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Un ataque centrista al marxismo[1]

 

 

16 de marzo de 1934

 

 

 

Estimado camarada Sneevliet:

 

Me interesó mucho el artículo teórico del camarada de Kadt,[2] ya que representa un importante aporte teórico de uno de los dirigentes del OSP. (Me refiero a Algunas observaciones sobre el programa de la nueva internacional.) Primero pensé esperar a que el artículo se publicara completo en De Nieuwe Weg.[3] Pero veo que no se lo completa. Sin embargo, basta con lo que ya apareció. Sabemos que el centrismo se resiste con todas sus fuerzas a entrar en el terreno de la "gris teoría" precisamente porque no quiere descubrirse a sí mismo. De Kadt se vio obligado por la situación a tomar posición sobre los problemas programáticos de la nueva internacional y no podemos menos que considerar este paso como ominoso.

En esta carta deseo referirme solamente a algunos puntos que, aunque están en diferentes niveles, son igualmente característicos del pensamiento centrista.

"No es nuestro objetivo -escribe de Kadt- plantear hoy las formulaciones que consideramos necesarias. El fin de estas observaciones es dejar estable­cido desde ya nuestro derecho [!] a defender una pers­pectiva no ortodoxa en la próxima discusión programática." Se trata -¿no es así?- de elaborar los principios fundamentales de la nueva internacional. Sería difícil concebir un documento más importante en esta época. En estas circunstancias, ¿cuál debe ser la necesidad más urgente, inmediata y profunda de todo marxista revolucionario? Por lo menos, la formulación de las observaciones, generalizaciones, declaraciones y consignas más importantes a incorporar al programa, precisamente porque está involucrado el problema vital de dar a los desarraigados, decepcionados y confundidos obreros una respuesta a las cuestiones candentes de nuestra época. Por lo menos, así se nos plantea el problema a nosotros, marxistas "ortodoxos".

Pero por lo visto no a de Kadt. Encara la cuestión de manera puramente individualista, subjetiva, diletante. Para él no se trata de formular ideas precisas sino de reservarse el "derecho" a presentar en el futuro una posición "no ortodoxa". Pero el programa no es un pro­blema de derechos. Es necesario plantear una posición, no el derecho a plantear una posición. En el movimiento obrero mundial a nadie le interesa particularmente si cualquiera tiene el "derecho" de sacar a luz un día de éstos una posición no ortodoxa. Lo que se quiere cono­cer es la posición a fin de analizar su verdadero conteni­do. Pero el secreto consiste en que el centrista, por lo general, no tiene ninguna posición definida, precisa, bien pensada. En consecuencia, se contenta con el de­recho a... no tener posición.

Inmediatamente después de las palabras citadas de Kadt continúa como sigue: "Para dar un ejemplo, ¿debemos seguir hablando de ’dictadura del proleta­riado’ cuando en realidad sólo pueden ejercer la dicta­dura el sector socialista del proletariado y los elementos no proletarios partidarios del socialismo? En realidad, tenemos que ocuparnos de la ’dictadura socialista’, una dictadura ejercida por los socialistas para el socialis­mo." Por cierto, muy bien dicho: ¡"Para dar un ejemplo"! El crítico no advierte que con su "ejemplo" pre­tende liquidar, así como al pasar, toda la estructura del marxismo. Porque aquí no está involucrado el nombre dictadura del proletariado, sino la esencia de la teoría clasista de la sociedad. Marx, que no se satisfacía de ningún modo con el solo derecho a tener ideas sino que tenía unas cuantas, y muy buenas, consideraba preci­samente que su teoría de la dictadura del proletariado era su contribución más importante a la ciencia social.

Ya en 1852 Marx le decía a Weydemeyer[4] que los científicos burgueses habían descubierto y formulado mucho antes que él la teoría clasista de la sociedad, pero que él -Marx- aplicó esta teoría al desarrollo ulterior de la sociedad capitalista llevándola hasta sus últimas conclusiones, es decir, hasta la dictadura del proletariado. Lenin escribió el libro El estado y la revo­lución para aclarar este principio marxista fundamental y liberarlo de la confusión revisionista "no ortodoxa" de Kautsky, Otto Bauer, etcétera.

Y ahora aparece de Kadt con su "derecho a plantear una posición”, quien nos dice, "por ejemplo", sobre la dictadura del proletariado que "no existe nada por el estilo", ya que en realidad "la dictadura la ejerce el sector socialista del proletariado" y, para peor, partici­pan de ella elementos no proletarios. En otras palabras, no es la dictadura de una clase sino el gobierno de un grupo que piensa de determinada manera, de un con­junto de personas que sostienen la idea del socialismo. De modo que las que deciden la historia no son las clases sino las ideas.. En consecuencia, toda persona que se respete tiene que salvaguardar su derecho a sustentar ideas. De Kadt opone al marxismo, "por ejemplo", una filosofía metafísica de la historia, completamente idealista. Una docena de líneas le bas­tan para romper con los fundamentos del marxismo.

Nosotros, pobres "ortodoxos", todavía creemos que no son las ideas sino las clases lo que determinan el destino de la sociedad, que las ideas sociales -como ya lo dijo el viejo sabio italiano Antonio Labriola-[5] no caen del cielo sino que expresan los intereses inmedia­tos o históricos de las clases. La "idea" del socialismo es la expresión teórica de la tendencia histórica del proletariado combinada con el desarrollo lógico de la sociedad capitalista. La relación entre clase e "idea" no es mecánica sino dialéctica. La clase no adquiere conciencia de sí por revelación; tiene que librar una difícil lucha, que a veces se expresa como lucha interna dentro del propio proletariado. Así, con el permiso de usted, nuestra lucha contra el centrismo constituye una parte muy importante de la lucha de la clase obrera por conocerse a sí misma. En consecuencia, es inevitable que en el proceso de desarrollo del proletariado crista­lice lo más avanzado, previsor y valiente, la elite, la verdadera vanguardia. Y sólo con la colaboración de éste, su órgano más importante, puede el proletariado cumplir su misión histórica, es decir, conquistar el poder y mantenerlo en la forma de una dictadura hasta la liquidación completa de todos los antagonismos. La relación entre la clase y su vanguardia prueba que se trata de la dictadura de una clase: sin el apoyo de la in­mensa mayoría de la clase sería imposible implantar el estado obrero. Que, no obstante eso, la revolución proletaria se lleve a cabo con la intermediación de la vanguardia se explica por la heterogeneidad del prole­tariado tal como se da en la historia. Marx no se basaba en abstracciones vacías ("la clase", "el socialismo") sino en realidades históricas, en sus relaciones reales y efectos mutuos.

Que los desertores de otras clases participen en la dictadura se explica por el hecho de que estamos ante materia social viva, en la que las clases se mezclan unas con otras y se influyen recíprocamente, no como los compartimentos de un laboratorio en los que cada pre­parado tiene un envase y un rótulo determinados. Pre­cisamente, el carácter determinante del rol histórico de las clases es lo que permite a la clase progresiva arras­trar a los mejores elementos de las demás. Declarar por eso nula y vacía a la teoría de las clases, como lo hace de Kadt, es lo mismo que negar la ley de gravedad porque un globo vuela hacia arriba y no hacia abajo.

Después de Kadt toma otro "ejemplo", esta vez no en contra de Marx sino de Lenin: "¿Por qué" -pregunta- "debemos aceptar en nuestro programa el ’principio soviético’, ya que no existe la menor prueba de que los ’soviets’ sean algo más [!] que formas orga­nizativas temporarias [!!] en las que se nuclean las masas inmediatamente antes y después de la lucha por el poder?" El metafísico e idealista no se inclina a atri­buirle ninguna importancia especial al "principio sovié­tico", ya que los soviets no son más que formas organizativas "temporarias", le sirven al proletariado sólo "inmediatamente antes y después de la lucha por el poder". Los marxistas no tenemos la menor intención de incluir en nuestro programa valores "eternos" y perennes"; nos contentamos con cosas "tempora­rias" como los soviets, que son -y de Kadt también lo admite- herramientas para la conquista y conservación del poder por el proletariado. Con esto es suficien­te para nosotros. Estamos dispuestos a garantizar a de -Kadt y sus colaboradores el "derecho" a inventar en el futuro formas organizativas mucho mas "eternas", pero que primero prueben crear por lo menos soviets "temporarios" y tomar el poder.

Siguiendo en este tono podría tomar todo el artículo, frase por frase, y demostrar que -con excepción de algunos lugares comunes insignificantes- no consiste más que en horribles errores contrarios a los fundamen­tos del marxismo. De Kadt nunca menciona las lumina­rias en las que se inspiró. Seguramente no son Marx, Engels ni Lenin. Pero en sus últimas revelaciones revisionistas vislumbramos ecos de Bernstein,[6] de los neo kantianos alemanes y de los austro-marxistas. ¿Y sirve todo eso de algo para el programa de la nueva internacional? ¡Oh, no! De Kadt tendrá que buscarle alguna otra aplicación.

Nuestro crítico es muy duro con el bolchevismo, incluso con el genuino, el de Lenin. No quiere "idealizarlo". Pero eso no es necesario. No obstante, lo que dice de Kadt sobre el leninismo es realmente lamenta­ble. No es una crítica principista sino una distorsión de los hechos, un montón de anacronismos, relaciones mal comprendidas, evaluaciones falsas y personales, etcétera. Refutar todo eso llevaría demasiado tiempo y no serviría de mucho. Basta con dejar establecido aquí que de Kadt critica muy severamente el "sistema de Lenin-Trotsky" para adherir al sistema de... Tranmael. Hombro a hombro con la socialdemocracia noruega, que no es mas que una reedición diluida del austro-marxismo, de Kadt quiere reconstituir el movimiento obrero internacional de una "manera revoluciona­ria"... en base a principios que se revelarán mas adelante.

No queremos negarle a nadie el derecho de sostener una posición distorsionada. Pero queremos plantearles, con toda convicción, a los obreros holandeses que construir un partido sobre la filosofía de de Kadt es lo mismo que construir sobre la arena. ¡Evitemos hacerlo de esa manera! ¡Construyamos sobre el granito mar­xista!

 

L. Trotsky



[1] Un ataque centrista al marxismo. The Militant, 14 de abril de 1934.

[2] J. de Kadt: dirigente del ala derecha del OSP holandés, enemigo de la Li­ga Comunista Internacional y de Trotsky. El y su grupa renunciaron en el verano de 1934, lo que fortaleció a los sectores del OSP que querían trabajar junto con la Liga.

[3] De Nieuwe Weg (El Nuevo Camino) era el periódico del Partido Socialista Revolucionario holandés.

[4] Joseph Weydemeyer (1818-1866): amigo de Marx y Engels, se destacó por su actividad en el movimiento obrero de Alemania y en el de Inglaterra; luchó en la Revolución Alemana de 1848-1849 y en la Guerra Civil norteameri­cana del lado de los norteños.

[5] Antonio Labriola (1843-1904): filósofo socialista italiano, escribió Ensayos sobre la concepción materialista de la historia y Socialismo e historia

[6] Eduard Bernstein (1850-1932): socialdemócrata alemán, albacea literario de Engels. En 1896 desarrolló una teoría sobre el socialismo evolutivo que sirvió para racionalizar el oportunismo del ala derecha de la socialdemocracia.



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