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Prefacio

 

 

 

El presente libro comprende los trabajos escritos desde junio de 1934 hasta diciembre de 1936. Deportado de la Unión Soviética en 1929, residió en Turquía hasta 1933, año en que el gobierno francés le concedió asilo. No había transcurrido un año cuando se le exigió abandonar el país pero, dado que ningún gobierno quería aceptarlo, la orden no pudo cumplirse sino hasta junio de 1935, fecha en que el gobierno laborista noruego, recién llegado al poder, consintió en admitirlo. Permaneció en Noruega hasta diciembre de 1936, cuando ese mismo gobierno lo obligó a embarcarse en un buque tanque rumbo a México.

Trotsky llegó a los cincuenta y cinco años de edad durante este mismo período, antes de cuya finalización escribió en su diario: “De todas las cosas que le ocurren al hombre, la vejez es la más inesperada”. En los intervalos de salud que mediaban entre sucesivas recaídas de la enfermedad se conservaba fuerte, vigoroso, combativo y productivo. Pero su situación personal era insegura en extremo.

Tanto los fascistas como los stalinistas franceses exigían su expulsión del país y constituían, además, para Trotsky, una posibilidad constante de agresión física. El gobierno de Doumergue ordenó su deportación en abril de 1934, pero no pudo llevarla a cabo porque ningún país quiso darle asilo. Sus amigos temían que en cualquier momento, Trotsky fuese enviado a alguna de las colonias penales que el gobierno francés mante­nía en África. Sujeto a severas restricciones policiales - que, entre muchas otras cosas, le prohibían revelar su identidad y residir en París, o en sus cercanías, o en cualquier provincia lindera con otros países -, Trotsky se vio obligado a salir de Barbizon, lugar en que se había instalado en 1933, y pasó la mayor parte de la primavera cambiando constantemente de hoteles y pensiones, en busca de un lugar apropiado para vivir y trabajar. Por último, ya en el mes de julio, halló refugio en la casa de un maestro de escuela de Domene, pequeña localidad alpina cerca de Grenoble, en el departamento de Isere. Allí permaneció con Natalia, sin secretarios ni guardaespaldas, hasta que en junio de 1935 salió definitivamente de Francia. Sumada a la permanente incertidumbre acerca de su propio futuro, los Trotsky sufrieron, hacia fines de 1934, una profunda preocupación por la suerte que - durante la purga que siguió al asesinato de Kirov- podían haber corrido sus allegados que aún residían en la Unión Soviética, entre los que se contaba su hijo menor, Serguei.

 

Entre 1934 y 1935 las energías de Trotsky se concen­traron en las complejas tareas políticas y organizativas exigidas por los nuevos pasos a dar con miras a la estructuración de la nueva internacional.

 

La victoria de Hitler produjo una profunda agitación en el movimiento de la clase obrera europea, especialmente en los cuadros de la socialdemocracia, entre los que comenzaron a extenderse las tendencias de izquierda (tal cual lo había predicho Trotsky en 1933). En 1934, los obreros socialdemócratas de dos países - Austria en febrero y España en octubre, sostuvieron heroicas aunque infructuosas luchas armadas contra sus gobiernos reaccionarios. En Francia, España, Bélgica y Suiza algunos sectores de la Juventud Socialista comenzaron a manifestar su simpatía por las ideas trotskistas, si bien no se mostra­ron dispuestos a abandonar sus propias organizaciones para unirse al pequeño grupo de los bolcheviques leninistas (rebautizados con el nombre de Liga Comu­nista Internacional, ICL). Algunos de esos sectores lle­garon a sugerir que los miembros de la ICL se unieran a ellos en su lucha por la conquista de posiciones revolu­cionarias dentro de las organizaciones socialde­mócratas.

 

En febrero de 1934 los fascistas franceses inten­taron tomar el poder mediante una manifestación armada dirigida contra la cámara de diputados. Aunque la intentona fracasó, el gobierno giró hacia la derecha y el advenimiento del fascismo en Francia se transfor­mó en un peligro real. Trotsky estimó que dicho país entraba en un período prerrevolucionario y que se había transformado en clave de la situación internacional, como lo había sido Alemania en el período 1930-1933. (El segundo trabajo de los seleccionados para este libro, "Programa de acción para Francia", fue publicado en 1934 y contiene el análisis de Trotsky acerca de las reivindicaciones que debían impulsar los revolucionarios en tal situación.)

Hacia fines de 1933 hubo una ruptura en el Partido Socialista francés (SFIO) en virtud de la cual su ala derecha (los neo socialistas, o Neos) se apartó para formar su propia organización. Este aconteci­miento volcó a la SFIO hacia la izquierda y reforzó las tendencias revolucionarias dentro del mismo, especialmente entre la juventud. La SFIO era, por entonces, el mayor de los partidos de la clase obrera francesa, mientras que la Liga Comunista, filial fran­cesa de la ICL, era muy pequeña y estaba poco menos que aislada del movimiento de masas.

 

Hasta 1934, la Internacional Comunista se aferró a la política "del tercer período" que había conducido al desastre en Alemania. Cuando Jacques Doriot, destacado dirigente del PC Francés de Saint-Dénis, propuso cambiar de política y apoyar la formación de un frente único contra el fascismo fue censurado primero y finalmente expulsado del partido. Con todo, y ante los acontecimientos de febrero de 1934, los stalinistas comenzaron a apartarse del ultraizquierdismo, aunque pronto iban a precipitarse, como en sus pasados zigzags, en los abismos del oportunismo. En julio de 1934, los dirigentes del stalinismo francés y de la SFIO firmaron un acuerdo de acción conjunta contra el fascismo, y durante un tiempo hubo conversaciones en torno de la "unidad orgánica", es decir de la fusión de ambos partidos. La unificación de aquellas dos grandes organizaciones habría significado, inevita­blemente, un aislamiento todavía mayor de la Liga Comunista y un obstáculo para el desarrollo de las tendencias izquierdistas dentro de la SFIO.

Los stalinistas no estaban interesados realmente en un frente único de la clase obrera (es decir anticapitalista) contra el fascismo. En concordancia con una nueva tendencia orientada hacia la derecha, que procedía de Moscú y que pronto iba a transformarse en la regla que se aplicaría en todo el mundo, los diri­gentes del stalinismo francés invitaron al burgués Partido Radical (o Socialista Radical) para que se uniera al PC y -a la SFIO en un frente de colaboración de clases formado por partidos obreros y liberal-capita­listas contra la reacción y el fascismo. Los radicales aceptaron la invitación y así nació el Frente Popular de 1935. Este organismo, aprobado por Moscú en nombre del leninismo, reforzó la autoridad de los dirigentes reformistas de la SFIO y obstaculizó o desorientó las tendencias opositoras dentro de sus filas.

También en el plano internacional los stalinistas llegaron más a la derecha que en cualquier otra época anterior. Tal como Trotsky lo señala en el primer trabajo de los recopilados en el presente libro impreso originariamente en junio de 1934-, la burocracia soviética, que para ese entonces se prepa­raba para ingresar en la Liga de las Naciones, estaba echando por la borda el análisis hecho por Lenin de aquella organización antecesora de las actuales Nacio­nes Unidas. Y aquello era sólo el principio. En mayo de 1935 la Unión Soviética y Francia firmaron un pacto de no agresión, y Stalin - seguido rápidamente por los stalinistas franceses - respaldó el programa de rearme del imperialismo francés. De este modo el social-patriotismo resultó poderosamente reforzado a expensas de los revolucionarios de dentro y de fuera de la SFIO.

 

Otro de los factores que preocuparon a Trotsky fue el retroceso que se operó, entre 1934 y 1935, en la actitud de los dirigentes del Partido de los Trabaja­dores Socialistas de Alemania (SAP), que en 1933 habían firmado la declaración en favor de una nueva internacional pero comenzaban a obstruir todo mo­vimiento positivo en ese sentido.

Cómo actuó Trotsky para enfrentar estos problemas -a partir de su propuesta de junio de 1934, destinada a que la Liga Comunista se uniera a la SFIO (el llamado giro francés) - constituye el contenido medular de la presente recopilación, junto con sus réplicas a las monstruosas y fraudulentas acusaciones lanzadas contra él por Moscú tras el asesinato de Kirov.

 

En el transcurso de estos meses en Noruega Trotsky escribió la revolución traicionada -profundo análisis de la degeneración de la Unión Soviética bajo el stalinismo como aporte a la construcción de la Cuarta Internacional.

 

El contenido de este libro indica has­ta qué punto su atención y su pensamiento estaban abo­cados al proyecto de la nueva internacional y sus sec­ciones nacionales. Era la época en que las grandes po­tencias empezaban a reorganizarse para la Segunda Guerra Mundial. Cuando Trotsky arribó a Noruega, la Italia fascista se aprestaba a invadir Etiopía, y lo llevó a cabo pocos meses más tarde. En julio de 1936 los fas­cistas españoles, bajo el mando de Franco, iniciaron una guerra civil que Hitler y Mussolini utilizarían des­pués como campo de prueba para sus armas y tácticas nuevas.

 

En agosto de 1935 la Comintern celebró en Moscú su séptimo y últi­mo congreso mundial, donde se discutieron fundamentalmente dos temas, el "frente popular" y la "se­guridad colectiva". Allí la nueva política recibió su sanción universal: los stalinistas de todo el mundo debían colaborar, no sólo con las fuerzas obreras llamadas has­ta el momento "social-fascistas" (salvo con los "trots­kistas"), sino también con los capitalistas "democráticos" y "progresistas" y sus partidos y, a escala internacional, apoyar los preparativos militares y di­plomáticos de los gobiernos imperialistas democráticos para la lucha contra los gobiernos fascistas. Como re­sultado de esta política -aplicada hasta la firma del pacto Hitler-Stalin en 1939- las oportunidades re­volucionarias que surgieron en Francia y en España en 1936 se desperdiciaron deliberadamente y la clase obrera se encontró políticamente desarmada al estallar la Segunda Guerra Mundial.

Ante este abrupto viraje de los stalinistas hacia la derecha, Trotsky redobló sus esfuerzos para la cons­trucción de una nueva organización leninista mundial. Poco antes de partir de Francia redactó el anteproyecto de la Carta abierta por la Cuarta Internacional. La misma tuvo por objeto ace­lerar y, en lo posible, completar el reagrupamiento in­ternacional de fuerzas auténticamente revolucionarias iniciado en 1933, cuando la Oposición de Izquierda se trasformó en Liga Comunista Internacional. En 1933-35 la LCI trató de vincularse a ciertas fuerzas que se des­plazaban a la izquierda en el seno de varias organiza­ciones centristas. Las tácticas empleadas para eliminar los escollos organizativos en el camino de estas fuerzas centristas izquierdizantes provocaron una fuerte resistencia, lu­chas fraccionales e inclusive escisiones por parte de aquellos sectarios de la LCI a quienes resultaba difícil diferenciar los principios de las tácticas, o que se sentían cómodos en su situación de aislamiento. Buena parte de este libro aborda estos y otros problemas de la construcción del partido, además del centrismo, el fraccionalismo, el sectarismo y el oportunismo en Bél­gica, Inglaterra, Holanda y Estados Unidos.

Por otra parte, la experiencia del entrismo en los partidos socialistas, a la vez que atraía a nuevos cuadros hacia la Cuarta Internacional, coincidió, y en algunos casos estimuló, con el desarrollo de tendencias oportunistas dispuestas a sacrificar sus principios en aras de una maniobra táctica. Este peligroso proceso provocó una escisión en la sección francesa tras su expulsión del Partido Socialista, hacia fines de 1935. Los escritos de Trotsky referentes a la ruptura, así como a sus consecuencias, aparecerán por separado en La crisis en la sección francesa (1935-36).

 

Mientras la burocracia soviética adoptaba actitudes conciliadoras con los imperialistas democráticos en el extranjero y aprobaba una nueva constitución en el país, aumentaba la persecución, encarcelamiento y asesinato de revolucionarios y militantes de la Oposi­ción en la Unión Soviética. La verdadera envergadura de esta represión se hizo notoria cuando dos revolucionarios escaparon en 1935 y describieron las condiciones que imperaban en las cárceles, campos de concentra­ción y en los lugares de exilio poblados por decenas de miles de militantes de la oposición soviética. Trotsky denunció incansablemente la represión y lanzó llama­dos a la solidaridad y ayuda internacional para las víctimas de las prisiones y campos de concentración sta­linistas.

La represión alcanzó un nuevo nivel en agosto de 1936, cuando las "confesiones" y el juicio en Moscú a dieciséis acusados, encabezados por los viejos bolcheviques Zinoviev y Kamenev, conmovió al mundo. Trots­ky, el principal acusado, inició inmediatamente la denuncia del juicio, al que consideró el fraude judicial más monstruoso de la historia, pero el gobierno Noruego, presionado por Moscú, lo obligó a callar y lo sometió a arresto domiciliario. La última parte de este libro inclu­ye los testimonios de Trotsky acerca del juicio, además del resumen de su dramático testimonio a puertas cerradas ante un tribunal noruego. Poco después, Trots­ky y Natalia Sedova, su compañera, fueron embarcados hacia México.

Antes de que el juicio de Moscú empezara a acapa­rar todo su tiempo, Trotsky escribió sobre gran varie­dad de temas, incluidos en este libro: las relaciones entre las fracciones y el partido; el terrorismo; la huel­ga general; el papel del estado capitalista en la lucha contra el fascismo; el Séptimo Congreso Mundial de la Comintern; la defensa por los marxistas de la libertad de culto en la Alemania fascista; la nueva constitución soviética; Rosa Luxemburgo; el frentepopulismo y otros.



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