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El caso Diego Rivera (VII)

Sugerencias para una respuesta del Comité Panamericano y del Secretariado Internacional

 

 

Enero de 1939

 

 

 

Estimado camarada:

Su carta del 7 de enero, anunciando su deseo de renunciar a la Cuarta Internacional, es para nosotros un golpe absolutamente inesperado e injustificable.

Usted señala que el Comité Panamericano no definió el carácter de su trabajo y que esto contribuyó a su “completa inactividad”, la cual a su vez creó malentendidos que pudieron haber sido explotados por nuestros enemigos.

Permítanos decirle, querido camarada, que todo eso dista de corresponder a la realidad de los hechos. El único malentendido que pudo haberse producido por la formulación muy general de la decisión relativa a usted fue eliminada en la aclaración oficial del Comité Panamericano que se publicó en nuestra prensa. Esa aclaración indicaba que nuestro congreso estaba lejos de la idea de privarlo de su derecho a participar en el movimiento mexicano. Dependía enteramente de usted si este derecho se utilizaría o no en esta etapa de transición.

Usted también estuvo de acuerdo con la delegación del SWP en que el camarada C, designado a iniciativa suya, colaborara con usted lo más estrechamente posible. Consideramos esa colaboración como la palanca más importante para la recuperación de nuestra sección mexicana.

Finalmente, con su pleno acuerdo, usted, junto a otros camaradas, fueron designados nuestros repre­sentantes en el Consejo de Redacción de Clave. No es necesario señalar aquí la importancia de esa revista para los países de habla castellana y para toda la Cuarta Internacional. Podemos ver, con gran satisfac­ción, que lejos de una “completa inactividad” usted aportó a Clave importantes tesis, artículos y notas.

Sí le parece insatisfactorio este tipo de colaboración práctica en el trabajo diario, puede usted proponer cualquier cambio que estime razonable. No hace falta decir que prestaremos la máxima atención a sus propuestas.

En vista de estos hechos y circunstancias, no alcanzamos a ver en qué forma nuestros enemigos pueden explotar su futura participación en la Cuarta Internacional, la única organización revolucionaria que existe en la actualidad y que está sometida a los golpes y persecuciones de innumerables enemigos. Muy por el contrario, es absolutamente claro que su renuncia les dará armas para sus calumnias e intrigas.

La renuncia a una organización revolucionaria sólo en un caso puede justificarse: a saber, cuando existen irreconciliables divergencias de principios. No obs­tante, incluso en un caso así, antes de la separación tendría que hacerse una discusión amistosa de los puntos de divergencia, con el sincero deseo, por ambas partes, de asegurar la colaboración en la medida en que ésta sea humanamente posible. Vemos en su carta, con gran satisfacción y alegría, que usted se mantiene “en completa simpatía por la Cuarta Internacional”. En estas circunstancias, no podemos considerar su renuncia más que como un malentendido total provo­cado por episodios secundarios.

Estimado camarada Rivera, no aceptamos su renuncia. Mantenemos una total simpatía hacia usted, no sólo por ser un gran pintor sino porque es un lucha­dor de la Cuarta Internacional.



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