Internacional[20] hasta fines de 1914. Fue necesaria la lección de la guerra mundial para que se planteara el problema de la nueva internacional, como fue necesaria la Revolución de Octubre para alumbrarla.

Una catástrofe histórica de inmensas proporciones, como el derrumbe del estado soviético, arrastraría en su caída a la Tercera Internacional. Asimismo, la victoria del fascismo en Alemania y la derrota del proletariado alemán difícilmente permitirían a la Comintern sobrevivir a las consecuencias de su política desastrosa. Pero, ¿qué sector del campo revolucionario osará afirmar hoy que el derrumbe del poder soviético o la victoria del fascismo en Alemania no pueden ser impedidos ni evitados? En todo caso, no será la Oposición de Izquierda. Por el contrario, su política se centra en la necesidad de defender a la Unión Soviética frente al peligro del Termidor, que ha acrecentado el centrismo; además, ayudar al proletariado alemán no sólo a derrotar al fascismo sino también a conquistar el poder. Apoyándose en la experiencia de la Revolución de Octubre y de la Tercera Internacional, la Oposición de Izquierda rechaza la idea de crear partidos comunistas paralelos.

La única responsable de la ruptura del comunismo es la burocracia stalinista. Los bolcheviques leninistas están dispuestos en todo momento a volver a las filas de la Comintern y a observar una estricta disciplina en la acción y, al mismo tiempo, adelantar una lucha implacable contra el centrismo burocrático sobre la base de la democracia partidaria. Hoy, bajo las presentes condiciones de ruptura, nuestra adhesión a la Internacional Comunista no puede expresarse en limitaciones organizativas, ni en el rechazo a asumir iniciativas políticas independientes y comprometerse en un trabajo de masas; más bien debe expresarse fundamentalmente en el contenido de nuestra política.

La Oposición de Izquierda no se adapta a la burocracia stalinista, no calla ante sus errores y crímenes. Por el contrario, los somete a una crítica implacable. Pero dicha critica no tiene por objeto crear partidos comunistas que compitan con los ya existentes sino ganar al núcleo proletario de los partidos oficiales para reconstruirlos sobre cimientos marxistas.

Como en ninguna otra parte, el problema se plantea en la URSS con mayor claridad y agudeza. Allí, la línea de un segundo partido implicaría una política de insurrección armada así como una nueva revolución. La línea de la fracción significa tomar el camino de la reforma interna del partido y del estado obrero. A pesar de todas las calumnias de la burocracia stalinista y sus admiradores, la Oposición permanece sólidamente en el terreno de la reforma.

Nuestra relación con la Internacional Comunista se define en el nombre de nuestra fracción: Oposición de Izquierda. El contenido de nuestras ideas y métodos se expresa con gran claridad en la designación bolcheviques leninistas. Todas las secciones deben llevar ambos nombres complementarios.

 

Purgando las filas de la Oposición de Izquierda y la composición de la Conferencia Internacional

 

La Oposición de Izquierda sólo podrá crecer y fortalecerse mediante la depuración de los elementos extraños y casuales de sus filas.

La insurgencia revolucionaria que siguió a la guerra no sólo arrastró a la joven generación del proletariado sino también revivió a una gran variedad de grupos sectarios que buscaban una salida por los caminos del anarquismo, el sindicalismo, el propagandismo puro, etcétera. Muchos de ellos esperaban encontrar en la Internacional Comunista un terreno propicio para sus confusas ideas. Elementos pequeño-burgueses bohemios, arrojados de sus sitios por las conmociones de la guerra y la posguerra también optaron por refugiarse bajo la bandera del comunismo. Una parte de este ejército de partidarios tan lleno de matices se dispersó en el movimiento comunista y entró a formar parte de su aparato; con frecuencia los ladrones son los mejores gendarmes. Por su parte, los insatisfechos se alejaron inmediatamente de la política o intentaron unirse a la Oposición. Tales elementos están dispuestos a aceptar, de palabra, los mejores principios a condición de que no se les impida continuar siendo buenos burgueses (Paz y Cía.),[21] y de que no sean obligados a guardar disciplina de pensamiento o acción (Souvarine) o a renunciar a sus prejuicios sindicalistas o de otro tipo.

Al asumir la tarea de unificar sus filas a nivel nacional e internacional, la Oposición de Izquierda debió tomar como punto de partida a los diversos grupos existentes. Desde un principio, el núcleo básico de la Oposición de Izquierda Internacional comprendió que una combinación mecánica de los distintos grupos que se consideraban parte de ella sólo sirve para comenzar, y que la necesaria selección de los elementos debe hacerse en base al trabajo teórico y político y a la crítica interna. En efecto, durante los últimos cuatro años la Oposición de Izquierda no sólo se dedicó a clarificar y profundizar la teoría en los diversos países, sino también a depurar la organización de los elementos bohemios, extraños, sectarios y aventureros, carentes de posiciones principistas, de una verdadera devoción a la causa, de una vinculación con las masas, sin ningún sentido de la responsabilidad y la disciplina y, por ello, mucho más propensos a escuchar la voz del arribismo (Landau, Mill, Graef, Well y demás variedades de la especie).

El principio de la democracia partidaria nada tiene que ver con el principio de puertas abiertas. La Oposición de Izquierda nunca exigió a los stalinistas que transformasen al partido en una suma mecánica de fracciones, grupos, sectas e individuos. Acusamos a la burocracia centrista de adelantar una política esencialmente falsa, que a cada paso le acarrea choques con la flor y nata del proletariado, y también de querer salir de esas contradicciones estrangulando la democracia partidaria. Entre la política organizativa y la “línea general” del centrismo burocrático existe un vinculo indisoluble. En contraposición al stalinismo, la Oposición de Izquierda es la portadora de la teoría marxista y de las conquistas estratégicas leninistas en el movimiento obrero mundial.

En lo que concierne a los métodos principistas, la Oposición de Izquierda Internacional jamás ha roto con grupo o camarada alguno sin antes agotar todos los métodos de persuasión ideológica. Precisamente por esa razón, la tarea de seleccionar cuadros es de carácter orgánico y permanente. Mediante un estudio de todos y cada uno de sus cuadros en base a sus actuaciones anteriores, la Oposición de Izquierda debe llevar a cabo la depuración de los elementos extraños a sus filas. La experiencia ha demostrado que sólo de esta forma, la organización podrá extenderse y educar a sus cuadros proletarios.

La propuesta de citar a una conferencia a todos los grupos que se reclaman de la Oposición de Izquierda (los grupos de Landau y Rosmer, el Mahnruf,[22] Espartaco, el grupo de Weisbord, etcétera) refleja un intento de hacer retroceder la rueca y demuestra una total falta de comprensión de las condiciones y leyes del desarrollo de una organización revolucionaria y de los métodos de selección y educación de sus cuadros. La preconferencia no sólo rechaza sino que condena tal actitud por estar en aguda contradicción con la política organizativa del marxismo.

 

Sobre la democracia partidaria

 

Las secciones de la Oposición de Izquierda que surgieron de pequeños grupos de propaganda, se están transformando gradualmente en organizaciones obreras. Tal transición coloca en un primer plano las tareas de democracia partidaria. Las relaciones organizativas sistemáticas deben remplazar finalmente a ese tipo de reuniones en las que un reducido grupo de camaradas, ligados estrechamente, o que se entienden entre sí en términos informales toman toda sus decisiones de un modo casual.

La base de la democracia partidaria reside en facilitar a todos los miembros de la organización una información oportuna y completa que recoja los problemas importantes de su vida y de sus luchas. La disciplina sólo puede construirse si se funda sobre la asimilación consciente de la política de la organización, por parte de todos los militantes, y sobre la confianza en la dirección. Esa confianza sólo se puede alcanzar gradualmente, en el curso de la lucha común y la influencia recíproca. La disciplina de hierro que la organización necesita no puede ser impuesta por decreto. La organización revolucionaria no puede dejar de castigar a los elementos indisciplinados y perturbadores, pero las medidas disciplinarias sólo se aplican como ultimo recurso y, además, si cuentan con el apoyo firme de la mayoría de la organización.

Los reparos de orden práctico que se suelen oponer a la democracia -“pérdida de tiempo”- revelan un oportunismo miope. La educación y consolidación de los cuadros constituye una tarea de suma importancia. No debe ahorrarse tiempo ni esfuerzos para cumplirla. Además, la democracia partidaria, única garantía real contra las fricciones secundarias y las rupturas sin causa, en última instancia no aumenta los costos generales del desarrollo, sino que los disminuye. Unicamente si respeta constante y conscientemente los métodos de la democracia, podrá la dirección tomar medidas importantes bajo su propia responsabilidad durante emergencias verdaderas sin provocar desorganización ni insatisfacción.

La preconferencia ordena al Secretariado velar por el cumplimiento de los principios de la democracia partidaria, tanto en su contenido como en su forma, dentro de cada sección, así como en las relaciones recíprocas entre el Secretariado y las secciones, y especialmente en la preparación de la conferencia internacional.

 

La Oposición de Izquierda en Italia

(relaciones con los bordiguistas)

 

La llamada fracción izquierdista del comunismo italiano (el grupo Prometeo o bordiguista) posee sus propias tradiciones, las cuales se diferencian tajantemente de las de los bolcheviques leninistas. Los bordiguistas, surgidos en la lucha contra el oportunismo en el seno del viejo Partido Socialista Italiano, se ubicaron de golpe en el terreno del antiparlamentarismo y el ultimatismo y se opusieron a la Comintern en los cuatro primeros congresos. Su abandono formal del antiparlamentarismo después del Segundo Congreso Mundial no significó un cambio esencial en su política. Su repudio a la lucha por las reivindicaciones democráticas, sean cuales fueran las circunstancias, así como a la política de frente único con la socialdemocracia -hoy, en 1933, después de la enorme experiencia de todos los países del mundo- basta para demostrar el carácter sectario del grupo Prometeo. La fracción bordiguista, aunque dice cumplir el papel de corriente marxista independiente, ha revelado su total incapacidad para ejercer aunque sea una mínima influencia en el desarrollo del partido oficial italiano. En el seno de éste ha surgido un nuevo agrupamiento marxista, la Nueva Oposición Italiana (NOI), basada enteramente en las ideas de la Oposición de Izquierda. Otro hecho que atestigua en forma igualmente clara el carácter sectario del grupo Prometeo es su total incapacidad, en un lapso de diez años, de extender su influencia a otros países. Desde el punto de vista del marxismo, las limitaciones nacionales del bordiguismo constituyen la censura más dura y concluyente para este grupo.

En éste, como en tantos otros casos, la Oposición de Izquierda ha tratado por todos los medios de permitir la integración de los bordiguistas con los bolcheviques leninistas. Los extraordinarios acontecimientos que se han sucedido en los últimos años en China, España y Alemania constituyen pruebas concluyentes para las diferentes posiciones respecto de las reivindicaciones democráticas y la política del frente único. Cada crítica que la Oposición de Izquierda lanzó contra los stalinistas tomó de rebote a los bordiguistas. Tres años de existencia en común, la crítica de las ideas y la prueba de los acontecimientos no nos han acercado. Ahora es necesario extraer las conclusiones pertinentes.

Dentro de un partido de masas sería posible convivir con los bordiguistas, siempre bajo una firme disciplina en la acción. Pero en el marco de una fracción es totalmente inadmisible, especialmente en vista de la experiencia que hemos tenido al apoyar la ficción de llegar a la unidad con un grupo extraño que permanece ideológicamente rígido y sectariamente aislado.

Jamás los bordiguistas observaron una actitud leal hacia nuestra organización internacional. Al obligar a todos sus miembros, por encima de sus posiciones personales, a hablar y votar, en las reuniones y conferencias de la Oposición Internacional, de acuerdo con la mayoría de su fracción, el grupo Prometeo ubicó su disciplina nacional por encima de la internacional. Con ello violó los principios no sólo del centralismo democrático sino también del internacionalismo. Esto basta para demostrar que los bordiguistas jamás fueron parte orgánica de la Oposición de Izquierda. Si, a pesar de ello, siguen aferrados a su adhesión formal a la Oposición de Izquierda Internacional es sólo para ocultar el carácter de secta nacional de su grupo. Pero la política de ocultamiento no es una política marxista.

Si bien reconoce la honestidad y la abnegación revolucionaria de muchos bordiguistas, la Oposición de Izquierda cree que ha llegado el momento de proclamar abiertamente: el grupo Prometeo no pertenece a La Oposición de Izquierda Internacional.

La única sección bolchevique leninista italiana es la Nueva Oposición Italiana.

 

La Oposición de Izquierda en Austria

 

El grupo austríaco dirigido por Frey[23] ingresó a nuestra organización internacional, luego la abandonó, después quiso reingresar pero negándose a suministrarnos informes sobre su situación interna y, por último interrumpió las negociaciones por propia iniciativa. Sus actos demuestran que las tareas objetivas de la Oposición de Izquierda le son totalmente ajenas y que necesita la bandera internacional de los bolcheviques leninistas sólo para encubrir su irremediable estancamiento. La preconferencia declara abiertamente que la Oposición de Izquierda Internacional no asume la menor responsabilidad, directa o indirecta, por el grupo Frey.

Se ordena al Secretariado tomar, con ayuda de la sección alemana, las medidas necesarias para desarrollar en Austria una sección independiente de la Oposición de Izquierda.

 

Acerca de la sección española de la Oposición de Izquierda[24]

 

La revolución española creó condiciones objetivas excepcionalmente favorables para el rápido desarrollo del comunismo. Pero la falta de cuadros con un mínimo de preparación fue un gran obstáculo, tanto para la Oposición como para el partido oficial, que desaprovechó una situación verdaderamente histórica. Aunque la sección española (gracias al alza revolucionaria) supera a muchas otras secciones en cantidad de militantes, su consolidación ideológica y el carácter de su dirección conforman un cuadro bastante lamentable.

Para comprender las razones de esto debemos consignar los principales errores de los cuadros de dirección de la Oposición española.

En Cataluña, cuyo proletariado ofrece un medio ideal para la rápida extensión de la influencia bolchevique leninista, los camaradas de dirección perdieron el tiempo de manera imperdonable; en lugar de salir abiertamente bajo su propia bandera, aun como pequeño núcleo, jugaron al escondite con los principios durante los meses más críticos de la revolución, más tarde a la diplomacia y luego se agarraron a la cola del pequeño burgués nacionalista, charlatán y provinciano, Maurín.

Las cosas no andaban mejor en otras partes de España, donde la Oposición de Izquierda, a la vez que ignoraba al partido oficial y sustituía la educación marxista de los cuadros por el sentimentalismo revolucionario, durante mucho tiempo dejó de marcar la diferencia indispensable entre ella y la Oposición de Derecha.

Fue igualmente perjudicial que los camaradas de la dirección se dejaran arrastrar por los aspectos más negativos de la tradición revolucionaria española, volviendo la espalda a la experiencia internacional, y solidarizándose con la Oposición de Izquierda sólo de palabra mientras en los hechos apoyaban directa o indirectamente a todos los necios y desertores (Landau, Rosmer, Mili, etcétera).

Respecto a la cuestión de fracción o partido independiente, la última conferencia de la sección española aprobó una posición que, en el mejor de los casos, podemos calificar de ambigua, al declararse en favor de presentar una lista de candidatos propia en las elecciones parlamentarias y de todo tipo. Esta decisión contrapuesta a la política de la Oposición de Izquierda fue aprobada sin tomar precauciones prácticas y constituyó una manifestación platónica pero igualmente perniciosa.

La Oposición española siguió alejándose de los bolcheviques leninistas hasta el punto de considerar la posibilidad de cambiar el nombre de su organización. Al tornar el nombre de “comunistas de izquierda” -obviamente errado desde el punto de vista teórico– los camaradas españoles se distanciaron de la Oposición de Izquierda Internacional, a la vez que se acercaban a la Leninbund,[25] al grupo Rosmer, etcétera Ningún revolucionario serio creerá que una medida tan importante fue tomada por casualidad, sin motivos políticos. Al mismo tiempo, ningún marxista aprobará una política que no declara abiertamente sus fines sino que, aun en los problemas de principios, se refugia en la diplomacia y la maniobra.

Al exigir que la conferencia internacional franquee sus puertas a todos los grupos que se declaran partidarios de la Oposición de Izquierda, incluso a los que rompieron con ella y a los expulsados, la Oposición española demuestra hasta qué punto estuvo y está alejada del verdadero proceso de la izquierda internacional y en qué ínfimo grado asimiló su lógica interna.

Al acusar a las demás secciones de aplicar políticas organizativas erróneas, sin tratar de fundamentar la acusación, los camaradas españoles revelan, en realidad, lo equivocado de sus propios métodos. La lucha que estalló repentinamente entre dos grupos en el Comité Central llevó a la sección española al borde de la ruptura. El conjunto de la organización fue tomado totalmente por sorpresa puesto que, hasta el momento, ninguno de los grupos contendientes ha sido capaz de formular los principios que fundamentan la amarga lucha.

La sección española no puede seguir desarrollándose sobre sus actuales cimientos ideológicos. Teniendo en cuenta que la rectificación de los errores cometidos y la construcción de una agrupación firme en sus principios y revolucionaria en su organización sólo puede resultar de un trabajo prolongado y sistemático, la preconferencia propone las siguientes medidas inmediatas:

a) Todos los documentos importantes relativos a los problemas en debate deben ser traducidos al castellano y puestos en conocimiento de todos los militantes de la sección. Es menester no ocultar más los hechos. Lo dicho se refiere en particular al caso de Mill, en el cual, los dirigentes de la sección española apoyaron a un individuo sin principios contra la Oposición Internacional y todavía más, ahora, para defender sus errores, se dan el lujo de difundir insinuaciones totalmente inapropiadas contra la Oposición Internacional.

b) Los grupos en pugna dentro del Comité Central deben abandonar la idea de efectuar una ruptura sin principios y de tomar medidas organizativas, para que el debate en torno a los problemas en disputa discurra por los canales normales y cuente con la participación de todos los militantes, sin excepción.

c) La discusión interna debe publicarse en un boletín cuyo consejo de redacción garantice la mayor imparcialidad hacia los grupos en pugna.

d) El orden del día debe abarcar todos los problemas de principios de la izquierda internacional, y no se puede permitir que las simpatías, antipatías y observaciones personales sustituyan la adopción de posiciones políticas claras.

e) La discusión de todos los problemas debe preparar el camino para una nueva conferencia nacional.

La preconferencia ordena al Secretariado dedicar una atención especial al desarrollo interno de la sección española, ayudarle a realizar las medidas arriba indicadas y cualquier otra medida que convenga plenamente con las tareas y métodos de la Oposición de Izquierda.

 

Sobre la crisis de la sección alemana[26]

 

La preconferencia declara que, a pesar de las circunstancias excepcionalmente favorables y el acierto de sus posiciones iniciales, la sección alemana no desarrolló todas sus posibilidades. La crisis relacionada con la capitulación de Well y Cía. demostró que los cuadros de la Oposición alemana necesitan renovarse seriamente. La abrumadora mayoría de la base de la organización, apenas recibió los primeros informes serios sobre la crisis, adoptó la posición que correspondía hacia la camarilla de Well, expresada en la palabra “¡afuera!”; en cambio, la dirección y el consejo de redacción, vacilaron y perdieron el tiempo además de no suministrar información adecuada a su propia organización local ni a las secciones internacionales. Una organización revolucionaria no puede triunfar si su dirección emplea semejantes métodos. Los bolcheviques leninistas sufren la persecución implacable no sólo de todas las fuerzas de la vieja sociedad, comprendida la socialdemocracia, sino también de la burocracia stalinista. La Oposición de Izquierda sólo podrá abrirse camino hacia las masas si actúa con la mayor energía, con lealtad absoluta a sus ideas, con permanente disposición a defender sus banderas hasta el fin. Tolerar a los dirigentes vacilantes, pasivos; cansados o dispuestos a capitular es, lisa y llanamente, un crimen. Es necesario garantizar que en la dirección tengan hegemonía los obreros revolucionarios ligados estrechamente a las masas e imbuidos de la conciencia de la gran misión que la historia le ha encomendado a la Oposición de Izquierda. La próxima conferencia de la Oposición alemana debe realizarse con este espíritu.



[1] Tareas y métodos de la Oposición de Izquierda Internacional. The Militant 6,8,10,18 y 25 de marzo de 1933 y Boletín Interno de la Liga Comunista de Norteamérica, Nº 11, 31 de marzo de 1933. Sin firma. Trotsky redactó y corrigió el proyecto de este documento para la preconferencia internacional de la Oposición de Izquierda Internacional, París, del 4 al 8 de febrero de 1933. La preconferencia aprobó el documento haciéndole una serie de agregados - sobre la Oposición en los Balcanes, la Oposición de Izquierda checoslovaca, la reorganización del Secretariado Internacional, los preparativos para la conferencia internacional que debía reunirse en julio de 1933, agregados a los capítulos “internos” sobre España y Alemania y otro sobre la sección norteamericana - que aquí no se reproducen por no ser Trotsky su autor El primer proyecto, que data de diciembre de 1932, fue discutido y aprobado en 1933. La frase “este año”, al final del cuarto párrafo, se refiere a 1932.

[2] El reformismo: teoría y práctica de los métodos graduales, pacíficos y legislativos (en oposición a los métodos revolucionarios) para pasar del capitalismo al socialismo. Por eso los reformistas tratan de suavizar la lucha y promover la colaboración de clases, la lógica de esta posición los lleva a pasaras al bando de los capitalistas contra los obreros y los pueblos coloniales que intentan hacer la revolución.

[3] El Kuomintang (Partido Popular) chino: partido fundado por Sun Yat-sen en 1911 y dirigido, a partir de 1926, por Chiang Kai-shek. Trotsky critica la política stalinista de apoyo al Kuomintang en El gran organizador de derrotas y en artículos sobre China. El Comité Anglo Ruso de Unidad Sindical: formado en mayo de 1925 por la burocracia de “izquierda” británica y representantes de los sindicatos soviéticos Para los ingleses se trataba de una forma cómoda de aparecer como “progresistas” y defenderse de las críticas de la izquierda, en medio del gran ascenso de la clase obrera británica que culminaría en la huelga general de 1926. El comité desapareció cuando los burócratas británicos desecharon su máscara “izquierdista” y lo abandonaron en 1927.

[4] Pierre Monatte (1881-1960) y Robert Louzon (n 1882): sindicalistas que ingresaron al PCF a principios de los años 20 y luego rompieron para fundar Revolution Proletarienne en 1924 y la Liga Sindicalista en 1926. Trotsky polemizó varias veces con ellos (ver Leon Trotsky on the Trade Unions, Pathfinde Press, 1969). [En castellano Sobre los sindicatos, 1974 Buenos Aires, Pluma.]

[5] Socialdemocracia: nombre de distintos partidos socialistas. Fue sinónimo de socialismo revolucionario, o marxismo, hasta 1914, en que la mayoría de esos partidos pasaron a apoyar a las burguesías de nos respectivos países en la guerra mundial. A partir de entonces los revolucionarios, utilizan el nombre para designar a los oportunistas que traicionan al marxismo.

[6] La Oposición de Derecha estaba dirigida en la URSS por Bujarin, Rikov y Tomski; en Alemania por Brandler y Thalheimer, y en EE.UU. por Lovestone.

[7] Heinrich Brandler (1881-1967): uno de los fundadores del PC Alemán y su principal dirigente a partir de la derrota de la revolución de 1923. El Kremlin lo utilizó como chivo emisario y lo expulsó de la dirección en 1924. Formó una fracción (KPO), alineada con la Oposición de Derecha bujarinista de la URSS, y fue expulsado del PC Alemán y de la Comintern en 1929. En 1930 los brandleristas fundaron una agrupación internacional (IVKO), que existió como organización independiente hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

[8] Dictadura del proletariado: nombre que la dan los marxista al gobierno de la clase obrera que sucedará al gobierno de la clase capitalista (“dictadura de la burguesía”). Sinónimos más modernos de “dictadura del proletariado” son “estado obrero” y “democracia obrera”, término este último que desagradaba a Trotsky.

[9] Partido obrero y campesino: fórmula que utilizaban los stalinistas para justificar su apoyo al Kuomintang y otros partidos burgueses en Oriente. Trotsky hace la crítica en El gran organizador de derrotas, y en sus artículos sobre China.

[10] A instancias de los stalinistas se realizó un congreso internacional en Amsterdam, en junio de 1932; véase la crítica de Trotsky en Escritos 1932. Las mismas organizaciones y grupos realizaron un congreso antifascista en 1933; aunque se reunió en París, se lo suele llamar Congreso de Amsterdam.

[11] Revolución permanente: la teoría y el rótulo mas estrechamente asociados al nombre de Trotsky a partir de la Revolución de 1905, cuando empezó a desarrollar sus concepciones sobre el papel dirigente de la clase obrera en los países atrasados y subdesarrollados. Aunque Lenin y los bolcheviques, al dirigir la Revolución de 1917, aceptaron las conclusiones de esta teoría, los stalinistas la hicieron blanco principal de sus ataques cuando empezaron a difundir su teoría del “socialismo en un solo país”, en la década del 20. Trotsky respondió a esos ataques en La revolución permanente, escrito en 1928.

[12] Los stalinistas alemanes agitaron la consigna de liberación nacional de Alemania para competir con los nacionalsocialistas como campeones del nacionalismo alemán frente a la opresión del Tratado de Versalles. Los nazis fueron los únicos que se beneficiaron con esta competencia.

[13] La dictadura democrática del proletariado y el campesinado: consigna de poder formulada por Lenin antes del 17 para designar el tipo de estado que sobrevendría tras la caída del zarismo. Consideraba que la revolución sería de carácter burgués, dirigida por una coalición de la clase obrera y el campesinado que tomaría el poder y democratizaría el país sin superar los marcos de las relaciones de producción capitalistas. Cambió su posición con el avance de la revolución, y al volver a Rusia en abril de 1917 modificó la orientación del Partido Bolchevique hacía la revolución socialista por un gobierno proletario, por la dictadura del proletariado. Años después los stalinistas volvieron a levantar esa consigna descartada (y otras de contenido similar corno la del “bloque de cuatro clases”) para justificar la colaboración de clase con la burguesía, sobre todo en los países coloniales.

[14] El bonapartismo: concepto primordial en los escritos de Trotsky de la década del 30. Describió dos tipos, el burgués y el soviético. Según él, el bonapartismo burgués surge en periodos de gran crisis social, generalmente bajo la forma de un gobierno que trata de elevarse por encima de la nación y las clases en pugna para defender mejor el sistema capitalista: “Es una dictadura policíaco-militar [...] apenas oculta tras la fachada del parlamentarismo”. Insistió siempre en que si bien tanto el bonapartismo como el fascismo sirven a los intereses capitalistas, no se debe poner un signo igual entre ambos. Sus escritos donde trata más extensamente el problema del bonapartismo burgués están recopilados en La lucha contra el fascismo en Alemania. Su posición respecto del bonapartismo soviético alcanza su expresión más elaborada en El estado obrero, Termidor y bonapartismo (Escritos 1934-1935).

[15] Entre 1928 y 1934 la Comintern de hecho prohibió la concertación de frentes únicos’ con organizaciones socialdemócratas y obreras en general, pero durante todo este período afirmo estar a favor de “frentes únicos, desde abajo”, es decir, negociados y concertados únicamente con las bases de las organizaciones no stalinistas, por encima de las direcciones de las mismas. Esta condición antileninista bastó para impedir toda posibilidad de realización de frentes únicos. Fue un ejemplo típico de lo que Trotsky llamó “ultimatismo burocrático”: la práctica de lanzar directivas y consignas a las masas y consignas a las masas sin tener en cuenta su nivel de conciencia y experiencia ni sus deseos, mientras se amenazaba con la abstención.

[16] La teoría del “social-fascismo”: creada por Stalin, sostenía que la socialdemocracia y el fascismo no eran antípodas sino gemelos. Puesto que los socialdemócratas no eran mas que una variante del fascismo y que practicamente todas las tendencias no stalinistas eran fascistas (liberal-fascistas, laborista-fascistas, trotsko-fascistas) a los stalinistas les estaba prohibido formar frentes únicos con otras tendencias contra los fascistas a secas. Hitler no podía haber contado con una ayuda mejor durante los años en que luchó por el poder. Un buen día de 1934 los stalinistas desecharon la teoría sin molestarse en dar explicaciones e inmediatamente empezaron a cortejar no sólo a los socialdemócratas sino también a políticos como Roosevelt y Daladier, a quienes todavía calificaban de fascistas a principios de 1934.

[17] Cuando en 1933 Trotsky y la Oposición de Izquierda resolvieron no seguir intentando reformar la Comintern y empezar a trabajar por la creación de una internacional nueva, el único de los once puntos que consideraron necesario enmendar fue el Nº 10 (ver Escritos 1933-1934).

[18] Bolchevismo y menchevismo: fueron las dos grandes tendencias en que se dividió el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, sección de le Segunda Internacional, después de su segundo congreso, en 1903. Posteriormente, los bolcheviques, dirigidos por Lenin, y los mencheviques, encabezados por Iulius Martov, se separaron y en 1917 estuvieron en lados opuestos de la barricada. En 1903 Trotsky tomó partido por los mencheviques, pero luego rompió políticamente con ellos y durante la década siguiente trató de reunificar al partido.

[19] Karl Marx (1818-1883): junto con Friedrich Engels, fue el fundador del socialismo científico y dirigente de la Primera Internacional (Asociación Obrera internacional) de 1864 a 1876.

[20] La Segunda Internacional (o Internacional Socialista Obrera): fundada en 1889 como sucesora de la Primera internacional. Era una federación libre de partidos nacionales socialdemócratas y laboristas, que incluía en sus filas a elementos revolucionarios y reformistas. Su papel progresivo llegó a su fin en 1914, cuando los partidos mas importantes votaron el apoyo a sus respectivos gobiernos imperialistas en la guerra. Se disgregó durante la guerra, Pero resurgió en 1923 como organización completamente reformista.

[21] Maurice Paz (n. 1896): abogado francés, fue uno de los primeros partidarios de la Oposición a través de la revista Contre le Courant. Visitó a Trotsky en Turquía en 1929, y ese mismo año rompió con la Oposición por considerar que sus perspectivas eran poco realistas. Ingresó al Partido Socialista y a su dirección, asociándose a la tendencia que dirigía Paul Fauré en el aparato.

[22] Der Neuer Mahnruf (El nuevo llamado): periódico de la Oposición Comunista de Austria.

[23] Josef Frey (1882-1957): fundador del PC Austríaco, fue luego dirigente de la Oposición de Izquierda austríaca. El PC lo expulsó de sus filas en 1927.

[24] Importante: Este capítulo debe ser publicado únicamente en los boletines internos [Nota de León Trotsky.]

[25] La Leninbund: fundada en 1928 por Hugo Urbahns, Ruth Fischer, Arkadi Maslow y otros comunistas disidentes expulsados del partido. Sus posiciones fueron parecidas a las de la Oposición de Izquierda hasta 1930, año en que Urbahns asumió la dirección y expulsó a los simpatizantes de la Oposición.

[26] Importante: Este capítulo debe ser publicado únicamente en los boletines internos. [Nota de León Trotsky.]



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