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Ante las elecciones catalanas

Redacción de la revista Comunismo. Comunismo Nº 18, noviembre de 1932. Estas elecciones se celebraron el 20 de noviembre, después de la aprobación del Estatuto de Cataluña. En ellas triunfó de manera aplastante la Ezquerra Republicana de Cataluña. El Parlamento catalán eligió definitivamente a Macià como presidente de la Generalitat y a Companys como presidente del Parlamento.

 

Cuando sale esta revista están a punto de celebrarse las elecciones al primer Parlamento catalán. Lo fraccionado del mapa electoral permite asegurar que no habrá en estas elecciones triunfos aplastantes de nadie. La “Ezquerra”, el grupo gobernante, cuya victoria deslumbraba hace año y medio, está hoy seriamente quebrantada. Su decadencia permite levantar cabeza a los partidos reaccionarios y también a los grupos más o menos revolucionarios que se alzan contra la política temblorosa de Macià. Antes de pasar a otra cosa, como comunistas hemos de decir unas palabras sobre la lección que representa la política catalana desde la proclamación de la República. Fue en Cataluña donde se registró el triunfo más completo de la más pura política pequeñoburguesa. Las masas reaccionarias huían espantadas y avergonzadas ante la “venerable figura del Sr. Macià”; las masas obrera y pequeñoburguesa aplaudían a aquel hombre que iba a traer la felicidad a este mundo sin necesidad de violentarse con nadie. Ha pasado un año y medio y difícilmente se podrá ver espectáculo más lamentable. Catalanista intransigente el Sr. Macià y la mayor parte de los suyos, no han sido capaces de mantener el primer derecho de un pueblo que quiere reivindicarse: el derecho a disponer de sí mismo con entera libertad.

En las elecciones catalanas saldrá, desde luego, triunfante la “Ezquerra”. Pero su triunfo, posiblemente, no tendrá nada de apoteósico. El factor decisivo en el triunfo de Macià cuando la República ha sido la CNT. Hoy la CNT combate encarnizadamente a su viejo ídolo. Los anarquistas están llevando en este momento una violenta campaña antielectoral, llegando hasta grabar en las monedas de diez céntimos la consigna de: “¡Obreros, no votéis!” Esta campaña favorece a los partidos reaccionarios, pues sólo resta votos a los partidos radicales de izquierda y a los comunistas. La CNT, dirigida por los anarquistas, va con el viento y viene con la marea. En el advenimiento de la República se suicidó revolucionariamente, entregándose en manos de la pequeña burguesía. Esto, dice ahora la FAI, ha sido culpa de unos cuantos “políticos emboscados” que había en la CNT. Pero ahora, para emanciparse del error, se lleva una campaña antielectoral que sólo repercute en beneficio de la reacción. La solución para el proletariado no es abstenerse de la política, sino hacer una política de clase. Como fuerzas comunistas se presentan por Cataluña el Bloque Obrero y Campesino y el partido comunista, que carece casi en absoluto de influencia. Es de hacer notar la demagogia infame a que llega el BOC en su frenesí electoral. Las consignas más desatinadas, como, por ejemplo, una “Generalitat Roja” (¿Roja de qué? ¡Cómo no sea de vergüenza...!), figuran en su programa electoral. La proposición de una candidatura comunista única, que hizo nuestra organización al BOC y al partido comunista, ha sido rechazada por ambos. Los comunistas de izquierda darán su voto al partido, del cual somos fracción y de quien nos separa menor distancia que del BOC, cada día más alejado del terreno comunista.

Redacción de la revista Comunismo 



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