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Entrevista concedida al News Chronicle[1]

 

 

24 de agosto de 1936

 

 

 

P: ¿Qué responde usted a las acusaciones categóri­cas formuladas contra usted y su hijo en el juicio de Moscú?

R: Ya expresé mis juicios preliminares acerca del caso de Moscú en varias declaraciones. Es una de las conspiraciones más grandes, torpes y criminales de la policía secreta contra la opinión pública mundial.

Hay tantos elementos en este caso -dicho sea de paso, parecería que se están preparando varios ca­sos suplementarios - que me parece que tarde o tem­prano la red criminal se romperá en varios sitios y la verdad podrá escapar.

Los suicidios de Tomski y Sokolnikov ya constituyen dos desmentidas trágicas a las acusaciones.[2]

P: ¿Le consta a usted que Sokolnikov se suicidó?

R: Espero que no sea así, pero ésa es la noticia que difundieron en Noruega.

La GPU les brindó a estos ex adversarios la posibili­dad de calumniarse a sí mismos, es decir, suicidarse políticamente, o bien de que las autoridades los ajusti­cien; pero prefirieron responder al colosal chantaje po­licial suicidándose.

Me parece posible que las cartas de los que fueron impulsados a suicidarse lleguen a la luz pública.

P: ¿Sugiere usted que el gobierno soviético tiene algún motivo ulterior para llevar a cabo los juicios en este momento?

R: Desde el punto de vista político, el caso se reali­za contra la Oposición en general y contra mí en parti­cular. Revela la enorme tensión política que campea en el país, el descontento de la burocracia y los antagonismos que existen inclusive en las más altas esferas de la misma.

El caso tendrá inevitablemente consecuencias po­líticas importantes, que podrían convertirse en luchas de masas con repercusiones violentas.

P: ¿Cree usted que el gobierno soviético consideró necesaria una purga antes de instaurar el nuevo ré­gimen?

R: La prensa capitalista del mundo duda de la sin­ceridad de las tendencias conservadoras y nacionalis­tas de la burocracia soviética.

La camarilla de Stalin utiliza este caso para tratar de demostrar que ha roto definitiva y despiadadamente con las tradiciones revolucionarias del Partido Bolche­vique.

Pero no debe olvidarse que el Buró Político, que en vida de Lenin regía los destinos de la Revolución Rusa y también de la Comintern, estaba integrado por Lenin, Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Tomski, Rikov y Stalin, con Bujarin como suplente.

Lenin murió. ¡Los demás miembros del Buró Polí­tico, con excepción de Stalin, han sido acusados de conspirar contra el estado soviético, de terrorismo, inclusive acusados de aliados de la policía secreta alemana! Cualquiera que piense sobre política con dos dedos de frente no creerá en absoluto estas acusaciones, sino que, por el contrario, reconocerá que son signos inconfundibles del gran trastorno político operado en el país.

El nuevo estrato dirigente conservador, la aristo­cracia soviética personificada en Stalin, está terminan­do de cortar el cordón umbilical que la unía a la Revolu­ción de Octubre.

P: Francamente, ¿qué opina usted de la nueva cons­titución que se promulgará próximamente en la URSS?

R: La nueva constitución significa la liquidación oficial de la actividad política del pueblo. Todo el poder se está concentrando en manos de la burocracia, que usurpa el nombre del partido.

Se atomiza políticamente al pueblo, que recibe a cambio el derecho de responder "en secreto" y de vez en cuando a la pregunta "¿A favor o en contra del Líder?" La Alemania de Hitler nos muestra cuál es esa respuesta.

P: He leído su declaración de que usted se limita ex­clusivamente a la actividad literaria.

¿Podemos suponer que usted todavía cree en la necesidad de la insurrec­ción mundial del proletariado? Si es así, ¿será posible que se abstenga de participar en la lucha por provocarla?

R: Mis posiciones respecto de la misión histórica del proletariado no han cambiado en lo más mínimo. ¡Todo lo contrario! Los acontecimientos recientes de la URSS por un lado, de España, Francia y Bélgica por el otro, fortalecen mi convicción de que sólo la revolución social puede salvar a la humanidad de la catástrofe económica y cultural.

P: ¿No es de conocimiento público que existe un mo­vimiento llamado trotskista con amplias ratificaciones fuera de la URSS?

R: Usted tiene razón al afirmar que existe un movi­miento basado en mis ideas que avanza en casi todos los países.

Sin embargo, las ideas que defiendo no son realmente mías, sino de Marx, Engels y Lenin.

He asumido la tarea de proteger dichas ideas del desprestigio total a manos de la burocracia soviética y de analizar los acontecimientos recientes empleando los métodos de Marx. Los libros y artículos que he escrito al respecto fueron y siguen siendo publicados en dis­tintos países e idiomas.

Es más que absurdo suponer a partir de ese hecho que yo oriento o dirijo los acontecimientos revoluciona­rios de España, Grecia u otros países, desde Noruega.

P: Dénos sintéticamente su opinión acerca de la Liga de las Naciones.

R: No es necesario que los marxistas sigan "desa­creditando" a la Liga de las Naciones; ha hecho todo lo necesario para desacreditarse sola.

Que aquellos que no se atreven a enfrentar la dura realidad sigan consolándose con la idea vacua de la Liga. Pagarán esas ilusiones con enormes sacrificios.

P: ¿Qué opina de la actitud de las potencias, inclui­da Rusia, hacia la guerra civil española?

R: Es una gran mancha en la memoria de los go­biernos autotitulados democráticos, sobre todo el fran­cés, el que Hitler y Mussolini tuvieran la oportunidad de montar una contrarrevolución fascista, darle apoyo militar y que luego se lavaran las manos declarándose neutrales.

Como siempre, el gobierno soviético mantiene una actitud conservadora, nacionalista y estrecha. Tratan de justificarse diciendo, "No somos nosotros los que provocaremos la guerra". Le permiten a Europa volver­se fascista y luego se retiran. En definitiva deberán ir a la guerra, pero en condiciones mucho más desfavo­rables.

P: ¿Cuál es, en su opinión, el resultado más proba­ble de la guerra española?

R: A pesar de la traición de los gobiernos soviético y francés, confío en la victoria del pueblo español. Creo que esa victoria dará lugar a una España socia­lista.

P: Desde su posición de observador alejado, ¿no le parece a usted que la vida pacífica y relativamente cómoda del obrero británico, inclusive bajo el capitalismo, con la perspectiva de mejorar constantemente su situa­ción con los métodos de la evolución democrática, es mejor que la alternativa de convertirlo en carne de cañón de una revolución, sea comunista o fascista?

R: La pregunta de si las reformas progresivas y las mejoras paulatinas de la suerte del pueblo son preferi­bles a la revolución es, a mi juicio, puramente académi­ca y carente de sentido histórico.

Al pueblo no se le permite optar. Lo que ha sucedido y está sucediendo en Europa no es casual, sino resultado de que el capitalismo está totalmente perimido como sistema económico; por otra parte, la clase dominante no admitirá su abolición, por eso provoca convulsiones revolucionarias y contrarrevolucionarias.

Los argumentos humanitarios no podrán jamás con los poderosos intereses sociales.



[1] Entrevista concedida al News Chronicle. News Chronicle (Londres), 27 de agosto de 1936. En el texto de esta entrevista que se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Harvard se da como fecha de la entrevista el 24 de agosto, en lugar del 26 de agosto, como constaba en la primera edición [norteamericana] de Escritos 35-36.

[2] Grigori Sokolnikov (1888-1939): apoyó a los zinovievistas en torno a la cuestión del régimen partidario. No se suicidó, pero fue ejecutado después del segundo juicio de Moscú.



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