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Un llamado a tomar posición sobre la situación francesa[1]

 

 

22 de setiembre de 1934

 

 

 

1. El giro que se dio en Francia provocó una apasio­nada y prolongada discusión. Nada más natural. Apren­demos de la experiencia y analizamos esta experiencia con un método marxista. Solo los bolcheviques leni­nistas internacionales pueden permitirse una discusión como ésa.

Los pequeños pusilánimes del SAP, que ayer hacían causa común contra nosotros con el miserable de Kadt, [2] hablan hoy de nuestra "aniquilación".

Tenemos una tradición ideológica. Tenemos un programa preciso. Respondemos claramente a cualquier problema. Las respuestas de nuestras secciones coinciden en lo fundamental sin que se hayan concerta­do de antemano. Eso significa que contamos con cua­dros entrenados. Si formamos bloques con otras organi­zaciones o si una de nuestras secciones entra incluso al Partido Socialista lo hacemos siempre en nombre de nuestros principios, que se demostraron incontrover­tibles y que estamos aprendiendo a aplicar a las condi­ciones de cada país.

2. Nuestra discusión interna tiene que pasar ahora de la etapa de las perspectivas, hipótesis y propuestas a la de la aplicación analítica. Tenemos que estudiar la experiencia más reciente de nuestra sección francesa. Es aún muy breve, pero muy importante. El primer paso dado en el nuevo camino demuestra ya la total incorrección de las objeciones planteadas por los opositores al entrismo. Precisamente por esta razón tienen que cambiar de argumento todos los días e incluso variar el terreno de la discusión, para no decir nada de los "intransigentes", que ya entraron al Partido Socia­lista para combatimos allí.

3. ¿Qué decían los opositores que se guiaban sólo por consideraciones ideológicas y políticas? Veamos el documento con la posición de la mayoría de la sección belga. Leemos: "¿Cómo podemos concebir que vamos a entrar a la SFIO como fracción política independiente, manteniendo nuestras banderas y nuestro periódico? ¿No es prematuro y no implica dejar de tomar en consi­deración la fuerza de la burocracia de la SFIO? La his­toria de los grupos socialistas de izquierda nos enseña que los partidos socialdemócratas ya no pueden permi­tir que surjan dentro de ellos fracciones revolucio­narias." Les preguntamos a los camaradas belgas: ¿no leyeron el suplemento especial (número 4) de Combat des Jeunes y el número 220 de La Verité? Si quiere decir algo la expresión "entrar con las ban­deras desplegadas" Combat des Jeunes y La Verité son esas banderas desplegadas, y sin embargo Le Populaire publicó avisos en La Verité cuatro veces y nuestros camaradas fueron admitidos en la SFIO. Ese hecho seria imposible en Bélgica, Holanda o muchos otros países. La explicación hay que buscarla en la si­tuación actual del Partido Socialista de Francia. El error básico del documento belga consiste en que trata a la socialdemocracia como una abstracción desligada del tiempo y del espacio en lugar de analizar la situa­ción concreta de la SFIO. Lean de nuevo el párrafo citado y se convencerán de ello. En todo el documento dedi­cado a la entrada a la SFIO no se dice una palabra sobre las peculiaridades de este partido o su situación en el momento presente, comparándolo, por ejemplo, con el Partido Obrero Belga (POB)[3].

4. Los opositores dijeron: "La entrada a la SFIO significa el abandono casi automático de la consigna de la Cuarta Internacional." Lean Combat des Jeunes y La Verité. Nuestra sección entró a la SFIO para luchar por la Cuarta Internacional.

5. No podemos conciliar en lo más mínimo con la socialdemocracia como sistema de ideas y acción. Pero este sistema de ideas se refleja en formas diversas en las organizaciones concretas. En determinadas circuns­tancias comienza a desmoronarse. El sistema como tal estalla. Lo reemplaza la lucha entre las distintas ten­dencias, y esta lucha puede crear una situación que exija nuestra intervención inmediata y directa e incluso nuestra entrada como organización en el Partido Socialista.

6. El documento belga ve solamente el "sistema de ideas" y no el organismo viviente de las organizaciones obreras. Este error básico se refleja también en la ma­nera como el documento trae a colación la experiencia rusa: "Los que apoyan la entrada a la SFIO parecen olvidar que la ruptura entre las dos tendencias funda­mentales del movimiento obrero tuvo lugar en la social­democracia rusa en 1903." Esta concepción es mecáni­ca por su método e incorrecta en su contenido. Parece que para los autores del documento después de la rup­tura de 1903 hubo dos entidades absolutas, el bolche­vismo y el menchevismo, que se desarrollaron en dos universos distintos. Eso es pura metafísica. La historia de la lucha del bolchevismo contra el menchevismo es realmente muy rica. Es una lástima que el docu­mento la utilice de manera unilateral, abstracta, formalista.

7. La historia no se detuvo en 1903. La ruptura resultó prematura, es decir, no estaba a tono con la situación objetiva y la mentalidad de las masas, y a fines de 1906 los bolcheviques tuvieron que reunificarse con los mencheviques. Pero acá nos interrumpe el documento: "Es cierto que debido a la presión de las masas en favor de la unidad se dio una conexión entre bolcheviques y mencheviques en 1906. En nuestra opi­nión, una alianza entre dos fracciones del movimiento obrero equivale a un frente único. De aquí que la refe­rencia histórica no sea más pertinente que la primera (a Marx)." Siento tener que decirles que esto implica dar vuelta del revés la experiencia rusa. No fue el caso de una alianza ni un frente único sino ’una fusión de los dos partidos, confirmada por el Congreso de Estocolmo de 1906, y este partido unificado, aunque dividido por la lucha fraccional, existió hasta 1912, es decir durante seis años. ¿De dónde surge este error? De que los autores del documento ni siquiera pueden concebir que las dos "esencias" irreconciliables (después de la ruptura de 1903) se hayan acercado nuevamente y hayan formado juntas un solo partido. El error histórico es producto del método metafísico.

8. Se pretendió asustarnos con la predicción de que la entrada "sería explotada al máximo por los stalinis­tas" (documento de la mayoría belga). Respondimos: "Los stalinistas, que están confraternizando con la burocracia socialista, no podrán acusarnos de traición, de capitulación al reformismo, etcétera, por lo menos hasta que reciban nuevas órdenes."

Los hechos nos dieron la razón. Por supuesto que los stalinistas nos atacan, pero no por cómplices del reformismo sino, por el contrario, por destructores del Partido Socialista. Previenen "fraternalmente" a los jóvenes socialistas sobre nuestras trampas diabólicas (L’Avant-garde). Esto significa que los stalinistas están haciendo de auxiliares, incluso de lacayos, de la burocracia reformista en nuestra contra, no de acusa­dores revolucionarios. Si hace falta una confirmación más de la corrección de nuestro giro la ofrecen las columnas de la prensa stalinista.

9. ¿Quién está jugando al fiscal revolucionario? Los bordiguistas y Cía. Para ellos es muy simple. Ellos ha­blan sólo en nombre de la eternidad. Si no me equivoco, todavía se consideran una fracción de la Tercera In­ternacional.

¿Qué significa eso? Nada. De la misma manera podrían considerarse una fracción del Ejército de Sal­vación.

Realmente es desperdiciar esfuerzos dedicar la menor atención a estos cadáveres prematuros. Las ideas, aspiraciones y críticas de un simple miembro de la Joven Guardia Socialista [JGS][4] de Bélgica son cien veces más importantes para nuestra orientación y nuestros métodos que las eruditas insensateces de Bilan.

10. Lo importante es analizar la experiencia. La Juventud Socialista de Francia recibió con los brazos abiertos a nuestros camaradas y a su Combat des Jeunes. Sus contactos con la Juventud Leninista garan­tizan a ésta todos los derechos de los miembros de la organización. El aparato burocrático invalidó esta reso­lución porque entraba en conflicto con los estatutos. Las secciones de la Juventud Socialista tuvieron que aceptarlos con una moción de protesta. Este hecho sig­nificativo demuestra que la idea de la mayoría de la Liga sobre las relaciones entre la base y el aparato, era correcta por lo menos en lo que se refiere a la juventud.

11. ¿Significa esto que todo está garantizado? Muy lejos de ello. No pocas dificultades causan las in­trigas y calumnias de los elementos desenfrenados de la minoría que tratan de ennegrecer a la Liga ante los socialistas. Pero ése no es el problema. Estas personas que oscilan de un extremo al otro lo único que logran es poner de manifiesto su nulidad y autoeliminarse.

Hay factores más importantes que pueden volverse en contra de nosotros. Puede cambiar la situación den­tro y alrededor de la SFIO. La burocracia puede plan­tear firmemente librarse de nosotros. Pero incluso si eso ocurriera mañana, ya podríamos registrar conside­rables ganancias: la Liga se orientó hacía las masas, quedaron al desnudo los prejuicios de un sectarismo autocomplaciente y estéril, se estableció contacto con los mejores elementos socialistas, nuestras publicacio­nes aumentaron su circulación en cantidad sin prece­dentes y penetraron en círculos enteramente nuevos. Más aun, dentro del socialismo nuestros jóvenes tuvie­ron por primera vez la oportunidad de acercarse a los stalinistas para discutir con ellos "como camarada". Y todo esto pese al hecho indiscutible de que las "esen­cias" bolchevismo y menchevismo son más irreconciliables que nunca.

12. Sin embargo, no está planteada la expulsión. Tenemos que trabajar y arraigarnos. Con ese objetivo no debemos volvernos hacia los conservadores ultraizquierdistas, no tenemos que justificar ante las estridentes acusaciones de gente que perdió todo equi­librio y todo sentido de la responsabilidad (Bauer y otros), sino hablar en un lenguaje comprensible para los obreros socialistas y sin partido que buscan salir del impasse.

13. Nuestra sección suiza nos escribe que, luego de varias negociaciones y discusiones políticas y teóricas, los cuatrocientos miembros de la Juventud Socialista de Zurich les propusieron a nuestros camaradas entrar en su organización como fracción bolchevique leninista, garantizándoles de antemano plena libertad de acción y un cargo en la dirección y en el consejo de redacción. ¿Podemos aceptar estas condiciones? ¿Sí o no? Si las condiciones están garantizadas la única respuesta es: tenemos que entrar a la Juventud Socialista. No hacerlo sería un error, más aun, un crimen, peor aun, una estu­pidez sectaria.

Todas nuestras secciones no sólo tienen que estu­diar la lejana experiencia de la lucha entre el bolchevis­mo y el menchevismo en Rusia sino también la expe­riencia viva de nuestra Liga francesa, así como el modo en que la realidad confirmó los planteos y previsiones de ambos bandos. De ese análisis extraerán preciosas lecciones. No se trata de proceder de la misma manera en situaciones diferentes sino de aprender a actuar adecuadamente en cada situación nacional e incluso local. Cada sección tiene que estudiar todas las organizaciones, grupos y sectores del proletariado para com­prender cómo intervenir a tiempo y propagar nuestras ideas utilizando medios realistas.[5]



[1] Un simpatizante toma posición sobre la situación francesa. Die Nieuwe Weg, octubre de 1934, Die Nieuwe Weg (El Nuevo Camino) era una publi­cación del RSP holandés. Firmado "Cruz". Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por John Fairlie. Es improbable que ése haya sido el título que le dio Trotsky. Este artículo se escribió menos de un mes después de que los miembros de la Liga Comunista Francesa se unieron a la SFIO, donde se constituyeron como Grupo Bolchevique Leninista (GBL). Los miembros de la minoría de la Liga también habían comenzado a entrar a la SFIO.

[2] J. de Kadt era un dirigente del ala derecha del OSP holandés, hostil a la ICL y a Trotsky. El y su grupo renunciaron en el verano de 1934, fortalecién­dose así los sectores del OSP que querían trabajar con la ICL. (ver en Escritos 1933-1934 la crítica de Trotsky a de Kadt en marzo de 1934).

[3] El Partido Obrero Belga (POB) era la sección belga de la Segunda Inter nacional.

[4] La Joven Guardia Socialista (JGS) era el sector juvenil del Partido Obrero Belga. En agosto de 1934 la JGS, la Liga Comunista Juvenil belga y la juventud de la Liga Leninista firmaron un pacto de frente único, uno de cuyos puntos establecía el compromiso de luchar juntos "por el derecho de asilo en todos los países capitalistas para todas las víctimas de la "acción capita­lista internacional, y sobre todo para Trotsky". A los stalinistas les resultó una píldora dura de tragar, pero lo hicieron por su interés en influir sobre la JGS, que entonces contaba con treinta y cinco mil miembros y un gran prestigio entre la juventud radicalizada. Poco después Moscú orientó a la Liga Comunista Juvenil retirarse del pacto. Casi el cuarenta por ciento del distrito de Charleroi voto en Contra del retiro.

[5] Otro artículo inmediatamente posterior a éste figura en la sección Anexos del volumen 2 del presente tomo.



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