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¿Qué debe hacer la Oposición socialdemócrata austríaca?[1]

 

 

3 de mayo de 1933

 

 

 

Varios socialdemócratas austríacos, cuyas posiciones son contrarias a las de la dirección, me han hecho el honor de solicitarme consejos políticos o respuestas a preguntas concretas. Estoy totalmente dispuesto a responder las preguntas, dentro de los límites impuestos por la distancia que me separa de la escena de la lucha.

1. Aparentemente, entre los socialdemócratas de izquierda austríacos cunde la idea de que todo está irremediablemente perdido. Este tipo de juicios pesi­mistas apriorísticos son teóricamente erróneos y políticamente ilícitos. Es cierto que se ha dejado escapar la oportunidad más favorable para la lucha. No obstante, se puede luchar en condiciones menos favorables y lograr la victoria. Los pesimistas invocan el estado de ánimo de las masas. Es verdad que la cúpula hizo todo lo posible por desanimar y desmoralizar a los obreros. Pero el espíritu de las masas es una magnitud variable. Una fracción de izquierda combativa, capaz de inspi­rarles esa combatividad a las masas, puede provocar un cambio en el estado de ánimo de las masas si eleva su voz oportunamente. El conflicto entre los nazis y el gobierno puede proporcionar a los trabajadores una oportunidad para intervenir. Un revolucionario jamás debe dar por perdida una posición mientras la misma no caiga en manos del enemigo.

2. Fiel a sus tradiciones, la dirección socialdemó­crata capituló totalmente ante Dollfuss, es decir, ante el fascismo.[2] Sólo la oposición socialdemócrata puede provocar un cambio brusco en el estado de ánimo de las masas trabajadoras. Pero para ello debe ponerse a la altura de su tarea histórica. ¿Lo hará? Es inútil especular. La acción decide.

3. Uno de los corresponsales escribe: "Usted sin duda exigirá que ingresemos a su organización. No, hoy el problema no se plantea de manera tan abstracta. La organización de la Oposición de Izquierda (bolche­vique leninista) cuenta con un programa internacional preciso, probado en grandes acontecimientos históri­cos en una serie de países (URSS, China, Gran Bretaña, España, Alemania, etcétera). Sería, desde luego, una gran satisfacción para nosotros que la marcha próxima de los acontecimientos sirva para acercar la oposición socialdemócrata a nuestra organización. Por nuestra parte, estamos dispuestos a hacer todo lo posible para facilitar y acelerar este acercamiento: discusiones fra­ternales, crítica recíproca, etcétera. Pero será una tarea a plazo relativamente largo. Para señalar las tareas próximas, inmediatas de la oposición socialdemócrata austríaca debemos, ante todo, analizar la situación actual de Austria y la de la socialdemocracia de es­te país.

4. La oposición socialdemócrata sólo puede provo­car un cambio en el estado de ánimo de los obreros si demuestra inmediatamente que no se limitará a la crítica literaria y que no está dispuesta a capitular ante la dirección del partido, que a su vez capitula ante Hitler. En otras palabras, debe romper con las tradicio­nes opositoras de Max Adler,[3] cuya impotente crítica de "izquierda" sólo sirve para fortalecer y apuntalar a Otto Bauer y Cía. La lucha revolucionaria requiere una oposición que no vacile, en aras de la disciplina, los estatutos y la unidad del partido, en el cumplimiento de esta tarea.

5. La oposición se plantea la tarea de "salvar el partido". ¿Qué debemos entender por ello: la tradición del austro-marxismo, su trayectoria política, su aparato burocrático? Al contrario, es necesario poner fin a todo eso lo más rápida y completamente posible. Es imposi­ble salvar a las masas socialdemócratas de la desinte­gración y de la degeneración política sin proclamar una lucha sin cuartel contra Bauer y Cía. Esta lucha condu­cirá inevitablemente a la ruptura. Se trata de consumar esa ruptura de la manera más provechosa para la revolución proletaria.

6. ¿Significa esto que la oposición socialdemócrata austríaca debe irse inmediatamente del partido para crear uno nuevo? No es ésa mi opinión. Mientras la oposición no se haga sentir entre las masas obreras -y todavía no lo ha hecho- semejante ruptura sólo ayudaría a Bauer y Cía. Aquí, también, el primer paso debería ser decir las cosas como son.

7. Desde este punto de vista, el proyecto de decla­ración de la oposición socialdemócrata que recibí es totalmente inadecuado. El documento critica a la dirección del partido en lugar de anunciar a las masas partidarias que librará una lucha sin cuartel contra la misma. Es necesario pronunciar la palabra traición. Posiblemente se haya abusado mucho de este término. Pero en esta situación los obreros austríacos lo verán bajo una nueva luz, sobre todo si lo emplean los socialdemócratas de izquierda. Hay que decir que Bauer, Dauneberg, Seitz y Cia.[4] (y llamarlos a todos por sus nombres) han traicionado al proletariado austríaco de la misma manera en que Wels y Cía. traicionaron al proletariado alemán. Sólo esa declaración franca y categórica dará a los obreros claridad sobre la inter­vención independiente de la oposición y a la vez les dará confianza en la seriedad de sus intenciones.

8. Las formulaciones políticas fundamentales del documento son ambiguas, muestran una tendencia a contemporizar y corren el riesgo de confundir a los trabajadores.

a)La declaración exige el reemplazo de la república burguesa por una democracia obrera. ¿Qué es una "democracia obrera"? Se puede luchar por la restau­ración de la democracia burguesa o por la dictadura del proletariado, la consigna de "democracia obrera" es un enigma que la política revolucionaria no tolera.

b)En ningún lugar de la declaración se dice que, cualquiera que sea la consigna política (democracia o dictadura), la misma es irrealizable en las circunstan­cias imperantes sin el concurso del poder armado de los obreros.

c)La declaración no levanta la consigna de consejos de obreros y soldados; el sabotaje del aparato oficial de la socialdemocracia y los sindicatos sólo servirá para aplastar a los consejos obreros; en cambio esta con­signa acercaría al ejército a los trabajadores.

La situación puede cambiar en poco tiempo. Mucho de lo que se dice arriba puede cambiar rápidamente Pero hay algo que puede afirmarse con certeza: todas las medidas a medias, toda palabra que la oposición socialdemócrata no diga, beneficiarán inevitablemente al partido y, en última instancia, también al fascismo.



[1] Qué debe hacer la oposición socialdemócrata austríaca? The Militant, 3 de junio de 1933. Entre el 7 de marzo y mayo de 1933 el gobierno de Dollfuss siguió restringiendo los derechos democráticos y del movimiento obrero, mientras los dirigentes socialdemócratas se negaban a tomar medidas de lucha.

[2] La frase "(...) la dirección socialdemócrata capituló totalmente ante Dollfuss, es decir, ante el fascismo", podría interpretarse en el sentido de que Trotsky consideraba fascista al régimen de Dollfuss. Esa no era, empero, la posición de Trotsky en el momento de escribir la carta ni tampoco lo fue posteriormente. Insistía en que se trataba de un régimen bonapartista que le allanaba el camino al fascismo, o sea. una dictadura policíaco militar que reprimía al movimiento obrero y así facilitaba la victoria del fascismo. En todo momento Trotsky subrayó la necesidad imperiosa de distinguir entre una dictadura policíaco-militar y el fascismo.

[3] Marx Adler (1873-1937): gran teórico y filósofo del austro-marxismo.

[4] Robert Danneberg: primer secretario del Partido Socialdemócrata de Aus­tria; los nazis lo arrestaron en 1938 y lo asesinaron en un campo de concen­tración. Karl Seitz (1869-1950): dirigente socialdemócrata hasta 1934, fue intendente de la ciudad y gobernador de la provincia de Viena.



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