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“Explicar pacientemente”[1]

 

 

10 de enero de 1930

 

 

 

Estimados camaradas:

 

Me piden consejo sobre la línea de conducta que de­ben observar los elementos revolucionarios de la socialdemocracia austríaca. Lamentablemente, sé poco de la composición, objetivo y métodos del grupo de ustedes (los únicos elementos de juicio que poseo son el primer numero de su periódico, Revolutionärer Sozialdemo­krat, la carta del camarada Frey[2] y la de ustedes.) Por eso, en vez de dar “consejos" tácticos en el sentido estricto del término, me creo en la obligación de tratar ciertas cuestiones de principios, porque sin la clarifi­cación preliminar de las mismas cualquier cambio de opiniones sobre problemas prácticos resultaría un castillo de arena.

Ustedes tienen reservas sobre la frase “explicar pacientemente”, que utilicé para caracterizar las ta­reas fundamentales de los comunistas austríacos. Dicen que la misma podría haber sido apropiada hace dos años pero que, dada la tempestuosa marcha de los acontecimientos, no hay tiempo para eso. “Ahora es tarde”, agregan mas abajo.

Aquí observo un pequeño malentendido. En mi bre­ve trabajo sobre la crisis austríaca[3] subrayé en un pa­réntesis que la fórmula “explicar pacientemente”, fue utilizada por primera vez por Lenin, en abril de 1917. Seis meses mas tarde conquistamos el poder. Esto sig­nifica que no es lo mismo que el partido revolucionario explique pacientemente a que emplee tácticas dilato­rias, el gradualismo o el sectarismo aislado. “Explicar pacientemente" no implica explicar las cosas de mane­ra incoherente, indolente, con cuentagotas. Al emplear esta fórmula en abril de 1917, Lenin le decía a su par­tido: “Comprended que sois una pequeña minoría y reconocedlo abiertamente; no os propongáis tareas que excedan vuestras fuerzas, como el derrocamiento inmediato del Gobierno Provisional; no temáis quedar en oposición a los defensistas, a los que siguen hoy la abrumadora mayoría de las masas; tratad de compren­der la psicología de los defensistas honestos -obreros y campesinos- y explicadles pacientemente cómo po­ner fin a la guerra." El consejo de Lenin significaba, en otras palabras; “No creáis que existen recetas sofis­ticadas ni ardides que os permitirán fortaleceros repen­tinamente sin ganar la conciencia de las masas; dedicad todo vuestro tiempo, toda vuestra impaciencia revolu­cionaria, a ‘explicar pacientemente’". Este es el ver­dadero significado de las palabras de Lenin.

Desde luego, no hay que irse al otro extremo e in­terpretar lo que digo en el sentido de que en el fondo considero que los comunistas austríacos llegarán al po­der en siete meses. Esa perspectiva es, en el mejor de los casos, bastante improbable. Pero si se supone que la marcha de los acontecimientos del próximo período será verdaderamente tempestuosa (lo que no es de des­cartar), los frutos que dará el “explicar pacientemen­te”, se acrecentarán rápidamente.

Por eso la frase “es demasiado tarde” revela para mi un malentendido total. ¿Qué otro método pueden emplear los revolucionarios proletarios? La pura impa­ciencia política, que busca cosechar antes de sembrar, conduce al oportunismo, al aventurerismo o a una com­binación de ambos. En los últimos cinco o seis años he­mos observado en todos los países decenas de ejemplos de intentos oportunistas o aventureristas de fortalecer artificialmente la posición del proletariado sin su parti­cipación consciente. Todos estos intentos culminaron en el fracaso y sólo sirvieron para debilitar al sector revolucionario.

Dicen ustedes que el estado de ánimo de las masas socialdemócratas de Austria es revolucionario, pero que su disposición a hacer la revolución se ve paralizada por el poderoso aparato de la socialdemocracia aus­tríaca. Ustedes, dicen que a las masas “sólo (nur) les falta la dirección apropiada". “¡Sólo!" Pero esta pe­queña palabra implica nada menos que toda la activi­dad del partido revolucionario, desde los primeros es­fuerzos propagandísticos hasta la conquista del poder. Si no se gana la confianza de las masas a través de sus experiencias en la lucha, no puede haber dirección re­volucionaria. En algunos periodos se tarda décadas en ganar esa confianza. En etapas revolucionarias, unos meses pueden ser más fructíferos (con una política correcta) que años enteros de desarrollo pacífico. Pero el partido jamas puede saltarse esta tarea fundamental, que está planteada para los revolucionarios proletarios austríacos en toda su envergadura. La frase “explicar pacientemente" se refiere sobre todo al objetivo “¡Ganar la confianza de los obreros!" Y constituye una advertencia contra el autoengaño burocrático, que ne­cesariamente conduce al aventurerismo, o contra los métodos de fantoche y las maquinaciones de trastien­da, cuyo fin es engañar a la historia e imponer la propia voluntad sobre la clase.

Dirán quizás que todo esto constituye una verdad principista para los comunistas, pero no proporciona instrucciones aplicables a los “socialdemócratas revo­lucionarios".

No me detendré aquí en el hecho de que en nuestra época el concepto “socialdemócrata revolucionario" es contradictorio. Si no significa comunista, aparen­temente designa a un centrista que se desplaza a la izquierda. Ni la base social ni los contornos políticos del grupo de ustedes surgen claramente de su carta ni del periódico.

En contraste con lo que afirma la socialdemocracia sobre ustedes, el periódico dice que su comité provisio­nal está muy alejado de los comunistas (véase el artícu­lo sobre Leuthner[4] en el Nº 1). En ese caso, ¿cuales son sus diferencias con los comunistas? En ningún lado se las específica. ¿Creen tener diferencias principistas con el comunismo, o solamente con los errores del comunis­mo oficial? Opino que la fórmula teóricamente vacía y políticamente estéril del social-fascismo[5] constituye uno de los obstáculos principales para la tarea de “explicar pacientemente". ¿El grupo de ustedes está o no de acuerdo con esa fórmula? Es absolutamente necesa­rio dar una respuesta clara a este interrogante: todas las perspectivas y las tácticas que uno se formule, sobre todo para Austria, dependen de la respuesta. Pero, si bien afirman que los separan profundas diferencias con el comunismo no se descargan la responsabilidad por la fórmula política que ha paralizado al comunismo oficial austríaco.

En otro artículo del mismo número dicen que la orientación democrática fundamental del austro-mar­xismo[6] es errónea y constituye la raíz de todos los males. Lejos de mí el querer negarlo. Pero no cabe du­da de que la traición de la socialdemocracia en toda la etapa en cuestión consistió en su negativa a luchar por la democracia y, con sus métodos puramente parlamen­tarios, cedió la democracia al fascismo. Es precisamente en este terreno, tal como lo veo yo, que se expresará probablemente la cólera de los obreros socialdemócra­tas. Mientras tanto, su periódico responde a este sentimiento de indignación con formulas abstractas acerca de la bancarrota de la democracia en general.

El periódico no demuestra claridad de principios. Sin embargo, es sabido que esa claridad otorga grandes ventajas en política. Por otra parte, no considero que la indecisión del periódico refleje la indecisión de las ma­sas socialdemócratas que pasan a la oposición. Un órgano de oposición socialdemócrata que realmente exprese los sentimientos de honestos obreros socialdemócratas, enfurecidos con sus dirigentes, tendría una gran impor­tancia sintomática (lo que no excluiría de nuestra parte una lucha implacable contra sus vacilaciones; por el contrario, la presupondría). Desgraciadamente, el primer número de su periódico no presenta esas cualida­des sintomáticas. Su indecisión y ambigüedad son características de una camarilla.

A esto se agrega que en él encontré un solo nombre, el del doctor Reich, a quien lamentablemente no conoz­co. El Comité Provisional actúa en el anonimato. Si se hace como defensa frente a la policía, no hay más remedio. No obstante, hay que comprender claramente lo perjudicial que es el anonimato para un grupo nuevo que lucha por ganarse la confianza de las masas.

Ustedes expresan el temor de que la burocracia aus­tro-marxista llene el Comité Provisional de los agentes suyos. Sí, la provocación está indisolublemente ligada al burocratismo. Sin embargo, la única manera de com­batirlo consiste en forjar vínculos más estrechos con las bases. Si el grupo de ustedes representa una tendencia de obreros socialdemócratas de base, es mediante su intervención que expulsarán a los dirigentes; no lo lo­grarán persiguiendo a burócratas ambiguos. Los obre­ros saben bien quién de los suyos cree ciegamente en la dirección, quién la critica, quién está enfurecido con ella. En tales circunstancias, la selección desde abajo es mil veces más digna de confianza que la selección desde arriba. Pero, para eso, desde luego, hay que con­tar con apoyo desde abajo. ¿Lo tienen?

Naturalmente, no creo que aquí se trate de un acto de camuflaje, es decir que haya comunistas tratando de aparecer como “socialdemócratas revolucionarios” pa­ra crear así un partido socialdemócrata independiente artificial, como puente hacia el comunismo. Los méto­dos encubiertos jamás produjeron buenos resultados en la política proletaria revolucionaria. Los años recientes lo demostraron con creces.

 

Saludos fraternales,

L. Trotsky

 

 

 



[1] “Explicar pacientemente”. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard traducido [al inglés] del ruso para este volumen [de la edición norteamericana] por George Saunders. Era una carta en respuesta a un pedido de asesoramiento táctico de un grupo de personas que se autotitulaban “socialdemócratas revolucionarios” y acababan de romper con el Partido Socialdemócrata, la organización de masas austríaca.

[2] Josef Frei (1882-1957): miembro fundador del PC Austríaco, del que fue expulsado en 1927. Fue también integrante de un Partido Comunista Austríaco (Oposición), que publicaba el periódico Arbeiter Stimme (Voz Obrera).

[3] La crisis austríaca el otoño de 1929 estalló cuando la ultra derecha y el fascismo lanzaron una campaña en favor de una nueva constitución que limitara los derechos democráticos y transfiriera el poder de la rama legislativa a la rama ejecutiva del gobierno (véase La crisis austríaca y el comunismo, 13 de noviembre de 1929, en el volumen 2 de este tomo).

[4] Karl Leuthner (1869-1974): dirigente de la socialdemocracia austríaca y director de su periódico, Arbeiter Zeitung (Gaceta Obrera).

[5] El social-fascismo: teoría ampliamente difundida por Stalin entre 1928 y 1934, sostenía que la socialdemocracia y el fascismo no son antípodas sino gemelos. Puesto que los socialdemócratas no eran más que una variante del fascismo y todos menos los stalinistas constituían alguna variante del fascismo (liberal-fascismo, fascismo laborista, trotsko-fascismo), para los stalinistas era lícito formar un frente único con cualquier otra tendencia contra los fascistas comunes y corrientes. Ninguna teoría le fue ni le pudo haber sido tan útil a Hitler en los años anteriores a su ascenso al poder. Los stalinistas abandonaron esa teoría en alguna fecha indeterminada de 1934, sin dar explicaciones. No tardaron en comenzar a coquetear no sólo con los socialdemócratas, sino también con políticos capitalistas como Roosvelt y Daladier, a quienes todavía calificaban de fascistas a principios de 1934.

[6] Austro-Marxismo: variante del reformismo practicada por la socialdemocracia austríaca.

 



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