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Carta abierta al jefe de policía de Oslo[1]

 

 

19 de agosto 1936

 

 

 

Señor:

 

Sin esperar más tiempo a que se me entregue la copia de mi testimonio, según se me había prometi­do,[2] tengo el honor: 1) de enviarle una copia del Nation con el artículo mío que dio lugar a que un deter­minado sector lanzara acusaciones en mi contra;[3] 2) de agregar a mi testimonio la siguiente declaración.

En ciertos sectores se dice que yo violé los acuerdos que había aceptado libremente. Debo rechazar esta acusación maliciosa con la mayor energía.

Las condiciones que se me propusieron y que yo acepté sólo pueden significar lo siguiente: por un lado, me abstengo de realizar actividades políticas en Norue­ga y, por el otro, me abstengo de obrar en forma se­creta, ilegal y conspirativa contra otros estados que mantengan relaciones amistosas con Noruega. Pero estas condiciones no significaban ni significan mi re­nuncia a la actividad literaria pública en el terreno eco­nómico, social y político. La actividad literaria es mi profesión, y en mis artículos y libros sólo puedo expresar mis propias posiciones. Jamás oculté mis posiciones ante nadie. No empecé a escribir artículos para los órganos más importantes de la prensa mundial y para ciertas publicaciones (la mayoría de las cuales adhieren actualmente a la Cuarta Internacional) desde mi llegada a Noruega, sino desde principios de 1929, es decir, desde el día que llegué a Turquía en calidad de exilia­do. Vengo desarrollando esta actividad literaria desde hace casi ocho años, en Prinkipo, en Francia y últimamente en Noruega, y jamás he encontrado objeción alguna. No podía ni puedo suponer por un solo instante que las condiciones que firmé constituyan una medida excepcional para mi caso. Lo propio puedo decir de las visitas "sospechosas". No puedo alterar el hecho de que muchas personas que conocen mi pasado quieran verme; algunas, movidas por la curiosidad superficial; otras, para conocer mis posiciones respecto de proble­mas que consideran importantes, y ni qué hablar de los periodistas, editores, etcétera. La sola idea de que se me prohiba recibir visitas es inconcebible. Si así fuera, mi estadía en Noruega no sería una aplicación del derecho democrático de asilo, sino un encarcela­miento liso y llano.

Los "acusadores" fascistas pueden atribuirle esas intenciones al gobierno de Noruega, pero no tienen nada que ver con mi concepción del derecho de asilo.

En el Arbeiderbladet del 15 de agosto encuentro la siguiente declaración del ministro de relaciones exteriores: "Pero, por supuesto que comprendíamos cla­ramente que él (Trotsky) proseguiría con su actividad literaria y escribiría artículos periodísticos sobre los sucesos en el resto del mundo. Para el gobierno eso no podía considerarse actividad política."

Considerando esta declaración tan clara, provenien­te de una fuente autorizada, permítame subrayar el siguiente hecho: pocos meses después de mi arribo, la editorial Tiden Norsk publicó mi autobiografía. Ayer, al volver a Weksal, recibí una carta de la misma editorial, proponiendo la publicación de mi biografía de Le­nin. En estos libros formulo las mismas ideas que en mis artículos recientes para la prensa internacional. Los distinguidos "acusadores" podrían encontrar en mis libros -por ejemplo en mi autobiografía- cientos de citas para demostrar que soy marxista y revolucionario. Pero estas revelaciones y noticias no alteran en absolu­to el hecho de que no he participado en la vida política de Noruega y que mi actividad de autor es absolutamente pública.

Las acusaciones lanzadas hace pocos días por la agencia Tass de Moscú son un asunto completamente distinto. Si en las mismas hubiera siquiera un granito de verdad, significaría naturalmente que habría come­tido una violación criminal de las condiciones del dere­cho de asilo. Pero se trata de un problema aparte. En los próximos días comunicaré a la opinión pública todos los documentos aclaratorios que tengo a mi disposición y espero demostrar que si hubo un crimen, no lo cometí yo contra el gobierno soviético, sino la GPU y sus mentores contra mí. Al respecto me limitaré a afirmar, sintéticamente, que el juicio que hoy se inicia en Moscú no es nuevo, sino una nueva versión corregida y aumen­tada del juicio de enero de 1935 [por el asesinato de Kirov]. En ese momento se mencionó mi nombre indirectamente. La provocación del cónsul letón, agente a sueldo de la GPU, que supuestamente había financiado el atentado terrorista y le había pedido al asesino que me entregara una carta, fue desenmascarada con tanta claridad que se abandonó esa parte de la amalgama judicial y Medved, jefe de la GPU de Leningrado, que tan mal había realizado la misión encomendada, fue sentenciado a tres años de prisión. La GPU tardó casi dos años en corregir los errores, encontrar nuevos "tes­tigos", falsificar nuevas caras y obtener nuevas "con­fesiones" de los sentenciados. Parecería que el trabajo ha avanzado a un punto tal que se lo puede presentar en público. Es posible que la nueva presentación pa­rezca más impresionante que la primera para un obser­vador superficial. Si la burocracia se esfuerza tanto, eso se debe a mi actividad literaria, que encuentra eco en la población rusa, como se desprende de la lec­tura de los periódicos soviéticos. Pero ninguna persona con conocimientos sobre política puede creer que orga­nizo atentados terroristas contra los dirigentes sovié­ticos o que colaboro con la Gestapo.

En síntesis, quiero presentar la siguiente conclu­sión: no necesito refutar la acusación de un cierto sector de la prensa noruega, de que colaboré en la redacción del programa agrario del NAP, participé en asambleas del NAP, etcétera. El ministro de justicia ha dicho públicamente que las posiciones de Trotsky no coinciden con las del Partido Laborista noruego. Me solidarizo con esta afirmación y considero que basta para refutar esta absurda acusación. En cuanto a lo demás, algunos me acusan de dirigir el movimiento revolucionario en Francia, España, Bélgica, Grecia, etcétera, junto con Stalin, y otros me acusan de colaborar con la Gestapo en la preparación de atentados terroristas contra los líderes soviéticos. Ciertos periódicos me acusan de am­bas cosas en la misma página. Pero se refutan mutuamente. Las dos son falsas y no puedo escatimar los tér­minos: se trata de un engaño consciente.

 

Suyo,

 

León Trotsky



[1] Carta abierta al jefe de policía de Oslo. Lutte Ouvriere, 5 de setiem­bre de 1936. Traducido del francés [al inglés] para esta obra por David Keil. Trotsky escribió esta carta desde Opdagelseschef, donde le llegó la noticia del juicio de Moscú. Aquí fue donde el 13 de agosto el jefe de policía de Oslo, Reider Swen, entrevistó a Trotsky en relación con el robo en su casa de Honefoss. Los fascistas anunciaron que, en el asalto, descubrieron ’’pruebas" de la actividad ilegal de Trotsky en Noruega. El jefe de policía, Swen, después de hablar con Trotsky, declaró ante le prensa que las acusaciones fascistas contra Trotsky eran "infundadas". Según Trotsky (véase "En la Noruega ’socialista’ ", en Escritos 36-37 [Tomo VIII de la edición de Pluma], la prensa noruega difundió esta carta.

[2] Swen le había prometido a Trotsky una transcripción de la entrevista.

[3] Una de las pruebas presentadas por los fascistas fue el artículo de Trotsky "Ha comenzado la revolución francesa", publicado en el perió­dico norteamericano Nation el 4 de julio de 1936.



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