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El plan para exterminar a los bolcheviques-leninistas[1]

 

 

25 de marzo de 1936

 

 

 

El Pravda del 15 de marzo publica una orden ofi­ciosa emanada de una fuente elevada -evidentemente de Stalin- referente al trato que se debe dar a los militantes expulsados del partido. El problema no es sencillo dado que, recordemos, desde el segundo se­mestre del año pasado hasta el día de hoy han expulsa­do a más de 300.000, quizás medio millón, de mili­tantes. El porcentaje más pequeño de expulsados es del siete por ciento, pero en varios casos han expulsado a más de la tercera parte. En la actualidad la purga con­tinúa bajo el rótulo de "renovación de carnés" o, como reza la orden de Stalin, el partido sigue purgándose de "trotskistas, zinovievistas, guardias blancos y otra carroña". Esta lista establece definitivamente el orden de mención de las categorías de expulsados y, por otra parte, en todas las listas, tanto locales como gene­rales, los "trotskistas" ocupan invariablemente el pri­mer puesto. Esto significa que son el blanco de los gol­pes más duros.

La orden de Stalin no deja dudas al respecto. Una lectura superficial permitiría concluir que la orden está destinada a refrenar el exceso de celo de las orga­nizaciones locales, que privan a todos los expulsados de trabajo. Con jesuitismo burocrático sin igual, Stalin interviene en defensa de ciertas categorías de expulsados. La orden señala que se ha expulsado a ciertos comunistas por tratarse de elementos pasivos, violadores de la disciplina o de la ética partidaria. En estos casos no corresponde actuar con dureza. Si están de­masiado desprestigiados en sus antiguos lugares de trabajo, hay que darles uno nuevo. No hay que crear enemigos innecesariamente. "Desgraciadamente, no todos comprenden esta sencilla verdad." El hombre que ha cometido "alguna violación grave de la ética partidaria", puede ser de todas maneras un "individuo útil para nuestro país socialista"... bajo una condición: que no sea un "enemigo", vale decir, un enemigo de la burocracia. Si un hombre comete una estafa, da o re­cibe sobornos, propina una paliza a un subordinado, viola a una menor -comete una "violación grave de la ética partidaria"- pero es fiel a las autoridades cons­tituidas; a este "individuo útil" debemos darle trabajo.

La característica principal que la orden exige a los dirigentes del partido es "la capacidad para diferen­ciar al enemigo del no enemigo". Se debe ser despiada­do únicamente con el adversario político. Un estafador dócil no es un enemigo. El enemigo mortal es el mili­tante honesto de la Oposición, al que se le debe privar de trabajo.

El único patrón en la URSS es la burocracia. La orden de Stalin significa en la práctica que decenas de miles de militantes de la Oposición están condenados a la tortura de la desocupación y del desarraigo, inclu­sive en los lugares de exilio. Es cierto que esto ocurría antes, pero no en todos los casos. Hoy se ha converti­do en sistema.

La orden de Stalin, titulada "Acerca de la vigilancia bolchevique", debe ser dada a conocimiento de los obreros de todo el mundo. No debemos perder una sola oportunidad de plantear la cuestión en mitines obreros. Donde sea posible, debe introducírsela en la pren­sa sindical. Debemos hacer todo lo posible por impedir que Stalin extermine físicamente a decenas de miles de jóvenes combatientes honestos.



[1] E1 plan de exterminio de los bolcheviques-leninistas. New Militant, 16 de mayo de 1936, donde apareció bajo el título "Stalin se lanza a la persecución masiva". Firmado "L.T."



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