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Algunas consideraciones sobre la Oposición Comunista

Henri Lacroix

 

Comunismo, N.º 5, octubre de 1931

 

Hoy ya podemos hablar de la OCE (Oposición Comunista Española), la fracción de izquierda del comunismo español. Podemos y debemos hacerlo para salir al paso de determinados rumores, puestos en circulación de una manera intencionada y falsa por quienes tienen por lema la calumnia y la mentira a falta de otras razones y argumentos más convincentes.

Existe la fracción de izquierda del comunismo español y actúa orgánica y disciplinadamente. Quienes pusimos todo nuestro entusiasmo, nuestra fe y esperanza en la defensa de la plataforma política de la Oposición Comunista de Izquierda Internacional hemos de reconocer que no solamente se han equivocado los que diariamente declararon que la izquierda comunista había sido liquidada al ser deportados, encarcelados o asesinados los oposicionistas rusos, sino que nosotros mismos sufrimos un error cuando creímos que la lucha por nuestras ideas había de ser durísima y difícil, y que nuestros progresos serían lentos. Y no es que hoy queramos dar una nota de optimismo para halagar a alguien. Seguimos considerando enormemente difícil y penosa nuestra tarea; pero, en lo que a España se refiere, el ritmo de nuestro desarrollo ha sobrepasado los cálculos más optimistas: nuestras fuerzas, numérica y políticamente, se han acrecentado de una forma rapidísima, como nadie lo habíamos previsto.

La OCE agrupa hoy fuerzas considerables, cuenta en su seno con la élite del comunismo español. Pero no somos un segundo Partido Comunista de España, ni tampoco una organización creada para luchar contra el PCE, el PC oficial hoy existente.

Por eso, al hablar hoy de nuestra OCE, tenemos que asegurar bien categóricamente quiénes somos, cómo y a qué hemos venido, cómo luchamos, cómo progresamos. Y lo que aquí diremos hoy es lo que venimos repitiendo desde los primeros momentos de nuestra actuación, lo que repetiremos hasta que hayamos logrado el fin apetecido.

Nuestros primeros pasos

Es preciso decir cómo hemos empezado a actuar. Digámoslo, aunque sólo sea para desmentir a Bullejos, que en diciembre de 1930 escribía a Roldán (éste estaba encarcelado, como yo, en la cárcel de Valencia) diciéndole: “Henri Lacroix es, en efecto, Francisco García Lavid, venido a España para organizar el partido trotskista, de acuerdo con Rosmer, Monatte y Souvarine.” Bullejos, que hasta 1928 era trotskista y que dejó de serlo cuando vio la brutal represión emprendida por Stalin contra los bolcheviques-leninistas rusos, sabe perfectamente que yo regresé a España cuando ya no podía estar en los países de la Europa capitalista, porque de casi todos me habían expulsado; sabe que yo regresé a España porque, aparte las razones indicadas, consideraba que ése era mi deber. Y regresé precisamente cuando la IC ordenaba el regreso de todos los comunistas emigrados, cuando éstos se desentendían de las decisiones de la IC, cuando regresamos todos los trotskistas, en el preciso momento que Berenguer, dueño del poder, nos encarcelaba y brutalizaba. Bullejos sabe eso y sabe que nadie ha pensado en constituir un “partido trotskista”.

Todo el mundo sabe, y Bullejos debe saberlo si no quiere pasar por tonto, que Rosmer, Monatte y Souvarine no tienen el menor contacto político, que sus maneras de enfocar los problemas revolucionarios difieren tanto o más que podemos diferir los amigos de Bullejos y nosotros, comunistas de izquierda. Afirmar, como lo hacía Bullejos, que yo actuaba de acuerdo con los tres elementos mencionados, supone una monstruosidad tan grande como, por ejemplo, decir que un señor cualquiera llega a España dispuesto a organizar el partido comunista de acuerdo con Bullejos, Pestaña y Largo Caballero.

Pero Bullejos vertía la especie, y son muchos los comunistas que, sin saber quiénes son Monatte, Rosmer y Souvarine, saben que Lacroix tiene esas fantásticas relaciones con ellos.

* * *

Los grupos comunistas españoles del Gran Ducado de Luxemburgo y de Bélgica dieron su adhesión a la Oposición Comunista de Izquierda Internacional. En los PC de Bélgica y Luxemburgo, los oposicionistas españoles defendían sus puntos de vista. Se publicaba entonces La Bandera Roja, órgano ilegal del PCE. Yo pertenecía a la dirección del PC de Luxemburgo y actuaba de una manera ilegal, ocultándome tras el seudónimo de “Henri Lacroix”. Y fue La Bandera Roja la que publicó un artículo de redacción, lleno de insultos contra los “trotskistas contrarrevolucionarios”, para terminar diciendo que García Lavid y “Henri Lacroix” eran una sola persona, y que yo dirigía los grupos de Luxemburgo y Bélgica. Fue una acción canallesca, imperdonable. El órgano central del PCE declaraba públicamente quién era Lacroix, a pesar de saber Bullejos, Trilla, Arroyo y todos los dirigentes del PCE que yo era buscado por la policía, que había sido expulsado varias veces de diferentes países y que mi residencia en Bélgica y Luxemburgo era rigurosamente ilegal. Los comunistas españoles residentes en Francia, los mismos que dirigían ¡Adelante!, prometieron intervenir para que el autor del artículo fuese excluido de la IC. Claro que no se ha hecho. ¡La calamidad no era tan grande, puesto que el perjudicado era un trotskista!

Citamos esos casos para indicar los procedimientos que la burocracia staliniana emplea para combatirnos. Entonces abusaba de nuestra impotencia para defendernos; sus hazañas resultaban impunes. Nosotros no disponíamos de un periódico. Y esos procedimientos se practican aún hoy. Hace pocos días, a mi paso por una ciudad de Castilla la Vieja, pudimos comprobarlo. Unos amigos nuestros discutían con un enviado del CE del PC oficial. Cuando el representante de Stalin no sabía qué contestar, se desató en insultos y calumnias contra los oposicionistas. Andrés Nin era (según aquel energúmeno) “un comerciante en Barcelona desde que regresó de Rusia”; Juan Andrade, “propietario de una de las mejores librerías de Madrid”; García Lavid, “fabricante de calzado en Madrid”. Yo asistía a la discusión sin decir una palabra, hasta que el sujeto en cuestión llegó a ese extremo. Resultó casi imposible hacerle creer que yo era y soy Lacroix y García Lavid; pero que ni he tenido ni tengo fábrica de calzado en ninguna parte, que ni tengo botas para ponerme y que mi único oficio y sostén está en el trabajo de pintor de la construcción; Andrade gana su vida trabajando como empleado de Hacienda y como director de una editorial (lo cual dista un abismo de ser “propietario de una gran librería”), es un asalariado, cosa que no han sido nunca, ni lo son, los Bullejos, Trilla y compañía, que dirigen el PCE. Yo sé, todo el mundo sabe, que Andrés Nin vive del producto de su trabajo. La única fuente de ingresos del camarada Nin está en su trabajo de traducciones literarias.

Continúa, pues, la serie de calumnias propaladas por quienes, carentes de razón y de argumentos para una discusión ordenada y seria, se mantienen donde están usando de una imaginación fantástica y canallesca. Pero eso no puede ni debe desanimar a un revolucionario. Dolorosa es la lucha contra nuestros enemigos, en la que solamente cosechamos sacrificios, penalidades y sinsabores; lo es mucho más contra quienes se titulan comunistas, como nosotros. Pero el deber manda, a pesar de todo, continuar la lucha en defensa de la verdad y la razón que nos asiste.
Con tesón heroico, los oposicionistas españoles, en medio de esa nube de insultos y calumnias, hemos luchado y luchamos. Nuestra conferencia primera, celebrada en Lieja en febrero de 1930, a la que asistieron delegados de los grupos españoles de Luxemburgo, Francia y Bélgica, fue el primer paso decisivo para nuestra organización. Ya había sido establecido un contacto permanente con algunos camaradas residentes en España. La conferencia decidió emprender inmediatamente la publicación de un Boletín de Información y el traslado a España de todos los camaradas residentes en el extranjero. Y todos lo hicimos, excepto el gran Gorkín, que también se llamaba entonces oposicionista, que también asistió a la conferencia, que prometió regresar a España en el plazo de dos meses, pero que no regresó hasta el mes de junio de 1931. Gorkín no quiso ir a luchar, no se atrevió a venir con nosotros, porque vio que nosotros íbamos a parar con nuestros huesos a las cárceles de Berenguer, a las de la República después.

La OCE empieza su actuación en España

 

En junio de 1930, La Batalla aparece en Barcelona; Mundo Obrero, en Madrid. La OCE se propone publicar su órgano, El Comunista, en Valencia. El comisario jefe de la policía valenciana, señor Báguenas, no quiso autorizar nuestra publicación. Quisimos publicar Contra la Corriente, con idéntico resultado negativo. Cuando nos propusimos publicar El Comunista ilegalmente (ya estaba en Valencia, en calidad de jefe de policía, el señor Fenoll), la policía valenciana recibió diferentes anónimos, que la condujeron a mi detención. Para entonces ya habían sido detenidos otros camaradas, P. García, M. Carnicero, H. Miguel, Estefanía Ordozgoiti, etc.; después fueron detenidos Justo Solozábal, Esteban Bilbao, hasta que le llegó el turno a Andrés Nin. P. García fue condenado a tres años de prisión y recluido en el penal de Ocaña; Bilbao fue deportado; Soriano fue encarcelado en Valencia. Muchos de nosotros no salimos de la cárcel hasta después de la proclamación de la República, y aun fuimos detenidos después.

No pudo publicarse nuestro órgano. Nuestros entonces raquíticos grupos quedaron diezmados y casi sin contacto entre sí. Nuestros amigos de Madrid mantenían relaciones con algunos camaradas de provincias y con los presos. La situación de éstos era penosísima; el Socorro Rojo, a pesar de pertenecer todos a él, nos dejó totalmente desamparados, por ser oposicionistas de izquierda.

Aun gobernaba Berenguer cuando proyectamos publicar Comunismo. Tampoco se nos autorizó. Solamente después de ser proclamada la República logramos sacar nuestra revista teórica.

Comunismo, antena de la OCE

Nuestra revista fue acogida favorablemente en los medios obreros españoles. Podemos decir con orgullo que los obreros manuales e intelectuales de España han visto en Comunismo la mejor, la única publicación seria del comunismo español, como lo demuestran los centenares de cartas que hemos recibido.

Pensamos hacer una tirada de mil ejemplares, pero hubimos de aumentarla a 1.500 en seguida, a 1.600 ejemplares después, tal era la afluencia de pedidos. 1.600 ejemplares de una revista teórica, en España, donde el nivel político del obrero es bajísimo, teniendo en cuenta la escasa posibilidad de compra, provocada por el paro forzoso, y, además, teniendo contra nosotros el sabotaje organizado contra la revista por los burócratas dirigentes del PC oficial, bien puede afirmarse que es un éxito rotundo.

Comunismo ha atraído a nuestro campo grupos importantes de militantes comunistas, ha educado a otros nuevos bolcheviques. Con rapidez insospechada se han ido formando núcleos oposicionistas por todas las ciudades españolas. Allí donde el PC oficial nunca supo organizar nada, la oposición cuenta con núcleos importantes. En Salamanca, en Extremadura, en Zamora, en Soria, etc., etc., el comunismo está organizado en torno a nuestra OCE. Los mejores militantes comunistas de Bilbao, Asturias, León, Palencia, Cataluña, Madrid, Valencia, Albacete, Castellón, etc., están a nuestro lado, luchan con nosotros; agrupaciones enteras del PC oficial están compenetradas con nuestros puntos de vista.

Comunismo ha creado la base de una fuerte organización. Pero esa misma circunstancia ha creado a la OCE nuevas obligaciones, nos ha planteado nuevos problemas. Nuestra organización necesitaba una editorial que publicase breves y elementales folletos de educación comunista, cosa que jamás han hecho los burócratas stalinistas en España. Claro que nuestras posibilidades económicas eran casi nulas para emprender tan importante tarea. Sin embargo, el espíritu de sacrificio de los camaradas de la OCE dominó la situación. Creamos nuestras Ediciones Comunismo, que inmediatamente se han impuesto y han ensanchado nuestro radio de acción, creándonos también nuevas tareas.

Nuestra organización necesitaba ya otro órgano de expresión y de combate, algo que completase la labor de Comunismo y de nuestras Ediciones. Antes era preciso pulsar la opinión de nuestros grupos, ver la ayuda que podían aportar a nuestros proyectos, tantear las posibilidades de difusión de un semanario de combate. En una tournée de organización y propaganda que acabamos de efectuar hemos sacado la excelente impresión de que nuestro semanario vivirá, de que nuestro órgano de combate tendrá gran difusión entre el elemento obrero. Nuestros grupos se han consolidado y multiplicado. Vamos, pues, a sacar a la luz pública nuestro semanario El Soviet, que, bajo la dirección de nuestro camarada Andrés Nin, aparecerá el 8 de octubre en Barcelona[1].

Por qué se ha organizado la OCE

En un artículo que publicábamos en el primer número de Comunismo expusimos ampliamente los motivos que provocaron la exclusión y organización de la Oposición Comunista de Izquierda en Rusia e internacionalmente. Al lector que se interese por nuestros problemas le recomendamos la lectura de aquel artículo, ya que hoy no repetiremos aquellos detalles. Pero, condensando en breves palabras el proceso seguido hasta llegar a la situación actual, podemos afirmar que quien ha organizado las fuerzas de la Oposición Comunista de Izquierda en España, e internacionalmente, han sido el propio Stalin y sus partidarios. Sí, ellos, al excluir de la IC a quienes con tesón hemos defendido los puntos de vista de la izquierda comunista. Se ha excluido a los oposicionistas, sin permitir nuestra defensa personal, y, lo que es mucho peor, sin permitir la defensa de nuestros puntos de vista. Los congresos que han ratificado las exclusiones pronunciadas por Stalin-Martinov carecen de la más elemental autoridad para ello, por ser irregulares y previamente amañados. No iremos a examinar las características de los congresos comunistas de otros países sino que nos limitaremos al caso concreto de España. El VI Congreso de la IC, según declaraciones del propio Bujarin y del delegado francés Marcel Cachin, estaba compuesto, en su 75 por 100, por secretarios generales de secciones de la IC, de los mismos señores que en sus respectivos países habían aplicado dictatorialmente la política dictatorial de Stalin. Y fue ese congreso internacional el que, sin consultar el criterio de las organizaciones de base (Sémard, el secretario general del PC francés, decía que “la base no está capacitada para discutir esos problemas”), ratificó las exclusiones previamente pronunciadas por ellos mismos. A Trotsky, que se encontraba deportado en Alma Ata, que pidió ser oído por el congreso, se le negó el derecho a defenderse, e igualmente a todos los bolcheviques rusos, a Rakovski, Muralov, Sosnovski, Kasparova, etc. La tribuna y la prensa de la IC estaban cerradas para los oposicionistas de izquierda.

Nuestro PCE envió su representación a dicho congreso internacional. ¿Quién designó dicha delegación? La dirección del partido, y de su propio seno. A su regreso a España no dieron la más mínima gestión de su actitud en el congreso. Antes de la conferencia nacional de Pamplona, la dirección del PC oficial declaró que en España no podían discutirse las cuestiones del trotskismo, porque el PC no estaba capacitado para ello. A la conferencia de Pamplona asistieron los burócratas solamente, designados por ellos mismos. Y en la conferencia se aprobaron todas las decisiones del VI Congreso de la IC, entre las que está la concerniente a la exclusión de la Oposición de Izquierda, sin oírla. De donde se deduce que (según los burócratas stalinistas) el PCE no está capacitado para discutir las cuestiones que ellos califican de trotskismo y, sin embargo, el partido aprueba una decisión contra algo que (siempre según los burócratas) desconoce. ¡El colmo!

Así se excluyó a la Oposición Comunista de Izquierda.

Citemos, como caso curioso, que uno de los problemas que planteaba la oposición en Rusia preconizaba la industrialización del país, que, con distintas palabras, no es ni más ni menos que el ahora llamado plan quinquenal. Resulta, pues, que la oposición ha sido excluida por defender el plan quinquenal, luego aplicado por Stalin. Ese es, desde luego, un simple detalle del problema.

Es lógico y natural que la oposición, al verse imposibilitada para usar de la tribuna y la prensa de la IC, crease su prensa y su tribuna para defender sus puntos de vista, los únicos justos y comunistas. Viendo que la revolución era y es conducida hacia Thermidor por Stalin, la oposición hubiera traicionado a las ideas comunistas si al ser excluida de la IC se hubiera eclipsado, dejando actuar libremente a quienes por error y ambición conducen la IC de derrota en derrota.

Se constituyó y organizó en esas penosas condiciones la fracción comunista de izquierda, no como un nuevo partido, sino como sector de la IC, como fracción que lucha por salvar algo que le pertenece y por lo que se ha sacrificado más que nadie. Creó su prensa para defender sus puntos de vista, prensa que sostiene a costa de enormes sacrificios morales y materiales de sus militantes.

La OCE no es otra cosa que una sección de la Izquierda Comunista Internacional.

Adónde vamos

Nacional e internacionalmente luchamos por la unificación de las fuerzas comunistas. Nuestra prensa y nuestros grupos ponen en primer lugar de nuestras actividades el problema de la unidad comunista.

Queremos que se celebre un congreso nacional de todos los grupos y fracciones del comunismo español (y que se siga después el mismo procedimiento en la escala internacional), que previamente se unifiquen todas las fuerzas comunistas en la base de las organizaciones, que se discutan todos nuestros problemas, permitiendo a todos los camaradas la libre exposición de sus puntos de vista. Y cuando, una vez discutidos todos nuestros problemas, la organización unificada fije su posición y adopte resoluciones, nosotros, oposicionistas de izquierda, nos someteremos los primeros a la disciplina comunista, a esa que será la verdadera disciplina, pero no a la dictada desde arriba, porque ésta es obediencia y, por tanto, anticomunista.

* * *

Continuaremos luchando por la unificación comunista; pero, a la vez, robusteciendo nuestros grupos con todos aquellos camaradas que vienen a nuestro campo. Si la burocracia del PC oficial no sabe hacer organización verdaderamente comunista, allí donde podamos, la haremos nosotros, y haremos que siempre luche por la unificación comunista.

La OCE estará siempre al lado del PC en la lucha revolucionaria; sola, allí donde el PC oficial no existe.

Nuestra prensa se crea para llenar el vacío que el PC oficial deja en los diferentes aspectos de la actividad comunista, para educar revolucionariamente a las masas. Cuando nuestros objetivos hayan sido logrados y la unidad orgánica y doctrinal del comunismo sea un hecho; cuando la democracia del PC haya sido restablecida y cada cual podamos defender en el partido y su prensa nuestros diferentes puntos de vista sobre todos nuestros problemas, entonces, la OCE (como la Oposición de Izquierda Internacional cuando igual ocurra en la IC en general) dejará de existir, y su prensa y ediciones pasarán a poder del partido comunista unificado.

* * *

Ahí quedan expuestos, a grandes rasgos, nuestros buenos propósitos. Con honradez y nobleza los defenderemos, e invitamos a todos a defenderlos. A eso lo calificarán de trotskismo, ya que el trotskismo no existe sino en las mentes de Stalin y los suyos.
Sabemos que se continuará calumniándonos, atacándonos con las armas de la innobleza y la insensatez. Nosotros (y cuando digo nosotros hablo en nombre de la OCE, ya que este artículo es el sentir de todos los camaradas, recogido a través de nuestra tournée) prestaremos poca atención a esos ataques personales y calumniosos, continuaremos defendiendo nuestras ideas con el mismo tesón que hasta aquí. Ahora la lucha resultará menos penosa; antes éramos pocos a luchar; hoy ya somos muchos, y más vendrán a ayudarnos hasta lograr nuestros propósitos.

Henri Lacroix

Madrid, septiembre del 1931
 



[1] “El Soviet”, semanario político de la OCE, inicio la publicación en su primera época el 15 de octubre de 1931, y aparecieron tres números sucesivos. La segunda época, tras la intervención del Secretariado Internacional de la oposición, se inicio el 12 de mayo de 1932; en esta ocasión aparecieron 8 números, suspendiéndose definitivamente la publicación el 14 de julio del mismo año.



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