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Tesis sobre la dirección oficial del partido. III Conferencia de la OCE

Esteban Bilbao

 

Comunismo, N º 13, Junio de 1932. La quinta sesión de la III Conferencia decidió reformularla, sin que se volviera a votar.

 

I Sería impropio de marxistas querer explicar la decadencia de la Internacional Comunista y la degeneración de la doctrina revolucionaria atribuyéndola a rivalidades personales y a mezquinas intrigas en las cumbres dirigentes. Aunque estos factores no hayan faltado (en todas partes existen), lo que importa es conocer la política general que representa cada tendencia. La lucha de tendencias que se desarrolla en el seno del comunismo tiene causas mucho más profundas que las rivalidades personales.

La primera ola revolucionaria, surgida a consecuencia de la guerra europea, estuvo a punto de dar al traste con el capitalismo internacional. Esta ola llevó al poder en Rusia al proletariado, apoyado en los campesinos. En los demás países, bien o mal, la burguesía supo resistir y sobreponerse en cierta medida a la ofensiva revolucionaria.

Consecuencia del descenso de la revolución internacional, y, sobre todo, la capitulación sin lucha de la revolución alemana en 1923, fue la reacción en el seno del Partido Comunista Ruso. Este empezó a orientar su política prescindiendo de la revolución mundial. La depresión del movimiento obrero, la pérdida de las esperanzas que en el primer momento habían puesto los obreros rusos en la victoria internacional del proletariado, así como la fatiga producida por varios años de guerra civil, repercutieron en el partido dirigente. El cansancio de las masas del partido y del proletariado en general fue traduciéndose en una menor vigilancia y actividad política, y este fenómeno hizo posible que en el partido y en los organismos del estado soviético creciera y se desarrollara una burocracia formalista y conservadora, compuesta de hombres escépticos y aun de elementos arribistas ajenos a la lucha revolucionaria. Los intereses de las masas y de la revolución fueron poco a poco suplantándose por los intereses específicos de la burocracia dirigente. Las posiciones y la influencia que el proletariado perdía en la dirección política del país, y que se manifestaba por el imperio en el partido de una capa de funcionarios independientes de la voluntad de la base, eran posiciones que ganaba la clase enemiga. El cambio de personas y de métodos en el Partido Comunista Ruso no era otra cosa que el resultado de la adaptación del criterio dirigente a las condiciones impuestas por la reacción y el reflejo de la influencia que en la economía soviética habían ganado los elementos burgueses y pequeñoburgueses surgidos después de la revolución. La burocracia se expresaba, cada vez más, como el elemento encargado de transmitir a la política dirigente la presión de las clases enemigas del proletariado. La nueva dirección del comunismo, hija de la reacción ideológica en el partido, y que pudo imponerse debido a un intervalo de depresión del proletariado, sólo derrotas puede engendrar para la revolución.

II La represión dentro del partido ruso y de la internacional contra los mejores combatientes de la revolución es ya un matiz de la contrarrevolución. La persecución contra el ala izquierda del comunismo no es más que una forma de llevar al seno de la vanguardia revolucionaria y de traducir al lenguaje de la lucha política el ascendiente, cada vez mayor, de la reacción antiproletaria. La izquierda comunista es la expresión del auténtico bolchevismo, que no se resigna a que la revolución sucumba en manos de una burocracia, que obedece, aun sin quererlo, a los designios de la reacción burguesa.

Nueve años de dominio de la burocracia en las esferas dirigentes del comunismo han dado como resultado la pérdida para el proletariado revolucionario de la mayor parte de las posiciones ganadas por la Revolución de Octubre y de su influencia internacional; tanto en el terreno económico como en el político, como en el teórico. Esto sólo ha sido posible por la exclusión persistente de la plataforma política de la izquierda comunista en la dirección del comunismo. Derrota de la izquierda comunista en la pugna por la influencia en la dirección revolucionaria, y derrota del proletariado internacional en el campo de la revolución, han venido siendo fenómenos idénticos y paralelos. Este paralelismo y esta identidad expresan claramente la filiación revolucionaria de la izquierda comunista, al par que el carácter contrarrevolucionario de la burocracia actualmente dominante. Este paralelismo y esta identidad indican la indisolubilidad de los destinos de la izquierda comunista y de la revolución proletaria. Sólo a medida que en la dirección se vayan imponiendo los criterios de la izquierda comunista irá logrando la revolución levantar cabeza, rehacerse y caminar por la senda del triunfo.

III Actualmente, las secciones de la internacional no son más que una lamentable y desdichada caricatura del régimen y de la crisis interior del Partido Comunista Ruso. La política de toda la internacional se alinea con arreglo a los mandatos que se vayan sucediendo en las cimas directoras del estado soviético. La consecuencia más importante y grave del cambio de dirección en el comunismo y de la modalidad orgánica y jerárquica inaugurada con dicho cambio, es que la internacional carece de vida propia, y no es más que el instrumento de las luchas internas del partido ruso, en lugar de ser el organismo supremo a cuya autoridad han de estar subordinadas las secciones nacionales. La postiza dirección burocrática obliga al partido a danzar al son de la música que le toque la camarilla de turno en el manejo de los fondos del presupuesto soviético. De aquí resulta la mecanización de los partidos comunistas, que se mueven a impulsos extraños a los que dimanan de la realidad concreta del país a que pertenecen. A los dirigentes de las secciones nacionales, más que el resultado de la dinámica interna del terreno en que actúan, les interesa estar a bien con los dirigentes de la economía soviética. De este modo quedan anulados a un tiempo el partido y la doctrina. La burocracia juzga, no según un análisis y una comprobación, sino según las órdenes que recibe de quien la paga. Este funesto servilismo burocrático priva a los partidos comunistas de su verdadera misión y los convierte en muñecos automáticos, destinados a reproducir una política en cuya elaboración no han intervenido, y que está subordinada a los intereses de la política estrechamente nacional y reaccionaria que práctica en la URSS la camarilla staliniana.

IV La izquierda comunista internacional encarna la reacción bolchevique contra todas las taras impuestas en los partidos comunistas por un oportunismo que es la expresión de la retirada que ha tenido que operar la revolución rusa ante las fuerzas del capitalismo. Lo que se impone a la internacional a título de “línea política” infalible; todas las confusas teorías creadas en el período de reacción, y que suponen una total revisión, o, mejor, un completo atropello de la doctrina comunista, no es más que el resultado de las condiciones impuestas al proletariado, triunfante en Rusia, por la reacción burguesa. La dirección actual, en lugar de comprender las causas del retroceso y operar una retirada estratégica, llamando a las cosas por su nombre, idealiza el retroceso en un cuerpo de “doctrina” que lanza contra los principios del bolchevismo (que son un obstáculo para la política de capitulación burocrática), presenta como triunfo las claudicaciones, desorienta y confunde al proletariado y le cierra el camino de la victoria. La lucha frenética y sectaria que la fracción burocrática lleva a cabo contra la izquierda comunista (sin perjuicio de adoptar su política y de desnaturalizarla) es la prueba del carácter parasitario y vacilante de esa fracción, que obedece, aun sin quererlo, los mandatos de la reacción antiproletaria. Para poder vivir, la fracción staliniana se ve obligada a ahogar totalmente la voz de los partidos.

La revolución no podrá ponerse de nuevo en pie mientras no cambie el régimen interno de los partidos y se pueda con ello oír la voz de su guía auténtico, la izquierda comunista.

V Sólo partiendo de la crisis de la Internacional Comunista en conjunto se tiene un firme punto de partida para enjuiciar y remediar la crisis del partido comunista español. Los defectos del partido comunista español no difieren fundamentalmente de los de las demás secciones de Internacional Comunista. En España se aplican las mismas falsas directivas y se cometen los mismos errores que el stalinismo viene cometiendo a una escala internacional. La falta de democracia interior y el burocratismo rutinario, tan acentuado en el Partido Comunista de España, es un rasgo típico del stalinismo. Todo el arsenal de tópicos revolucionarios y de estériles discos que aplica la sección española no son más que la expresión de la falta de iniciativa, de la total mutilación que el stalinismo ha efectuado en los partidos. Con la actual dirección del comunismo no cabe otra actitud. Si el partido español se plantease por su cuenta los problemas de la revolución en España, sería recusado a la primera divergencia de desviarse de la línea política de la internacional, con toda la consiguiente serie de sanciones y expulsiones que ello acarrea.

Por la actuación del partido comunista después de la Dictadura de Primo de Rivera se ha podido ver públicamente que el partido no ha efectuado ningún cambio de política sin haber sido previamente ordenado por la burocracia de la internacional. Si la misma política que bajo la presión de los propios fracasos finge adoptar en un momento dado la internacional fuera preconizada la víspera, sería condenada como una desviación. La impotencia revolucionaria del Partido Comunista de España se deriva del régimen de disciplina burocrática que el stalinismo ha implantado en toda la internacional.

VI Los comunistas españoles y la clase obrera de España, en general, estaban muy mal preparados para adoptar una posición justa respecto a la crisis del partido comunista. El cambio de curso en el comunismo ruso e internacional acaeció estando España bajo el régimen de dictadura de Primo de Rivera, y, a causa de ello, la lucha no podía tener aquí repercusión. Con el movimiento obrero revolucionario en suspenso (disueltas las organizaciones, perseguidos sus militantes) no se podían aportar elementos de juicio, ni era posible ver en la práctica las consecuencias de las crisis. Cuando se reorganizó el movimiento obrero, ni los mismos comunistas acertaban a encontrar sentido a la lucha de fracciones. De las tres tendencias en que apareció dividido el comunismo español (la que representaba a la internacional, la oposición nacional constituida por la Federación Comunista Catalano-Balear, y la agrupación autónoma de Madrid, y, por último, la que representaba la izquierda comunista), era la posición de la izquierda comunista internacional la que resultaba más incomprensible y falta de sentido. Los elementos descontentos de la actuación del partido comunista tendían a enrolarse en la oposición nacional, es decir, en la tendencia que consideraba un fenómeno estrictamente nacional la crisis del partido, y culpaba de ello a sus dirigentes, juzgando como disolvente y sectaria la posición de la izquierda comunista, para la cual la crisis de la sección española no era más que la consecuencia obligada de la crisis que padecía todo el comunismo militante.

VII El rumbo seguido por la oposición nacional es la prueba más evidente de la falsedad de su posición. Una de sus organizaciones, la agrupación autónoma de Madrid, se ha disuelto por falta de base política que justificara su existencia. A pesar de que hubo un momento en que la agrupación autónoma representaba todo el comunismo organizado de Madrid, no ha podido mantenerse, porque frente a los errores del partido comunista oficial no presentaba una política propia, o, mejor dicho, la ausencia de una política que se desprendía de querer mantener la crítica en un plano nacional, ha tenido por consecuencia el que la agrupación autónoma fuese languideciendo hasta disolverse.

Muy distinto ha sido el caso de la Federación Comunista Catalano-Balear, otra de las organizaciones de la oposición nacional. Ésta ha logrado vivir y desarrollarse; pero a costa de abandonar su posición inicial y de renegar de los principios vitales del comunismo. El rasgo más saliente de esta organización ha sido el oportunismo más desenfrenado. Como oposición nacional, afirmaba la FCC-B que era sano el régimen y acertada la política de la IC; los errores dimanaban, a su juicio, de la dirección española. Frente a la crítica de la FCC-B, la dirección del partido fue presentando su propia política, sancionada en todo momento por la IC. El resultado de esto ha sido que la FCC-B acabó rompiendo pública y abiertamente con la IC, al ver que su política insincera de adulación y chantaje hacia la alta burocracia internacional carecía de eficacia para asumir burocráticamente la dirección del partido.

VIII Lo que importa destacar es que ninguna de las oposiciones nacionales ha podido mantenerse en sus principios. La experiencia ha demostrado que no puede abordarse la crisis del comunismo en un plano nacional, afirmación que ha venido sosteniendo siempre la izquierda comunista. El oportunismo de la FCC-B ha consistido en que se apoyó, primero, en el fetichismo de la internacional, se aprovechó de esta miopía para hacer únicamente la crítica de la dirección española. Cuando se ha ido evidenciando que la crisis del comunismo español estaba indisolublemente ligada a la crisis de la internacional, la FCC-B aprovecha el estado de ánimo hostil a la internacional que se ha creado para renunciar a la unificación de las fuerzas comunistas y romper definitivamente con la internacional y con el internacionalismo. En el II Congreso de la FCC-B, celebrado en abril último, se ha aprobado un documento sobre la unidad de las filas comunistas, en el cual se propone un congreso de unificación de todas las tendencias comunistas, a condición de que el congreso adopte la posición de la FCC-B. Parece que esta organización, en cuanto exista, no renunciará a su vicioso oportunismo, a la duplicidad en el lenguaje, a la táctica de engaño. Habiendo de hecho renunciado a la unificación de las filas comunistas, la FCC-B no renuncia, sin embargo, a seguir explotando la palabra “unidad”, porque sabe que ejerce un gran poder sugestivo en los medios comunistas. Proponer un congreso de unificación a condición de aceptar todos la política de la FCC-B, es una forma torpe de disfrazar el escisionismo. ¿Para qué ir a un congreso de unificación si se sabe previamente que hay que acatar toda la línea política de una de las tendencias? Para hacerlo en esas condiciones es más rápido y sencillo ingresar directamente en la organización cuya línea política hay que aprobar.

IX Dos cuestiones fundamentales han quedado plenamente confirmadas en la lucha de fracciones comunistas en España:

a) La crisis profunda del partido comunista, que no le permitirá, en tanto no se resuelva, convertirse en una fuerza directiva de la revolución.
b) La exactitud y justeza de la posición de la izquierda comunista al juzgar las causas y el alcance de la crisis.

Ha transcurrido el período agudo de la revolución, período en que e] partido comunista estaba en el deber de estudiar todos los problemas, sin que se hubiere celebrado ningún congreso. Después de una serie inadmisible de aplazamientos, se ha celebrado en marzo último, con el título de IV Congreso del Partido Comunista[1], una reunión, que debe servir para aclarar, aun a los más contumaces, las causas de los aplazamientos anteriores. Internacionalmente, el stalinismo teme la crítica de la base. El complemento natural de su política arbitraria y de la serie de bastardos intereses que se cruzan en la vida del partido, es la supresión de toda democracia. Hace tiempo que los congresos comunistas han degenerado en mítines o reuniones donde se sabe de antemano lo que hay que condenar y aplaudir. A pesar de los graves problemas que tiene planteados el proletariado español, del examen que debiera hacerse del curso del movimiento obrero en estos dos años, de la actividad política del partido y de otra serie de cuestiones de índole interna, se convoca el congreso con un plazo de veinte días, sin una previa elaboración de las tesis ni discusión preliminar de los problemas. El documento que sirvió de base al congreso (glosado por interminables discursos de los dirigentes) fue la conocida carta abierta de la internacional, carta desleal y trapacera, donde se repetían, entre un mar de confusiones, gran parte de la críticas que la izquierda comunista venía haciendo contra la política de la dirección del partido, y se recomendaba, no obstante, como labor específica y casi única, la lucha contra el trotskismo. El congreso ha sido una mascarada que no rectifica, sino que tiende a prolongar y a agudizar los vicios del burocratismo interior.

X La izquierda comunista, cuya política ha sido totalmente confirmada por los hechos, tiene que ratificarse firmemente en sus puntos de vista. La burocracia staliniana es una fuente de disgregación del movimiento comunista y un elemento de sabotaje de la revolución proletaria. Cualquiera que sea el rumbo que hayan tomado las distintas organizaciones de la llamada oposición nacional, ésta no es más que un producto del sectarismo interesado de la burocracia oficial. Estas oposiciones se apoyan siempre (aunque adoptando una plataforma oportunista) en el sincero deseo de crear un partido comunista unido que existe en la mayoría de los militantes. Esas oposiciones, que constituían al principio una mayoría del partido, fueron excluidas en bloque por la burocracia. La burocracia internacional inauguró sus actividades en la revolución española dejando en cuadro la organización.

XI Quien no confunda la internacional y el partido con la fracción staliniana, que constituye una categoría parasitaria, postiza, en contradicción con los intereses revolucionarios del partido, no podrá aceptar sus provocaciones criminalmente escisionistas. El problema de reorganizar el Partido Comunista de España sobre bases democráticas sigue en pie. El punto de partida de la reorganización es la unificación incondicional. Organizar el partido en forma que pueda elaborar su propia política, donde los dirigentes sean, efectivamente, elegidos por la organización; donde la minoría esté sometida a las decisiones de la mayoría, es el deber más apremiante del proletariado comunista español. La reorganización debe emprenderse convocando previamente una conferencia nacional, donde estén representadas todas las fracciones y tendencias del comunismo español. La conferencia nacional ha de elegir democráticamente una comisión provisional encargada de dirigir los trabajos de reorganización del partido y de llevar su dirección política hasta que el partido esté definitivamente reorganizado. La labor de la comisión provisional será la de ordenar los trabajos preparatorios para el congreso nacional del partido, confeccionar el orden del día que ha de ser discutido en el congreso, elaborar los proyectos de tesis y enviarlos a los grupos para su discusión. Después de discutidos todos los problemas del congreso en los organismos de base, se irá a la celebración de congresos regionales de reorganización, y de aquí al congreso nacional del partido comunista, donde, sobre la base de un sano régimen interior, estudiados todos los problemas, se procederá a elaborar un programa de acción política inmediata y un programa general (que todavía no existe) del partido comunista.

XII Son estas, y no otras, las bases reales para la reorganización y la unificación del partido comunista. Cualquiera que sea el curso que haya tomado la lucha de fracciones y la relación actual de fuerzas, el problema de unificar en un gran partido comunista todas sus tendencias sigue siendo la condición indispensable al triunfo del proletariado.



[1] El IV Congreso del PCE, celebrado en Sevilla en marzo de 1932, se dedicó simplemente a acomodar la línea política del partido, al menos sobre el papel, al contenido de la carta abierta del CE de la IC.



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