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Un gran éxito[1]

Sobre la preconferencia de la Oposición de Izquierda

 

 

marzo de 1933

 

 

 

La conferencia internacional de la Oposición de Izquierda, celebrada en París a principios de febrero, recibió el modesto calificativo de “preconferencia” Fue, no obstante, un evento con mucha autoridad. Es cierto que no todas las organizaciones pudieron participar, pero las secciones más importantes tuvieron representación. El hecho mismo de que pese a la tremenda desocupación imperante, que provoca grandes sinsabores a las organizaciones proletarias, no hubiera en la conferencia un sólo “emigrado” con mandato enviado por correo demuestra que fue una preconferencia viva. Provenientes de todos los rincones de Europa, también de América, los auténticos dirigentes de la Oposición de Izquierda, se reunieron durante un par de días.[2] Las resoluciones de la conferencia reflejan directamente las experiencias internacionales de los bolcheviques leninistas.

La conferencia no sacó a la luz grandes revelaciones. Tampoco se dedicó a conciliar formalmente distintas posiciones. En el terreno de los principios fundamentales de la estrategia revolucionaria, constato, confirmó y legitimó todas las conquistas sólidamente ganadas por las secciones y por la Oposición de Izquierda Internacional en su conjunto con el trabajo crítico y la lucha política del año anterior.

La conferencia no aprobó un programa acabado. Pero sí las tesis principales, que dan las directivas para un programa. No es necesario explicar la importancia de este documento. Durante los últimos años fueron redactados no pocos documentos, incluido un programa oficial de la Comintern, con un solo objetivo: buscar pretextos para justificar las contradicciones ideológicas, reconciliar posiciones opuestas, ocultar los errores gruesos y las vacilaciones para no hablar de los planteamientos de la dirección.[3] Las tesis programáticas puestas a consideración de la conferencia son de otro tipo, enteramente distinto. El objetivo de dichas tesis -que distinguen a la Oposición de Izquierda de todas las demás corrientes y grupos en el campo comunista- es demostrar por qué constituyen distintas organizaciones y, además, no hacerlo mediante fórmulas abstractas, teóricas, que puedan dar lugar a interpretaciones divergentes, sino en base a referencias concretas a las experiencias revolucionarias de todos los países del mundo. En los once parágrafos de las tesis no hubo la menor “improvisación”; cada una de las líneas no es sino el encabezamiento del respectivo capítulo de las distintas luchas en que los bolcheviques leninistas chocaron frontal e implacablemente con el centrismo burocrático.

Justamente, el profundo significado de la conferencia reside en que no se dedicó a repetir los lugares comunes del marxismo y los proyectos estratégicos sino que resumió sintéticamente las conclusiones de la verdadera movilización obrera y las tareas de su vanguardia comunista. En eso consiste, precisamente, la diferencia entre la fracción marxista (por pequeña que sea hoy día) y todas y cada una de las variedades del sectarismo.

No nos consideramos depositarios de la misión de impartir a los obreros nuevos mandamientos producto de las mentes de una decena de salvadores. Aprendamos nuestros “mandamientos” en la movilización de la clase obrera. Nos ubicamos plenamente en la tradición histórica del marxismo y así allanamos el camino para su desarrollo futuro.

La elaboración de un programa sigue siendo para los bolcheviques leninistas una tarea de gran envergadura y responsabilidad. Ello dependerá en gran medida del trabajo colectivo. Pero las dificultades que se plantean son principalmente de carácter teórico y técnico-literario. La orientación política del programa ya está determinada. Aunque no esté acatada la elaboración y aprobación de sus textos definitivos, la Oposición de Izquierda Internacional ya se encuentra suficientemente armada, con documentos que reemplazan al programa, para las tareas más inmediatas de la revolución proletaria.

Hasta el momento de aprobar su desastroso programa en el Sexto Congreso, enceguecida por Stalin y Bujarin, la Comintern se había basado en el documento conocido con el nombre de ’”veintiún condiciones”, elaborado por Lenin.[4] En contraste con ese programa, sólo apto para un basural, el documento de Lenin conserva hoy toda su importancia histórica y política, sobre todo en lo referente a la delimitación de todas las variantes del centrismo de origen socialdemócrata y a la lucha contra éstas. Los “once puntos” aprobados por la conferencia se basan en los veintiún puntos de Lenin, y los complementan, de acuerdo con las nuevas experiencias, armando a los revolucionarios proletarios para diferenciarse del centrismo de origen comunista y luchar contra él. En ese sentido, los once puntos son “once mandamientos” presentados ante las bases de la Oposición de Izquierda para su aprobación.

Todas las secciones deben participar activamente en la verificación, corrección y enmienda de las tesis aprobadas por la conferencia. Sin embargo, esta tarea no puede ni debe limitarse a criticar el texto del documento “de una vez por todas”. Es menester verificar las tesis continua y cotidianamente a la luz de las luchas políticas. Los redactores de nuestros periódicos, nuestros oradores y propagandistas necesitan tener siempre a mano el texto de las tesis para consultarlo en toda ocasión de importancia. Solo así será posible corregir colectivamente los errores aislados y subsanar las omisiones importantes. Sólo así -y esto no es menos importante- será posible obtener una auténtica unidad orgánica de posiciones respecto de todos los problemas fundamentales de la lucha.

La Oposición de Izquierda no necesita hacer “declaraciones” uniformes, literarias y ostentosas. Esa clase de declaraciones abunda en la Comintern, cuyo juramento de fidelidad a la “línea general” y a los “líderes” le ata las manos ante las vacilaciones y maniobras inesperadas. No oponemos la santa “línea general” a su pecaminosa “aplicación” como los cristianos oponen el espíritu a la carne. El espíritu no se revela sino a través de la carne. La conferencia se lo recordó bien y firmemente a los grupos e individuos que, en nuestro propio seno, quisieron imponernos un régimen de doble contabilidad, característica orgánica del centrismo de todos los colores. La Oposición de Izquierda exige taxativamente la unidad de pensamiento y acción.

La Conferencia de París se reunió en vísperas de un giro decisivo en Alemania, que se reflejó inevitablemente en toda la clase obrera mundial y, en primer término, en la suerte de la Comintern. Así, sea cual fuere el curso futuro de los acontecimientos, por difícil y agotador que sea el camino, la vanguardia proletaria se fortalecerá con los golpes y alcanzará su plena estatura para el cumplimiento de su misión histórica. Pero la burocracia stalinista no puede enderezarse y jamás se levantará. Pueden retener sus recursos materiales y su aparato. No obstante, como fuerza creadora en el movimiento obrero, ha muerto. Resulta demasiado evidente, está más allá de toda duda que la política de Stalin complementa la de Wels[5] al garantizar el éxito, si bien temporal, de la política de Hitler. Las advertencias de la Oposición de Izquierda fueron en extremo claras y consecuentes. Las maniobras de la burocracia centrista, en cambio, torpes. ¡Las consecuencias de sus crímenes fueron en extremo trágicas, no sólo a los ojos de todo el mundo, sino en el corazón mismo de Europa! No, no quedará sin castigo. La agonía mortal del centrismo burocrático ya ha comenzado. Cuanto antes lo reemplace el marxismo revolucionario, mayores serán las posibilidades de supervivencia de la Comintern y más cercano estará el momento en que la Revolución de Octubre -no en potencia sino en los hechos- devendrá en revolución permanente en Europa y en el mundo.

La Conferencia de París representa un paso modesto pero sumamente importante en este camino. Los bolcheviques leninistas de todo el mundo pueden felicitarse por haber obtenido un importante éxito.



[1] Un gran éxito. Biulleten Opozitsi, Nº 33, marzo de 1933. Traducido [al inglés] por A.L. Preston. A la preconferencia internacional celebrada en París del 4 al 8 de febrero de 1933 asistieron representantes de once países (no doce, como dice erróneamente la nota al pie). Allí se aprobó el documento Tareas y métodos de la Oposición de Izquierda Internacional, que incluye las once tesis mencionadas en este artículo. La preconferencia se reunió unos pocos días antes de que Hitler asumiera la cancillería, pero cuando ya estaba claro que el movimiento obrero alemán no le opondría una resistencia seria.

[2] Asistieron a la conferencia representantes de las organizaciones de la Oposición de doce países: URSS, Alemania, Francia, Inglaterra, Bélgica, Estados Unidos, Grecia, Italia, España, Bulgaria y Suiza. [Nota de León Trotsky].

[3] El Sexto Congreso Mundial de la Comintern (julio-setiembre de 1928) aprobó un programa oficial para la Comintern, elaborado por Stalin y Bujarin. Trotsky lo critica en El gran organizador de derrotas.

[4] El Segundo Congreso Mundial de la Comintern (julio-agosto de 1920) se reunió en momentos en que varios partidos centristas hablan expresado su deseo de afiliarse a la Comintern. El congreso aprobó una serie de condiciones destinadas a dificultar la afiliación de partidos que no hubieran roto completamente con el reformismo. El autor de esas condiciones de afiliación -que en principio fueron diecinueve y luego se agregaron dos más- fue Lenin. (Véase Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, T. 1, Buenos Aires, ediciones Pluma, 1973.)

[5] Otto Wels (1878-1939): dirigente del Partido Socialdemócrata, comandante militar de Berlín, aplastó la insurrección espartaquista de 1919. Fue presidente del bloque del PSD en el Reichstag hasta que Hitler tomó el poder en 1933. Fue adversario consecuente del frente único antifascista.



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