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La Oposición de Izquierda y el SAP[1]

 

 

27 de abril de 1933

 

 

 

Estimado amigo:

 

Recibí su carta del 20 de abril, en la que me informa de sus discusiones con los dirigentes del SAP. Su infor­me aclara la resolución del último congreso del SAP, so­bre todo en lo que se refiere a las relaciones con us­tedes.

Hasta el 5 de marzo los dirigentes del SAP nos reprochaban seguir abrigando esperanzas sobre la re­generación del PC Alemán. Hoy, la marcha de los acontecimientos liquidó esta diferencia. Consideramos que el aparato stalinista alemán está condenado a muerte y llamamos a la formación de cuadros para la creación de un partido nuevo. Por lo tanto, en el terreno de nuestras relaciones con el SAP, el problema debe reducirse al programa, la táctica y el régimen del partido nuevo. Es obvio que lo que se necesita no son fórmulas generales abstractas sino la constatación, sobre el papel, de todas las experiencias de los últimos años en las que partici­paron ambas organizaciones. Nuestra preconferencia de febrero de este año redactó, en lenguaje telegráfico, las conclusiones de esa experiencia (debemos corregir esas tesis en lo que hace a la cuestión de nuestra acti­tud hacia el PC Alemán). Lo que le corresponde a los dirigentes del SAP es efectuar correcciones, agregados o críticas de tipo programático.

Sin embargo, los argumentos que esgrimen son enteramente distintos. Reconozco que encaro de mala gana este problema, ya que me concierne de manera personal. Pero los problemas de política revolucionaria están por encima de las consideraciones de carácter personal; es necesario responder a los argumentos tal cual los plantean los aliados o enemigos potenciales. Según los dirigentes del SAP, la Oposición de Izquier­da está demasiado ligada a la personalidad de Trotsky, depende demasiado de él, etcétera... Parecería que la sección alemana no hace nada sin la guía de Trotsky, et­cétera... La concentración de una organización en torno a un solo individuo presenta grandes problemas, et­cétera...

En primer lugar, quiero rectificar este panorama de la vida interna de la Oposición. No hablaré de las experiencias pasadas de la sección alemana, ni de sus serias diferencias y sus crisis internas, en las que yo desempeñé, en el mejor de los casos, el papel de asesor desde afuera. Ahora está sobre el tapete el problema del partido nuevo en Alemania. La Oposición de Izquierda es la única organización que discute este problema a la vista de todos. La mayoría de los dirigentes de la sección alemana mantienen diferencias con el Secretariado Internacional y conmigo, y libra una campaña enérgica, en la que me acusa de recurrir a "sofismas" y a la "diplomacia", y de otros pecados, todo en completo acuerdo con las reglas del juego. Tengo la firme esperanza de que la discusión culminará con la elaboración de una posición común. Pero en todo caso, no hay nadie en el SAP ni en la KPO (brandieristas) que polemice contra Walcher-Froelich o contra Brandler-Thalheimer[2] de la misma manera en que los camaradas de nuestra sección alemana polemizan conmigo o con el Secretariado Internacional de la Oposición de Izquierda. De ningún modo quiero idealizar a la Oposición de Izquierda en la situación en que se encuentra. La falla principal de nuestra organización es su debilidad. Esta y su falta de contacto con las masas crean condiciones tales que es posible, inclusive inevitable, que las personalidades indivi­duales ejerzan una influencia excesiva. Para ello existe un solo remedio: construir una organización más fuerte y masiva. Si las posiciones y métodos fundamentales de la Oposición de Izquierda son correctos, la creación de tal organización es cosa segura o, al menos, plenamente realizable. Concentrémonos, pues, sobre los problemas programáticos, estratégicos, tácticos y organizativos.

¿Contra qué se defienden, en última instancia, los camaradas del SAP? ¿Contra la influencia de una personalidad especifica o contra la influencia de las ideas especificas a las que dicha personalidad está asociada? No respondieron a esta pregunta con la necesaria claridad. La resolución de la confe­rencia del SAP afirma que existen muchos puntos de acuerdo entre el SAP y la Oposición de Izquierda y la KPO; Llama la atención la falta de precisión del término “muchos puntos” Eso no es marxismo. Una organización responsable ante la vanguardia obrera tiene la obligación de afirmar con toda claridad y exactitud en qué concuerda con otras organizaciones y en qué disiente con ellas. No puede haber política revolucionaria sin ideas formuladas en forma clara y precisa. La situación se complica aun más cuando la resolución proclama al mismo tiempo su solidaridad con la Oposición de Izquierda y con los brandleristas. Esta declaración disminuye enormemente el valor de la resolución, puesto que entre los brandleristas y nosotros median diferencias irreconciliables.

Durante los dos últimos años Alemania fue la clave de la situación mundial. Respecto de los problemas tácticos (no así de los estratégicos), puede parecer a veces que entre los brandleristas y nosotros no había grandes diferencias. Desde entonces, la vanguardia proletaria alemana permitió que esa clave se escapara de sus manos. Ahora el centro de atención es Austria. Pero, a pesar de ello, el problema de Austria es de carácter episódico. En verdad, la clave principal de la situación del proletariado internacional está en la URSS. Suponemos que los camaradas del SAP conocen la política del centrismo burocrático y los peligros que entraba. ¿Están se acuerdo con nosotros? Si concuerdan, aunque sea en general, ¿cómo pueden estar de acuerdo con los brandleristas, que apoyan la política de Stalin en la URSS (lo que en la práctica significa que apoyan también su política en el resto del mundo), y que más de una vez nos han tachado de contrarrevolucionarios? Al no plantear una posición sobre los problemas más importantes y apremiantes, los dirigentes del SAP dan la impresión de querer mantener a los bolcheviques leninistas a su izquierda y a los brandleristas a su derecha y así, al separar los dos flancos, conservar su independencia (lo que no es una calamidad) y su falta de precisión (¡lo que está muy mal!.).

Esa táctica puede parecer muy "astuta". En realidad es funesta. Significaría la continuación de la política de Seydewitz[3] en una nueva situación. Verdaderamente no lo digo por afán polémico. Estoy dispuesto a hacer todo lo posible por fomentar el enten­dimiento y la colaboración con los camaradas del SAP. Pero la primera condición para ello es llegar a un enten­dimiento político honesto.

Los dirigentes del SAP suelen criticar a la Oposición de Izquierda por plantear demasiado mecánicamente el problema de la política centrista en China, el Comité Anglo-Ruso, la política de la Comintern en España, la política de Stalin en la URSS, etcétera. En realidad, no se trata de criterios arbitrarios ni de distintas profesiones de fe. Toda la cuestión se centra en un solo problema: el de la política que aplica la fracción centrista dirigente en los distintos países y bajo con­diciones diferentes. Hemos señalado los problemas más importantes de los últimos diez años para contra­poner de la manera más tajante, sobre la base de estas experiencias, la política marxista a la centrista. Obviamente, ponemos en primer plano los hechos y problemas políticos actuales. Pero la educación de los cuadros revolucionarios requiere coherencia en el pensamiento revolucionario. En la política centrista hay un hilo conductor que va, sin solución de continuidad, desde la experiencia con el Kuomin­tang, la aventura de Cantón, el bloque con los rompe­huelgas ingleses hasta... la catástrofe alemana.

En el SAP como en otras organizaciones hay miles de obreros para quienes esta continuidad no resulta tan obvia; jamás estudiaron ni se pusieron a pensar en la política de Stalin en China, en Bulgaria, en España. Exigirles que reconozcan de manera puramente formal lo correcto de nuestra posición respecto de los problemas enumerados más arriba no tendría sentido. No se puede realizar de un solo golpe un largo trabajo de propaganda. Pero sí es correcto que exijamos a los dirigentes que asumen la respon­sabilidad e iniciativa de formar un partido proletario independiente que expliquen su actitud hacía los problemas fundamentales de la estrategia proletaria, y que no lo hagan en forma abstracta y general sino en base a la experiencia viva de la generación actual del proletariado mundial. A los dirigentes tampoco les planteamos mecánicamente los problemas. Los decimos: "Antes de llegar a una resolución definitiva sobre nuestra colaboración, que nosotros deseamos lo más estrecha posible, es necesario tener la plena seguridad de que compartimos una misma posición respecto de los problemas fundamentales de la estrategia proletaria. He aquí nuestras posiciones, formuladas al calor de la lucha en distintos países. ¿Cuál es su actitud hacia estos problemas? Sí ustedes no tienen posiciones definidas al respecto, tratemos de estudiarlos juntos, empezando por los problemas políticos más inmediatos y candentes." Creo que esta forma de plantear la cuestión no esconde ni pizca de sectarismo. En general, los marxistas no pueden plantearla de otro modo. Es preciso agregar que esta­mos dispuestos a colaborar en la acción sin esperar una respuesta definitiva a todos los problemas en discusión.

Los camaradas del SAP creen que se Impone una rápida convocatoria a una conferencia de todas las organizaciones y grupos comunistas existentes. Si llegara a reunirse, creo que la Oposición de Izquierda participaría para explicar sus puntos de vista; pero sería un error esperar que esa conferencia sirva seriamente para iniciar el trabajo comunista. Si se tratara de ayudar a los exiliados, defender sus intereses o iniciar tal o cual campaña política parcial, tal vez Podría cumplir una función práctica. Pero de lo que se trata es de la elaboración de las bases fundamentales conferencias heterogéneas e improvisadas. Por el contrario, la falta de preparación política, la convo­catoria apresurada en una atmósfera de desorden, sólo servirían para correr el riesgo de aumentar el caos ideológico y la mutua exasperación de los distintos grupos.[4]

En este período que se inicia, los centros dirigentes del movimiento revolucionario alemán se encontrarán necesariamente en el exilio. Pero los camaradas expulsados de Alemania siguen actuando como si estuvieran en un picnic. Ni siquiera los que compren­den en teoría la magnitud de la catástrofe se han adaptado psicológicamente a la nueva situación. En Alemania los distintos grupos siguen viviendo en la inercia de ayer. Esto se aplica también al SAP, la más grande y a la vez la menos firme de las organizaciones de oposición comunista. El ala izquierda del SAP, a pesar de que sus dirigentes no tienen una publicación propia, ganó la mayoría en el partido y expulsó a la fracción de Seydewitz. Este hecho demuestra mejor que ningún otro cuál es el sentido del proceso en que está embarcado el SAP, en el que ya hemos visto el comienzo de una "comente vital". Tampoco podemos ignorar que el SAP representa en bruto, aun hoy, la fuerza del comunismo. Además, la situación cambió radicalmente: lo que está a la orden del día no son las tareas de combate inmediato sino la prolongada tarea de preparación en la clandestinidad. Cuanto más débil sea la formación ideológica de la organización, menos capaz será ésta de resistir los factores de destrucción (desilusión, fatiga, represión, agitación de los otros grupos, etcétera). ¡ Sólo los cuadros templados ideológicamente podrán resistir los golpes de las fuerzas adversas en el período que se inicia!

A nadie le quepa duda de que la Oposición de Iz­quierda está dispuesta a hacer todo lo posible para faci­litar un acuerdo con el SAP. Los medios técnicos para examinar los problemas espinosos o no resueltos no son difíciles de hallar: boletín de discusión, órgano teórico conjunto, una serie de discusiones en la dirección y en los grupos de base.

Creo que es necesario plantear constantemente estos problemas a los miembros del SAP.

 

L. Trotsky



[1] La Oposición de izquierda y el SAP. The Red Flag (Bandera Roja). Sema­nario de la Oposición de Izquierda de Inglaterra, agosto de 1933.

[2] Jakob Walcher (n. 1887) y Paul Froelichch (1884-1953): fundadores del PC Alemán, luego dirigentes de la Oposición de Derecha y después del SAP. Terminada la Segunda Guerra Mundial, Walcher volvió al partido stalinista y ocupó diversos puestos en el gobierno de Alemania oriental, mientras que Froelich, autor de una biografía de Rosa Luxemburgo, murió en Alemania occidental. August Thalheimer (1884-1948): fundador del PC Alemán, fue expulsado del mismo junto con Brandler en 1929 y organizó con él la Oposi­ción de Derecha.

[3] Max Seydewitz (n. 1892): miembro del ala ¡izquierda del bloque parlamentario socialdemócrata, fue expulsado del partido en 1931. Fundó el SAP y lo dirigió por un periodo. Emigró a Suecia en 1933. En 1938 publicó su libro Stalin oder Trotski? (¿Stalin o Trotsky). Después de la Segunda Guerra Mundial desempeñó varios puestos de importancia en el aparato stalinista y en el gobierno de Alemania oriental.

[4] El SAP organizó en agosto de 1933 una conferencia internacional de orga­nizaciones independientes en París. La Oposición Internacional participó con la colaboración activa de Trotsky. (Ver Escritos 1933-1934.)



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