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A Cannon sobre los próximos pasos a seguir[1]

 

 

Febrero de 1935

 

 

 

Estimado camarada Cannon:[2]

 

Esta es una carta puramente personal. En primer lugar porque su partido ahora no está afiliado a la liga Comunista Internacional y en segundo lugar porque ningún grupo me autorizó a escribirle. En la carta me referiré a problemas de orientación general que hacen a la preparación de eventuales resoluciones prácticas. En la copia que le envío de la carta la Sneevliet se cita el artículo III de los estatutos del WPUS que se refiere a la afiliación internacional. Es posible que en los pró­ximos meses la atención de su partido se centre fundamentalmente en problemas de propaganda y organiza­ción. Pero incluso en esos aspectos será muy difícil escapar, ni creo que lo deseen, a la cuestión de la nueva internacional. Me parece necesario, tanto desde el punto de vista de su partido como desde el de la Inter­nacional, que se den algunos pasos preparatorios, de acuerdo con el artículo III de los estatutos.

Hay ciertas semejanzas entre la situación de su par­tido y la del partido unificado de Holanda, que se constituirá en las próximas semanas. Sin embargo, hay una diferencia. El OSP, que constituirá la mayoría del nuevo partido, pertenecía a la IAG antes de la fusión, y ahora tiende a plantear la afiliación a ese organismo. Por lo tanto el sector nuestro del nuevo partido también entrará allí. Al mismo tiempo, los dirigentes quieren llegar a algún tipo de unidad personal con la Liga Co­munista Internacional. La idea es que los dirigentes de ambos grupos, Sneevliet y Schmidt, pasen a formar parte del Secretariado Internacional.

No necesito extenderme aquí sobre mi opinión respecto a la Comunidad Internacional de Trabajo. De­sarrollo a fondo la cuestión en la carta a Sneevliet que le adjunto. Sin embargo, sería absolutamente falso poner como condición de la formación del nuevo parti­do el retiro de la IAG. La experiencia ya demostrará si sirve para algo que el partido holandés continúe afiliado a esa organización totalmente confusa y centrista.

En la conferencia de la IAG que se reunió en febre­ro nuestros camaradas Schmidt y Sneevliet hablaron bien y con fuerza de la necesidad de formar la Cuarta Internacional. Nuestros amigos de París me escriben entusiasmados por la posición que tomaron Schmidt y Sneevliet. Pese a continuar afiliado a la IAG, el nuevo partido se comprometió a hacer todo lo posible por la constitución de la nueva internacional. Y creo que la situación exige que tanto el partido holandés como el WPUS den algunos pasos prácticos en esa dirección. No sé si en Norteamérica analizaron los efectos del plebiscito del Saar sobre el movimiento obrero internacional. No se puede sobreestimar su importancia. Des­pués de la miserable capitulación de los dos partidos en Alemania, declaramos que ya no sólo la Segunda Inter­nacional estaba históricamente muerta; también lo estaba la Tercera. La historia puso a la orden del día la fundación de una nueva internacional, basada en las enseñanzas del pasado. Muchos camaradas, algunos de ellos de nuestras propias filas (Bauer, por ejemplo), no estaban de acuerdo. Decían que todavía se podía revivir a la Internacional Comunista. El plebiscito del Saar puso a prueba estos planteos y ratificó lo correcto de nuestra posición. Si contamos los votos de los empresarios amigos de Francia, de los judíos burgue­ses, de los intelectuales pacifistas (menos tal vez del dos o el tres por ciento), podemos acreditar a cada uno de los partidos obreros de un tres a un cuatro por ciento de los votos, y esto teniendo en cuenta las inmejorables condiciones en que se desarrolló el plebiscito. Los obreros no olvidan tan criminal capitulación. El plebiscito del Saar es una demostración matemática de la necesi­dad de preparar sistemáticamente la formación de la Cuarta Internacional.

En nada modifica la lección del Saar el hecho de que en Francia y otros países democráticos los partidos de la Tercera y especialmente de la Segunda Internacional todavía parezcan imponerse organizativamente y mantener una continuidad.

En Francia los obreros sólo podrán ganar si, golpea­dos por los acontecimientos del próximo período, se sacan de encima a ambas burocracias. Por supuesto, esos hechos serían pasos de siete leguas hacia la forma­ción de la Cuarta Internacional. Y si el fascismo con­quista también Francia, ambas internacionales estarán amenazadas. En una palabra, ya sea que se triunfe o se pierda, la construcción de la Cuarta Internacional está inmediatamente planteada.

Para ocultar su despreciable cobardía ante las tareas que plantea la historia, el SAP nos acusa de pre­tender "proclamar" de inmediato la Cuarta Internacio­nal. No necesitamos extendernos demasiado sobre la falsedad total de esta idea. Somos marxistas. No juga­mos con la historia. No negamos los problemas que ella presenta ni los consideramos resueltos cuando en reali­dad no lo están. Lo dijimos cientos de veces; sólo que­remos plantear las cosas tal como verdaderamente son.

Lo importante es demostrar a las masas trabajado­ras, una y otra vez, la bancarrota de las dos internacio­nales. Cada ilusión que la vanguardia obrera pierde la prepara para la lucha. Sin embargo, con eso no basta. Tenemos que plantear nuestra posición sobre todos los acontecimientos importantes del movimiento obrero internacional. Unicamente podemos hacerlo a través de documentos programáticos fundamentales. Este es el trabajo preliminar más importante en la perspectiva de la Cuarta Internacional.

Por cierto, somos demasiado débiles para "procla­mar" la nueva internacional. Nadie propuso nunca un paso tan aventurero. El asunto está en sentar las bases ideológicas. El trabajo tiene que continuar ininterrum­pidamente; en algún momento deberemos contar con un órgano internacional y un comité que tome las tareas preparatorias concretas.

En las primeras etapas este comité deberá ser muy cauteloso, no arrogarse ninguna función administrati­va, dedicarse únicamente a la preparación de los do­cumentos básicos y tal vez sacar un boletín interna­cional.

¿De qué manera se puede comenzar este trabajo? Si el WPUS llegara a un acuerdo con el partido holan­dés y con la Liga Comunista Internacional formaríamos inmediatamente un buró internacional para empezar la tarea.[3]

Próximamente pueden ocurrir grandes aconteci­mientos en Europa y entonces seremos testigos de im­portantes reagrupamientos en el movimiento obrero. Los elementos revolucionarios se verán obligados a buscar un nuevo centro nucleador. No se podrá hacer de un soplo. Hay que prepararlo. Es inevitable que haya nuevas rupturas en los partidos socialistas y stalinistas, así como en las organizaciones centristas que hoy están en la IAG. Triunfará la organización internacional que sostenga una posición teórica y política correcta y esté profundamente convencida de la necesidad histórica de su causa. Seria criminal dilatar la tarea de clarificación y de nucleamiento de fuerzas alrededor de las banderas de la Cuarta Internacional.

No le escribo esta carta al secretario general del WP, Muste,[4] no sólo porque no lo conozco personalmente sino también porque no quiero que en ningún sentido se considere esta carta como una propuesta for­mal. No obstante, si usted considerara aconsejable mostrar esta carta al camarada Muste y a otros camaradas dirigentes de su partido, naturalmente me alegraría mucho.

Espero conocer pronto la reacción de los camaradas norteamericanos ante estas ideas, que por otra parte no son nuevas. Ya hace un año y medio que tomamos la iniciativa de plantearlas.

 

Con mis mejores deseos,

 

Crux [León Trotsky]



[1] A Cannon sobre los próximos pasos a seguir. International Bulletin, Partido de los Trabajadores de Estados Unidos, N-1, 1935. Fir­mado "Cruz".

[2] James P. Cannon (1890-1975): organizador de la IWW, dirigente del ala izquierda del Partido Socialista de Debs y fundador del Partido Comunista Norteamericano. Expulsado del PC en 1928 por expresar su solidaridad con Trotsky, dirigió la formación de la Oposición de Izquierda y posteriormente del Partido Socialista de los Trabajadores (norteamericano) y de la Cuarta Internacional.

[3] Los esfuerzos en este sentido resultaron unos meses más tarde en la publicación de una Carta abierta en pro de la Cuarta Internacional firmada, entre otros, por los dirigentes del RSAP holandés, del WPUS y del ICL. Los firmantes también establecieron un Comité Provisional de Contacto, con sede en Amsterdam, encargado de publicar un boletín informativo y de coordinar "el trabajo colectivo, apoyándose en los documentos fundamentales, progra­máticos y tácticos, de la Cuarta Internacional" (ver Escritos 1935-1936).

[4] A.J. Muste (1885-1967): ministro protestante pacifista, se ligó al movimiento obrero durante la Primera Guerra Mundial. En 1929 participó en la fundación de la Conferencia por la Acción Obrera Progresiva (CPLA), que promovió dentro de la API la militancia, la democracia sindical y la formación de sindicatos industriales, y cuando comenzó la depresión ayudó a los desocupados a organizarse. En 1933 la CPLA organizó el Partido Norteamericano de los Trabajadores (AWP), cuyos miembros participaron activamente en importantes huelgas y luchas de desocupados. En 1934 el AWP, en proceso de izquierdización, se unió con la Liga Comunista norteamericana para formar el Partido de los Trabajadores de Estados Unidos (WPUS), del que Muste fue secretario. En 1936, después de que el WPUS voto entrar al Partido Socialista Muste rompió con el marxismo y volvió al pacifismo y a la Iglesia En la década del 50 fue uno de los pocos defensores de las víctimas de la cara de brujas y colaboró en la formación del Foro Norteamericano para la Educación Socialista, que tenía el objetivo de impulsar el intercambio sistemático de puntos de vista entre los radicales. En la década del 60 jugó un rol dirigente la fundación del movimiento contra la guerra.



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